Por Carlos Rilova Jericó

Supongo que no será resolver ningún misterio decir que la Segunda Guerra Mundial ha sido todo un filón para eso que se llama “Industria del entretenimiento”. Es decir: los cómics, el Cine, las novelas bestseller… Páginas y más páginas de correos de la Historia anteriores a éste son también prueba de eso. Las de este lunes van a ser otro ejemplo más. Porque hoy hablaremos aquí de un cómic sobre una de las cuestiones de esa Segunda Guerra Mundial que más han interesado: la del espionaje y, sobre todo, la famosa máquina Enigma.
El tema vuelve ahora al mercado de habla española gracias a un cómic francés, titulado “¿Quién descrifró Enigma?”, que, sin embargo, ha tardado cuatro años en ser traducido y publicado a este lado de los Pirineos por la editorial especializada Cartem.
Es un cómic con facetas bastante interesantes. Para empezar la edición francesa de 2022 estuvo avalada por nada menos que el Ministerio de Defensa francés. Aparte de eso “¿Quién descrifró Enigma?” tiene otras virtudes para quienes estén interesados en saber más del asunto de esa máquina que tanto peso tuvo, al parecer, en el desarrollo -y el desenlace- de la Segunda Guerra Mundial.
Para empezar el cómic se basa en un libro escrito por Dermot Turing, el sobrino del matemático britanico que ha quedado para la Historia como el principal responsable de descrifrar el código que la ingeniosa máquina alemana creaba para transmitir los mensajes que movilizaban submarinos, aviones, divisiones blindadas… del Tercer Reich.
Además de eso “¿Quién descrifró Enigma?” cuenta con un prólogo realmente interesante, firmado por Bernard Émié. Es decir por el antiguo director general del servicio de Inteligencia francés (vale decir aquí “espionaje”) que informa a los lectores que se acercan hasta las páginas de este cómic de la importacia de contar con departamentos como el que él dirigió en Francia y que tienen una Historia a sus espaldas donde aparece la máquina Enigma. Noticia histórica a tener en cuenta, pues hasta ahora el protagonismo por esa hazaña se lo han llevado principalmente los británicos. Al menos cuando sus primos norteamericanos y Hollywood no les han escamoteado el mérito con películas como “U-571”…
Aparte de eso el cómic “¿Quién descrifró Enigma?” cuenta con un pequeño dossier final escrito por Fabien Tillon, el guionista de esta obra, al que se ha adjuntado incluso una entrevista con Dermot Turing para que resuma qué es lo que, en definitiva, aporta al conocimiento de esa parte de la Historia su investigación sobre lo que hizo, entre 1939 y 1945, su famoso tío.
Pero antes de eso Tillon y el dibujante Lelio Bonacorsso (y sus ayudantes) cuentan esa otra parte poco conocida de la Historia de la máquina Enigma y cómo fue descifrada por los aliados.
Su relato está muy lejos de películas como “U-571”, que adaptaban para el público norteamericano una cuestión que sin embargo fue, fundamentalmente, europea.
Así “¿Quién descrifró Enigma?” empieza no con la Segunda Guerra Mundial ya iniciada sino en el año 1931 y en Bélgica…
Allí se reunen tres piezas fundamentales del asunto “Enigma”: el agente triple Rodolphe Lemoine, el capitan de la Inteligencia francesa Gustave Bertrand y el alemán Hans-Tillo Schmidt.
Es el alemán, Schmidt, quien abre las puertas a lo que los autores de “¿Quién descrifró Enigma?” llaman el laberinto del Minotauro. Un laberinto de fórmulas matemáticas complejas creadas por la máquina Enigma que, en definitiva (y esa es la conclusión a la que se llega leyendo esta historia), no es más que un antepasado de ordenadores como éste en el que escribo esto.
Es más: Enigma, y eso es algo que pasa siempre desapercibido en medios como el Cine o el Cómic cuando se habla de ella, no parece haber sido sino un perfeccionamiento de la máquina de calcular de Wilhelm Gottfried Leibniz. Una de las figuras más visibles de la revolución científica europea del siglo XVII.
Y es que Enigma, como la máquina de Leibniz (o las precedentes de Pascal y Morland), era poco más que rotores, engranajes…, destinados a combinar cifras de un modo más rápido. La diferencia entre la maquina de Leibniz y Enigma es que la del novator alemán, desarrollada entre el año 1672 y el de 1694, funcionaba no con electricidad sino con un ingenioso sistema de cuerda mecánica. Similar a los utilizados aún hoy día por algunos juguetes.
Aparte de eso Enigma, como nos relata “¿Quién descrifró Enigma?”, será mucho más sofisticada gracias a esa fuente de alimentación eléctrica y a que, a medida que los espías franceses y polacos avanzan en el descrifrado, los alemanes le aplicarán rotores más complejos, reemplazados periódicamente para evitar que se puedan sacar pautas repetidas que actúan, como bien dice una vez más “¿Quién descrifró Enigma?”, como el talón de Aquiles de cualquier cifrado.
Así es como se va desarrollando un prodigio mecánico, Enigma, que, como vemos, hunde sus raíces en esa Europa del siglo XVII donde la Magia y la Ciencia no se han separado aún (recordemos que Leibniz fue el inventor de ese tatarabuelo de los ordenadores sin que eso le impidiera ser, también, secretario de una sociedad de alquimistas…).
De manos de franceses y polacos Enigma, la cada vez más compleja Enigma, acabará pasando a las de Alan Turing al que se considera, con razón, uno de los padres de la Informática moderna.
Aunque en realidad, como también se ve en “¿Quién descrifró Enigma?”, serán los descifradores polacos los primeros en poner en marcha lo que llaman “bombas”. Es decir: proto-ordenadores para calcular más deprisa que cualquier ser humano (o conjunto de humanos) y con ello desmenuzar los trillones de combinaciones posibles que los alemanes podían elaborar con la máquina Enigma.
Así pues, en definitiva, lo que nos relata “¿Quién descrifró Enigma?” son las raíces más profundas de las máquinas que ahora tenemos sobre nuestras mesas o, incluso, llevamos en nuestros bolsillos en forma de teléfonos.
Pero es esa sólo una parte de la Historia de estas máquinas que ahora parecen alzarse en un horizonte amenazador merced a la Inteligencia Artificial. El mismo Tillon señala en el dossier final del cómic la necesidad de tener que hacer otro volumen para reflejar todo lo que se movió alrededor de este asunto, rodeado de personajes tan complejos como Rodolphe Lemoine.
No le falta razón a Tillon. Sobre todo con respecto a Lemoine, que en realidad era un alemán, Friedrich Rudolph Stallmann, que adoptó el apellido de su mujer francesa, y cuyo papel respecto a Enigma y su destino final no queda muy claro en “¿Quién descrifró Enigma?” pues reduce la enésima estafa (esta vez a los aliados) de este agente triple a una serie de viñetas alegóricas de las que se puede deducir tanto que es víctima de la Gestapo como lo que en realidad fue: un solícito delator de los implicados en el desciframiento de Enigma.
Todo ello en detrimento de la verdadera biografía de Lemoine/Stallmann, que pasa por España durante la Primera Guerra Mundial (de la desembocadura del Bidasoa hasta Barcelona en la época del Pistolerismo, Sudamérica y, naturalmente, la Europa ocupada por el III Reich).
Resulta así que Lemoine/Stallmann, el barón Köenig, queda tan desdibujado casi como el propio Leibniz, a quien bien se podría haber rendido homenaje en “¿Quién descrifró Enigma?” como antepasado de la diabólica máquina. Desaparecido el novator alemán de ese relato tanto, por cierto, como el “Equipo D” de Bletchley Park. Es decir: el grupo de descifradores españoles que, dirigidos por Faustino Antonio Camazón, colaboraron, junto a polacos y británicos, en romper los engranajes de Enigma.
De hecho España sólo aparece en “¿Quién descrifró Enigma?” en una especie de fantasía final en la que Tillon reconoce haber tratado de resolver otro enigma: el del destino del descifrador polaco Marian Rejewski y sus compañeros que, tras la caída de Polonia en manos del III Reich, deben exiliarse y, según esas viñetas finales, caen en una emboscada de las fuerzas de seguridad franquistas en los Pirineos.
Un mal asunto para nuestra Historia que, esperemos, nuestros editores y productores se animen a enmendar en un futuro no muy lejano. O al menos no tan lejano como esa película, y/o serie de Televisión, sobre el venerado (a fecha de hoy) Blas de Lezo. Tan solicitada por tantos y que nunca acaba de materializarse. Por lo que sea…