Por Carlos Rilova Jericó
La fecha del acontecimiento del que hoy hablará este correo de la Historia, fue apenas hace un instante en el tiempo. Tan sólo cuatro días, el 6 de agosto de 2026. En ese preciso momento se cumplían 500 años (o medio milenio, que resulta una cifra más solemne) de la desaparición de este mundo del comerciante, marino, navegante, cosmógrafo… Juan Sebastián Elcano.
Acababa así una vida que había empezado en una fecha imprecisa de finales del siglo XV, en un puerto guipuzcoano llamado Guetaria. Lugar acaso, para algunos, tan insignificante como la villa de Marton, en Yorkshire, donde nació James Cook.
Desde entonces hasta su muerte en el año 1526 Elcano hizo cosas memorables, históricas. Sin embargo, a lo que parece, olvidadas. O casi. Como tripulante de la expedición mandada por Fernando de Magallanes, quedó al cargo de la misma para guiarla de vuelta a España, consiguiendo así circunnavegar por primera vez el planeta. Tal y como reza en el escudo de armas que le concedió el emperador Carlos V a su regreso en 1522.
El objetivo de esa expedición, claro está, no había sido sólo científico. De hecho, era principalmente económico. Tal y como lo atestiguaban las bodegas de la nao Victoria en la que Elcano regresó tras aquel largo viaje que daba la vuelta al mundo con los escasos supervivientes de aquella expedición que buscaba algo fundamental, muchas veces olvidado entre leyendas negras y rosas: no otra cosa que saber hasta dónde llegaban las nuevas tierras descubiertas en 1492, que, a pesar de lo que nos parezca hoy, eran más un problema que un gran hallazgo, pues constituían un formidable obstáculo en la ruta hacia el fabuloso, y rico, Oriente, que era lo que realmente había ido a buscar Cristóbal Colón.
Juan Sebastián Elcano, ese hombre que dejaba esta presente vida el 6 de agosto de 1526, por tanto no sólo trajo en 1522 un barco cargado con toneladas de las codiciadas especias, sino una información náutica vital, que no estaba en manos de otra potencia europea desde ese momento. Salvo por rumores, cuchicheos pagados en tabernas de puerto, sobre el descubrimiento del cabo en el que América acababa y se podía pasar al otro gran océano que daba acceso (sin turcos de por medio) a las Islas de las Especias, a China y a todas sus riquezas…
Eso fue lo que realmente consiguió Juan Sebastián Elcano en su primer viaje. Algo que se olvida, se desdibuja, con gran frecuencia. O incluso se niega. Como ocurrió hace unos años en Inglaterra, donde se pretendió que el primero que había dado la vuelta al mundo era sir Francis Drake. Un prurito un tanto absurdo, porque la cuestión fundamental aquí no es -o no debería de ser- quién dio esa primera vuelta al mundo, sino quién obtuvo de ese viaje de circunnavegación una valiosa, y exclusiva, información náutica, geográfica…
Ese “quién” fue, sin duda, Juan Sebastián Elcano. Porque el marino getariarra volvió a salir en una nueva expedición que trataba de hacer lo que habitualmente se hace en Ciencia. Es decir: aumentar y sistematizar conocimientos ya adquiridos.
En ese aspecto Juan Sebastián Elcano estuvo involucrado en el equivalente del siglo XVI a empresas como la famosa SpaceX de Elon Musk, la NASA o la Agencia Espacial Europea. No bastaba, en efecto, con la evidente hazaña de dar la vuelta al mundo por primera vez y descubrir el que hoy llamamos estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos para determinar hasta dónde llegaba el continente que se llamaría América y por dónde era posible pasar a la Costa Oeste de esas tierras por mar, para acceder a las riquezas de Oriente. De nada servía eso sino se sistematizaba el cálculo de esas distancias, se comprobaba su rentabilidad y viabilidad…
Por eso se embarcó Juan Sebastián Elcano con García Jofre de Loaísa en 1525, para repetir una travesía que casi le había costado la vida en 1522. Se trataba de tener el dominio científico de esas rutas marítimas, gracias a barcos que funcionaban a base de conocimiento matemático, de pericia y oficio de marinos para saber dónde estaban los bajíos peligrosos, los vientos contrarios, de frente, contra los que era imposible trasluchar o virar a babor o estribor variando el rumbo de aquellas moles de madera que, claro está, carecían de navegación por satélite y de motores.
Eso, el avance de la Ciencia del que años después hablaría otro hombre del Renacimiento como sir Francis Bacon, es lo que llevó a la muerte hace 500 años a Juan Sebastián Elcano.
Algo que se olvida con demasiada frecuencia revistiendo a Elcano de una aureola demasiado heroica, considerándolo una figura aislada, ajena a un proyecto científico y economico de largo aliento.
En efecto, Elcano debería ser expuesto, y divulgado, más a menudo, por sistema, como uno de los eslabones fundamentales de ese proyecto. El enlace entre Magallanes y un jovem marino, también guipuzcoano, Andrés de Urdaneta, que con 17 años iba embarcado en la expedición de García Jofre de Loaísa en la que Elcano encontró su hora final en este mundo que él recorrió por primera vez.
Gracias a todas esas expediciones, Urdaneta consiguió años después abrir una ruta viable entre Asia, América y Europa por medio de ese conocimiento que hoy llamaríamos científico acumulado desde el año 1522 gracias a los esfuerzos de Juan Sebastián Elcano.
Se trataba de minuciosas observaciones y cálculos sobre vientos, corrientes marinas… que permitían hacer una travesía segura entre los puertos asiáticos y el de Acapulco, desde donde se trasladaban esas inmensas riquezas a Veracruz y de allí a Cádiz, abriendo así una vía de comercio y comunicación entre tres continentes que no existía hasta ese momento y que conectó los extremos del planeta durante más de dos siglos.
Ese, en definitiva, es el legado que nos dejaba Juan Sebastián Elcano, nacido en un puerto de una villa no mucho mayor que Marton, donde vendría al mundo muchos años después de 1526 James Cook. Alguien mucho más conocido hoy mismo en el mundo entero, celebrado a cada fecha clave. Como los centenarios de su nacimiento o muerte, o el de la publicación de sus obras.
Una atención, que como ya intuíamos varios historiadores al hilo del quinto centenario del año 1522, de momento se ha negado a Juan Sebastián Elcano.
¿Por qué ha ocurrido esto? Como historiador yo diría que el problema radica sobre todo en España, a causa de una tendencia -muy propia de este país desde mediados del siglo XIX- de tratar la Historia propia (no digamos ya a los historiadores propios) en un movimiento pendular que oscila entre el olvido y la displicencia y una exaltación que acaba por asfixiar al personaje o hecho histórico que se redescubre -se diría que milagrosamente- de acuerdo a esa técnica que el maestro Lucien Febvre describía como “Historia de traperos”, rebuscando entre supuestos desechos del pasado, olvidados ahí quién sabe por qué y por quién.
Es así como Elcano pasa de ser el protagonista de una gran hazaña comercial y científica a convertirse en un sombrío y atrabiliario héroe que no lee ni dibuja cartas náuticas sino que, desde la proa de su barco, desafía a vientos y olas y con eso basta. Bueno, con eso y con alguna anécdota de escaso fuste (algo muy propio también de esa forma de hacer Historia española), como que el barco del marqués de Lafayette La Victoire, abarloado en Pasajes en 1777 para ir a luchar por la causa de Estados Unidos, se llamó así en honor a la nao Victoria de Elcano…
Y todo eso para olvidarlo prácticamente al día siguiente, a la busqueda de otra emoción fuerte. Justo la imagen contraria, cuidada, pulida, de navegantes que no hicieron sino seguir sus pasos en el siglo XVIII. Como James Cook, representado en su retrato más famoso, el de 1775, como un buen burgués de la Inglaterra del siglo de las Luces que nos señala, de manera inequívoca, a una carta náutica indicando que ahí está el secreto de todo, del triunfo de esa Britania que domina los Mares y hoy, también, los medios de comunicación en los que Juan Sebastián Elcano apenas existe (o malvive) y por lo tanto se convierte en una página borrada de la Historia mundial.
Sería interesante, pues, saber qué se nos ha perdido -no sólo a getariarras, vascos, españoles…- en el camino hasta este 6 de agosto de 2026 para que Elcano se haya convertido en un héroe semifantástico o algo casposo, con olor a naftalina, o, en definitiva, en un verdadero cero a la Izquierda para una Historia mundial a la que así han arrancado varias páginas muy importantes. Unos y otros…