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Alberto Moyano

El jukebox

Petronor eta Lege Zarra

Alberto Moyano

En el año de Nuestro Señor en el que el barril de combustible se puso a
146 dólares, Josu Jon ascenció por unanimidad a lo alto de Petronor. El
lugar común apunta a que la sociedad marcha por delante de la política,
pero como sucede con tantas otras verdades, conviene coger ésta con
pinzas.

El inces.to, por ejemplo, es comúnmente rechazado en las sociedades
humanas, aunque practicado por frenesí entre la política y la empresa.
Y si hubo algún tiempo en el que saltar de la presidencia de un partido
a a la de un gran petrolera causaba estupor en la ciudadanía, esa época
ha quedado ya pero que muy lejos.

No es que se cuestionen los méritos de Imaz. Estamos ante el hombre que
desactivó la presidencia del PNV, auténtica bestia negra durante
décadas de todo el espectro ideológico allende el Ebro y que, en sus
manos, le permitió convertirse en el político mejor valorado por todos
aquellos que, ni falta hace decirlo, jamás se plantearon votar a su
formación.

Su gestión levantó un muro de aplausos, por mucho que ni el juicio más
benévolo permita sostener que dejó el partido en mejor situación de la
que lo encontró. Un detalle sin importancia. Si a los dirigentes del PP
vasco se les obviaban sus resultados electorales en razón de su coraje
y valor, a Josu Jon se le perdona todo al socaire de sus esfuerzos por
modernidad una ideología obsoleta y, por qué no decirlo, engorrosa.
Licencia en Ciencias Químicas, su conocimiento del mundo de los
combustibles-fósiles es incluso minucioso: baste decir que fue el
hombre que jubiló a Arzalluz.

Aquí se le desea la mejor de las suertes, desde la certeza de que no la
necesitará. Es otro hijo de Harvard instalado allí en lo alto donde se
toman las decisiones. El dato de que las reservas de petróleo se
agotarán a medio plazo sólo refuerza la sensación de que le aguarda un
futuro esplendoroso. Que así sea.


julio 2008
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