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Carlos Rilova

El correo de la historia

Algo de Historia sobre Irán y España

Por Carlos Rilova Jericó

Estos días, en los que se siguen cruzando apuestas sobre cuánto tiempo más aguantará el régimen (ya histórico) de los ayatolás iraníes, parecen un buen momento para dar un paseo por la Historia de la relación entre Irán y esa España a la que su actual gobierno ha situado en una muy especial posición en ese conflicto.

Esa guerra, que tal vez acabe esta semana o muy próximamente, no es la primera ocasión en la que los caminos de Irán y España se han cruzado. Al contrario, Irán, la antigua Persia, ha estado entrando y saliendo de la Historia de España por caminos muy curiosos a veces.

Ejemplos no faltan. Y con mucha solera histórica algunos de ellos. Por ejemplo hay un texto que suele ser habitual en los examenes de Historia. Ya sea al final del Bachillerato, en la EBAU (antigua Selectividad) o en los cursos de Historia. Ese escrito, carne de comentario de texto habitual, es el manifiesto llamado “de los Persas”.

Es decir: una especie de carta que los diputados conservadores del gobierno provisional de Cádiz, remiten a Fernando VII en el año 1814, señalándole que debe poner fin al libertinaje -desde su punto de vista- al que había dado lugar ese gobierno de Cádiz controlado por otros diputados afectos al Liberalismo que querían para España el fin de la monarquía absoluta y la instauración de un régimen parlamentario similar al que imperaba -ya desde 1688- en Gran Bretaña o al que habían querido -y no podido- implementar los revolucionarios franceses de 1789 en los que esos diputados se inspiraban.

Pero, como decía, tan ilustre y vistosa coincidencia en el tiempo de Irán y España no fue la única. Hubo otras más modestas, más propias de la cultura popular. A ese respecto un viejo visitante de este correo de la Historia, hizo una contribución no menos interesante. Dicho personaje era el inefable, y entrañable, Corsario de Hierro. Un personaje creado por el incansable guionista Víctor Mora y el dibujante Ambrós que, allá por los años setenta del siglo XX, crearon esa serie de historietas donde triunfaba ese corsario español henchido de sentido de la Justicia y desfazedor de entuertos en los cuatro continentes frecuentados por la Europa del siglo XVII, luchando contra odiosos oligarcas como el taimado Lord Benburry y otros amigos de tiranizar a quien se les pusiera por delante.

Uno de los episodios de esa serie precisamente tenía lugar en la ciudad iraní de Ispahán (o Isfahán) que ahora sufre las consecuencias de esta nueva guerra.

Dentro de la habitual trama aventurera del Corsario de Hierro y sus compañeros (el conflictivo mago Merlini y el forzudo escocés Mac Meck) estos llegaban en uno de esos lances a Ispahán. Esa ciudad persa a la que Mora carga de elogios en ese episodio, señalando que es una bella y culta población comparable a la Atenas de los griegos o la Roma del Imperio de Occidente.

Como no podía ser menos, la historieta reflejaba las tensiones existentes en el año 1978 (fecha en la que se publicaba ese episodio) en el Irán del sah Mohammad Reza Pahleví que estaba a punto de caer ante la llamada “Revolución Islámica”. Así, uno de los primeros encuentros que tienen el Corsario de Hierro y sus compañeros en Ispahán, es con un comerciante de caballos turco que utiliza -contra Mac Meck- una excusa de orden religioso muy en sintonía con el régimen de los ayatolás hoy bajo las bombas. A saber: uno de los esbirros del comerciante trata de poner a los persas en contra del Corsario y sus amigos señalando que todos ellos, y en especial el escocés y su kilt, no visten adecuadamente y así insultan las buenas costumbres del país por no llevar chilabas, debiendo hacerlo de manera obligatoria…

Exigencias que no ocurrían todavía -en el momento en el que se dibuja esa historieta- en el Irán del sah Pahleví, pero que, como bien sabemos, fueron impuestas (aunque sólo a las mujeres iraníes) tras el triunfo de la contrarrevolución islámica que derrocó en 1979 al régimen del sah que, con todas sus taras democráticas, era, al menos, aperturista y modernizador en esos aspectos.

En cualquier caso esa curiosa historieta no daba una imagen unánimemente positiva de los persas. Estos eran los “malos” en general de la simple trama de este episodio de la saga del Corsario de Hierro, pues habían secuestrado a una muchacha rusa como prisionera de estado.

¿Fue una curiosa coincidencia ese enfrentamiento ruso-persa en una historieta española de los años setenta en los que el fin del régimen del sah Mohammad Reza Pahleví se acercaba a su caída ante los ayatolás?

Dejemos ahí esa reflexión para colegas historiadores del futuro a los que, quizás, les aproveche.

Derivando hacia campos de la Historia menos “pop” antes de poner fin a este nuevo correo de la Historia, me gustaría señalar que además de esas coincidencias en las que se entrecruzaron los caminos de españoles y “persas” antes de estos días de muerte, drones y bombas, hubo una alianza entre ambos países.

Ocurrió a principios de ese siglo XVII en cuya segunda mitad el Corsario de Hierro iba a impartir justicia contra aprendices de tirano como Sinau de Esmirna, esclavistas varios y hasta lores ingleses como Benburry.

En efecto, en los comienzos del 1600 el injustamente denostado Felipe III mantuvo con la Persia de los Safávidas una tentativa de estrecha alianza de esas basadas en el habitual concepto político de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, tan utilizado en la Europa moderna donde reyes cristianísimos como Franciso I y Luis XIV no dudaban en pactar con los musulmanes del Imperio Otomano. O donde protestantes y catolicos luchaban unidos contra otros católicos y protestantes según tomasen un rumbo u otro los azares bélicos de largas guerras. Como la de los Treinta Años.

Así las cosas el hábil Felipe III (mal llamado “Austria menor” por el equivocado Cánovas del Castillo) trató de establecer una cordial relacion con la Persia de su época por la sencilla razón de que, tanto España como aquel antiguo Irán, tenían como común enemigo precisamente al Imperio Otomano…

Fue aquella una cuestión compleja, pero no por eso menos interesante, y que puede ayudar a esclarecer mucho ese drama iraní que ahora va por su enésimo acto. El Irán de la dinastía Safávida (que durará hasta 1736) era un régimen islámico como el de los ayatolás. Es decir: basado en el chiísmo tras arrinconar (bajo pena de muerte) a los suníes y prescindir del más flexible sufismo del que procedían los Safávidas). Eso sin embargo no les habia librado de la hostilidad bélica de los otomanos… No era necesario nada más para que la hábil diplomacia española del tiempo de Felipe III tratase de concretar en 1617 lazos de mutuo interés abundando sobre contactos anteriores que podían remontarse hasta la Edad Media, los reinados de Carlos V y Felipe II…

De ello ya han escrito otros historiadores. Y recientemente. Como Nazanin Mehrad que publicaba sobre el tema en el número 4 de la revista Libros de la Corte del año 2012. O, antes que ella, Luis Gil, que dedicó nada menos que dos volúmenes de Historia a ese tema.

Hoy, antes de que el horizonte se despeje en la antigua Persia, parece una buena ocasión, como decía, para leer y recordar todo esto, esperando que sea de alguna ayuda para tener una visión más clara de un asunto en esencia más bien turbio y donde España no es precisamente, en contra de lo que se pudiera creer, un actor recién llegado y de mala manera a esa cuestión que ahora estremece, de nuevo, al mundo entero…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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