Diario Vasco

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¿Tienes que soltar alguna ilusión?
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Belén Casado Mendiluce | 29-08-2014 | 07:17| 0

 

En la vida no salen las cosas como uno proyectaba en el futuro: puede que no  tengas el éxito profesional que imaginabas o no formes esa familia que deseabas, o no puedas vivir tu jubilación viajando como te apetecía.

Pocas cosas salen como a uno le hubiera gustado, quizás vas aprendiendo por el camino que es más importante aprender a vivir la vida como va surgiendo en vez de pretender amoldarla a tus expectativas.

Es que no todo lo puedes controlar y dirigir en tu vida. Puedes poner voluntad y esfuerzo para buscar un trabajo con el que ser autónomo, pero te puedes encontrar que los caminos que habías trazado para ti en tu vida se desvían del original sin tú poderlo evitar. Es así.

Puede que tengas que soltar, dejar ir, no sin cierta tristeza, alguno de esos sueños tuyos que ya no se van a cumplir, ilusiones que se van quedando atrás y que creías que te darían la autoestima o el bienestar que necesitabas.

Pero si de algo me he dado cuenta es que sentirse bien con uno mismo no depende tanto de los logros conseguidos en la vida, y que la medida del éxito es mucho más interna que externa, que depende más de nuestra satisfacción interior que de los aplausos de los demás.

Nos han enseñado tanto que “si quieres puedes” que cuando, a pesar del empeño y la fuerza de voluntad que ponemos, no conseguimos lo que nos proponíamos, nos invade entonces el desánimo y el abatimiento.

Pero ese el momento de la oportunidad para nosotros mismos. La oportunidad para sentirnos de otra manera. Porque habiendo soltado las ilusiones que inútilmente has perseguido durante tanto tiempo, puedes ir al verdadero sentido de tu vida, el que no depende de los éxitos exteriores.

En ocasiones, tengo la sensación de que en la primera mitad de mi vida me he podido afanar en alcanzar metas de diferentes tipos: profesionales y personales. Pero que en la segunda mitad de la vida, curiosamente, me toca deshacer parte del camino aprendido.

Cuando he querido ir a más ahora tengo que ir a menos, ir soltando ilusiones y expectativas y, poco a poco, sorprenderme de sentirme más libre frente a todo eso porque  no dependo de ello para vivir. Es un camino lento y que cuesta.

Uno puede desprenderse de mucho más de lo que imagina. Es una experiencia de desapego en la que nos damos cuenta de cuánto estábamos aferrados a lo que nos cuesta soltar, cuánto de nuestra autoestima habíamos puesto ahí. Pero conforme se va yendo… algo bueno se despierta en ti.

 

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No hay mayor fantasma que la propia cabeza
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Belén Casado Mendiluce | 20-08-2014 | 06:59| 4

 

Si tuviéramos que encontrar un sistema eficaz para meternos miedo en el cuerpo e imaginarnos todas las desgracias posibles, no tendríamos que irnos a ver la televisión o a leer historias truculentas; bastaría con dejarse llevar por todas las imágenes mentales que surgen en nuestra cabeza…y acabar creyéndolas, claro.

Tu cabeza se imagina todos los miedos posibles, pero estos están relacionados con tus experiencias vividas y tu historia personal. Si has pasado por una enfermedad grave, tus miedos tendrán que ver con la salud; si has sufrido una dolorosa ruptura de pareja, tendrás miedo a que la historia se repita.

La mente evoca imágenes muy vívidas, casi realistas, diría yo. Pero la mente fabrica esas imágenes para darnos donde duele, en nuestro punto débil, en aquello que se nos ha quedado pendiente de resolver o que nos ha dejado una sensibilidad especial a un tema concreto. ¿Vas a hacer caso a lo que tu cabeza imagina?

No siempre es fácil dejar de pensar o imaginar cosas negativas. La negatividad, en muchas ocasiones, se introduce en nosotros como una especie de “okupa” que se apropia de nuestro espacio y nuestra energía sin nuestro permiso. Pero puedes hacer algo al respecto.

Deja de luchar contra tus fantasmas. Es verdad que pueden ser angustiosas las imágenes que te surgen durante la noche o el día, los pensamientos o las palabras que tu mente evoca como si fueran reales; déjalos pasar como si fuera una película que tu mente te presenta, como vienen se van.

No te resistas a nada de ello pretendiendo hacer como si no existieran esas imágenes, queriendo sacudírtelas de encima lo antes posible. Obsérvalas y sé consciente de lo que pasa por tu mente, pero vuelve a llevar la atención a lo que estés haciendo en este momento: leer un libro, dar un paseo o limpiar la casa…

Frente a la dispersión, ATENCION, esa sería la máxima, y aunque te distraigas mil veces, mil veces vuelve a llevar tu atención a lo que tengas presente. Guía tu mente hacia donde estés atento a lo que haces y puedas estar relajado, ya sea algo físico como hacer deporte, o mental como charlar con alguien.

Los fantasmas de nuestra cabeza nos asustan con toda su negatividad. Pero esos fantasmas se van marchando poco a poco si no empleas energía en luchar contra ellos. Lleva tu atención al aquí y ahora, es lo único real.

 

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¿Para qué sirven las vacaciones?
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Belén Casado Mendiluce | 27-07-2014 | 06:27| 12

 

Menuda pregunta, pensarás, pero la verdad es que no todas las personas se toman el período vacacional de la misma manera.

La respuesta más común es que las vacaciones sirven para descansar del trabajo diario, un tiempo en el que relajarse, disfrutar y olvidarse de las preocupaciones cotidianas.

El caso es que ese tiempo de parón provoca en no pocas personas una sensación de desasosiego e incomodidad porque, por ejemplo, tanto tiempo libre es motivo de mayor roce con la pareja ya que se ven obligados a pasar más tiempo juntos. De hecho, no pocas separaciones se producen después del verano y, otras tantas, después de las Navidades.

¿Cómo te tomas tus vacaciones? ¿Con el objetivo de conocer lugares y hacer actividades de ocio distintas? En ocasiones, te encuentras que has vuelto a casa cansado de no parar de hacer turismo. ¿Por qué no pruebas a parar?

Ya sabes que doy importancia a ralentizar el ritmo de vida, a ir más despacio para poder ser más consciente de lo que te ocurre a ti y a tu alrededor. Y las vacaciones pueden ser una estupenda oportunidad para poner en práctica esa necesidad sentida tuya de ir a otro ritmo.

Pero lo interesante es aprender a parar para luego, de vuelta a la rutina diaria, aplicarlo, en alguna medida, a tu día a día. He aquí algunas indicaciones que te pueden ayudar.

-Haz una cosa cada vez, llevando tu atención a ello, sin pensar en la siguiente actividad que vas a hacer.

-Toma conciencia de que para disfrutar de tus vacaciones no tienes que seguir teniendo el tiempo ocupado. Túmbate en la hierba, échate la siesta, observa en silencio la gente pasar…

 -Habla con las personas cercanas de cómo te sientes, de tus dudas, tus deseos y de lo que para ti es importante. Da valor a tus sentimientos.

-Intenta vivir el presente, tu día a día, como mejor puedas, sin nostalgias del pasado ni planificaciones para el futuro. Tu mente te lo agradecerá.

 Para finalizar, un aviso para caminantes: cuando uno va viviendo con más lentitud, te puedes ir dando cuenta de cosas que tu ritmo frenético te impedía ver: que no te gustan determinados aspectos de tu vida o de las personas con las que te relacionas… así que estate abierto a la posibilidad de que se produzcan cambios en tu vida.

 

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*Con motivo de las vacaciones de verano, nos volveremos a encontrar el 20 de Agosto. Que descanséis y disfrutéis.

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Acepta lo que cada persona te puede dar
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Belén Casado Mendiluce | 16-07-2014 | 05:37| 12

 

A veces te resistes a relacionarte con personas que han cambiado en su forma de ser. Ya no quedan contigo con la frecuencia de antaño, y si quedan vienen con la familia al completo en vez de quedar él y tú a solas como te gustaría.

Siempre planteo la misma disyuntiva: si te compensa mantener la relación que hay o prefieres tirarla por la borda, así de sencillo. “Para lo poco que me aporta…”, me dirás. Puede ser pero, en el fondo, prefieres mantener el contacto con esa persona que desparecer de su vida.

“¿Y si le digo que por qué no quedamos a solas en vez de que venga con su mujer?” Si ya sabes que tu amigo no es una persona que vaya a entender lo que le propones y se puede molestar hacia ti por lo que malinterprete como un rechazo hacia su pareja, yo no le diría nada.

Lo que no nos damos cuenta por nosotros mismos porque no estamos abiertos a ello, difícilmente va a provocar en nosotros un despertar porque nos lo digan los demás, así que mejor dejarlo estar; como digo yo, deja a cada uno en paz.

Y resulta que cuando, por fin, quedas con él, te sientes a gusto porque sigue habiendo una corriente afectiva entre vosotros. Te has dado cuenta de que, estando lo más relajado posible, no mantienes ninguna expectativa de cómo tendría que ser el encuentro y te permites disfrutar de lo que hay, aunque sea poco.

Para mí, ese es un punto importante. Estar lo más relajado posible. Para que mientras estés con él no estés pensando en cómo tendría que ser tu amigo sino en lo positivo que te aporta el estar con él.

El segundo punto clave es que esa persona no te falte al respeto ni te sientas incómodo con él. De manera, que si estás relajado y sigue estando presente una corriente afectuosa entre vosotros, mejor mantener lo que hay.

Acepta lo que cada persona te puede dar. Sin analizar por qué no te da más de lo que te da, sin echar la culpa a terceras personas de que tu amigo sea como es (“claro, con la mujer que tiene…”), sin rebelarte e ir refunfuñando al encuentro con él porque tienes que aguantar la chapa de su familia.

Vete tranquilo y con la conciencia de que sigue existiendo entre vosotros un afecto que os une. Seguro que acabas disfrutando más de lo que pensabas.

 

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Intenta ser consciente, la vida irá a tu favor
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Belén Casado Mendiluce | 11-07-2014 | 06:24| 26

 

Soy de la opinión de que todo está interrelacionado, que lo que hacemos genera una corriente de energía a nuestro alrededor y acaba afectando a lo que nos rodea. Creo poco en las casualidades y mucho en que todo está interconectado.

Eso significa que, por ejemplo, si nuestra actitud ante la vida es de no querer enfrentarnos a los problemas, estos se nos presentarán de forma más evidente. Si ponemos de nuestra parte para vivir sin excesivo gasto, las circunstancias se pondrán a nuestro favor para no gastar más de lo que podamos.

Intenta vivir lo más conscientemente posible, de manera que afrontes como mejor puedas tu día a día. No se trata de que seas exigente ni perfeccionista contigo mismo sino de que pongas de tu parte para vivir el presente lo más atentamente posible, dentro de lo que puedas en el día de hoy.

Puede que hoy no te encuentres bien físicamente y no puedas hacer tu trabajo tan bien como te gustaría; no importa, lo que lo salva es tu actitud de intentar estar ahí como mejor puedas… hasta donde puedas. Puede que otro día te sientas estresado y tu bloqueo te impida ver más allá. Si eres consciente de que, aunque te salgan mal las cosas, quieres sinceramente hacerlo lo mejor que puedes, esa actitud salva la situación.

Y entonces la vida empieza a funcionar a tu favor, no en tu contra. Si quieres vivir teniendo menos cosas, te sorprenderás de que se te presenten situaciones de vida que te demuestran que puedes vivir con más sencillez. Si quieres vivir con otro ritmo y otra tranquilidad, empezarás a tener algo de tiempo para ti.

Sí, me dirás, todas esas circunstancias me las he buscado yo. Con tu actitud estás abierto a que sucedan, sí, pero la vida, con lo que tiene de continuo cambio que no puedes controlar, también se pone de tu parte y a tu favor.

Y la vida te presenta una nueva relación de amistad gratificante, una oportunidad de acercamiento en la relación con ese hijo del que estabas distanciado, un tiempo de baja laboral en el que puedes descansar.

La vida se pone a tu favor cuando intentas ser sincero y consciente. E, incluso, lo que, aparentemente tomas por negativo, puede que luego lo sientas como una oportunidad que la vida te ha dado para aprender, nunca se sabe.

 

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Disfruta por ser como eres
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Belén Casado Mendiluce | 03-07-2014 | 07:18| 13

 

Deja de fijarte en tus carencias. Tienes la suerte, por ejemplo, de disfrutar de una buena relación de pareja, y te preguntas si, además, tendrías que saber vivir solo, porque sabes que la soledad te agobia y te inquieta, es una asignatura pendiente para ti, como para la mayoría de personas, en verdad.

Pero, de la misma manera que otros encuentran amistades para estar acompañados los fines de semana, tú has podido encontrar una compañera con la que sintonizas. Disfruta de lo que tienes sin sentirte culpable.

Como puede que te sientas culpable por trabajar sin estrés como la mayoría de gente que conoces, a la que no puedes decir que desayunas sin prisas y que aprovechas para dar un paseo al finalizar el día. Parece que te sintieras fuera de este mundo.

Ese sentimiento de culpa y esa exigencia que tienes hacia ti mismo sabes que lo has aprendido de la educación religiosa que recibiste. Una mala-educación en la que se te enseñó a llevar la atención siempre a lo que tienes que mejorar y a no estar nunca contento contigo mismo. A veces, te vuelven los ramalazos de esa vieja sensación de que, en el fondo, eres un ser egoísta que no merece ser querido por ser como eres y por vivir como vives. Esto último que te digo te suena, ¿verdad?

No te exijas ser maduro en todos los aspectos de tu vida. ¿Que te ves más para vivir en pareja que solo?¿Que otros son capaces de irse de viaje en solitario y tú no concibes la idea? ¿Y qué?

En esta vida no se trata de tener que demostrarse nada. Ni que eres autosuficiente e independiente, ni que tienes suficientes amistades con las que contar, ni que no necesitas a nadie para sacarte las castañas. Cada uno vive como puede. De lo que se trata es de valorar tu forma de vida porque te ayuda a sentirte bien contigo mismo y con los demás.

No hay un baremo o una tabla en la que medirse ni en la que compararse con los demás. Sólo estás tú para saber si tu vida te satisface o no. Y siempre, será más importante valorar lo bueno de ti y de tu forma de vida que el estar pendiente de lo que te quede por alcanzar.

 

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*A partir de ahora publicaré el post con flexibilidad: una o dos veces por semana. Prefiero escribir dejando tiempo para reposar los artículos y así vosotros podáis saborear más lo leído y yo escriba para ofreceros algo nuevo e interesante. Gracias a todos por seguir ahí.

 

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Date permiso para descansar…y olvidarte de todo
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Belén Casado Mendiluce | 27-06-2014 | 08:08| 6

 

Sabes que la noche es para dormir, para dar a tu cuerpo el descanso reparador que necesita. Pero te encuentras que, al cerrar los ojos, sigues pensando en tus preocupaciones diarias sin poderlo evitar. Y das vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño y, lo que es peor, sin dejar de dar vueltas a la cabeza.

En teoría, ya sabes que necesitas dormir pero, ¿de verdad sientes que, en ese momento, cuando te metes a la cama, tienes derecho a no pensar en nada, a no intentar buscar soluciones a lo que durante el día te agobia? Eso es harina de otro costal.

Porque, inconscientemente, nos sentimos responsables de lo que dejamos pendiente en el día, de lo que se ha quedado sin resolver y creemos, también inconscientemente, que teniéndolo en mente, pensando en ello, encontraremos algún camino, alguna solución que no habíamos visto antes. Y entonces, te dices, descansaré. En realidad, nada de eso funciona.

La mente funciona mejor cuando se deja de dar vueltas constantemente a las cosas y se piensa sólo cuando hay que resolver los aspectos prácticos y concretos de la vida diaria. Pero pensar para seguir con la negatividad en la cabeza no aporta soluciones, no abre nuevas vías sino que crea bloqueo y confusión.

Date permiso a ti mismo, sí, a meterte en la cama y, al abrigo de tu edredón o tu manta, olvidarte de todo. Dite a ti mismo que tienes derecho a aislarte de todo, apartarte de lo que se ha quedado pendiente y, simplemente, descansar. Pero, cree en ello de verdad, sinceramente.

Hay personas que piensan que dormir es una mera necesidad fisiológica pero que, en el fondo, no tienen derecho a evadirse del mundo y recluirse…en una confortable cama. Date permiso para decir adiós a todo sin que te sientas culpable.

Y además, te voy a dar una ayuda. Túmbate boca arriba en la cama y, con los ojos cerrados, lleva tu atención a tu vientre, a la altura de dos dedos por debajo del ombligo. Respira desde ahí, cogiendo el aire lentamente y dejándolo salir despacio para volver a descansar en el vientre. La respiración tranquila es muy beneficiosa para el cuerpo y te ayuda a relajarte.

Y si te despiertas con una nueva preocupación, vuelve a la respiración desde el vientre y a tomar conciencia de que estás en tu espacio, protegido y arropado, de que tienes derecho a no preocuparte por nada ni nadie. Mañana tu mente se encontrará más descansada y lúcida para afrontar el día.

 

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Conversación entre amigos
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Belén Casado Mendiluce | 24-06-2014 | 06:53| 8

 

-Patxi (P): Es interesante el tema que planteas de la austeridad. Pero, a ver Belén, todos tenemos algún “enganche” en la vida: a ir de cena y de “potes” el fin de semana, a hacernos un par de viajes buenos al año, al fútbol… Es una manera de llevar la vida diaria con otras ganas, de tener un aliciente, vamos. ¿Qué quieres decir, que para ser austeros hay que quitarse también de todo eso?

-Belén (B): Yo no digo que haya que hacer nada que no sientas. Si quieres seguir viviendo tu vida de la misma manera, es una elección tuya.

-P: Yo no gasto mucho en ropa, ni tampoco me compro el último modelo de móvil, pero otro tipo de cosas me aportan bastante más como relacionarme con la gente e ir de viajes para conocer otras culturas.

-B: ¡Qué gracia! Es fácil ser austero con lo que no te interesa ni te llama la atención como comprarte un móvil o ropa. Lo que cuesta es practicar la austeridad cuando estás habituado a ese gasto en tu vida, como las cenas o los viajes. Quitarte de eso cuesta más ¿no?

-P: ¿Y por qué tengo que ser austero? No hago daño a nadie con mi forma de vida y a mí me sirve para relajarme de las tensiones y preocupaciones diarias. Ya tengo bastante con bregar en el trabajo, pagar la hipoteca y los problemas en casa, como para quitarme los pocos placeres que me quedan.

-B: Yo no pretendo convencerte de nada, Patxi. Ser austero es un estilo de vida que no se consigue de la noche a la mañana y que se hace por convencimiento propio no por obligación. En el fondo, ¿por qué te interesa el tema de la austeridad?

-P: Porque entiendo que puedo vivir gastando menos de lo que gasto y porque, en el fondo, creo que si estuviera más satisfecho con mi vida y conmigo mismo no tendría la necesidad tener los “enganches” que tú dices que tenemos todos.

-B: ¡Ahí quería llegar! Porque los enganches que todos tenemos no son sino una manera de intentar tapar las insatisfacciones que sentimos en la vida diaria ¿Qué prefieres, seguir intentando tapar o vivir de otra manera?

-P: Uff, no lo sé, Belén. Hoy por hoy, no sé si estoy preparado para un cambio en mi vida. A veces pienso que prefiero dejar las cosas como están e intentar disfrutar lo más posible mientras pueda.

-B: Eso ya depende de cómo es cada uno, Patxi. Si me has hablado de la austeridad es porque te cuestionas algo sobre ella, tienes alguna sensibilidad hacia el tema. Lo demás depende de lo que quieras hacer con ello.

-P: Pues ahora no se me ocurre qué. Por de pronto,… tener una buena conversación entre amigos.

-B: Eso seguro. Hasta la próxima que nos veamos y… que sea pronto.

 

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La pobreza esclaviza, la austeridad libera
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Belén Casado Mendiluce | 18-06-2014 | 06:40| 12

 

El domingo por la noche vi en la televisión una entrevista sobre el papa que me dio que pensar. En ella, Francisco comenta que la pobreza es el eje del mensaje evangélico. Si se refiere a la pobreza material, no puedo estar más en desacuerdo y en ese punto me quiero extender.

Vivir en la pobreza, más en los tiempos de crisis que vivimos, supone una preocupación y una angustia para muchas personas. Vivir pendiente de pagar facturas y de no saber si se podrá salir adelante en la vida por falta de trabajo y de recursos económicos, es una situación que provoca un gran estrés. El aumento de ansiolíticos y antidepresivos que se recetan en los centros de salud, dan fe de ello.

Es necesaria una mínima dignidad económica para que la persona desarrolle sus capacidades y pueda aspirar a algo más que a sobrevivir en la vida. La pobreza nunca libera a las personas sino que las mantiene esclavas de la precariedad y la desesperanza.

Hay que luchar, y más desde el mensaje evangélico, por sacar de la pobreza a la gente, para que no existan favelas en Brasil mientras se celebran unos Mundiales de fútbol que sólo sirven para enriquecer a unos pocos.

La austeridad, sin embargo, es una actitud ante la vida que consiste en vivir con lo necesario aunque te permitas, ocasionalmente, algún extraordinario. Te ayuda a liberarte del apego a lo material para vivir en comunión con las personas que, como tú, quieren vivir sin enriquecerse constantemente ni acumular bienes; eso sí que es un ideal evangélico.

Yo no puedo estar a favor de la pobreza que angustia, limita y empobrece. Sí estoy a favor de una austeridad que libera de estar pendientes de tener y tener más cosas. Porque, no nos olvidemos, que cuando se vive en este mundo de consumismo, es difícil comprar sin caer en la tentación de seguir comprando.

La austeridad es una elección de vida, un camino que se va aprendiendo sobre la marcha, y más cuando nadamos contra corriente y los ejemplos que se nos muestran nos dicen que el que más tiene es el que más feliz es. Craso error.

Todos tenemos derecho a tener las necesidades básicas cubiertas y, para ello, es imprescindible un mínimo de seguridad económica. No hablemos, por tanto, de pobreza sino de una austeridad que sabe vivir con lo necesario, que puede disfrutar con lo superfluo también, pero que no depende de ello para vivir.

 

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Si quieres pedir perdón…lee con atención
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Belén Casado Mendiluce | 13-06-2014 | 07:32| 24

 

Pido perdón a todas aquellas personas que, consciente o inconscientemente, herí con mis palabras o mis actos.

Pido perdón a quienes sé que nunca me concederán la posibilidad de hablar con ellos para disculparme ni, mucho menos, me perdonarán. Aunque nunca me concedan la palabra, es importante que reconozca para mí que fallé.

Pido perdón sin ánimo de ir de víctima ni de “pobrecito”. Busco, desde la humildad, reconocer mis fallos sin querer dar pena.

Pido perdón sin esperar nada a cambio; que las cosas vuelvan a ser como antes o recuperar la amistad perdida. Todo requiere su tiempo.

Pido perdón sin enjuiciarme ni “machacarme” a mí mismo. Aunque me sienta triste por haber actuado mal, no significa que valga menos como persona.

Pido perdón, no para tranquilizar mi conciencia sino para, desde mi arrepentimiento, perdonarme también a mí mismo.

Pido perdón para intentar vivir la vida con más consciencia y aprender de mis errores.

Pero, aunque no reciba tu perdón, puedo dármelo a mí mismo. No puedo ser esclavo de viejas heridas que nunca curan.

Porque si no me perdono a mí mismo acabaré no perdonando a los demás.

Porque si no puedo ser comprensivo conmigo mismo acabaré viviendo con resentimiento hacia los demás.

De la misma forma que me perdono también perdono a los demás. Puede que lo que sufrí me duela durante mucho tiempo, pero prefiero no engancharme en un odio que nunca termina.

Porque es desde el perdón como se construye y me libero de viejas ataduras.

Porque sólo desde el perdón puedo abrirme… al amor que soy.

 

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Sobre el autor
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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