Por Carlos Rilova Jericó
Los pantalones “vaqueros” de Levi Strauss, han protagonizado, aparte de mucha Historia desde la década de 1870, curiosos fenómenos históricos.
Uno de ellos es que la marca ha acabado devorando a sus propios creadores. Al primero que canibalizó fue a Jacob Davis, inventor del sistema de remache que revolucionó la forma de hacer esos pantalones tan populares hoy día. Al segundo que la marca hizo casi desaparecer del horizonte de la Historia, fue a quien le dio nombre: Levi Strauss. Otro judío de origen alemán emigrado, como tantos otros, como el mismo Jacob Davis, a aquella tierra de promisión que eran los Estados Unidos en expansión hacia el Oeste.
Así, hoy día, y desde hace años, no se alude -por lo general- a esos pantalones como “un par de pantalones de Levi Strauss” sino como “unos Levis”.
Pero aparte de esa llamativa circunstancia (de la que merece la pena levantar acta histórica o al menos eso cree este historiador), ocurrió con ella algo realmente curioso en la España de mediados de la, para algunos, maravillosa década de los años 80.
Ocurrió en su punto medio exacto, en el año 1985, cuando se estrenó la primera de una saga de tres películas de, digamos, ciencia-ficción, bendecidas por la mano de Steven Spielberg. Se trataba (no es difícil adivinarlo) de “Regreso al futuro”, trilogía con una curiosa relación con la Historia.
La trama, para quien no la conozca, era sencilla. Un típico adolescente norteamericano de clase más o menos media, de California, viajaba en el Tiempo y ello daba lugar a las consabidas paradojas que plantea seriamente la Física más sesuda hoy día para demostrar que, de momento al menos, viajar por el Tiempo es imposible. Como trató de certificarlo de manera más agreste Stephen Hawking, con una treta que sólo podía ocurrírsele a un físico pero nunca a un historiador.
En esa primera entrega de “Regreso al futuro”, aparte de esas paradojas temporales como la del asesinato del abuelo, o del padre, y similares, había, por supuesto, diversos chistes a cuenta del choque cultural entre los Estados Unidos de 1985 y los de 1955 donde va a parar el protagonista de la saga “Regreso al futuro”.
Un humor muy bien hilado no sólo en esta primera entrega, sino en el conjunto de las tres. En especial en la última, que trasladaba la acción al Viejo Oeste de 1885, como ya se comentó en el correo de la Historia del 2 de agosto de 2021.
Por eso resulta tan chocante el modo en el que se tradujo en la versión española una de las bromas “temporales” de la primera entrega. En la versión española el asunto quedaba así: Marty McFly, el viajero en el Tiempo, acababa en casa de su futura madre en el año 1955 tras sufrir un accidente a manos de su futuro abuelo y por culpa de su futuro padre. Al perder el conocimiento sus futuros parientes, tras desvestirlo, lo acuestan para que recupere el conocimiento. Cuando eso ocurre, Marty McFly se ve en paños menores ante su futura madre que lo llama -en la versión española- Levi Strauss… La explicación del jocoso equívoco, a cuenta de la traducción y el doblaje en la version española, es que se supone que Lorraine, la futura madre, ha visto ese nombre en la etiqueta de los pantalones de Marty.
Chocante, sin duda, si sabemos algo de la Historia de una empresa como la fundada por Herr Levi Strauss en Estados Unidos a partir de la década de 1870.
Evidentemente una adolescente norteamericana del año 1955 debía saber, de sobras, quién era Levi Strauss y para nada le extrañaría ver a alguien llevando un pantalón con la etiqueta de la doble “X” y todo lo demás que tan bien conocemos. Esa era en 1955 una opción más a la hora de vestir esa prenda, el “vaquero”, que ya se estaba haciendo popular entre los jóvenes norteamericanos de aquella época.
De hecho en la versión original de la pelicula la broma “temporal” consistía en que Lorraine llamaba a su futuro hijo Calvin Klein. Pues ese es el nombre que llevaba “bordado” en su ropa interior… La broma funcionaba porque ese hoy famoso diseñador era en 1955, efectivamente, un perfecto desconocido que, ni de lejos, se asemejaba al magnate de la Moda en el que se convertirá a partir de los años 80 del siglo XX. Justo todo lo contrario de lo que era Levi Strauss y su ya bien conocida -desde 1870- marca.
La Historia de la Moda, como ocurre en este caso, siempre oscila, según opiniones, entre lo superficial y lo transcendente. Así esa salida por la tangente de los traductores y dobladores españoles con los pantalones de Levi Strauss, puede parecer una anécdota sin mayor importancia. Sin embargo, si la miramos con atención, sacaremos de ella un interesante dato histórico.
Es el siguiente: todo parece indicar que los equipos de doblaje españoles tomaron en 1985 la decisión de tratar como menores de edad, como provincianos de pocas luces, al publico de ese país (que, por otra parte, ya estaba muy viajado y fogueado en general y en esas fechas).
En 1982 Calvin Klein había lanzado su famoso anuncio de ropa interior. Es decir: tres años antes de que se estrenase “Regreso al futuro”. Es posible que en 1985 muchos españoles no conocieran aún la marca, pero más de uno y más de dos, en grandes ciudades como Barcelona o Madrid, viajaban y tenían acceso a Prensa internacional donde se publicó aquel anuncio.
Además de eso, los españoles conocían desde hacia años (por lo menos desde la década de los setenta) la marca Levi Strauss que era ya ubicua en España. Obviamente se sabía que era una empresa norteamericana con bastante solera, con un siglo a sus espaldas por lo menos. Así también obviamente a gran parte de ese público español, tratado al parecer con tanta condescendencia por sus traductores y dobladores, les chocó aquello de que una jovencita norteamericana de 1955 no supiera quién era Levi Strauss y pensase que la famosa etiqueta de badana era una marca en la ropa para identificar a su propietario. Cosa que, por otra parte (y eso también lo sabía el público español de 1985) no se hacía por medio de un pedazo de cuero en letra impresa y con un bonito dibujo de dos pioneros demostrando lo resistentes que eran esos pantalones tirando de ellos con dos caballos.
¿No tenían en 1985 mejor opción los, en otras ocasiones, ingeniosos dobladores españoles? Ese es un misterio histórico -frívolo o profundo a gusto de cada cual- que, de momento, no tiene respuesta.
Por ahora lo único claro es que la traducción que se buscó a esa escena de la primera parte de “Regreso al futuro”, queriendo o no, trató de provincianos a los españoles de aquel año 1985 con algo que si no era un paternalismo bastante curioso, se le parecía bastante.
Aunque no sería justo olvidar que, décadas antes, otros traductores y dobladores (¿o tal vez eran los mismos aunque más viejos?) desempeñaron un papel aún más airado cuando en la mítica película “Mogambo” hicieron otro “arreglo” de traducción bajo la neurótica dirección de los censores de aquel tiempo -ese sí realmente pacato- que rozó unas alturas ciertamente delirantes.
Jocoso y celebrado suceso frente al que puede parecer, más bien, poca cosa dar por supuesto en 1985 que los españoles eran todavía, en un 99%, unos paletos que no entenderían una broma a cuenta de Calvin Klein y creerían que Levi Strauss empezó a fabricar y vender sus famosos pantalones no en la década de 1870, sino en la de 1970. Cosa ciertamente imposible.
Al menos sin una buena máquina del Tiempo que hiciera de las suyas con las famosas paradojas espacio-temporales…