Diario Vasco

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Vivir desde lo positivo
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Belén Casado Mendiluce | 25-02-2015 | 09:59| 2

 

Sin duda, hay personas que tienen una especial facilidad para ver el lado bueno de las situaciones, para no enquistarse en las circunstancias adversas y para mantener un estado de ánimo tranquilo y positivo. Pero todos podemos mejorar nuestra actitud frente a la adversidad.

Ser positivo en la vida es una ACTITUD, no una mera estrategia mental para “cambiar el chip” y ver blanco donde sentimos negro. Las actitudes permanecen en nosotros integrándose en nuestra manera de ser, mientras que las estrategias son meras herramientas que se usan o no en función de las circunstancias.

Si tienes una situación laboral estresante, si sufres una mala relación de pareja o estás pasando por un momento difícil en tu vida, ¿qué puedes hacer para ser más positivo? Veamos unas breves indicaciones.

-Ser más positivo no te evita sufrir por lo que te duele.

Si estás trabajando un día y otro bajo presión y con estrés, no pretendas vivir de manera más positiva lo que es imposible de vivir con tranquilidad porque el trabajo que tienes es de por sí estresante, y estresaría a cualquiera.

Necesitas darte cuenta de cómo sufres por esta situación, sentir el agobio en el cuerpo aunque no sea agradable de experimentar, para tomar conciencia de qué es lo que está en tu mano para cambiar la situación, si es posible, o por el contrario, tienes que salir del trabajo para mejorar tu salud física y psicológica.

-Sé positivo cuando “el cuerpo te lo pida”

No se trata de mandarte mensajes positivos cuando estás rabioso por un desplante o triste por una pérdida. Deja que pase un tiempo para que te calmes y, desde la tranquilidad, mira lo positivo que tiene la situación que estás viviendo. Pero los mensajes positivos tienen que ser sentidos, creer en ellos y servirte a ti para sentirte mejor contigo misma.

Si te acaba de dejar tu pareja, después de dejar pasar un tiempo para elaborar el duelo, dite que gracias a que estás sin pareja puedes volver a cultivar tus amistades o que ya no tienes que vivir en tensión por las continuas discusiones en la convivencia. Lo positivo que te digas te lo tienes que creer y te tiene que ayudar a remontar el momento que estás viviendo.

-Y, sobre todo, no pretendas estar siempre bien

Aunque te mandes pensamientos positivos, es normal que, en ocasiones  tengas recaídas, no significa que estés haciendo mal las cosas. Puede que, aunque vuelvas a salir con amigos, alguna vez te sientas triste por la pareja perdida o te pueda el sentimiento de soledad cuando no tengas planes. No siempre se puede pretender no tener ningún “bajón” y estar alegre y feliz.

Ser positivo no significa que “corras un tupido velo” sobre las experiencias desagradables de tu vida, como si fuera algo que te quitas de encima y ya está. Todo lo que te ocurra tienes que vivirlo y sólo vivirás con una actitud positiva en la vida cuando aprendas de todo lo que vivas.

 

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Cuando cambia la vivencia mejora la convivencia
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Belén Casado Mendiluce | 18-02-2015 | 09:56| 5

 

Siempre he pensado que, supuesta una afinidad entre dos personas que conviven juntas, hace falta estar bien con uno mismo para que la convivencia funcione. La relación es cosa de dos, por supuesto, pero nadie puede hacer lo que es trabajo tuyo personal: mejorar tu propia vivencia.

Nadie, por muy bien que te lleves con él, puede hacer que tengas buena autoestima, que reacciones ante las dificultades sin ponerte airado o que tengas una actitud positiva ante la vida. Depende de ti como quieras ser y depende de ti tener la motivación para mejorar como persona.

De la misma forma que sabes que nadie puede resolverte la vida, tampoco nadie puede eliminar los miedos e inseguridades que sientas más que tú mismo. Todos conocemos casos de personas que, aun teniendo al lado familiares que les apoyaban, no cambiaban comportamientos destructivos que tenían y seguían complicándose la vida y…haciendo sufrir a los demás.

Y cuando te preocupas por estar bien contigo mismo, la convivencia en seguida mejora porque tu actitud repercute de manera inmediata en la otra persona, aunque no hayas hablado con ella. Si pones de tu parte, por ejemplo, para no traer las preocupaciones del trabajo a casa porque te sientes estresado, tu relación familiar mejorará inevitablemente.

Pero tienes que ser sincero contigo mismo y actuar movido por lo que necesites para ti mismo no para los demás, para complacerles o agradarles; eso no es una actitud egoísta sino una necesidad básica como comer y dormir. Puede que tu pareja quiera que paséis más tiempo con sus padres pero tú necesites ese tiempo para estar a solas contigo mismo.

Siempre me acuerdo de aquella persona que, sufriendo una situación de maltrato por su pareja, quería vivir las cosas con más paz e incluso se apuntó a cursos de yoga para aprender a estar más relajada en casa…donde era imposible estarlo. Por eso, a veces, lo que uno necesita, no es siempre adaptarse a la situación.

Presta atención a tus miedos, escúchalos como quien escucha a un amigo que tiene algo que contarte, ellos te pueden decir a qué necesidades que sientes no haces caso por miedo a…que algo cambie en tu vida. Y piensa una cosa, las necesidades que ahora no hagas caso, no desaparecen, salen una y otra vez…llamándote a la puerta para que les hagas caso.

 

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Cuentos de Invierno. ¿Buena o mala suerte?
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Belén Casado Mendiluce | 11-02-2015 | 09:50| 6

 

Marta se lamentaba de su mala suerte. En el trabajo llevaba esperando desde

hacía tiempo que le ascendieran y le reconocieran su valía profesional, que

para ello se había quedado bastantes días trabajando hasta tarde pero, al final,

no habían contado con ella para el nuevo puesto a cubrir.

 

“¿Todo mi esfuerzo para qué?” se decía ella.  Se sentía desmotivada y sin

ilusión para ir cada día al trabajo. “Soy un número para mi empresa”, se dijo.

Así que decidió que ya no iba a meter más horas extras y que, a partir de

ahora, intentaría hacer sus 8 horas reglamentarias y se marcharía a casa.

 

Marta se empezó a encontrar con más tiempo libre y se dio cuenta,

por primera vez, de cómo su trabajo diario había absorbido también su tiempo

libre, porque para cuando llegaba a casa estaba tan cansada que no

se encontraba con ganas de nada más que de cenar viendo la tele y meterse a

la cama.

 

Al ir pasando las semanas, Marta se sintió con ganas de apuntarse a aquel

curso de Fotografía que siempre había deseado. Dos días a la semana

disfrutaba relacionándose con gente con la misma afición que ella e

incluso se formó un grupo que salía los fines de semana a sacar fotos en

escapadas al monte.

 

Hacía tanto tiempo que no se sentía tan bien que ya había olvidado esa

sensación. Gracias a que no le habían cogido en ese puesto de trabajo que

tanto deseaba, había retomado su vida y había vuelto a descubrir el placer de

la amistad que había relegado a un segundo plano.

 

“¿Mala suerte”? Sonriendo, se dijo que ya sabía lo que responderse. No haber

ascendido en el trabajo era lo mejor que le podía haber pasado.

Autora: Belén Casado Mendiluce

 

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No hagas como si no pasara nada
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Belén Casado Mendiluce | 04-02-2015 | 09:32| 4

 

Tus sentimientos son importantes. Son como una llamada a tu puerta, insistente, reclamando tu atención para que les hagas caso. Tus sentimientos están ahí porque necesitan decirte algo importante para ti. Escúchalos.

Puede que intentes distraerte haciendo otras cosas para, inconscientemente, desviar tu atención de lo que puede ser un sentimiento incómodo de rabia, tristeza o dolor. Pero no por mirar hacia otro lado, tu sentimiento va a desaparecer. Sigue ahí, esperando la ocasión para hacer notar su presencia.

Tus sentimientos no están en ti para fastidiarte ni hacerte la vida imposible, sino para que los reposes y los dejes sentir y así te puedas liberar de ellos. Si sigues teniendo un sentimiento que te incomoda, párate y déjalo sentir para que esa energía fluya dentro de ti y te lleve a reaccionar.

Tus sentimientos necesitan que tú actúes, no sólo que te quejes y digas lo que piensas. Porque ¿de qué sirve seguir quejándose si las cosas que te duelen no cambian? ¿No sería mejor que cambiaras de actitud y así tuvieras en cuenta lo que necesitas?

Puede que una amiga no cuide la relación como antes y tú, a pesar de todo, quedes con ella con naturalidad, ya que te agrada su compañía. Te crees que has aprendido a aceptar lo que te dan sin más exigencias. Pero conforme van pasando los días te quedas mal, sigues teniendo un sentimiento de rabia hacia tu amiga por no cuidar la amistad. Tu sentimiento de rabia te pide que le hagas caso, que cambies de actitud con tu amiga ya que aceptar lo que ella te da no te es suficiente, ya que estar con ella como si no pasara nada va en contra de tus sentimientos.

¿Qué hacer? ¿Cómo puedes cambiar de actitud? Cada situación requiere una respuesta distinta pero, desde luego, no hagas como si no pasara nada. Sobre todo, por ti, porque poner buena cara, quitar hierro al asunto, te va a dejar enfadado contigo mismo porque no has tenido en cuenta tu malestar y éste va a seguir ahí presente hasta que tomes cartas en el asunto.

Eso sí, cambiar de actitud te expone a que haya una cierta ruptura. Que tu amiga ya no quiera quedar contigo porque tú le pidas más de lo que te quiera dar pero es que, además, tú ya no estás relajada con ella. Que tu pareja quiera hacer su propia vida porque tú no accedes a pasar por el aro de sus planes.

De cualquier forma, actúes como actúes, sentirás que haces caso a tus sentimientos, y estos se diluirán sin molestarte más porque estás siendo consecuente entre lo que sientes y cómo actúas. Sentirás una liberación y te sentirás en paz porque, por fin, habrás sido honesto contigo mismo.

 

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Los hijos se van pero no se pierden
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Belén Casado Mendiluce | 27-01-2015 | 09:42| 4

 

Qué verdad es que una cosa es la teoría y otra la práctica. Qué distinto es saber algo “intelectualmente”, de cabeza, a saberlo de manera sentida, porque se ha experimentado “en carne propia”.

Como madre que soy, sabía que es ley de vida que los hijos se independicen y hagan su vida, pero cuando te acostumbras a convivir con los hijos, cuesta amoldarse a esa nueva situación de “nido vacío”, parece que te pilla como a desmano y de improvisto, sin la suficiente preparación para enfrentarte al cambio, y no sabes cómo manejarte.

Pero me he dado cuenta que cada persona tiene que buscar su camino en la vida, vivir de la manera que sienta que encaja con su forma de ser y eso requiere romper, sin duda alguna, con ese espacio común en el que se convivía con los padres.

Buscar el propio camino en la vida no es tarea fácil y mucho de ese camino se va haciendo sobre la marcha pero…hay que echarse a andar. Tomar decisiones sobre si quieres o no compartir tu vida con alguien, de qué manera vas a hacer frente a tus necesidades económicas para vivir, qué tipo de vida es la que te gustaría llevar. Son preguntas que, consciente o inconscientemente, todos nos hacemos.

Por eso, aunque me cuesten las despedidas, decir adiós a mi hija en el autobús, me alegro que vaya haciendo su propia vida, y que se vaya encontrando a sí misma mientras lo hace. Porque uno no sabe quién es hasta que toma sus propias decisiones.

No te entristezcas porque tus hijos se marchen de casa, alégrate que puedan, poco a poco, ser protagonistas de su propia historia, y ayúdales a que se sientan bien en las decisiones que tomen aunque no sean las que tomarías tú, ya rectificarán si su sentimiento se lo hace ver.

Estate cerca para escucharles, para propiciar momentos de encuentro, sin imponer nada que no se dé de manera natural. Es mejor estar ahí para cuando ellos nos necesiten que el que sientan nuestra presencia de manera asfixiante. Y si no sabes en qué momento estar cerca o no de ellos, simplemente, pregúntalo.

Los hijos se marchan pero no se pierden. Acaso nos volvemos a encontrar padres e hijos de manera más cercana y auténtica cuando los hijos pueden vivir su propia vida y alcanzar sus sueños…ayúdales a perseguirlos.

 

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*Mañana, Miércoles 28, a la 19:00, impartiré en la Casa de las Mujeres de San Sebastián (calle Oquendo, 9) la Conferencia sobre el “Maltrato psicológico en la pareja”. Estáis todos invitados.

 

 

 

 

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Como la vida misma. Quéjate y no aguantes
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Belén Casado Mendiluce | 21-01-2015 | 09:56| 3

 

Ana llevaba tiempo sintiéndose tensa y sin saber cómo reaccionar. Estaba a gusto con su pareja, sabía que la convivencia entre ellos resultaba agradable y tranquila, pero él tenía un punto que a Ana le llevaba los demonios, y no lo podía evitar.

A Jorge le daba, a veces, por hacerse el gracioso, sacar una voz de “teleñeco” cuando se levantaban de la cama o estaban cariñosos entre ellos, una vocecita aflautada que a Ana no le hacía ninguna gracia.

Ana sabía que eso no era algo importante en la relación, problemas mayores existen, se decía, pero no podía evitar sentir rechazo hacia Jorge cuando le oía hablar de esa manera infantil. Por más que lo intentaba, Ana no podía cambiar el “chip” para que no le importara la dichosa voz. Incluso empezó a pensar si no sería que se estaba desenamorando de Jorge.

No quería llamarle la atención a Jorge sobre su papel de payaso, porque le parecía que se estaba convirtiendo en una intolerante que daba importancia a tonterías, pero conforme pasaba el tiempo, Ana tenía la sensación de que aguantaba un día sí y otro también.

Así que un día ocurrió lo que tenía que ocurrir. Jorge se despertó por la mañana y se dirigió a Ana con su vocecita de costumbre, y esta reaccionó automáticamente, de malas maneras: -“¡Deja ya de hablarme como un teleñeco, no lo soporto!”

A Jorge la reacción de Ana le sentó muy mal, lógicamente. Le pareció que Ana pretendía hacerle cambiar de forma de ser cuando, en realidad,  no le estaba tratando de mala manera a ella.

Tuvieron una fuerte discusión, con reproches mutuos, en la que se dijeron cosas que no sentían porque los dos estaban fuera de sí. Tanto uno como otro eran personas muy sensibles al rechazo que no llevaban bien los enfrentamientos.

Ana se había quedado con mal cuerpo. No quería que Jorge cambiara sólo porque a ella le molestara su forma de ser. Y no quería que se acabaran convirtiendo en esas parejas que se reprochaban cosas constantemente.

No sabía cómo actuar. Así que se puso a escribir en su diario para desahogarse  y dejarse llevar por las palabras que fueran surgiendo sobre el papel; sabía que, otras veces, escribir en su diario le había ayudado a darse cuenta de algo que le había hecho sentirse mejor.

Ahí estaba. Ahora lo veía. Después de escribir en el diario se había dado cuenta de que ella sentía que aguantaba… y mucho, y que eso no era bueno para ella ni para la relación. No quería quejarse, no quería molestar, no quería resultar intolerante…pero estaba tapando un malestar que sentía.

Así que le dijo a Jorge que, de la misma manera, que él tenía derecho a sacar la voz de “teleñeco” si le apetecía, ella también tenía derecho a decirle cómo se sentía, que no le apetecía que en ese momento le hablase así. Ana quería sentirse con la libertad de decirle a Jorge lo que sentía y no aguantar por miedo a molestar.

Desde entonces, las cosas entre ellos han cambiado. Ana se siente más suelta y libre para decirle a Jorge lo que necesita, que en un momento dado prefiere no escuchar esa voz y Jorge, con el tiempo, va sacando menos la voz de “teleñeco”…porque, por sí mismo, lo prefiere así.

 

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Cuentos de Invierno. En el cruce de caminos
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Belén Casado Mendiluce | 15-01-2015 | 08:53| 4

 

La mujer se había decidido a dar un paseo por el campo con sus auriculares de música. Había dejado su comida preparada y tenía intención de caminar a buen ritmo para así hacer el ejercicio físico que necesitaba.

Mientras paseaba, se iba acercando a un cruce en el camino, y allí, a lo lejos, vio a un hombre sentado en el borde del camino que, tranquilamente, contemplaba el paisaje.

La mujer, conforme se iba acercando, sentía curiosidad por saber de ese hombre y entablar conversación con él. Se quitó los auriculares y le preguntó:

-Buenos días. Suelo venir con frecuencia a pasear por aquí y es la primera vez que te veo. ¿Qué haces por aquí?

-Nada especial. Me ha parecido este sitio igual de bueno que otro para, simplemente, parar.

-¿Cómo parar? ¿Parar y qué?. Escuchas música, miras el móvil…

-La verdad es que no he traído ninguna de las dos cosas, así que solamente me siento y miro.

-¿Te molesta si me siento un rato a tu lado?

-En absoluto, le respondió el hombre.

La mujer se sentó y empezó a hablarle de lo que había hecho durante el día. Cómo se había levantado pronto, había recogido su casa y dejado preparada su comida y cómo caminaba a buen ritmo porque el médico le había recomendado hacer ejercicio.

El hombre escuchaba todo aquello en silencio, hasta que la mujer le preguntó:

-Cuéntame algo, chico. ¿Tú qué has hecho?

-Ya te lo he dicho. He venido aquí a parar.

-Pues para mí eso es como decirme nada. Yo también estoy parada como tú y eso no me sirve de nada.

-Tú no puedes pararte si no puedes dejar de seguir haciendo cosas: hablando, escuchando música o haciendo ejercicio. Prueba a no hacer nada, estar en silencio y sólo observar.

La mujer, nerviosa, decidió levantarse y marcharse. “Me parece que este hombre está fuera de la realidad”, pensó. Así que se despidió y siguió su camino.

Autora: Belén Casado Mendiluce

 

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Agradecida sí, en deuda no
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Belén Casado Mendiluce | 07-01-2015 | 10:05| 2

 

Guardo cariño hacia aquellas personas que me ayudaron en algún momento difícil de mi vida ya que estuvieron a mi lado escuchándome y brindándome su apoyo. De manera que cuando vuelvo a coincidir con ellas, aunque haya pasado bastante tiempo, reacciono con calidez y cercanía al verlas, como es natural.

Pero este encuentro fue diferente, se me encendió mi “piloto interior” avisándome de que algo no encajaba dentro de mí. Fue al despedirme de esa persona en la calle cuando sentí que había sido exageradamente amable con ella, como si me hubiera deshecho en gestos cariñosos demasiado complacientes.

De vuelta a casa, tenía un sentimiento incierto dentro de mí, como una sensación que se estaba gestando sin todavía surgir clara y definida al exterior. Estuve con la sensación interna en silencio, creo que unas horas, hasta que me di cuenta de lo que me había pasado.

Que, en realidad, no sólo me sentía agradecida hacia esa persona, sino que me sentía en deuda con ella, como si tuviera una cuenta pendiente con ella que siempre tendría que pagar, una cuenta que nunca estaría saldada por más que pasara el tiempo.

Y es muy diferente sentirse agradecida hacia una persona que sentirse en deuda con ella. La deuda la siento como un peso, una carga que me resta energía para ser yo misma, para sentirme libre de no deber nada a nadie.

Cuando me di cuenta de ello, me sentí más liberada, como si se me hubiera quitado un peso de encima porque, entonces, ya no me hacía falta estar tan pendiente de agradar a la otra persona que acabara por desconectarme de mí. Podía ser amable y cercana con ella pero… no hacía falta nada más.

Fui consciente de que, en realidad, ya había sido agradecida con esa persona cuando en su día me dio su apoyo y que, por tanto, no tenía sentido deberle nada ni sentirse en deuda con ella. Ya estaba pagada la deuda, si es que alguna vez hubo alguna por pagar.

Así que ahora me siento mejor conmigo misma, como si hubiera recuperado algo de mi identidad que se me había desparramado hacia fuera. Es un buen comienzo de año, pensé, recuperar algo de mí que se había perdido.

 

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Camino interior. Mi niña y la Navidad
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Belén Casado Mendiluce | 17-12-2014 | 11:26| 8

 

Hoy quisiera compartir con vosotr@s lo que siento ante la cercana navidad.

Supongo que el sentimiento acerca de la navidad tiene que ver con las vivencias que se tuvieron de ella en la infancia, pero no me resigno a vivir de los recuerdos del pasado porque prefiero vivir en el presente.

En el presente me sigue gustando la iluminación navideña, mis ojos la miran con alegría y asombro como si fuera la niña de entonces. Siento la magia y la ilusión de la navidad, un tiempo en el que siento la alegría de vivir sin preguntarme por qué motivo.

Pensándolo bien, me siento más niña en navidad y me gusta sentirme así. En la navidad me gusta alegrarme porque sí y no porque me haya sucedido nada especial, disfruto comprando regalos a los demás porque no quiero perder la ilusión por la sorpresa y el agasajar a los demás sin que tengan que hacer especiales méritos para ello y me gusta celebrar comidas sólo por tener ganas de estar juntos, porque sí.

 Los niños, en general, son felices porque sí, por el mero hecho de existir. No necesitan razones ni motivos para jugar, disfrutar y reír. Se sienten merecedores de cariño, atención y cuidados, porque un niño nunca nace con la autoestima baja ni deprimido, otra cosa es lo que sus padres puedan hacer por el camino.

Por eso, en estas fechas, saca a relucir tu niña interior, tu capacidad de alegrarte porque sí, de disfrutar con pequeñas cosas que te dejan buen poso, de sentir que el que existas es un regalo que te mereces simplemente por ser como eres sin que tengas que demostrarte constantemente en la vida diaria lo capaz y competente que eres.

Hemos venido a este mundo para ser felices, ya sé que puede resultar una frase pasada de moda. Pero en la navidad me reafirmo en que no nos hace falta ningún motivo para ser felices –teniendo las necesidades básicas cubiertas, claro- porque tal como somos, somos dignos de amor.

Eso es lo que quiero deciros a tod@s. Que disfrutéis de estas fiestas con el espíritu con que lo haría un niño. Con ilusión y con alegría, sólo por el mero hecho de existir.

¡Feliz Navidad!  ¡Y a sacar más al niño interior a relucir!

 

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Cuentos de Otoño. El río eres tú
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Belén Casado Mendiluce | 12-12-2014 | 16:26| 4

 

El río discurría desde su nacimiento, allá arriba entre montañas, hasta llegar al

bosque de hayas que lo acogían en su seno.

 

El río se sentía feliz de ser como era, unas veces torrente que surgía con

fuerza y otras, remanso de agua que descansaba entre sus orillas.

 

Había por allí unos niños que se entretenían cerca de la orilla tirándole piedras.

 

“Pongamos unas piedras más grandes para cambiar la dirección del río”, dijo

uno de ellos. Y comenzaron a amontonarlas, cada vez más pesadas y

voluminosas.

 

El río se sonrió para sí. Sabía del juego infantil de tirarle piedras, pero que

quisieran frenarle y no dejarle ser como era, era como si pretendieran impedir

que amaneciera.

 

“Voy a jugar yo también”, se dijo el río. Y contuvo sus aguas para que se

desviaran al contacto con las rocas.

 

“¡Lo hemos conseguido, lo hemos conseguido! ¡El río va por donde nosotros

queremos!, gritaban los niños alborozados.

 

Entonces, el río se echó a reír y, con un leve movimiento, tiró todas las piedras

que tan esforzadamente habían amontonado, y dejó discurrir el agua por ellas.

 

Los niños se quedaron sorprendidos y decidieron… que volverían a

jugar, simplemente, a tirarle pequeñas piedras al río.

 

Moraleja: Puedes fluir por la vida como el río, dejando que la realidad sea como es, no empeñándote

inútilmente en cambiarla.

 

Autora. Belén Casado Mendiluce

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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