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‘Dioses y monstruos’, el Óscar que no llegó para McKellen
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Asier Manrique | 19-09-2017 | 09:47

Crítica Dioses y monstruosDIOSES Y MONSTRUOS

Título original: Gods and Monsters

Año: 1998

Duración: 105 minutos

País: Estados Unidos

DirectorBill Condon

GuionBill Condon (Novela: Christopher Bram)

MúsicaCarter Burwell

FotografíaStephen M. Katz

RepartoIan McKellen, Brendan Fraser, Lynn Redgrave, Lolita Davidovich, Kevin J. O’Connor,David Dukes, Brandon Kleyla, Pamela Salem y Michael O’Hagan

ProductoraLionsGate Films / Showtime / BBC Films / Regent Entertainment / Gregg Fienberg

Género: Drama

Relato de los últimos días de vida del realizador James Whale, autor de Frankenstein. En principio su única compañía en esos momentos es su ama de llaves, pero pronto entabla relación con su nuevo jardinero, un apuesto joven al que confía su historia en el Hollywood de los años 30 y por el que se sentirá irresistiblemente atraído. (FilmAffinity)

Hago pública mi repulsa hacia ‘La vida es bella’, y me la apunto así para traerla en un futuro post, que seguro que dará para mucho. ¿Por qué digo esto? Pues porque en los Óscars de 1999, en los que se premiaban las películas de 1998, un señor llamado Roberto Benigni arrebató un Óscar a mejor actor al señor Ian McKellen (‘Mr. Holmes‘).

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De acuerdo, podríamos decir que ‘La vida es bella’ es la mejor, y casi única buena, interpretación de Benigni, pero ¿era mejor que la de McKellen? Muchos opinamos que no. La depurada interpretación del británico encarnando a James Whale mereció premio sin ninguna duda. Una excepcional actuación para una película que rescató a uno de los directores clave del cine de terror.

Con la sutileza habitual de Bill Condon (La bella y la bestia), nos adentramos en los últimos días de vida del director de ‘La novia de Frankenstein’. Nos propone una relación entre el propio Whale y un jardinero que comienza a trabajar en su casa. Con numerosos achaques y pocas ganas de seguir viviendo, Whale encontrará en el jardinero (Brendan Fraser) una excusa para volver a sentirse vivo y dar rienda suelta a sus pasiones.

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La cinta no maquilla al personaje como sí se ha hecho en otras ocasiones. Sin ir más lejos, series como ‘Da Vinci’s Demons’ han ocultado la más que probable homosexualidad de Leonardo Da Vinci. Aquí era complicado hacerlo, ya que el propio Whale fue célebre por celebrar fiestas con otros hombres y por no ocultar su orientación sexual en una época en la que pocos se atrevían a vivirla abiertamente. De haber ocultado esa faceta de la vida del genial director tampoco hubiésemos tenido a McKellen interpretándolo, no hubiese transigido con esa Hollywood empeñada en “tapar” lo que le resulta incómodo.

La película transcurre en unos pocos días. Ian McKellen (X-Men Días del futuro pasado) ofrecerá a su jardinero la oportunidad de posar para él para que lo retrate en uno de sus cuadros. Con reticencias, Brendan Fraser, aceptará. En esos ratos de intimidad el anciano director le irá contando anécdotas, mientras va sonsacando confesiones del joven jardinero. En una batalla constante entre los dos surgirá la amistad que llevará a Whale a introducir a su empleado de hogar en su círculo de amistades.

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La atracción de Whale hacia su jardinero no se verá correspondido, pero nos dará la imagen de esos últimos instantes de un personaje que lo fue todo en Hollywood y que la industria dejó de lado cuando dejó de ser un personaje cómodo. McKellen (Verano de corrupción) afronta su actuación en ‘Dioses y monstruos’ con enorme sutileza. No cae en la extravagancia, ni en la exageración. Aporta su saber estar, su presencia y su experiencia a una película que cuenta con una auténtica joya en su guion (Óscar al mejor guion adaptado).

Podría considerarse pionera de las tantas películas sobre la soledad en la tercera edad que tan de moda se han puesto últimamente. Una obra maestra, como la definió Carlos Boyero y que unió a la crítica para elogiarla incansablemente. Una película que finalmente no recibió el premio merecido en favor de otras opciones más cómicas y de menor entidad para la postre.

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Lo mejor: Es posible que se trate de la mejor actuación de la carrera de Ian McKellen.

Lo peor: Que no ganó el Óscar a mejor actor.

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Sobre el autor Asier Manrique
Cine de ayer, hoy y de siempre en El Fotograma

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