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Carlos Rilova

El correo de la historia

Dando tumbos por la Historia. Comentarios sobre Venezuela

Por Carlos Rilova Jericó

simon-bolivar-de-autor-desconocidoAunque últimamente he tratado de evitarlo escrupulosamente, este lunes no he podido -o tal vez no he sabido- evitar que este nuevo correo de la Historia fuera producto de la que llaman “rabiosa actualidad”.

Por el título de este artículo ya se darán cuenta de que esta “rabiosa actualidad” en concreto se refiere a los acontecimientos que están teniendo lugar, ahora mismo, en Venezuela. Esa antigua colonia española que tan estrechamente estuvo relacionada con los puertos cerca de los que se escribe esta página, en la costa guipuzcoana.

Ver los telediarios o leer los periódicos desde la altura de la perspectiva histórica, hace, desde luego, difícil callar sobre el espectáculo, más bien lamentable, que se está dando en esa república americana.

Es posible que lo que voy a decir a continuación resulte extraño en un país como el nuestro, acaso -entre todos los europeos- el que más desprecia a la Historia y a aquellos que tratamos de practicarla profesionalmente. Aun así, lo cierto es que lo que está pasando en Venezuela hoy mismo no es producto de circunstancias recientes. Por el contrario, la Historia -de cerca de dos siglos- de ese país explica, desgraciadamente, muchas cosas.

Así es, hoy, los medios ultraconservadores españoles -excepción hecha de comentaristas como Juan Manuel de Prada- pueden echar la culpa de todo lo que ocurre en ese país -Venezuela- al Chavismo o a la ideología bolivariana que lo sustenta y que se ha convertido en arma arrojadiza contra ciertos sectores de nuestra sedicente Izquierda, que no parecen terminar de aclarar cuál es su verdadera relación con esa peculiar forma de Socialismo de marcado corte militarista.

Sin embargo, lo cierto es que el Chavismo, la ideología bolivariana, son un producto de, como diría Fernand Braudel, la larga duración histórica. De hecho, son la última consecuencia de los tumbos que Venezuela ha dado por la Historia durante cerca de dos siglos, desde que, en el año 1824, tras la victoria total sobre las fuerzas leales en la Batalla de Ayacucho, se independizase junto al resto de Sudamérica.

De hecho, la clave de la actual crisis venezolana ya fue descrita hace muchos años. Y ni siquiera es necesario recurrir, prima facie, a una cantidad respetable de escritos históricos. Basta con tener gusto por las novelas históricas y el tiempo y la paciencia suficiente para sumergirse en la densa prosa característica de los escritores latinoamericanos de mediados del siglo XX. En este caso concreto, la de Arturo Úslar Pietri.

Este autor venezolano -corran a la Wikipedia o similares fuentes a comprobarlo- conocía perfectamente la evolución histórica de su propio país. De hecho, además de escritor, Úslar Pietri formó parte diversas veces de distintos gobiernos de ese país entre los años 30 y 90 del siglo XX.

Eso no afectó, desde luego, a su lucidez, a su capacidad de análisis de la deriva de su país que ha acabado, más o menos, donde él intuyó hace ya más de dos décadas. Es decir, en un país zarandeado por las grandes redes financieras mundiales. Las mismas que, tal y como Úslar Pietri señaló, marcaban el precio de las materias primas en las que ese país es rico -y que lo convirtieron en destino de la emigración española hasta hace poco- y así, si querían, podían llevarlo a un estado de miseria material que, al fin y a la postre, acabaría exigiendo soluciones drásticas. De un signo o de otro. Bien dictaduras parafascistas como la que se prolonga, más o menos, hasta 1945, bien gobiernos de sospechosa filiación democrática, como los dirigidos primero por Hugo Chávez y luego por sus sucesores hasta hoy mismo.

Úslar Pietri, que estuvo ideológicamente alineado con el Chavismo, no se engañaba al respecto. Y lo mostró claramente en 1981, cuando dio a la luz pública su novela “La isla de Róbinson”.

En ella trataba despiadadamente la figura tanto de Simón Bolívar -el llamado Libertador de Sudamérica- como, sobre todo, de su mentor, Simón Rodríguez. También conocido bajo el pseudónimo de Samuel Róbinson, que es el que da título a la novela.

En “La isla de Róbinson” se ve cómo estos dos personajes históricos -en especial Simón Rodríguez- se hacen eco de las ideas ilustradas y revolucionarias que llegan de esa Europa que ambos conocieron cuando Bonaparte la ponía bajo su férula. Bien como general revolucionario, bien como ese breve emperador que ambos verán caer por tierra en 1814.

Ese idilio de ambos personajes con esas ideas, les lleva a convertir en una especie de misión sagrada liberar a Sudamérica de lo que consideran es el yugo retrógrado de la monarquía española.

Simón Rodríguez, tal y como se describe en la novela de Úslar Pietri, se consumirá en vida -una muy larga que acaba a mediados del siglo XIX- alentando esperanzas -que él sabe ilusorias- con respecto a lo que ocurrirá una vez que su pupilo Simón Bolívar consiga liberar esas tierras del dominio español, tras más de una década de rebelión y guerra.

El resultado es bien conocido y vemos ahora sus consecuencias, una vez más. El vasto territorio de América del Sur -mucho mayor que las trece colonias inglesas de Norteamérica, de las que parte la primera independencia americana- no será capaz de organizarse en una unidad conjunta y fuerte. Se dividirá en pequeñas naciones -como Venezuela o Colombia- pronto enfrentadas entre ellas. Y donde, como nos dice Úslar Pietri, los valores de la mayor parte de la población seguirán siendo los de una retrograda monarquía -aunque sin monarca- donde ni la riqueza, ni la educación, serán redistribuidas.

Así, como acertadamente describía Úslar Pietri en su novela, toda América del Sur, quedará dividida frente a un vecino próximo mucho más poderoso y mejor organizado -aunque inicialmente más pequeño- y con una pésima organización social que la conduciría, dando tumbos por la Historia, hasta problemas como el que ahora mismo se nos narra en directo desde las calles de Caracas …

La conclusión que podemos sacar de las palabras de un experto en el caso como Arturo Úslar Pietri, es que el recién reconocido gobierno de Juan Guaidó, debe tener escasas intenciones o -en el mejor de los casos- escasas posibilidades de revertir un rumbo histórico nefasto que se inició ya en tiempos de Simón Bolívar, San Martín, Sucre y otros pretendidos libertadores de América del Sur.

No esperen pues grandes cosas del cambio violento de gobierno -el enésimo- que se ha producido en una república sudamericana condenada, como la mayoría de ellas, a una Historia convulsa desde sus mismos orígenes, a causa tanto de la mala organización política como de la nefasta dirección de sus economías.

De todo eso lo más que podemos sacar de valor, a este otro lado del Atlántico, son valiosas lecciones sobre lo que no hay que hacer si se quiere vivir en un país más o menos confortable: nada, desde luego, que sea ni parecido -ni a Izquierda ni a Derecha- a lo que ha estado ocurriendo en la mayoría de nuestras antiguas colonias desde la Independencia de 1824.

Cuando, evidentemente, perdieron el rumbo histórico para no recuperarlo nunca. Como se ve hoy, y se verá mañana, y mañana, y mañana…, en las calles de Caracas.

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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