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Carlos Rilova

El correo de la historia

¿Un desastre del “98” diferente? Notas sobre la novela “Confianza Agustina”

Por Carlos Rilova Jericó

Aparece, o más bien reaparece, en estas fechas una vieja cuestión histórica, literaria… en España, se trata de la famosa “Guerra de Cuba”, esa que dio origen al dicho, “Más se perdió en Cuba”. Y a muchos más lamentos e introspecciones que se prolongaron hasta aquella Guerra Civil que en julio de este 2026 cumplirá 90 años. Y a lo que sería casi todo un género literario descrito, precisamente, bajo el título de “Generación del 98”.

La reaparición de la tan traída y llevada cuestión de ese paño de lágrimas español, se manifiesta ahora bajo la forma de una novela histórica titulada “Confianza Agustina”. La segunda sobre el tema que publica José Ignacio Díaz Lucas.

El enfoque, sin duda, es insólito (por su casi total soledad) y por el modo, muy poco lacrimógeno y lamentatorio, en el que este novelista pamplonés aborda aquel llamado “Desastre del 98”. El libro viene así a unirse a una clase de escritos sobre el tema bastante rara en España, país aquejado de una endofobia y un pesimismo histórico que son materia digna de estudio.

Así es, “Confianza Agustina”, con una prosa cuidada, casi poética, pero directa a la atención de los ojos lectores, cuenta la faceta más oscurecida (que no oscura) de aquel magnificado “Desastre del 98” y viene así a unirse a otro libro insólito (tambien por su casi total soledad) como lo fue el de Agustín Ramón Rodríguez González, “La Guerra del 98. Las campañas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas”. Un detallado ensayo de Historia que desmontaba hábilmente toda la Mitología patria en torno a lo realmente desastroso (o no) que había sido aquel “Desastre del 98”.

Así, por ejemplo, según Rodríguez González, con ser una grave derrota la sufrida por España ese año, no había sido fruto -como se dijo y se sigue creyendo hasta hoy- de lo anticuada que estaba la Armada española frente a una supuestamente muy superior flota norteamericana.

De hecho ese libro de Historia señalaba con detalle que en Puerto Rico el ataque estadounidense fue completamente rechazado, debiendo reembarcar las tropas. La isla sólo se perdió en las turbias negociaciones diplomáticas que siguieron a los fiascos navales de Cuba y Filipinas. Una cuestión de la que, por cierto, ya hablé en un correo de la Historia anterior a éste.

De los aspectos turbios que rodearon a ese “Desastre del 98” algo había dicho también la primera novela de José Ignacio Díaz Lucas titulada “La Gran Traición”. De hecho “Confianza Agustina empieza con un pequeño prólogo en el que se recuerda que la guerra se dará por perdida pese a que el Ejército español y el territorio de Ultramar estaban prácticamente intactos pese a los esfuerzos norteamericanos.

Un dato fehaciente que añade, en efecto, turbiedad a todo lo ocurrido y que en medio del trauma colectivo de dos flotas hundidas respectivamente ante las costas de Cuba y Filipinas (de un modo tácticamente bastante absurdo, como indicaba Rodríguez González) parece que pasó desapercibido para los españoles del “98”. Tanto a los que se dice que se fueron a los toros al día siguiente de la derrota de Cavite, como a los regeneracionistas y a la larga lista de grandes literatos (de Valle-Inclán a Pío Baroja) que les siguieron y dieron egregia forma de libro a tantos lamentos sobrevenidos.

Una actitud esa singularmente española, ausente en los dos países rivales de España (Francia y Gran Btetaña) en el descubrimiento, exploración… de un Mundo casi desconocido en 1492.

En efecto, el recuerdo de acontecimientos parecidos al “98” español nunca ha pasado en Francia y Gran Bretaña por esas horcas caudinas lacrimosas.

Así, en el caso de Francia, poco o nada se sabe, más allá de las aulas donde estudiamos los historiadores, del llamado “Incidente de Fachoda”. En él, la carrera por la expansión colonial en África acabó para Francia en una humillante derrota antre fuerzas británicas justo en ese mismo año fatídico de 1898. Un encuentro en el que además no se llegó siquiera a disparar un sólo tiro. Sencillamente los británicos obligaron a las fuerzas francesas a retirarse de un territorio que Gran Bretaña consideraba suyo propio y no hubo más.

En el caso de los británicos, ocurre algo similar pero incluso más decantado. Se puede decir que incluso decantado con descaro. Como es bien sabido la breve Guerra anglo-zulú del año 1879 comenzó con una derrota ultrajante en la que guerreros zulués, armados con poco más que escudos de piel de vaca y primitivas lanzas, masacraron a un flamante ejercito británico armado con Artillería de tiro rápido y rifles de retrocarga semiautomáticos con sistema de palanca Martini-Henry. Ocurrió en el verano austral del 22 de enero de 1879, en el campo de batalla de Isandhlwana.

De ello poco se divulgó para el gran público. Así hasta una década tan revisionista como la de los setenta, no se hizo una pelicula sobre el tema titulada “Amanecer Zulú” (1979). Hasta entonces si ese gran público conocía los hechos era por una película anterior, “Zulú”, del año 1964 donde se dejaba claro que, pese a la derrota de Isandhlwana, un puñado de soldados británicos había defendido ante miles de zulúes el puesto de Rorke´s Drift justo en los días posteriores a los hechos de 22 de febrero de 1879…

En España, un manejo tal de hechos similares no ha ocurrido jamás. La última película sobre el tema de la Guerra hispano-estadounidense, “1898: los últimos de Filipinas”, estrenada en el año 2016, no hacía nada más que ahondar en un Noventayochismo inesperado por tardío. Muy tardío.

Esa es la clase de soledad en la que se mueven ensayos como el de Agustín Ramón Rodríguez González (no digamos ya capítulos enteros de tesis doctorales como la que yo presentaba en el año 2007 sobre el duque de Mandas) y, en fin, novelas como “Confianza Agustina” que se centra en una especie de Rorke´s Drift español. No se trata, como en la resistencia de Puerto Rico al desembarco norteamericano, de un lugar. Se trata de una persona: el teniente de navío Ramón de Carranza que, destinado en la embajda española en Washington D. C., atacará al enemigo con unos métodos bastante diferentes a aquellos con los que él había ido ascendiendo, bajo el fuego, luchando contra los mambises en Cuba.

Así es. Carranza se convertirá, sobre el escenario norteamericano, dentro de los Estados Unidos, en agente de Contrainteligencia, dedicándose a sabotear los esfuerzos de guerra norteamericanos con contrainformación, con destrucción de medios e incluso con sobornos (bastante bien recibidos) a la tropa y oficialidad yanqui para que sabotease el armamento norteamericano.

Sin duda Ramón de Carranza, tan poco conocido (en esa faceta al menos), tan poco estudiado (o divulgado), bien merece esa atención que agentes ficticios (pero británicos y he ahí la diferencia) como James Bond, han conseguido durante décadas. Sus hechos de ese año 1898 bien lo merecen, en efecto, para que, más de un siglo después del “Desatre del 98”, se aprenda una visión más realista y madura de aquellos hechos que nos ha faltado hasta ahora.

Porque “Confianza Agustina” es una novela histórica pero realista. De hecho implacable con el personaje de Ramón de Carranza que José Ignacio Díaz Lucas ha querido retratar en toda su humanidad. En la del héroe del 98 y en la del anciano que sobrevive para ver y vivir, no muy amablemente, por cierto, el último golpe de esas largas colas apestosas que se dice suelen traer derrotas como la de 1898 que él trató de evitar: la Guerra Civil española de 1936.

Bien está que así sea. Y bien está también queConfianza Agustinasea presentada en San Sebastián el próximo día 14 de mayo, a las 19:30 en el Club Cantábrico de San Sebastián, porque esa presentación se lleva a cabo en la ciudad natal de Fermín Lasala y Collado. Alguien que conocía -y muy bien- lo realmente ocurrido en el “Desastre del 98”. Tanto que los sucesivos gobiernos españoles confiaron en él para que recuperase el terreno perdido, nombrándolo y manteniéndolo como embajador en la principal potencia mundial del momento. Esa Gran Bretaña que, sin embargo, temió ser la siguiente víctima de sus primos norteamericanos. Aquel Prometeo con ambiciones imperialistas que ellos mismos habian desatado o cuando menos alentado…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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