Diario Vasco

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Como la vida misma. ¿Me amoldo o no me amoldo?
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Belén Casado Mendiluce | 29-10-2014 | 09:21| 2

 

Hay momentos en tu vida en que ya no quieres seguir haciendo lo que hacías hasta ahora, porque ya no te satisface. Has podido, por ejemplo, acostumbrarte a  amoldarte a las situaciones para no crear conflicto y facilitar las cosas, pero te has acabado dando cuenta de que no te van a tratar con más respeto ni consideración porque digas sí a todo.

Puede que tengas un amigo de la infancia con el que sueles quedar de vez en cuando pero que, cuando os veis, se presenta también con la mujer y los hijos. Cuando alguna vez te has dejado caer con tu amigo y le has hecho saber tus ganas de estar él y tú a solas, te das cuenta de que él no lo entiende y que, por tanto, no está abierto a esa posibilidad.

¿Qué haces? Por no perder el trato con tu amigo, vas cediendo y quedando…con la familia. Que tú no tienes nada en contra de su mujer, dicho sea de paso, pero la amistad la tienes con él, no con ella, y a ti no te apetece tener que tragarte las conversaciones de su mujer que, en realidad, no te interesan.

Los encuentros cada vez se van viciando más. Cuando quedas con la pareja, esta empieza a llamar por teléfono a otros familiares con los que tienen un compromiso de visitarles para que, aprovechando la coyuntura, se pasen por allí y así…tomemos algo todos juntos.

Te preguntas: ¿Qué pinto yo aquí? ¿Dónde se ha quedado la relación con mi amigo? Te sientes, cada vez más, que quedas con ellos por compromiso y porque lo que se espera de ti es que te amoldes a la situación… aunque a eso también tú les has acostumbrado.

Pero te estás empezado a cansar y se te están empezando… a hinchar las narices. Así que cuando tu amigo te manda un mensaje para quedar –que ya ni la comunicación es por teléfono- , ya no te apetece quedar ni, mucho menos, hacer una de las consabidas reuniones familiares.

Hoy por hoy, ya no os veis ni sabéis nada el uno del otro. A veces, sientes pena de la pérdida de una amistad, pero ya no quieres seguir haciendo el papel del bueno que se amolda a todas las situaciones y no crea problemas.

Has aguantado mucho y te ha costado mucho dejar de hacer lo que, una y otra vez, automáticamente, te salía: querer agradar a todo el mundo. Por eso, este cambio en tu vida, en ocasiones, te hace sentirte mal, como si fueras culpable de haber perdido a este amigo. Pero, en el fondo, sabes que este cambio hace tiempo que te lo pedía el cuerpo.

Ahora te sientes más fiel a ti mismo, algo más solo quizás, pero más contento del paso que has dado. Te has dado cuenta de que …no por agradar a los demás te van a tener más en cuenta..

 

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Camino personal. El viaje de mi vida
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Belén Casado Mendiluce | 22-10-2014 | 08:58| 13

 

Hay tantos lugares hermosos en el mundo, ciudades y paisajes que habitan las personas, que nunca tendré tiempo para verlos todos. Pero casi prefiero que sea así. Casi prefiero no dejarme llevar por el afán adquisitivo de acumular nuevas experiencias, nuevos viajes que “enriquezcan” mi vida.

No siento necesidad de conocer la última maravilla de un país lejano ni la cultura milenaria que haga relativizar mis prejuicios occidentales. Sigo teniendo capacidad de asombrarme y maravillarme con la belleza, pero ésta siento que está mucho más cercana que el viaje que se me exige hacer para verla.

Todo está aquí, a la vuelta de la esquina, cerca de mi casa. La belleza está en un sencillo paisaje de la naturaleza, no un paisaje que te extasíe y te deje con la boca abierta, sino el paisaje cercano tantas veces repetido pero no menos significativo: los senderos del bosque, los árboles que perfilan el camino, el riachuelo que humedece y refresca mis pies cansados, el silencio que me hace sentir una sonoridad a la que mis oídos no estaban acostumbrados.

Ese es el viaje de mi vida. El que puedo hacer cada fin de semana cuando me escapo al monte y camino entre la naturaleza, el silencio y la paz. Aparentemente no hay novedad porque repito muchos de los caminos por los que ando pero, sin embargo, siento que cada vez es diferente.

Unas veces puedo contemplar y deleitarme con el paisaje a mi alrededor mientras paseo, otras solo puedo ser consciente de la rumia mental que me impide, simplemente, mirar. Unas veces puedo estar en silencio, sin hablar, acompañando el silencio ambiental con mi presencia silenciosa. Otras, necesito desahogarme y expresar con palabras los dolores que se me quedaron guardados durante la semana.

Todo está aquí cerca… aquí al lado. Porque la naturaleza que contemplo me es suficiente para enriquecerme, para llenarme del silencio que permanece y se asienta dentro de mí. Porque la naturaleza también me ayuda a liberarme de lo que necesite expresar y sacar al exterior.

Ya no creo en el viaje hacia fuera en el que haya que moverse…sino en el viaje hacia dentro en el que pueda parar. Todos tenemos la posibilidad de hacer un viaje al interior de uno mismo. Un viaje lleno de novedades porque siempre nos sentimos de manera diferente y un viaje en el que no necesitas depender de estímulos externos para estar bien porque sólo necesitas apoyarte en lo que surge en tu interior.

Este es…el viaje de mi vida.

 

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Cuentos de Otoño. El sendero del bosque
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Belén Casado Mendiluce | 16-10-2014 | 08:25| 4

 

El hombre paseaba por el bosque en compañía del Maestro. Se le notaba

preocupado y callado, y el Maestro permanecía a su lado respetando su

necesidad de silencio.

 

-“Maestro, mi mujer me dice que nuestra relación no funciona. Que ya no soy

tan comunicativo ni cariñoso con ella.”

“Es verdad que ya no me expreso tanto como antes, pero es que no necesito

estar demostrándole constantemente con palabras ni gestos mi cariño hacia

ella porque en realidad ya sabe que la quiero.”

 

El Maestro siguió andando en silencio un buen rato hasta que ambos se

encontraron que ya no había más camino para continuar paseando por él. Se

pararon y, entonces, el Maestro preguntó:

 

-“Dime, amigo, ¿por qué no podemos seguir caminando por el bosque?”

 

-“Porque ya no hay sendero por el que podamos continuar, Maestro.”

 

-“Tú lo has dicho. Cuando deja de frecuentarse un sendero en el bosque, éste

lo cierra y lo borra, dejando de existir.”

“De la misma manera, tú has dejado de frecuentar el camino de la

comunicación y del afecto con tu mujer, y tu relación de pareja se está

resintiendo, lógicamente, por ello.”

“Nunca des nada por supuesto. Vuelve al camino que habías abandonado y

vuestra relación mejorará.”

 

El hombre se quedó en silencio dejando sentir en su interior las palabras del

Maestro. En verdad, algo se había movido en su interior.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

 

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La fama o la creación del personaje
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Belén Casado Mendiluce | 08-10-2014 | 08:37| 4

 

No deseo ser famosa, vaya por delante, aunque todos, alguna vez,  hemos fantaseado con la posibilidad de ser reconocidos públicamente y apreciados por nuestras cualidades personales y profesionales. Como si la fama, el status y la riqueza fueran el máximo de los deseos a alcanzar, quizás porque en nuestra sociedad es lo que se valora.

Pero la fama destruye más que aporta. Todos conocemos casos de personas públicas, actores o cantantes, que acabaron por no poder soportar el peso de esa proyección al exterior y terminaron suicidándose o se consumieron en vida mediante adicciones.

La fama despersonaliza. La persona no sabe si vive para agradar a los demás y actuar conforme a la imagen que se espera de ella, o puede seguir siendo  ella misma. Pero es tarea muy difícil ser uno mismo cuando se crea un personaje que hay que alimentar para seguir en la cresta de la ola.

Ese es el quid de la cuestión. Porque muchas personas que buscan la fama han creado en torno suyo un personaje que suscite admiración, controversia o polémica, alguien que no pase inadvertido aunque sea diciendo o haciendo estupideces. Buscan seguidores y, desde luego, las redes sociales son un buen medio para conseguirlo.

¡Qué difícil es ser famoso y seguir conservando la sencillez! Si así ocurre, es que la fama no fue buscada y cuando surgió se la tomó con sorpresa y aturdimiento porque no se desea cambiar las propias costumbres ni, mucho menos, la propia forma de ser para contentar a nadie.

Es mucho más fácil poder seguir siendo uno mismo sin que exista la presión de tener que dar ninguna imagen, si no nos preocupamos de agradar excesivamente a los demás y si no dependemos de que nos quiera el mayor número de gente para sentirnos bien con nosotros mismos.

El éxito tiene más inconvenientes que ventajas. Pierdes el anonimato, esa maravillosa posibilidad de no estar siempre en el punto de mira y de no ser juzgado constantemente por lo que haces cuando ni siquiera te conocen.

No persigas la fama ni el éxito. Limítate a hacer bien tu trabajo aunque no tenga la proyección pública que te gustaría. Reclama para ti lo que te parezca justo pero si no llega el éxito que deseas, deja de empeñarte en conseguirlo, probablemente no sea tan importante ni tan necesario para tu vida.

 

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¡Ya he cumplido tres años!
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Belén Casado Mendiluce | 01-10-2014 | 09:20| 7

 

Hoy quiero celebrar este cumpleaños…y algo más. Pienso en cuando yo cumplo años y entonces me pregunto qué tengo que celebrar, ¿que cumplo un año más? -que dicho sea de paso no siempre me hace gracia- o, como me recuerda mi madre, celebro que había nacido para venir a la vida.

Pues el blog es lo mismo. Yo celebro no sólo el que, con constancia y trabajo, he permanecido otro año más entre vosotros, sino el que hace tres años que dí a luz este blog para …enriquecernos mutuamente.

Celebro que empecé a escribir de lo que me interesa intentando transmitirlo en un estilo sencillo y directo. Celebro que he ido aprendiendo de mi misma para poder encontrar las palabras más adecuadas a lo que siento.

Celebro que he recibido la mayoría de vuestros comentarios con ilusión porque tener alguien “en el otro lado” es una manera de sentirse en comunicación con vosotros y estar abierto a aprender de vuestras palabras.

Celebro que lo que pensaba en un comienzo que sería el blog, se ha ido transformando en un medio de autoconocimiento interior para mí. Ya no escribo sólo pensando en llegar al lector, sino para expresarme y conocerme como persona.

Celebro que, humildemente, haya podido ayudaros con mis escritos, para haceros sentir mejor con vosotros mismos o sugeriros otra manera de enfocar un problema.

Celebro hacerme preguntas buscando temas para escribir en el blog y, dejando reposar en silencio esas preguntas, encontrar respuestas en mi misma que me satisfagan y hasta me sorprendan.

Todo lo nuevo que se crea abre caminos de aprendizaje. Uno camina por ellos creyendo que va a saberse manejar pero el propio camino nos cambia y nos transforma, nos quita ideas preconcebidas, nos hace soltar expectativas y nos reduce…a la sencillez.

Con el blog he aprendido a disfrutar del simple placer de escribir aquello en lo que creo y que forma parte de mi experiencia personal. Compartirlo con todos vosotros ha creado un hermoso puente de comunicación. Gracias a todos por estar ahí al otro lado.

 

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El miedo, ese compañero de viaje
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Belén Casado Mendiluce | 24-09-2014 | 07:08| 7

 

Me parece genial la frase de Thomas Hobbes: “El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos, yo y mi miedo”. Una frase tan real como la vida misma.

Siempre digo que todos sentimos miedo, y el que lo niegue,  miente descaradamente o no es consciente de sí mismo y, por tanto, más daño se hace a sí mismo y a los demás. La inconsciencia genera sufrimiento.

No estoy hablando del miedo que nos hace ir precavidos para asegurar nuestra supervivencia física, como quien no se asoma a un precipicio en la montaña por miedo real a caerse. Este es un miedo necesario que nos protege.

Me refiero al miedo psicológico que nos paraliza, nos bloquea y nos genera ansiedad. Ese miedo que nos acompaña en el día a día y del que no podemos deshacernos, por más que quisiéramos tirarlo por la ventana y que no volviera nunca más a hacer acto de presencia en nuestra vida.

Pero, por más que lo deseas, no puedes sacudirte el miedo de encima, por aquello de que cuanto más empeño y fuerza de voluntad pones en erradicar algo de tu vida, curiosamente, más se afianza y permanece en ella.

Hay que cambiar de actitud. En mi vida, he sufrido y sufro, de vez en cuando, la presencia del miedo y cuando veo la que se avecina no me queda más remedio que darle la mano al miedo y salir con él a la calle a hacer lo de cada día. Sí, metafóricamente, le cojo de la mano al miedo y le digo: “sí ya sé que estás aquí y no me haces mucha gracia, pero vamos a salir juntos de paseo.”

Esa actitud me ayuda a no tener miedo del miedo y –aunque me canten las tripas- ser consciente de lo que siento sin luchar por pretenderlo cambiar. No es agradable sentir el miedo pero, por lo menos, no me fuerzo a ir de fuerte cuando ni me sale naturalmente  ni puedo hacerlo. Eso es un descanso, la verdad.

Me dicen: “me gustaría enfrentarme a tal situación sin miedo porque no me gusta nada verme así y lo paso mal” ¿Quién dice que te tienes que enfrentar a las cosas entero y de una pieza? Puedes ir a una entrevista de trabajo aunque, por nervios, antes hayas ido unas cuantas veces al baño y no las tengas todas contigo en el momento de la entrevista. Pero la haces y es lo que importa.

Desgasta mucho más la lucha interior de quien pretende sentirse de manera diferente a como se siente y quiere dar otra imagen de seguridad y fortaleza, que el dejarse en paz con el miedo tomando conciencia de que haces las cosas lo mejor que puedes.

A mí me ayuda el acoger el miedo en mi vida, dejarle un espacio a mi lado en vez de luchar contra él, cogerle de la mano como quien lleva al niño pequeño que tiene la rabieta, no considerarlo mi enemigo sino alguien que me incomoda pero que no la tiene emprendida conmigo ni me quiere hacer la vida imposible.

¿Por qué está el miedo en mi vida?, me pregunto. No siempre tengo respuestas, pero sé que acogerle cuando surge me ayuda más que pretender no sentirlo. Y resulta que esa actitud contribuye a que el miedo se haga menos presente en mi vida y a que yo…le tenga menos miedo.

 

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La cabeza nunca será la solución
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Belén Casado Mendiluce | 17-09-2014 | 08:03| 10

 

Leo habitualmente libros y artículos sobre psicología porque reconozco que tengo deformación profesional. Si cae alguna novela en mis manos, quiero que ésta haga un análisis psicológico de los personajes; si no, me acabo aburriendo y el libro se me escurre de las manos.

Me sigo sorprendiendo cuando observo cómo se sigue dando importancia, desde los foros intelectuales de la psicología, al pensamiento y a las imágenes positivas en la propia vida.

Y no es que no la tengan, que ya sabemos que ser negativos de pensamiento y de palabra conforma una actitud ante la vida de la que luego resulta difícil escapar. Nuestros esquemas mentales acaban configurando una manera de estar y ser en el mundo que se convierten en nuestra personalidad.

Pero es que no me puedo callar. No entiendo que lo que a mí me resulta tan obvio- y no porque recurra a estudios científicos que lo demuestren, que tampoco los hay – no se muestre con esa misma claridad ante los ojos de los demás.

Ya me perdonareis la retórica que ahora entro en materia. Se nos remarca la importancia de cultivar en nuestra mente pensamientos e ideas positivas que contrarresten la fuerza de la negatividad que nuestra cabeza se empeña en mantener. Si ponemos, según nos dicen, energía y fuerza de voluntad en el empeño de cambiar nuestra manera de pensar, nuestra vida se verá enriquecida y mejorará nuestra autoestima.

Pero veamos, si es la mente el origen de nuestro problema y malestar, porque en ella se generan los miedos, las inseguridades y las depresiones, por citar algunos efectos de la negatividad mental, ¿cómo pretendemos que sea la propia mente la que nos saque del atolladero? ¿Cómo, por el mero arte del control mental, vamos a encontrar en ella la solución a nuestras angustias?

Si quieres que tu mente funcione de otra manera, hay que ir a otro nivel, al nivel donde no utilices tanto las palabras, las imágenes y los pensamientos para funcionar en tu vida diaria. Si es mi cabeza la que está enferma con su negatividad,  tendré que buscar ayuda en otra parte de mi cuerpo que se mantenga más entera y sana: en mis tripas.

Vivir desde las tripas no significa vivir desde la visceralidad y la impulsividad, no. Significa vivir desde el sentir, no tanto desde el pensar y el llevarlo todo a la razón. Sentir, se siente en el cuerpo, porque uno llora, tiene miedo y se queda bloqueado desde el cuerpo, porque se ve, se nota y se palpa físicamente.

Y cuando uno empieza a hacer más caso a lo que siente, la negatividad empieza a ceder su protagonismo a los sentimientos y comienzas, simplemente, a vivir lo que surge cada día en ti, porque esa es la única realidad de tu presente, y no lo que tu pensamiento o fantasía pretende hacerte creer.

Puedes sentir el miedo que te invade, que por supuesto no es agradable de experimentar, pero no te generas más sufrimiento con tus pensamientos acerca de que deberías ser más fuerte de lo que muestras. Este es el comienzo del cambio y la verdadera solución a nuestra negatividad mental. SENTIR.

Pero esto no es un camino de rosas. Tendrás que vivenciar todo aquello que sientas en el cuerpo ( alegría, miedo, tristeza…) porque es la única manera de traspasar esos sentimientos e iniciar el lento y pausado camino de la liberación interior. No hay atajos ni se puede acelerar lo que el ritmo de tu cuerpo impone.

Y entonces, vas descubriendo que vivenciando tus sentimientos empiezas a ser menos esclavo de la negatividad mental, que eres consciente de cómo eres y no tanto de cómo te gustaría ser, que puedes seguir afrontando tu vida aunque sientas miedo y que necesitas menos fuerza de voluntad para convertirte en alguien… que se siente a gusto en su propia piel.

 

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¿Enfermedad mental o negocio farmacéutico?
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Belén Casado Mendiluce | 10-09-2014 | 08:05| 8

 

La denuncia de Allen Frances, psiquiatra y catedrático de la Universidad de Durhan, cuestionando el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), la “biblia de la psiquiatría mundial”, merece una reflexión meditada y atenta.

Las empresas farmacéuticas buscan hacer sus negocios a costa de la salud de los ciudadanos. Poco importa si puede ser más efectiva una psicoterapia a largo plazo en el tratamiento de la dolencia, como hacerle dependiente al enfermo de unos psicofármacos que no irán a la raíz de su enfermedad.

Desconfío de las etiquetas psiquiátricas. Después de las declaraciones antes de morir de Leon Eisenberg, el psiquiatra que “descubrió” el TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad), según las cuales “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”, poco hay que decir.

Lo que podría ser, por ejemplo, una etapa necesaria de duelo después de la pérdida de un ser querido, que requiera del apoyo de un psicólogo que le reconforte y ayude a superar, se convierte en manos de un psiquiatra, en un “trastorno depresivo” que exija ansiolíticos y antidepresivos para… anestesiar al paciente.

No todas las etapas inevitables de sufrimiento en la vida de una persona tienen que considerarse una enfermedad mental. Son momentos que hay que vivir, con ayuda profesional de quien te tiende la mano, y que no se solucionan tomando pastillas que te eviten el sentir.

Puntualmente, no estoy en contra de tomar medicación cuando haga falta, pero acabar dependiendo de ella es una manera de no tomar conciencia de lo que me ocurre, ir sólo a los molestos síntomas que se pretender eliminar sin abordar los inevitables reajustes que el paciente tiene que hacer en su vida.

La enfermedad mental se ha convertido en un cajón de sastre en el que echamos todo aquello que no entendemos ni sabemos cómo tratar. Y por esa falla entra la industria farmacéutica para aprovecharse de un mercado en expansión –del cada vez mayor número de pacientes- y que aporta enorme beneficios económicos.

Me he encontrado en mi trayectoria profesional con personas diagnosticadas con alguna etiqueta psiquiátrica. He podido constatar una gran sensibilidad en ellas que no les ha impedido mejorar su autoestima y tener una mejor calidad de vida. Tratarlas ha sido un orgullo para mí.

 

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Impresiones al amanecer
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Belén Casado Mendiluce | 03-09-2014 | 07:14| 4

 

¡Cómo cambia mi estado de ánimo! Un mañana me levanto alegre y siento que todo va a ir bien durante el día y si, acaso,  surge algún revés me siento con energía para afrontarlo. Pero a la mañana siguiente puedo levantarme taciturna y seria, como si comenzar el día fuera una tarea pesada.

Me doy cuenta de que no puedo evitar sentirme como me siento. Me gustaría que todos los días fueran una inyección de energía positiva en mi cuerpo, que mi cara estuviera distendida y sonriente…pero no puede ser.

A base de acostumbrarme a ello, ya me digo al levantarme: hoy toca día mustio u hoy me siento rara y no sé por qué. Prefiero poner palabras a lo que es evidente ante que querer convencerme de lo que no es, que estoy bien y no me pasa nada; pues no, hoy no es uno de esos días.

Me ayuda mucho el poner palabras a lo que siento, es una manera de situarme y saber de qué estoy hablando. Sé que las palabras nunca pueden abarcar toda la realidad, pero me colocan en el sitio más aproximado a donde tengo que estar, no en otro.

Y si hoy no tengo temple, lo digo abiertamente, para que la persona con la que convivo sepa que hoy no estoy para florituras y que no me puede pedir más de lo que hoy puedo dar. A lo largo del día me suele preguntar: “¿Cómo estás?” Y yo le respondo: “Como puedo”.

En ocasiones, siento rabia por estar a merced de sentimientos tan cambiantes, como si fuera un signo de debilidad o inestabilidad el no sentirse cada día alegre y contento. Pero me doy cuenta de que no es así, que la inestabilidad viene de no aceptar como estoy hoy, que puedo estar medianamente bien conmigo misma aunque no esté todo lo simpática y alegre que me gustaría, qué le voy a hacer.

¡Cuántas veces me tengo que recordar!: “Belén, déjate en paz…haces lo que puedes” Un sonsonete que me ayuda a no forzarme a agradar más de lo que me apetece y a valorar lo que esté haciendo aunque no esté al nivel de lo que espero de mí.

La verdad es que no es agradable pasar el día de “bajón”, pero si me permito estar como puedo, el ánimo se va asentando, como si encontrara un apoyo en mi interior que está más allá de los vaivenes. Me alegra sentir que existe ese lugar dentro de mí en el que …yo no soy sólo lo que siento.

 

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¿Tienes que soltar alguna ilusión?
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Belén Casado Mendiluce | 29-08-2014 | 07:17| 2

 

En la vida no salen las cosas como uno proyectaba en el futuro: puede que no  tengas el éxito profesional que imaginabas o no formes esa familia que deseabas, o no puedas vivir tu jubilación viajando como te apetecía.

Pocas cosas salen como a uno le hubiera gustado, quizás vas aprendiendo por el camino que es más importante aprender a vivir la vida como va surgiendo en vez de pretender amoldarla a tus expectativas.

Es que no todo lo puedes controlar y dirigir en tu vida. Puedes poner voluntad y esfuerzo para buscar un trabajo con el que ser autónomo, pero te puedes encontrar que los caminos que habías trazado para ti en tu vida se desvían del original sin tú poderlo evitar. Es así.

Puede que tengas que soltar, dejar ir, no sin cierta tristeza, alguno de esos sueños tuyos que ya no se van a cumplir, ilusiones que se van quedando atrás y que creías que te darían la autoestima o el bienestar que necesitabas.

Pero si de algo me he dado cuenta es que sentirse bien con uno mismo no depende tanto de los logros conseguidos en la vida, y que la medida del éxito es mucho más interna que externa, que depende más de nuestra satisfacción interior que de los aplausos de los demás.

Nos han enseñado tanto que “si quieres puedes” que cuando, a pesar del empeño y la fuerza de voluntad que ponemos, no conseguimos lo que nos proponíamos, nos invade entonces el desánimo y el abatimiento.

Pero ese el momento de la oportunidad para nosotros mismos. La oportunidad para sentirnos de otra manera. Porque habiendo soltado las ilusiones que inútilmente has perseguido durante tanto tiempo, puedes ir al verdadero sentido de tu vida, el que no depende de los éxitos exteriores.

En ocasiones, tengo la sensación de que en la primera mitad de mi vida me he podido afanar en alcanzar metas de diferentes tipos: profesionales y personales. Pero que en la segunda mitad de la vida, curiosamente, me toca deshacer parte del camino aprendido.

Cuando he querido ir a más ahora tengo que ir a menos, ir soltando ilusiones y expectativas y, poco a poco, sorprenderme de sentirme más libre frente a todo eso porque  no dependo de ello para vivir. Es un camino lento y que cuesta.

Uno puede desprenderse de mucho más de lo que imagina. Es una experiencia de desapego en la que nos damos cuenta de cuánto estábamos aferrados a lo que nos cuesta soltar, cuánto de nuestra autoestima habíamos puesto ahí. Pero conforme se va yendo… algo bueno se despierta en ti.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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