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“Mi amiga no se atreve a quedar con un hombre”

2012 mayo 21
por Belén Casado Mendiluce

“Te voy a contar el caso de una amiga a la que no sé como ayudar o qué aconsejar, y tú seguro que sabes hacerlo.

Ella es una chica de unos cuarenta años, gordita pero guapa y que tiene un defecto de nacimiento que de puertas para fuera lo más visible es que tiene una ligera cojera.

El caso es que gracias a internet ha contactado con un hombre, que a priori le interesa, ha visto su foto y le atrae y ella le ha mando fotos a él, que también le han gustado. Llevan como un mes escribiéndose un mail por semana y ya van dos veces que él le ha hablado de quedar, la primera ella le dijo que no podía porque había quedado con una amiga ese día, y ahora no sabe que hacer con esta segunda vez, si aplazar el encuentro o lanzarse a quedar. Ella en otras ocasiones ha contado lo primero que ella tenía ese defecto de nacimiento, pero esta vez no lo ha hecho, y no sabe si el decirlo ahora, después de un mes de mails, va a dar lugar a que él piense que es más de lo que en realidad es ese defecto y que por eso no se ha atrevido a contarlo antes, o si hace bien en contarlo ahora o si es mejor quedar sin contarlo y que las cosas fluyan..”

Espero tus consejos para dárselos a mi amiga.

Gracias Belén.

 

Creo que es más positivo ir con la verdad por delante y comentarle, antes de quedar, la existencia del defecto de nacimiento.

No me parece que haya pasado demasiado tiempo -un mes de mails- como para tener miedo a que él se imagine lo que no es.

En cualquier caso, la naturalidad es la mejor consejera ya que, si ella lo dice, reflejará que acepta su defecto y esa actitud es la que transmitirá a la otra persona, contribuyendo a que él reaccione de la misma manera, con aceptación.

Cuando dices que las cosas fluyan, deben fluir siempre desde la aceptación no desde la ocultación de nada porque entonces sí que se refleja que algo no fluye…en uno mismo.

Sin más, espero que a tu amiga le ayude mi respuesta.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

Palabras

2012 mayo 18
por Belén Casado Mendiluce

 

“Los discípulos estaban enzarzados en una discusión sobre la sentencia de Lao Tse:

                                                 Los que saben no hablan

                                                 Los que hablan no saben

Cuando el Maestro entró donde ellos estaban, le preguntaron cuál era el significado exacto de aquellas palabras.

El Maestro les dijo:”¿Quién de vosotros conoce la fragancia de la rosa?”

Todos la conocían.

Entonces les dijo: “Expresadlo con palabras”

Y todos guardaron silencio

 

¿Te quedas, a veces, sin palabras para describir algo, como cuando estás atento a observar y sentir una hermosa puesta de sol?

¿Intentas, en ocasiones, hacer entender a otro la necesidad de ir más despacio en la vida y te das cuenta de que esa necesidad la tiene que sentir ella misma?

No todo se puede describir con palabras, por muy hermosas que sean éstas, porque hay algo que se capta en silencio, se experimenta y se siente.

Y entonces te das cuenta de que el que calla sabe porque no necesita demostrar nada a los demás y porque su silencio es el reflejo de algo más.

Sólo se puede mostrar el camino para que cada uno, según su necesidad, lo recorra a su ritmo. Pero hay que tener sed para entrar en el camino.

¿De qué tienes sed tú? ¿Qué anhelas para tu vida? Puede que me respondas que no te haces preguntas tan profundas porque no tienes tiempo para esas tonterías. Pero, a veces, te pillas comprando compulsivamente, comiendo sin medida o no parando de hablar por teléfono. “¿Y qué? No hago daño a nadie ¿Es que todo es negativo? Me ayuda a tranquilizarme”.

No está mal que te hagas preguntas porque es el primer paso para parar….y sentir. Todo en tu vida cumple una función.

Pero hay una Realidad que sólo puedes captar si te paras, como ante un amanecer, y observas en silencio. Si te paras ante ti mismo.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

Todos nos movemos por necesidades

2012 mayo 16
por Belén Casado Mendiluce

 

Todos actuamos movidos por la necesidad, consciente o no, que sentimos en cada momento, como la necesidad de pasear, de no estar solo o de hablar.

No entro a valorar si somos egoístas haciendo caso a las ganas de quedar con alguien cuando habitualmente no lo hacemos, por ej. Ese amigo puede rechazar nuestra invitación porque, a su vez, no le apetece, otra forma de decir que no lo necesita. La vida nos muestra las cosas como son.

Podemos necesitar estar con unas personas y con otras no, quedar con mucha gente o ir a visitar a nuestro padre en vez de estar con amigos; y todo esto puede que lo hagamos de manera espontánea, sin pensarlo mucho, pero satisfaciendo la necesidad de que me dejen tranquilo, de que me hagan reír o de tener el tiempo ocupado, aunque no sea consciente de ello.

Y todas las necesidades son legítimas porque responden a lo que quiere la persona para sí en el momento presente. No significa mala intención sino que uno prefiere que le dejen en paz a su aire que cumplir con expectativas ajenas.

Por eso, nada se puede forzar. Se puede comentar que uno desearía que le llamaran más a menudo o que contaran más con él, pero si no se da luego de manera natural, es mejor aprender a asimilar la realidad como es.

¿Es esto egoísmo? ¿Es utilización por interés o conveniencia? Si así fuera, que puede ocurrir, ya se encargará la vida de ponernos en la misma situación que nosotros hayamos creado. Si antes contábamos con alguien cuando nos interesaba, nos harán ahora lo mismo a nosotros. Es así de sencillo.

Puede que nos demos cuenta o no de nuestras actitudes, de cómo repercuten en los demás dificultando nuestras relaciones, pero hasta que no nos veamos obligados por nuestra necesidad -tener relación familiar o planes el fin de semana – de cambiar, no lo haremos. Cambiamos por nosotros, no por los demás.

Y cuando nos decimos que deberíamos cambiar tal aspecto de nuestra personalidad y nos damos cuenta de que seguimos igual que antes, entonces esa necesidad no la sentimos realmente sino que es un dictado de nuestra cabeza, por eso no cambiamos.

Aunque parezca simple, creo que es bueno dejar a cada persona en paz. Los cuestionamientos entre personas son válidos cuando uno siente la inquietud, se plantea algo y desde ahí se está abierto a aprender. Pero es muy difícil cambiar si te cuestionan los demás pero uno mismo no.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

“Mi sobrina ha dejado de tener relación con la familia”

2012 mayo 14
por Belén Casado Mendiluce

 

Buenos días Belén:

“Te leo diariamente aunque no participe y como nos has dado la oportunidad de plantear problemas pues ahí va el mío, en realidad el de mi hermano.

Su hija de 33 años de repente ha dejado de tener relación con la familia, hace unos meses se fue de casa, no vivía feliz con sus padres, cosa por otra parte lógica a esa edad, pero mantenía una relación normal, de vez en cuando iba a comer o llamaba por teléfono para tomar un café, pero es ahora cuando ha cortado todos los vínculos, no atiende las llamadas de teléfono y no ha dado ninguna explicación, intuimos que puede ser que siente que en el pasado la familia le falló, pero no lo sabemos a ciencia cierta pues como única respuesta dice que le hemos dejado tirada, a mi una vez que le llamé me dio la impresión de que se sentía agobiada. Es algo bastante alejado de la realidad, pues nunca le hemos dejado tirada y mi hermano está en un sin vivir y yo no sé ni qué decirle ni qué hacer para ayudarle. Le digo que así como se ha alejado ella procure él también alejarse si le duele, que lo tendrá que asumir, pero no hay manera.

Te agradezco enormemente que me des una respuesta en el consultorio.”

 

Tú también intuyes que tu sobrina siente que en el pasado la familia le falló (“dice que le hemos dejado tirada”) y creo, por la información que me das, que el motivo del distanciamiento de la familia puede ir por ahí. Es un tema importante para ella que necesitaría trabajo profesional para aclararse.

Tu sobrina, en estos momentos, se siente agobiada y no parece estar abierta al diálogo y por eso, un encuentro ahora no se puede forzar. Hay que esperar. Eso no quita, que si tienes oportunidad de hablar con ella, le hagas ver vuestra voluntad de respetar su distancia y su silencio, pero que estáis abiertos, cuando ella lo desee, a hablar de lo que necesite y a escuchar cómo se siente.

El papel de tu hermano es difícil porque, como padre, es normal que no pueda evitar implicarse con el tema, aunque sufra; el distanciamiento de los hijos siempre duele. Por eso, le puedes ayudar acompañándole y escuchándole cómo se siente, de la manera más empática posible, sin decirle que no debería sentirse como se siente. Háblale con las palabras que él utilice para que sienta que le escuchas y deja que sea él mismo el que vaya encontrando lo que necesita: en un momento hablar, en otro cambiar de tema o simplemente estar en silencio…Más que aconsejarle, acompáñale.

Aunque tu sobrina se aleje de la familia, el que tú puedas mantener cierto contacto con ella, aunque sea telefónico, para que sepa que estáis ahí interesándoos por ella, es importante. No le reproches nada sino pregúntale cómo se siente y dile que te interesa, sobre todo, que ella esté bien. Este contacto puede abrir la puerta a un acercamiento familiar.

Espero haberte servido de ayuda.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

Cuando no se puede, no se puede

2012 mayo 11
por Belén Casado Mendiluce

 

Suelo decir que uno no puede estar ahogándose en una piscina y contemplar desde fuera cómo te ahogas. Hago referencia a que no se puede estar nervioso, con la cabeza como una centrifugadora y darte cuenta de que te pueden los miedos y no ves con claridad. Cada cosa tiene su momento.

Cuando te sientes agobiado por las preocupaciones y no puedes dejar de pensar negativamente…es como cuando tienes ganas imperiosas de comer y no puedes parar hasta que por hartazgo o saciedad no te queda más remedio. Pues entonces, déjate estar en la negatividad hasta que sientas que no puedes más, te pongas a cocinar…o te duermas de agotamiento.

Vive como puedas tu alteración sin pretender tranquilizarte cuando no puedes. Cuántas veces nos decimos: “tengo que relajarme, pensar en positivo y dejarme de tonterías” y, en seguida, nos pillamos en la cabeza otra vez. Ya tienes bastante con tu nerviosismo como para enjuiciarte por tenerlo.

¿Y no puedo hacer nada para estar mejor? ¡Si ya lo estás haciendo! Estás viviendo lo que te sale en este momento, aunque sea desagradable e incómodo. Cuando sientas que te falta el aire con tanto humo en tu habitación, ya pararás y abrirás la ventana, pero lo tienes que sentir por ti mismo no porque te lo digan los demás ni porque se supone que es lo que deberías hacer.

Porque cuando no se puede es mejor rendirse, es decir, vivir lo que te toca. Ya te darás cuenta de que te estás pasando y repites lo mismo (“tengo un miedo a ponerme enfermo, porque fíjate que lo pasé mal ¿eh?…”) pero primero necesitas oírte a ti mismo hablar una y otra vez. Y el que está a tu lado es mejor que se limite a escuchar y repetir tus palabras para que sepas que te escucha, pero sin darte consejos ni decirte lo que deberías hacer. La teoría nos la sabemos todos.

¡Qué manía tenemos de querer estar siempre bien! Siempre contentos y felices sin nada que nos perturbe ni nos quite el sueño…Pues eso ni es real ni tampoco deseable porque necesitamos aprender a vivir lo desagradable sin rebelarnos ni enjuiciarnos, que esa es una actitud importantísima en la vida.

Cuando no se puede estar bien hay que dejarse en paz, hacer lo que buenamente se pueda y no machacarse con buenas teorías de mesilla de noche. Reconocer con humildad que uno está para que le recojan, le dejen en la cama y le den la mano, sin más.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

 

Relatos domésticos

2012 mayo 9
por Belén Casado Mendiluce

 

Encarna es una mujer enamorada con la ilusión en su rostro de formar una familia. Ya de novios observa conductas en él que le chocan y le hacen pasar malos ratos, pero le gusta la atención que él le da y, además habla tan bien…

Que si él se enfada porque al recoger juntos en la tienda unas fotos para revelar Encarna ha dejado su nombre y no el de él. Que si jugando al tenis, ella con menos práctica, él tira la raqueta al aire porque se cansa de los fallos de su novia. Que si la familia de ella recibe las críticas constantes de él pero es la que le invita a pasar las vacaciones con ellos y la madre de él necesita, en cambio, comprensión y apoyo.

Encarna siente que está ante el mayor reto de su vida: dar amor a un hombre necesitado de él, ¿cómo si no se va a demostrar que el amor lo puede todo? Pero es muy duro el camino, aunque no se dé cuenta y crea que puede con todo, que para eso ella sabe querer incondicionalmente de verdad.

Y se va quedando muy sola porque se va apartando de todos aquellos que le quieren hacer ver que la relación no funciona, que ella sufre y llora muchas veces, aunque Encarna dice que nadie comprende a su pareja más que ella, que sabe por lo que ha pasado, la falta de afecto en su infancia.

Los años pasan y nada cambia en la relación, ni siquiera la fuerza del amor hace posible el cambio, porque ahora él empieza a sacar su mal carácter con los hijos a los que critica constantemente. La convivencia se hace insoportable, pero él dice: “viviremos la vida cuando los hijos se vayan de casa”.

Las humillaciones y descalificaciones son la tónica habitual: “si no me hubieras conocido qué habría sido de ti”. ”No tienes personalidad frente a tu familia ni con tus hijos”. “Cuando tomo mis decisiones ya pienso en ti, por eso no necesito consultarte”. Ella se queja pero aguanta…. cuánto aguanta.

Encarna pide ayuda profesional, pero ella en el fondo no se quiere separar, sólo arreglar las cosas, saber qué puede hacer ella para que las cosas funcionen mejor, para comprenderle más y estar más tranquila. Va a cursos de Yoga e incluso él se anima a acompañarla, pero aunque parece compartir con ella ideales e ideas, su comportamiento sigue siendo dominante y agresivo.

Cuando ella se lo hace notar él le dice: “eres tú quien me provoca y me saca de mis casillas, tú no valoras lo que tienes y me quieres hacer sentir culpable. La que tiene un problema eres tú. Eres una dramática y una exagerada”

No le pega pero sí le intimida físicamente: hay empujones, se pone delante de ella, cuerpo a cuerpo, y le grita a la cara para que no salga con una amiga o para que hagan el plan que él quiere aunque ella se encuentre mal. El miedo hace tiempo que se ha apoderado de Encarna pero no es consciente de ello. Sólo sabe que está alerta de cómo vaya a llegar él a casa cada día.

El miedo que le hace seguir a su lado porque no sabe cómo reaccionaría si se separase de él, que lo piensa muchas veces. El miedo a que le haga la vida imposible y le aparte de sus hijos, aunque su vida …hace tiempo que se volvió imposible, ella no lo puede ver.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

*El personaje de esta historia es ficticio. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

 

Consultorio

2012 mayo 7
por Belén Casado Mendiluce

 

“Hola leo tu blog a veces aunque nunca he participado.

Soy una mujer de 40 años, con una minusvalía de 52 por ciento debido a que nací con la enfermedad de la medula, “espina bífida”, tengo una relación a distancia con un hombre casado (con el que tuve una aventura hace diez años, cuando el y su ahora mujer eran novios y tenían una crisis),y del que me siento locamente enamorada y quiero con locura. El me ha dicho, y me lo creo que se ha casado sin estar enamorado, y que tampoco lo está de mi.

El caso es que el otro día me dio por preguntarle si, si no tuviera mi minusvalía, con mis cicatrices de las operaciones y mi forma de andar (cojeo un poco pero no voy con muletas ni nada) y con mi forma de orinar (cuando tengo ganas me introduzco una sonda que al acabar de orinar me saco) pues que me dio por preguntarle si sin minusvalía con lo que ello conlleva, le gustaría más y que fuera sincero en su respuesta, y él contestó que si, que le gustaría más. Yo soy viuda en Enero hizo un año de un hombre maravilloso y fue mi primer y único novio. El caso es que reaccioné mal cuando fue sincero y me dijo que sí, que le gustaría más si no tuviera la minusvalía, y que me gustaría saber tu opinión como psicóloga de todo esto.”

Te agradecería tu respuesta

 

Parece que ese hombre casado con el que mantienes una relación responde a tus preguntas con sinceridad, la misma que tiene cuando te dice que no está enamorado de ti. Ese sentimiento no es compartido por ti ya que dices estar locamente enamorada de él, y esa diferencia en el amor te tiene que doler.

Escribes del hombre maravilloso con el que estuviste casada pero no dices nada de lo que sentías por él, con lo que deduzco que la otra relación con el hombre casado te llenaba y aportaba en lo que necesitabas.

¿Te sorprendes de la respuesta que te ha dado por tu minusvalía? Inconscientemente puedes creer que si no la tuvieras él se enamoraría de ti y eso es lo que, lógicamente, deseas, pero yo tengo mis dudas de que así fuera.

Tienes una discapacidad física pero como persona no tienes ninguna minusvalía. Puedes amar de una manera entregada y eso es suficiente para enamorarse de ti, no hacen falta más razones. Por tanto, no creo que pudieras hacer nada de tu parte para que se enamore de ti esta persona si no lo ha sentido hasta ahora.

Mantén la relación que necesites pero procura no hacerte daño porque será inevitable que sufras cuando hay esa diferencia en el amor. Un abrazo

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

Comunicarse es más que hablar

2012 mayo 4
por Belén Casado Mendiluce

 

A mí que siempre me ha gustado hablar, me doy cuenta de que no siempre es fácil entenderse entre las personas.

Cuando me hablan no me importa sólo lo que me dicen sino cómo me lo dicen: el tono, los gestos de la cara (si me miran a los ojos o al aire, si me sonríen o no…) y del cuerpo (si se acercan mientras me hablan, si me tocan…). Intento observar todo eso para darme cuenta de cómo el otro se siente conmigo mientras estamos juntos.

Se puede tener un encuentro aparentemente educado pero terriblemente frío y distante, de esos que cortan el aire con un cuchillo. No digamos cuando es uno el que saca constantemente temas de conversación para propiciar un diálogo que sólo se da en un sentido; es decir, que te contestan casi sin ganas a las preguntas de sus hijos o de su trabajo y a ti no te preguntan nada sobre tu persona o sobre tu vida. Vamos, un asco.

Esa corriente subterránea de falta de cercanía o de afecto es lo que se capta en una “conversación” así, en la que no hay ganas de estar juntos y, mucho menos de relacionarse, donde las miradas -o la ausencia de ellas- , el gesto duro y tenso, dicen más que las palabras. Es mejor salir de ahí cuanto antes.

Igual no me dicen una palabra más alta que la otra, se despiden de mí dándome un par de besos (¡!) y consideran que no te faltan al respeto, cuando son cariñosamente amables con otra persona que se acerca a saludar.

¡El respeto! Prefiero mil veces la indiferencia, la ignorancia que hacer pasar a nadie el mal trago del desprecio manifiesto. Porque, digo yo, si no quieres estar conmigo ¿para qué vas a un encuentro donde se ve claramente que estás a disgusto? Uno debe tenerse suficiente en consideración para no aguantar esto.

Uno puede tender puentes de encuentro, dar el primer paso para ir a visitar a un familiar con el que no hay buena relación, llamar por teléfono al otro para saber de él, y todo esto merece la pena si sirve para unir a las personas, si los gestos de buena voluntad -más allá de quién da el primer paso- son acogidos con buen ánimo por parte del otro. Pero no sirven de nada cuando ese otro no quiere encontrarse contigo por muchos gestos de acercamiento que tengas; acaso sirven para todo lo contrario, que cuanto más te acercas más te desprecian.

Es mejor no forzar nada, ni siquiera el verse, dejarse en paz mutuamente respetando los tiempos y silencios de cada uno. Es mejor no exponerse uno a sí mismo a que le hagan daño, por favor.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

El que calla no otorga

2012 mayo 2
por Belén Casado Mendiluce

 

No siempre callarse significa dar la razón al otro sino que estamos confundidos y preferimos callar hasta aclararnos.

A veces, uno se calla porque está nervioso, siente que le ha molestado algo de su amigo o de su pareja, pero no sabe exactamente qué (“estoy rabioso, me lo comería vivo y tengo unas ganas de irle a buscar…”). Y se frena en no decir nada porque intuye que la puede liar, que estando alterado es más difícil solucionar los malentendidos. Eso no es reprimirse sino esperar a una ocasión mejor para aclarar las cosas (“me voy a callar porque no me aclaro ni yo…”)

¡Qué difícil es, a veces, ponerse el “freno de mano” y no saltar a la yugular! Nos puede el “pronto”, las ganas de desfogarnos y soltar todo lo que llevamos dentro como un río que se desborda y arrasa con todo a su paso (“yo también tengo derecho a decir lo que pienso, qué se va a pensar…”)

Quizás guardamos demasiado las cosas (“total no tiene importancia, es una tontería y lo mío es una debilidad”) queriendo estar lo mejor posible -o dar la mejor imagen- con el otro cuando hay algo dentro que me molesta; pero el tiempo pasa y el malestar no desaparece porque no hablemos de él.

Es mejor, si hay confianza, decirle al otro que: “tengo miedo a que me hagan daño, que me siento inseguro y que no sé cómo decirte lo que me molesta sin miedo a que te enfades”. Hablar de lo que nos preocupa ayuda a quitarnos peso de encima y ver con más claridad.

Y cuando estoy ofuscado, sin saber “por dónde me da el aire”, ayuda el estar a otra cosa como preparar la comida en silencio o hablar de un tema intrascendente para, en el entretanto, dejarse en paz a uno mismo hasta que las aguas vuelvan a su cauce (“no voy a tocar el tema ahora porque me voy a enredar…”) No necesitas solucionar el tema ya, enseguida, sino dejarte tranquilo.

Hay personas que se callan porque no quieren “entrar al trapo”, enzarzarse en una discusión o porque se necesita un tiempo de estar “out” de cara afuera -“desaparecida en combate”- sin mucha energía para conversaciones ni actividades porque la poca energía que me queda la necesito para mí, para estar conmigo misma, que ya tengo bastante.

Y estar en silencio es un excelente recurso cuando no sabemos qué hacer ni qué decir, porque entonces lo único que nos queda es hacernos el favor a nosotros mismos de callar. Ya llegará el momento en que sentiremos que se coloca cada cosa en su sitio y se verbaliza al otro lo que haga falta, de manera natural y sin forzar nada.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

Si tanto te quejas ¿por qué no haces nada?

2012 abril 30
por Belén Casado Mendiluce

 

Cuántas veces nos quejamos de trabajar demasiado, de aguantar los despotismos de nuestro hermano, y todo sigue igual.

Es curioso que hay personas que, por ej., están agobiados por su exceso de trabajo (“no paro de trabajar, no tengo un momento para mí”) y, sin embargo, cuando llegan las vacaciones se llevan el trabajo al hotel y no pueden desconectar de sus preocupaciones laborales. Casi parece una droga.

O está la que se queja de su pareja poniéndole a parir, como si fuera un nuevo entretenimiento social el compartir las miserias del matrimonio y así, de paso, me desahogo con la vecina que falta me hace (“mi marido es un egoísta que no hace más que quejarse de cómo está la comida”). Y luego vuelve a su casa como si no hubiera pasado nada.

Que sí, que todos tenemos el “recurso al pataleo”, la necesidad de despotricar cuando estamos hartos de algo, pero cuando la historia se convierte en una tónica y nos seguimos quejando hasta el infinito…pues la cosa cansa.

Por supuesto que no es tan fácil separarse del marido egoísta ni enfrentarse al hermano tirano, pero bueno, si sabes lo que hay y no te sientes con fuerzas de cambiar nada…no te quejes queriendo buscar consuelo y comprensión porque, sabes que, en el fondo, no tienes el más mínimo interés de enfrentarte al tema.

Es típico sugerir alguna solución y encontrarte con la más férrea resistencia (“¿cómo le voy a decir que me ha molestado lo que ha hecho? Si, en el fondo me llevo muy bien con él”) (“¿Cómo voy a trabajar menos horas? En realidad, prefiero estar en el trabajo que quedarme en casa”)

Deja de hablar del tema y acepta que, por la razón que sea, quieres seguir conviviendo con quien te produce rechazo (“estoy acostumbrada a él, es el padre de mis hijos y no quiero tener peor calidad de vida”) porque, además, no tienes que justificarte ante nadie de tus motivos para vivir como vives (“¿cómo puedes seguir viviendo con él?”, “¿cómo no le mandas a tomar viento fresco?”)

Eso desahogos son como norias que dan vueltas sin llegar a ningún sitio porque el problema sigue estando dentro de tu casa y tú lo sabes. Otra cosa es que necesites compartir con alguna amiga lo mal que te encuentras porque te sientes como atrapada y no sabes por dónde tirar…Hace falta también tiempo para reaccionar y encontrar una salida, si eso es lo que necesitas.

A veces, para ese reaccionar necesitamos vivir el hastío, la falta de cariño e incluso la humillación para llegar al tope de nuestro aguante…si es que lo hay.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es