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Carlos Rilova

El correo de la historia

El Mundial de 2026, los “fascistas” o ignore usted tranquilamente su propia Historia

Por Carlos Rilova Jericó

Acabado ya este Mundial de infarto con la victoria de la selección española, queda en el aire, aparte del eco de lo ocurrido y su repercusión, la enésima pelea con la Historia de ese país a raíz de ese campeonato de fútbol.

En efecto, según una noticia publicada por “El Debate” el martes 14 de julio los servicios de seguridad del estadio de Dallas -en el que España conseguía pasar a la final de ayer- habían prohibido, por orden de la FIFA, la entrada a personas que llevasen la bandera española con la Cruz de Borgoña. A ello respondió un elaborado comunicado de la Asociación Héroes de Cavite replicando que la FIFA cometía ahí un craso error histórico al calificar a la bandera de la Cruz de Borgoña -ahora revivida por distintos motivos culturales- de símbolo del Partido Carlista.

Indagando sobre el tema al hilo de lo requerido para el comunicado que dio Héroes de Cavite, elevándolo a la FIFA para sacarla de su error, he ido recopilando las piezas sueltas que han podido llevar a que esa organización decidiera considerar que la bandera histórica de la Cruz de Borgoña era una bandera “fascista” como algunos se han apresurado a calificarla. Parece que el origen de esa errónea interpretación está en el breve informe de 37 páginas que, hace unos años, puso en circulación un profesor del Centro de Altos Estudios Policiales, el subinspector de la Policía Nacional David Docal Gil.

En él se repasaban los acrónimos, símbolos y banderas utilizados por, principalmente, movimientos neofascistas, supremacistas blancos y similares. Como la esvástica adoptada por los nazis, la Garra Hispánica brevemente usada por el genuino (al decir del profesor Stanley Payne) Fascismo español, el hacha de doble filo de los petainistas que colaboraron con los nazis en la Francia ocupada, la bandera confederada y muchas otras similares.

En tan dudosa compañía el profesor Docal Gil situaba a la bandera de la Cruz de Borgoña, identificándola -sin más- con la bandera del Requeté, por tanto con el Partido Carlista, por tanto con simbología que él califica “de odio” (en la línea evidentemente de la polémica y cuestionada ley sobre ese tema promulgada en 2022).

Era ésta, sin embargo, una afirmación sin la necesaria base histórica que ha llevado a situaciones realmente paradójicas en este Mundial del que España ha salido totalmente triunfante. Algunas contempladas en el comunicado de Héroes de Cavite y otras no.

Así, por ejemplo, el equivalente inglés a la bandera española de la Cruz de Borgoña, la bandera inglesa de San Jorge, no ha tenido prohibida la entrada a los estadios de este Mundial acabado ayer con esa victoria española, Salvo curiosas excepciones como una versión de la misma que mostraba un submarino y fue retirada por la FIFA por exhibir “material de guerra”.

He ahí pues el absurdo histórico de esta prohibición, pues la bandera española de la Cruz de Borgoña es tan sólo el equivalente a esa bandera inglesa de San Jorge o a la escocesa de San Andrés con la que, a principios del siglo XVIII, se formó la actual Union Jack sumando ambas.

El error de partida de la FIFA ha sido, por lo visto, confiar en informes como el del profesor Docal Gil que, al menos respecto a la bandera de la Cruz de Borgoña, partían a su vez de un error histórico y vexilológico fundamental.

Ese informe, en efecto, no tenía en cuenta la notable diferencia entre la bandera borgoñona y la del Requeté diseñada en el año 1935 como decía ese mismo documento. El subinspector Docal Gil debería haber consultado, para empezar, el libro de Uniformología de la Guerra Civil firmado por José María Bueno. Un acerrimo franquista, por cierto, como él mismo reconocía en la dedicatoria de ese libro donde se podía ver, junto con la ikurriña nacionalista y otras, la bandera del Requeté exhibiendo una Cruz de San Andrés similar a la de la bandera prohibida pero mucho más achatada y concentrada en el centro del paño. Sin llegar a los extremos como sí ocurre en la prohibida y en banderas hoy oficiales que la exhiben desde hace siglos. Una lista larga, casi interminable. En España tenemos la de la ciudad guipuzcoana de Fuenterrabía (hoy oficialmente Hondarribia), la de la localidad navarra de Tafalla, la del estado norteamericano de Florida, la del de Alabama y muchas otras donde se recuerda la relación histórica de esas poblaciones o territorios con la España de los siglos XVI, XVII y XVIII que usaba esa bandera.

Pero, a pesar de todo eso, una vez más -y bastaba con ver los comentarios a la cuestión en los sucesivos artículos de “El Debate”- está claro que quien ganaba aquí la partida, otra vez, era la ignorancia más absoluta sobre la Historia de España, dando lugar a episodios mostrencos como el de prohibir la FIFA la bandera de la Cruz de Borgoña confundiéndola con la del Requeté de 1935.

Se leía así en esas páginas que bien estaba la prohibición porque la bandera con la Cruz de Borgoña era una bandera “fascista”, mezclando aquí de modo muy primario a los tradicionalistas del Requeté con sus aliados cicunstanciales de 1936. Con los cuales, por cierto, las relaciones postbélicas no fueron precisamente idílicas.

Otros comentarios un tanto bochornosos sostenían que la bandera de la Cruz de Borgoña no era “fascista”, pero bien prohibida estaba en el Mundial porque sólo representaba a la dinastía Habsburgo con la cual España nada tenía que ver desde 1701…

Se hacía así evidente que el patinazo histórico de la FIFA con epicentro en el Centro de Altos Estudios Policiales español, había levantado la veda para, con el Mundial 2026 de fondo, llevar a los españoles a un nuevo circo pseudointelectual donde exhibir ese deporte nacional que no es el fútbol sino el de ignorar, olímpicamente, la Historia de España y a los especialistas formados en sus universidades para, en principio, poner un poco de orden con estos temas.

Así una vez más, pues, como decía Antonio Machado, de diez cabezas españolas yo diría que diez han embestido aquí en vez de pensar, en vez de informarse correctamente. Y lo peor era que la FIFA estaba animando, al menos indirectamente, este espectáculo lamentable.

Porque la bandera de la Cruz de Borgoña es, en realidad, tan buena, o tan mala, en términos políticos, como la bandera de la Cruz de San Jorge inglesa o la de San Andrés escocesa. Vista desde la Historia es tan sólo eso: Historia de Europa. Se alzó en campos de batalla en el siglo XVII donde Francia e Inglaterra trataban de decidir el destino del mundo enarbolando contra la española de Borgoña la de San Jorge o el estandarte de San Miguel con la Cruz Blanca sobre fondo azul. Fue pues esa Cruz de Borgoña la bandera de los últimos tercios españoles de los que nos habla el excelente estudio de Davide Maffi que -en lo que hoy es Bélgica y en 1675 era territorio español- cerraron el paso a las tropas de Luis XIV para defender a Holanda reconvertida en aliada de circunstancias de la corona española ante las ansias expansionistas de ese rey francés.

La bandera de la Cruz de Borgoña fue también, ya con la dinastía Borbón en Madrid, la de regimientos como el de irlandeses Hibernia o el Navarra que (aunque aún no salgan en películas como “El patriota”) lucharon de manera decisiva en territorio hoy norteamericano entre 1779 y 1783 para que esas provincias británicas consiguieran su independencia frente a la corte de Londres y formasen ese superestado que ha sido el anfitrión de este Mundial 2026, donde ha habido demasiadas anécdotas algo bochornosas como esta prohibición.

Era también la bandera que hasta 1785 y, por tanto durante esa guerra decisiva para la Historia del mundo, arbolaban los masteleros de los transportes de tropas, barcos de guerra y mercantes españoles que hicieron posible esa independencia de Estados Unidos. Por eso sigue siendo el distintivo de los aviones de guerra españoles en la actualidad y aparece en los banderines de muchos de sus regimientos de hoy día, herederos de aquellos otros del 1780.

Otra cosa ya es quién se ha apropiado de esa bandera con ciertos fines, pero ese problema lo tiene también la de la Cruz de San Jorge en Inglaterra y, oh sorpresa, ahí nadie -y menos la FIFA o Scotland Yard- ha dicho nada ni ha creído detectar (o imaginado) cierto tufillo “fascista” en esa bandera tan histórica como la española si no se confunde con la del Requeté.

¿Representa pues la bandera con la Cruz de Borgoña un delito de odio? Yo diría que sí. Hoy se ha convertido, desde luego, en la representación del odio de muchos a la Historia de España y, ya de paso, a la Historia de otros países como Estados Unidos.

Un odio que debería de ser, en efecto, delito y del que no debería sentirse orgulloso nadie. Especialmente los directivos de la FIFA que justo en la madrugada del 19 al 20 de julio entregaban la Copa del Mundial 2026 a la selección española.

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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