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Cuentos de Primavera: Vive lo que se te presente

2013 mayo 24
por Belén Casado Mendiluce

 

Cierto día, el Maestro paseaba tranquilamente por los jardines del Monasterio.

Al rato, se le acerca un discípulo y le dice:

 

-“Maestro, estoy preparado para aprender la calma interior. Dime cómo

conseguir estar siempre en paz y que nada me altere. Enséñame, por favor”

 

Siguieron caminando en silencio hasta que se acercaron a un pequeño lago

que había en las inmediaciones del Monasterio. En un rápido e inesperado

movimiento, el Maestro empujó a su discípulo que, de inmediato, cayó al agua.

El discípulo agitaba los brazos en el lago gritando:

 

-“¡Maestro, sácame de aquí, que no sé nadar y me ahogo!”

 

Rápidamente, el Maestro cogió una rama del suelo que acercó al discípulo

para que se agarrara a ella y así poder salir del lago. Cuando estuvo fuera, el

Maestro le preguntó:

 

-“Cuando estabas ahogándote en el agua, ¿qué era lo que más necesitabas?”

 

-“Necesitaba aire para respirar” –le respondió el discípulo.

 

-“Tú mismo lo has sentido. En medio de esa situación, no buscabas estar

tranquilo, ni la calma interior, sino encontrar lo que necesitabas, que era el aire

para respirar, y así te movías en el lago queriendo salir de él. De la misma

manera, en la vida sólo necesitas vivir lo que se te presente y responder a lo

que necesitas, que no siempre será estar tranquilo. Una vez que hayas

actuado para encontrarlo, podrás estar en paz” –le respondió el Maestro.

 

Cuando estés en medio de una situación difícil, no pretendas mantenerte a distancia de ella como si no fuera contigo. Vívela y siéntela para encontrar la respuesta a lo que necesitas: a veces, responder enérgicamente, en otras, marcharte de lo que te oprime; después podrás estar tranquilo.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

 belencasado@terra.es

Cuando hoy termine el día, acuérdate de lo positivo

2013 mayo 22
por Belén Casado Mendiluce

 

Cuando hablo por teléfono con una amiga al finalizar el día, hemos comenzado a poner la costumbre de intentar decirnos lo positivo que hayamos vivido. No siempre las dos tenemos que contarnos novedades porque, muchas veces, entre semana la rutina se impone, pero procuramos pensar en los pequeños momentos en que algo nos salió bien o, simplemente nos sentimos a gusto.

Puede ser que disfrutaste yendo a tu gimnasio, que pudiste terminar el trabajo en tu horario habitual sin tener que meter más horas o que te has preparado una cena que te apetecía. Nos deja con mejor sabor de boca hablar de sensaciones positivas que del compañero de trabajo que no nos dirige la palabra.

Sin embargo, no siempre es posible ver lo positivo, porque cuando nos sentimos con ganas de desahogarnos sí necesitamos hablar de lo que nos preocupa y nos genera malestar: “hoy me ha vuelto a doler la cabeza, así que no he podido tener el día tranquilo”, “hoy mi pareja se ha levantado torcido y ya me ha puesto nervioso desde la mañana”.

He llegado a la conclusión de que muchas preocupaciones que tenemos se nos repiten porque están presentes todos los días. Ese hijo que lleva una temporada que no hay quien lo aguante o la presión que nos meten en el trabajo. De manera que… ¿para qué hablar todo el rato de lo mismo? Si hace falta porque uno está muy cargado, vale, pero si es lo mismo de siempre, mejor intenta pensar en los pequeños momentos en los que pudiste disfrutar.

Al finalizar el día, te vas con mejor cuerpo a la cama si recuerdas esas risas que te echaste con el compañero de oficina o ese abrazo con el que alguien te sorprendió. No pretendas que sea nada especial o novedoso, puede ser algo tan sencillo y del día a día que casi no le prestes atención. Pero todos tenemos algún pequeño momento en el que nos relajamos y nos sentimos bien.

Lo más importante: intenta hacer este ejercicio tú solo, aunque no lo hables con nadie. Cuando llegues a casa hoy después del trabajo, acuérdate de qué momentos positivos has tenido a lo largo del día, seguro que recordándolos… te sale una sonrisa en tu cara.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

 belencasado@terra.es

“Llevo muy mal la soledad” (2ª parte)

2013 mayo 20
por Belén Casado Mendiluce

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Después de la última sesión, me he dado cuenta de que mi problema con la soledad es más un problema de que no me valoro a mí misma. Por supuesto, que prefiero pasar el fin de semana acompañada que estando sola, pero cuando no quedo con gente me siento triste y desanimada y eso no me parece normal.

-Terapeuta (T): Vamos a empezar a trabajar tu autoestima. Es comprensible que te sientas más a gusto cuando estás con gente, pero si estás sola no hay que tomar por normal que te sientas abatida. Estate un rato en silencio y dime cómo haces, con pensamientos negativos o conductas concretas, para estar sola y sentirte triste y sin ganas.

-P: ¿Cómo hago?… (se queda un rato en silencio). Pues me digo que vaya aburrimiento otro fin de semana sin quedar con nadie, que no me apetece hacer nada yo sola…Empiezo a dar vueltas a la cabeza y si salgo a pasear, lo hago para forzarme a no quedarme en casa, no porque realmente me apetezca.

-T: Ya te entiendo. En primer lugar, cuando llegue el fin de semana y estés sola, vas a tomarte un tiempo por la mañana, sin prisas, para sentir qué te gustaría hacer, qué te apetece, sin que te tengas que forzar a nada porque sea lo que hace todo el mundo como salir a dar una vuelta. Empieza a dar valor a lo tú quieres.

-P: ¿Quieres decir que si prefiero quedarme en casa viendo un documental en la tele, lo haga sin más? La verdad es que no suelo parar a preguntarme qué me apetece hacer, me pongo el “piloto automático” de salir a pasear y ya está.

-T: Quiero que estés más pendiente de agradarte, de hacer lo que quieras hacer, sin repetirte constantemente que estás sola. Elige hacer algo, lo que sea, como sacar fotos, escribir o cocinar un plato que te apetezca, pero decide algo. No tienes que salir a la calle a pasear si eso no es lo que realmente quieres hacer.

-P: Me parece buena idea. Voy a intentar tranquilizarme para saber qué me gustaría hacer. Creo que son mis propios nervios lo que no me dejan disfrutar de tantas cosas que sí me gusta hacer, porque no hago más que recordarme que estoy sola. Gracias, Belén, por tu ayuda. Pondré en práctica lo que me dices.

-T: Te vas a sentir con más confianza en ti misma si vas haciendo cosas que realmente te apetece hacer, sin forzarte a nada. Tu autoestima va a salir fortalecida y te va a pesar mucho menos la soledad. Ya me irá contando cómo te va. Animo y hasta la próxima consulta.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

Podéis encontrar la 1ª parte en el siguiente enlace:

http://blogs.diariovasco.com/lapsicologaencasa/2013/03/11/llevo-muy-mal-la-soledad/

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasado@terra.es

 

 

Cuentos de Primavera: La barca y la tormenta

2013 mayo 17
por Belén Casado Mendiluce

 

Aquel hombre era de una sensibilidad especial. Había leído infinidad de libros

de autoayuda y practicaba a diario la meditación en silencio.

 

Se había decidido irse de retiro al Monasterio cercano buscando la paz que

muchos místicos habían encontrado en él.

 

Pero no podía evitar alterarse, en ocasiones, cuando los problemas de su vida

diaria se le presentaban. Y sufría mucho por ello, porque pensaba que nunca

alcanzaría la verdadera iluminación.

 

Su maestro, que sabía de su inquietud, decidió salir con él de paseo en un día

de tormenta. El viento arreciaba con fuerza y no paraba de llover. Fueron

caminando en silencio hasta llegar a un pantano cercano. En medio de él, una

sencilla barca de balanceaba de un lado a otro por la fuerza del aire y del agua.

El maestro, dirigiéndose al discípulo, le preguntó:

 

-“¿Ves aquella barca que se mueve por la tormenta de un lado a otro? Dime, ¿por

qué no se ha hundido?”

 

-“Porque está sujeta al fondo del pantano por medio del ancla, Maestro” -le

respondió el discípulo.

 

-“Tú mismo lo has visto. De la misma manera, el que practiques diariamente la

meditación es tu ancla en tu vida, como el ancla del barco, lo que te permite no

hundirte cuando arrecie el temporal. Pero cuando los problemas te asalten,

como la tormenta de hoy, es normal que te alteres y te sientas como

la barca que se balancea bajo la tormenta, de un lado a otro. Lo importante es

que estás sujeto por tu ancla interior, no el que pretendas mantener la calma en

la adversidad.” –le dijo el Maestro.

 

En la vida diaria no siempre es posible no perder nunca los nervios. Pero si das importancia a la tranquilidad en tu vida tendrás siempre un camino al que volver, aunque momentáneamente te hayas salido de él.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

 belencasado@terra.es

Cómo cambia lo que siento

2013 mayo 15
por Belén Casado Mendiluce

 

¡Qué cambiante somos en el estado de ánimo! Tan pronto puedes tener un día en que estás pletórico, en el que te sientes con fuerzas de afrontar cualquier cosa, como al día siguiente te sientes gris como la luz gris de Donosti.

No es posible que te hagas una imagen de cómo eres por lo que sientes porque, muchas veces, tus sentimientos son cambiantes, tan cambiantes como la dirección que toma el viento. Crees que eres fuerte para no dejarte hundir por el desaire que te han hecho y al otro día te ves dándole vueltas a tu cabeza sin parar. “¿Con qué me quedo?”, pensarás, “¿Quién soy yo, el fuerte o el débil?”

Suelo decir que hay que hacer caso a lo que se siente, siempre que lo que sientas sea una sensación mantenida en el tiempo (esa persona que siempre te produce rechazo cada vez que la ves). Los demás, déjalos estar, como vienen se van.

Como tus sentimientos fluctúan y cambian, tú no eres sólo lo que sientes. No te asustes de la cantidad de pensamientos y sentimientos diversos que te vienen a lo largo del día. Obsérvalos sin meterte en ellos dándoles vueltas y déjalos marchar porque se van solos.

Me gusta la imagen del barco sujeto con su ancla en el fondo del mar. En la superficie, puede haber oleaje y el barco se mueve también con él. Pero aunque se mueva, está sujeto por el ancla que le mantiene seguro y estable.

“¿Y cuál es mi ancla?” preguntarás. Aquello que te ayuda a estar tranquilo más allá de las circunstancias exteriores, más allá de que pienses o sientas cosas diversas. Un rato diario de relajación, por ejemplo, es un buen anclaje para la vida.

En ocasiones, te sientes cansado de tus cambios de ánimo y te gustaría no estar siempre a merced de las cosas que te ocurren o de cómo te sientas. Buena intuición la tuya. Necesitas un ancla, algo dentro de ti que te sirva de apoyo y te dé paz. Si sientes sed, te mueves para encontrar el agua ¿no?, pues si necesitas sentirte en paz, es que dentro de ti está la respuesta.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasado@terra.es

 

Estoy pasando un infierno en mi Instituto (2ª parte)

2013 mayo 13
por Belén Casado Mendiluce

 

-Paciente (P): Hola Belén. Tenía ganas de venir para contarte cómo me va. Ahora me están cambiando las cosas en clase porque he empezado a responder cuando se meten conmigo. Para que veas, te voy a contar lo que me pasó el otro día. Estaba en el recreo y uno de los de siempre empezó a meterse conmigo: “sudaca de mierda, vete a tu país”, y luego no se le ocurre otra cosa que insultarle a mi padre porque sí. Así que me calenté y le dije: “como vuelvas a insultar a mi padre te doy una h…” Volvió a decirlo… y le di una torta en toda la cara. Me quedé sorprendido hasta yo mismo de cómo reaccioné porque no suelo responder así, pero me quedé más a gusto…El otro se quedó asustado, se dio media vuelta y se largó.

-Terapeuta (T): ¿Qué diferencia notas ahora de como reaccionabas antes?

-P: Sobre todo, que me siento mucho mejor conmigo mismo. Antes aguantaba esperando que dejaran de meterse conmigo, pero las cosas no cambiaban. Ahora, me enfado y no me callo; hasta me ha dado por insultar a mí también, cuando no estaba acostumbrado a hacerlo, pero es que ya no podía más. Yo pensaba que no iba a saber qué decirles, que no se me iba a ocurrir nada, pero qué va, como me da tanta rabia como me tratan, saco toda esa rabia hacia fuera y me salen palabras que van a dar donde duele. No sabía que podía defenderme tan bien. Y ahora, se lo piensan más para meterse conmigo.

-T: Por lo que me cuentas, estás sorprendido de tu capacidad de respuesta, que no la conocías de ti. Ha sido cuando te has dejado sentir la rabia cuando has podido expresarla aunque sea teniendo que insultar; desgraciadamente, ese es el único lenguaje que entienden los que se meten contigo.

-P: Es que es así. O me enfrento a los imbéciles de clase sin tener el miedo en el cuerpo, o me quedo como un perro con el rabo entre las piernas. Callándome y aguantándome, no iba a ninguna parte, y yo me sentía cada vez peor. Ahora me valoro más a mí mismo porque sé que si yo también les insulto es porque no permito que me traten mal. Es la única manera con esa gente.

-T: ¿Cómo son ahora tus relaciones con los compañeros en general?

-P: Pues incluso ha habido alguno que se me ha acercado para decirme que se alegra de cómo estoy reaccionando, que a él también le gustaría hacer como hago yo. Yo le digo que, al principio, no las tenía todas conmigo y sentía miedo, pero que a base de seguir actuando es como he ido cogiendo más confianza en lo que estaba haciendo y me sentía cada vez mejor. Estoy más contento y me alegro de haber hecho caso a lo que me dijiste, Belén.

-T: Yo también me alegro de que te sientas mejor. Creo que vas por buen camino. Ya me irás contando cómo te va. Hasta la próxima.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

La 1ª parte la podéis encontrar en el siguiente enlace:

http://blogs.diariovasco.com/lapsicologaencasa/2012/12/17/estoy-pasando-un-infierno-en-mi-instituto/

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

 belencasado@terra.es

Cuentos de Primavera: Muévete y reacciona

2013 mayo 10
por Belén Casado Mendiluce

 

El Maestro paseaba con su discípulo tranquilamente por el campo. Este, se

encontraba preocupado por un problema familiar que tenía en casa, y

se decidió a comentarle a su Maestro lo que sentía:

 

-“Maestro, me dicen que tengo que reaccionar ante el problema que tengo,

pero yo quiero ir a mi ritmo, sin forzarme, tranquilamente, como estamos

ahora paseando.”

 

Siguieron caminando hasta llegar a un río que fluía apaciblemente. En un

momento dado, el Maestro cogió una piedra y la tiró con fuerza al río. Luego

le preguntó:

 

-“¿Qué has observado que le pasaba al río al tirar yo la piedra?”

 

-“Que el agua saltaba del impacto del golpe y todo se movía alrededor”,

contestó el discípulo.

 

-“Entonces, no puedes seguir actuando tranquilamente cuando has recibido un

golpe. Si respondes a tu ritmo, no estás siendo consciente de lo que te pasa y

tienes miedo a lo que pueda ocurrir. Reacciona, muévete enérgicamente,

aunque al principio sea con rabia, como el agua que saltaba por el aire del

impacto de la piedra. Si expresas tu malestar, como el agua, ya irás

encontrando la manera de volver al reposo y a la paz, pero no ahora” -le

respondió el Maestro.

 

En las situaciones difíciles, no siempre es beneficioso ir a nuestro ritmo, dejando el tiempo pasar. Si nos están pisando el pie, necesitaremos pegar un brinco, reaccionando enérgicamente, para llamar la atención del que nos hace daño.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

 belencasado@terra.es

En el día de hoy

2013 mayo 8
por Belén Casado Mendiluce

 

Voy a hacer lo que esté en mi mano para estar atento a cómo me siento yo y a cómo están los demás, dándome cuenta de qué es lo que me hace estar mejor conmigo mismo y con los otros.

Voy a actuar sin estar constantemente analizando lo que me pasa. Si ahora me doy cuenta de algo de lo que antes no era consciente, como la falta de puntualidad, bienvenido sea. Paso a ponerlo en práctica sin estar dando vueltas a por qué antes no lo hacía.

Sé que cada día puedo estar condicionado por el cansancio, los nervios o la falta de tiempo. Por eso, me doy permiso para hacer LO QUE PUEDA, sin culpabilizarme por no haber hecho más ni negativizarme por no estar a la altura.

En el día de hoy quiero dar valor a estar lo más tranquilo posible, porque sé que es desde la tranquilidad como puedo afrontar los problemas con la mayor claridad posible. Quiero hacer las cosas sin prisas ni agobios y, cuando no quede más remedio que me acelere, que pueda encontrar el momento para parar y volver al ritmo que me da paz.

Si no me resulta posible estar tranquilo, que me dé permiso para estar como pueda o necesite; en un momento, con necesidad de descargar mi ansiedad llorando; en otro, dejando todo de lado para proporcionarme un rato de descanso. Así aprendo a fluir con todo lo que surge.

En el día de hoy quiero estar sólo con lo que se me presente en el aquí y ahora, sin mirar atrás acordándome de lo que pudo ser ni adelantarme hacia el futuro preocupándome por lo que no es ni ha llegado. No deseo pretender abarcarlo todo sino permitirme llegar hasta donde pueda sin perder los nervios.

Quiero vivir con el menor miedo posible: miedo a la incertidumbre del futuro, miedo a quedarme solo, miedo a los cambios…No siempre puedo evitar sentir esos miedos, pero quiero darles la mano sin convertirlos en enemigos contra los que luchar. Mi vida no consiste en no tener ningún miedo sino en poder convivir con él haciendo lo que pueda en cada momento.

En el día de hoy voy a vivir queriendo valorar los momentos en los que estoy atento y consciente, sabiendo que no es posible desarrollar en esta vida la consciencia totalmente. Si no existe la perfección, me permito vivir sin pretenderla alcanzar, así vivo sin exigencias innecesarias.

Vivir hoy así para mí es una vida con sentido.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

 belencasadoo@terra.es

“Me siento dependiente emocionalmente de mi pareja” (2ª parte)

2013 mayo 6
por Belén Casado Mendiluce

 

-Paciente (P): Buenos días de nuevo, Belén. Tenía ganas de volver a verte para comentarte cómo me había ido. He puesto en práctica lo que me comentaste de ser menos cariñosa y comunicativa con mi marido. ¡Qué duro me ha resultado, pero… de cuántas cosas me he dado cuenta! Cuando he dejado de cogerle de la mano y abrazarle, cuando he dejado de compartir mis cosas con él… ¡no ha pasado nada! Podíamos seguir paseando sin hablar ni tocarnos…uno al lado del otro pero a distancia. Podían pasar los días sin que él sintiera la necesidad de darme un abrazo o un gesto de cariño. Me he llegado a preguntar: ¿pero qué hago yo aquí al lado de esta persona? Ha sido muy triste darme cuenta de lo distanciados que estamos, pero me ha servido para despertar.

-Terapeuta (T): ¿Qué es lo que necesitas en este momento?

-P: Aprender a hacer mi vida sin contar con él. Intuyo que esta relación así no puede durar mucho, pero ahora yo no tengo energía para pensar en separarme. Prefiero ir siendo más consciente de que puedo valerme por mí misma y apoyarme en mis amigas y personas que me quieren. Estoy empezando a sufrir menos en la convivencia porque ya no pretendo que cambie aunque quiero rodearme de personas con las que sí me sienta bien.

-T: Es importante que vayas a tu ritmo, sin forzarte a hacer nada que no sientas; si llega la separación será cuando te sientas con fuerzas para afrontarla. Ahora, el que vayas siendo menos dependiente emocionalmente de tu pareja ya es un paso enorme que te va a ayudar a estar mejor contigo misma, más confiada y segura de tu forma de ser. Lo demás se dará cuando se tenga que dar.

-P: Fíjate que ahora para mí es más importante el descubrirme a mí misma sin depender de nadie, con mis ideas tan válidas como las de él. El empezar a vivir la vida de manera muy distinta a como la había vivido hasta ahora, dando valor por mí misma a mi manera de ser y no esperando a que él me valorase o me diese el visto bueno a lo que hacía. Todo esto es más importante para mí que el decidir ahora si me separo o no.

-T: Me alegro de que sea así. Tómate tu tiempo para vivir esta etapa de descubrimiento personal, tan necesaria para ti. Me da la impresión de que, aunque ha sido duro, tu despertar ha sido algo muy bueno para ti.

-P: Desde luego que sí. Me siento contenta conmigo misma de haber dado este paso y haber abierto los ojos, con tu ayuda, Belén. Te iré contando cómo me voy sintiendo y las decisiones que voy tomando.

-T: Creo que vas por buen camino. Hasta la próxima consulta.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

 belencasado@terra.es

Cuentos de Primavera: El Maestro y la salud

2013 mayo 3
por Belén Casado Mendiluce

 

El Maestro era una persona sabia para sus discípulos, pero a algunos de ellos

les sorprendía que su Maestro tuviera esos continuos dolores de cabeza que le

mantenían alejado de sus obligaciones diarias y recluido en su habitación.

 

Cierto día en que el Maestro paseaba relajado por el campo, ya recuperado de

su última jaqueca, un discípulo atrevido se acercó a él y le dijo:

 

-“Maestro, sé que está abierto a escuchar lo que un humilde discípulo como yo

le pueda decir, pero, muchos no entendemos que sufra físicamente:¿no será

una enfermedad psicosomática la que tiene con sus dolores de cabeza?”

 

El Maestro se quedó en silencio y continuó paseando junto a su discípulo hasta

que llegaron a un árbol frutal a cuyos pies se encontraban las manzanas,

maduras y pasadas, esparcidas por el suelo. Señalándoselas al discípulo, le

dijo: “cómete una de esas manzanas podridas que están en el suelo”.

 

-El discípulo sorprendido le respondió: “de ninguna manera, Maestro, esa

manzana sentaría mal a mi cuerpo y me pondría enfermo si la comiera”

 

-“De la misma manera, nadie osaría decirte que tuviste una enfermedad

psicosomática si te pusieras enfermo por comerla. Todo lo que expresa tu

cuerpo, con la mala salud, no siempre es producto de tu mente enferma sino

expresión de algo dañino que en el cuerpo está. Si sufro dolores de cabeza es

porque mi cuerpo no funciona bien aunque yo lo quiera curar. Vete y aprende a

no juzgar a los demás” –le respondió el Maestro.

 

Las enfermedades psicosomáticas quieren decir que la persona es mente y cuerpo. Si tocas uno de los dos, repercute inevitablemente en el otro: si la mente de la persona está alterada, su cuerpo también lo reflejará. Pero si es su cuerpo el que está enfermo, esa persona no puede estar ni con el ánimo ni la vitalidad habitual.

 

*Autora: Belén Casado Mendiluce

Caminamos…Belén Casado Mendiluce