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Carlos Rilova

El correo de la historia

El año 2026 y la Historia

Por Carlos Rilova Jericó

Hoy, en esta segunda semana del año nuevo, recuerdo, una vez más, que algunos eminentes historiadores, al filo del bicentenario de la revolución francesa, se sentían disgustados porque parecía que la atención a la Historia sólo se daba con ocasión de esas fechas “redondas”.

Una vez más también debo estar totalmente de acuerdo con esa queja. Sin embargo me temo que es muy difícil sustraer a nuestra materia, la Historia, de esas fechas “de impacto”. En las que el cumplimiento de esas efemérides “redondas” revaloriza a determinados acontecimientos históricos.

Este año 2026 que acaba de empezar no va a ser una excepción a esa pauta. Más bien parece que va a ser justo lo contrario, porque -entre otras muchas algo más leves- hay al menos dos fechas muy destacadas en ese calendario de eventos históricos.

Un breve repaso por la Prensa del 1 de enero da claras muestras de ello. Así se ha contado ya en varios periódicos que 2026 es el año del 25 aniversario del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, efeméride compartida con asuntos más positivos (en principio) como la aparición de los Ipods y de la ineludible Wikipedia. Igualmente 2026 será el aniversario de los cien años justos de la muerte de Antonio Gaudí. Cifra en la que coinciden -a la inversa- el genial arquitecto y la desdichada Marilyn Monroe que nació justo ese mismo año de 1926.

Pero, como decía, aparte de estos y de otros relacionados con escritores como Kafka y Salinger y canciones famosas como “Hotel California”, destacan dos de mucho mayor calado entre todos esos aniversarios “redondos”.

Uno de ellos es de gran interés para los españoles sobre todo (o hispanistas como mucho). Se trata del 90 aniversario del inicio de la Guerra Civil española. Es evidente que la fecha no va a pasar nada desapercibida y ya hay diarios como “Vozpópuli” que vaticinan que va a ser una ocasión para ver reabrirse la vieja herida,

Estoy totalmente de acuerdo en ese aspecto. De hecho el día 4 de enero ya iniciamos el ciclo de conferencias anual en el Museo San Telmo de San Sebastián con ese tema.

Así, junto a todas las demás efemérides de este año 2026, llama la atención que esa, la del inicio de la Guerra Civil española, pueda intuirse ya como campo para el enfrentamiento y la controversia, para el recuerdo amargo, para las palabras agrias y cargadas. Y eso justo cuando los protagonistas de los hechos, por una mera cuestión de edad, van desapareciendo, quedando ya sólo la generación de quienes eran tan sólo niños en ese momento. Gente de edad muy avanzada, incluso sin el famoso “uso de razón” en marcha cuando el 18 de julio de 1936 no hubo más salida a la crisis política que arrastraba España que la sublevación militar y la subsiguiente guerra civil que, de hecho, no fue más que la antesala, el ensayo general, de la Segunda Guerra Mundial en la que se tuvo que decidir más o menos lo mismo que se había decidido en los campos de batalla españoles entre 1936 y 1939.

Un fenómeno verdaderamente singular, pues, este 90 aniversario, que probablemente nos mostrará que, casi un siglo después de los hechos, estos aún no han sido asimilados del todo por una sociedad -la española- que parece se pasa, de mito en mito y de rencor en rencor, el testigo de algo que sucedió 90 años atrás para que lo reviva gente que ni siquiera vivió esos hechos.

Todo un motivo para reflexionar, desde la Historia, el porqué de algo que no pasa, por ejemplo, con la guerra civil inglesa de mediados del siglo XVII, o con la estadounidense. Las dos cargadas de igual veneno ideológico. Ese que lleva no a combatir contra un adversario, sino contra un enemigo mortal. Visto como alguien que amenaza la propia esencia, la propia existencia, enfrentando a opuestos irreconciliables como el Parlamentarismo contra el Absolutismo real, la Libertad de credo religioso contra la amenaza de la vuelta a Inglaterra del Catolicismo como única religión o, en fin, los derechos de los estados a mantener el régimen de esclavitud frente a los liberales del Norte que buscan la abolición de ese padrastro de la prometedora declaración de Independencia del año 1776. Ese otro hecho que es, precisamente, la otra gran fecha histórica de este 2026, pues se cumplen los 250 años de esa famosa fecha del 4 de julio de 1776.

Un acontecimiento que, quizás, también traiga polémica. Como la conmemoración de la Guerra Civil española. Al fin y al cabo hoy por hoy es la segunda administración Trump la encargada de hacer valer en el mundo el recuerdo de esa fecha que, en efecto, supuso todo un cambio histórico transcendental para todo el planeta. Un antes y un después de aquello que se inició ese día del mes de julio de 1776.

¿Bastará con eso, con que la celebración de esos dos siglos y medio esté gestionada por el gobierno de Donald Trump, para que ese aniversario “redondo” pueda ser tan polémico como el de los 90 años de la Guerra Civil española? Creo que sí, que habrá polémica, porque la administración Trump ha hecho bandera del término “patriota”, evocando a aquellos hombres del año 1776 que fundaron Estados Unidos como nación independiente basada en las ideas ilustradas de progreso, igualdad ante la Ley y otras que hoy damos por supuestas. Al menos en los países que se llaman “democráticos”.

Una apuesta política por esa efeméride de 1776 que, como muchas otras de Donald Trump, seguramente bastará para soliviantar a la bancada política contraria, que aplica sistemáticamente el dogma, de estilo unamuniano, de oponerse por principio a todo lo que diga Trump sin entrar en más detalles ni matices.

Será una verdadera lástima que eso ocurra, porque esa fecha debería estar por encima de esas polémicas algo infantiles y ya demasiado habituales en ese “pensamiento blando” del que ha hecho bandera cierta Izquierda que a duras penas reconocerían Gramsci, Marcuse y otros teóricos del asunto.

Para los españoles eso sería una verdadera lástima por partida doble. Pues, además de la acritud con la que es posible que se acabe tratando el 90 aniversario de su Guerra Civil, verían encenagado también un acontecimiento como el 250 aniversario de la Declaración de Independencia y la guerra que le siguió y en la que su país tuvo un importante papel.

En efecto. Hay que recordar aquí lo que dijo el general en jefe de los Ejércitos norteamericanos formados tras la Declaración de 4 de julio de 1776: que sin la ayuda española, verdaderamente masiva, los Estados Unidos no habrían llegado a plasmar en hechos reales aquello que se declaró un 4 de julio de hace 250 años en Filadelfia.

Así, merced a la crispación política de nuestra época, es probable que esas dos efemérides históricas queden reducidas a cenizas y escombro de trinchera desde la cual -a ver cuánto tardamos en oírlo o leerlo- los 90 años de la Guerra Civil se conviertan en ocasión para fusilar, con carácter retroactivo, a los que no se fusiló o “paseó” en el sangriento verano de 1936. O, en el caso del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, para que esa conmemoración sea calificada de evento “fascista-trumpista” por el mero hecho, pongamos por caso, de celebrar una conferencia o un simposio sobre esos hechos y el papel jugado por España en ese momento.

Lo cierto es que, calibrando los peligros que acecharían tras la conmemoración de esas fechas históricas “redondas” (el 90 aniversario de la Guerra Civil española y el 250 de la Declaración de Independencia de Estados Unidos), las dos ocasiones deberían servir más que para recordar esos hechos y conmemorarlos, para pararse a meditar sobre qué es lo que ha podido pasar en sociedades ricas, cultas, como las de Estados Unidos o España, para que la Historia se convierta no en una Ciencia que explica el pasado y ayuda por tanto a entender el presente, sino en una afilada, letal, arma arrojadiza. Una por la que no parece pasar el tiempo que todo lo cura, que todo lo suaviza y relativiza llamando a razón en épocas que, a diferencia de la española en 1936 o la norteamericana en 1776, pueden permitirse el lujo de no resolver las cosas matándose sobre un campo de batalla…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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