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Carlos Rilova

El correo de la historia

El Waterloo de los españoles. O cómo perder una guerra despues de ganarla (A. D. 1815)

Por Carlos Rilova Jericó

Este jueves 4 de junio hay una importante cita con la Historia en el Club Cantábrico, en el centro de la capital donostiarra, a las siete de la tarde. Allí, en ese lugar, día y hora la asociación cultural Héroes de Cavite presentará un ciclo de conferencias que comienza ese día, continúa el 18 de junio y finaliza el 9 de julio.

El tema en torno al que girarán esas tres conferencias es algo que, por lo general, pasa muy desapercibido en los libros de Historia y aledaños. A saber: qué fue de España y los españoles cuando las guerras napoleónicas estaban a punto de terminar en el año 1813, en 1814 y, sobre todo, en 1815.

Por más que nos esforzamos los historiadores, por lo general, ese asunto se despacha casi como en los cuentos infantiles. Así la impresión más o menos general es que en 1815 los agrestes bandoleros/guerrilleros españoles, esos ogros amables, se retiraron de la escena y volvieron, junto con sus oxidados trabucos y asesinas navajas de siete muelles, a su miserable y atrasado país para perderse en sus oscuras montañas e ignotos valles a practicar sus supersticiones religiosas (tan pintorescas) y a vivir al margen de una civilizada Europa que ya no los necesitaba para derrotar a aquella hidra de múltiples cabezas conocida como Napoleón Bonaparte.

En ese simplista escenario se pierden, por supuesto, todos los verdaderos detalles que escriben la Historia con “H” mayúscula. Por ejemplo los siete ejércitos españoles formados con un inmenso esfuerzo (realizado en gran parte gracias a la ayuda británica, todo hay que decirlo) para retener sobre el terreno a decenas de miles de soldados franceses que, de otro modo, habrían conseguido que Napoleón viera culminado su sueño de tener a toda Europa bajo el dominio francés.

Se pierde también en ese escenario, todo lo que España sufrió para lograr esa victoria de las coaliciones formadas por casi toda Europa, de Rusia a Portugal pasando por Londres y por Cádiz, para hundir los designios de aquella especie de Unión Europea avant la lettre de carácter dictatorial. Casi un régimen colonial dirigido desde París, como indican incluso grandes historiadores franceses como Godechot.

También cae en el olvido el baño de sangre que se dio en el Norte peninsular en el verano de 1813, cuando los ejércitos españoles (especialmente el Séptimo del general Mendizabal) abren camino a Wellington para que consiga esa victoria definitiva en España que el Lord no había logrado en 1812, cuando su avance desde Salamanca se convirtió en una encerrona mortal en Burgos de la que, por otra parte, le tuvo que sacar ese mismo ejército español.

Será ese un tiempo en el que después de la ansiada victoria en Vitoria, el 21 de junio de 1813, se darán muchas otras batallas menos conocidas como la de Senpere o la de Tolosa. Y otras más famosas ya como la que se da el mismo día, el 31 de agosto, en la frontera del Bidasoa, en el monte San Marcial y en la plaza fuerte de San Sebastián, que será casi completamente arrasada tras la entrada de las fuerzas angloportuguesas en ella para repetir allí el infame resultado de la reconquista de Badajoz el 6 de abril de 1812.

Así empezará precisamente este ciclo de conferencias este jueves 4 de junio. Ese día el historiador y arqueólogo donostiarra José Mari Leclercq, hablará de esas cuestiones que lleva investigando desde hace años y dejó plasmadas en un monumental volumen titulado, precisamente, “Aquel verano de 1813. El asedio de San Sebastián”.

El ciclo continuará el 18 de junio, justo el día en el que se cumple otro aniversario de la batalla de Waterloo que puso fin a aquellas guerras napoleónicas. En esta ocasión la conferencia correrá a cargo de otro investigador donostiarra, Gonzalo Serrats Urrecha, que en el año 2015 aportó a nuestra Historia un libro fundamental, “El general Álava y Wellington. De Trafalgar a Waterloo”, redactado durante años de trabajo a partir del archivo personal del propio general Álava. El único ayuda de campo de Wellington que quedó, junto con el Lord, vivo y entero tras esa famosa batalla de 18 de junio de 1815 en la que Napoleón vio venirse abajo, para siempre, sus flamantes planes.

Un momento historico crucial. Para los españoles. Pues ese día y los días, semanas, meses, años, siglos… que siguieron, quedó claro para la Historia que España estaba en el bando de los vencedores.

Sin embargo, finalmente, en el relato que hasta ahora ha sido el definitivo sobre ese punto de inflexión de la Historia, España, los españoles, pese a haber ganado toda esa sucesión de batallas que culminan en el año 1815, en Mont Saint-Jean, en Waterloo, perderán, casi completamente, el relato que se hizo de esos acontecimientos.

Desde ese día, 18 de junio de 1815, y hasta la actualidad, británicos y alemanes se han disputado la primacia de ese relato y con él la de la dirección de los asuntos de Europa (y de rechazo del Mundo entero) al menos hasta la Primera Guerra Mundial y, en el caso de los alemanes, yo me atrevería a decir que hasta la primera década del siglo XXI.

El reflejo en los libros de Historia es abrumador. Por un lado la producción británica parece no haber encontrado suficiente papel en los bosques del Amazonas para llenar páginas y más páginas exaltando aquellos hechos en los que los británicos, y en especial Lord Wellington, son fundamentales. Hasta la saciedad. Hasta el punto de que Serguéi Bondarchuk, un director de Cine de la Rusia soviética asociado a un productor italiano, plasmó ese relato para el gran público mundial en la película de 1970 titulada “Waterloo”.

Los alemanes quizás han gastado menos esfuerzos de esa clase en informar a ese mismo público de que quien derrotó realmente a Napoleón el 18 de junio de 1815, fue el mariscal Blücher dirigiendo un Ejército prusiano que llegará a salvar la situación in extremis en la que se encuentra aquel conglomerado de fuerzas británicas, holandesas, belgas, con agregados españoles, austríacos, rusos, prusianos… en el Estado Mayor que rodea a Wellington en esos momentos.

Sin embargo lo poco hecho por los alemanes al respecto resulta realmente contundente. Ahí está, para demostrarlo, el libro de Peter Hofschröer titulado “Waterloo”, que lleva años arrojando al rostro de los británicos y del resto del Mundo (traducido a varios idiomas, incluido el español) que esa batalla se ganó, principalmente, gracias a los prusianos.

El día 9 de julio cuando se cierre este ciclo de conferencias sobre el Waterloo de los españoles, hablaremos a cuenta de quien estas líneas escribe precisamente de eso. De que, en realidad, la batalla fue ganada tanto por holandeses, belgas, británicos… como por los prusianos, pero no se habría llegado, jamás, a ese punto de no haber sido por los cinco largos años de guerra en España, entre 1808 y 1813, y luego por la invasión de Francia en 1814.

Una tenaz resistencia de los españoles de esas fechas que, sin embargo, quedaron definitivamente (hasta ahora) excluidos de ese relato en el que todo lo hecho por ellos en esas guerras napoleónicas ha sido triturado en las famosas arenas del Tiempo. A causa de las disputas internas entre absolutistas y liberales, de las guerras de Independencia de su imperio americano que se tuvieron que afrontar al mismo tiempo que ellos se desangraban por la causa de toda Europa pero, sobre todo, debido a que Gran Bretaña supo aprovechar muy bien ese momento para desmantelar a aquel enemigo formidable para ella que había sido ese Imperio español desde el año 1589 hasta las mismas vísperas de mayo de 1808. Cuando, una vez más, la acorralada isla tuvo que buscar la alianza española para no sucumbir frente a la amenaza francesa que también la perseguía desde los tiempos de Luis XIV.

De todo eso, pues, hablaremos en el Club Cantábrico el día 9 de julio, para cerrar ese ciclo de conferencias que se inicia este 4 de junio y en el que trataremos de descubrir cómo España perdió una guerra tras haberla ganado y fue la segunda gran derrotada en el campo de batalla de Waterloo. Pese a estar justo al lado de los vencedores de aquel día en el que la Historia de Europa (y del Mundo) cambió para ser la que conocemos hoy día…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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