Diario Vasco
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Cuentos de Verano. Virginia y el niño
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Belén Casado Mendiluce | 15-07-2016 | 09:14| 0

 

Virginia se encontraba de vacaciones. Por fin podía alejarse del tedioso trabajo diario y dedicar tiempo a lo que más le gustaba: pasear por la playa y leer.

Así que todos los días se deja preparada la comida por la mañana, se enfunda el pareo –eso le gusta, no tener que salir vestida a la calle más que con una simple tela alrededor del cuerpo- se coge su libro y se marcha a la playa más cercana.

Disfruta de la soledad de la lectura aunque, de vez en cuando, echa de menos poder compartir con alguien los sentimientos que le surgen mientras lee.

Sentada en su silla, mientras está leyendo se le acerca un niño que se pone a jugar cerca de ella con una pala y un rastrillo. ¡Vaya, tengo compañía!, se dice Virginia, y deja por un momento el libro que tiene entre sus manos para dedicarse a contemplar absorta el juego del niño.

El niño, entonces, levanta la mirada, le sonríe abiertamente y Virginia no puede por menos que devolverle la sonrisa. Al cabo de un rato, el niño alza su pala y se la ofrece a ella, diciéndole, ¿juegas conmigo?. Virginia se levanta sin pensárselo dos veces y se arrodilla cerca de él para remover la arena con la pequeña pala del niño.

Juntos juegan a enterrarse bajo la arena. Primero ella al niño y luego él a Virginia. ¡Qué delicia reírse mutuamente con algo tan sencillo como el ver asomarse los dedos de los pies enterrados en la arena! No hablan mucho, porque no hay necesidad pero, sin embargo, comparten el simple disfrute del juego.

Cuando le tocó al niño enterrarle bajo la arena a Virginia, ésta experimento una extraña sensación. Estaba quieta, por primera vez en manos de un niño, que hacía con ella lo que él quería: le echaba más y más arena sobre el cuerpo, se sentaba encima de ella, e incluso, una vez cubierta de arena, se tumbó encima de ella cuan largo era a descansar.

¡Qué silencios tan llenos de sentido! ¡Qué momentos tan plenos de significado! Virginia se sentía unida a ese niño más allá de las palabras, sentía que se comunicaba con él por el tacto, las risas y las sonrisas; no hacía falta nada más, en verdad.

Qué regalo estoy teniendo hoy, pensó Virginia, y se sintió agradecida hacia la vida y hacia el niño por su maravillosa sencillez. No quiero perder nunca la capacidad de disfrutar con estos momentos tan inesperados, pensó, y cuando vino la madre para llevarse al niño, Virginia y él se fundieron en un hermoso abrazo de despedida.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

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Camino interior. El intruso de mi casa
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Belén Casado Mendiluce | 01-07-2016 | 09:11| 5

 

Me voy a parar delante del ordenador y, simplemente, me voy a dejar sentir. Escucho lo que mi cuerpo quiera decirme, estoy alerta a que mis sentimientos me llamen a la puerta para que les escuche.

No siempre los sentimientos se hacen presentes de una manera agradable. Puede que tras el libro que estoy leyendo, me haga más consciente de una inercia de pensamientos negativos a los que me había acostumbrado sin dar importancia y que me hacían sentirme mal.

Como me suelo decir, no somos sólo lo que pensamos ni sólo lo que sentimos en un momento dado, porque no tenemos que identificarnos con todo lo que surge de nuestra cabeza. Pero cuando los pensamientos son reiterativos y negativos, tengo que prestar atención a algo que me hace daño.

Parece tarea imposible pretender dejar de pensar, como si uno tuviera que hacer un esfuerzo titánico contra su propia mente. No voy por ahí, no quiero luchar contra mí misma añadiendo más tensión a mi interior.

Más bien, he tomado más conciencia de que mis pensamientos no pueden ir en cualquier dirección. Que, por supuesto, yo no me creo todo lo que pienso, pero que necesito algo más: no fomentar unos pensamientos que acaban por utilizarme. Es uno el que tiene que tener la mente a su servicio y no tener la sensación de que es la propia mente la que te utiliza a ti.

Procuro hacer todos los días meditación para cultivar un espacio silencioso en mi interior; lo siento tan necesario como el desayuno de la mañana. Pero ahora soy más consciente de que, además, no puedo dejarme llevar por una inercia de pensamientos que me desgastan.

¿Qué voy a hacer? Es probable que esos pensamientos sigan viniendo a mi cabeza porque se presentan cuando ellos quieren sin previo aviso. Pero, si antes los toleraba y hasta les daba de comer, ahora prefiero, con tranquilidad, llevar mi atención, en ese momento que estoy pensando, a otra cosa más constructiva.

Prefiero, cuando observo al intruso de mi casa, llevar mi atención a la conversación que estoy sosteniendo, o a los niños que juegan en el parque y apartar, así, de mi consciencia, la negatividad de mi mente.

Ya no me interesa indagar el porqué de mis propios pensamientos negativos, el origen que se puede remontar a experiencias lejanas en el tiempo. Prefiero, en el aquí y ahora, convertir mi mente en mi aliada para que sea ella la que esté a mi servicio y no yo al servicio de ella.

 

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Camino interior. Escuchándome a mi misma
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Belén Casado Mendiluce | 17-06-2016 | 09:49| 6

 

Resulta difícil traer al blog  temas nuevos, así que después de un tiempo prudente de “estrujarme el cerebro”, hoy no tengo más pretensión que la de dejarme llevar por lo que surja desde mi interior.

Estoy nuevamente en una etapa de cambios en mi vida aunque, pensándolo bien, ¿cuándo no estamos en una etapa de cambios?. Vamos viviendo y, en el hecho de vivir, aunque sea de manera inconsciente, afrontamos lo que nos llega con mejor o peor acierto, siempre cambiando.

Siempre me ha parecido curioso, cuando no me ha indignado, que hubiera personas que me dijeran que como yo era psicóloga, debía llevar mi vida con la suficiente madurez como para no caer en ningún desequilibrio de ningún tipo.

Evidentemente, la psicología me ha dado herramientas para “pillarme” en mis múltiples defectos e intentar mejorarlos pero también sé que con otros… me los llevaré conmigo hasta el final de mis días. Y uno no debe sentirse culpable por ello.

Quizás ése sea parte del aprendizaje que tenemos que hacer en esta vida, el de aprender a convivir con aquello que no nos gusta de nosotros mismos pero que resulta difícil de modificar. En esta cultura de “constante mejora” en la que vivimos, no encaja el dejar de rebelarnos y luchar contra lo que nos desagrada, dejar de gastar energía inútil para no estar nunca a gusto en nuestra propia piel. Pero es la consciencia la que nos salva.

Así que soy una persona que también vive sus propias imperfecciones, sus propias inseguridades y miedos porque, no por caminar en la oscuridad se deja de caminar, no te olvides. Y aprendiendo a transitar el camino pedregoso es como me voy conociendo, ayudándome…y ayudando a los demás.

No soy partidaria de aprender sólo a base de sufrir, pero sí es cierto que cuando las cosas nos van bien en la vida, nos acomodamos y no nos cuestionamos lo que sólo cuando surge el malestar se nos pone delante de la cara. Es nuestro semáforo interior el que nos avisa de que algo pasa.

A veces, vamos dando bandazos en nuestra vida,  dando golpes sin concierto ni acierto con el vano fin de encontrar alguno que dé en la diana y nos salve de nuestro desconsuelo. Pero nada es en vano, nada cae en saco roto y sólo viviendo lo que surge en nosotros  con la mayor consciencia posible estamos a salvo de vivir sin sentido.

 

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¿Por qué nos arrastra lo negativo?
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Belén Casado Mendiluce | 03-06-2016 | 07:02| 9

 

Todos experimentamos situaciones en las que acabamos viendo las cosas tan negativas como la persona que tenemos al lado, haciendo honor al dicho de: “todo se pega menos la hermosura”.

¿Por qué nos resulta más fácil dejarnos llevar por las características negativas de la persona con la que convivimos que por sus cualidades? Es un interesante enigma sobre el que quiero poner algo de luz hoy aquí.

Resulta que convivimos con alguien que con frecuencia dice palabrotas al hablar, y nosotros casi acabamos haciendo lo mismo. O nuestra pareja tiene por costumbre criticar determinados comportamientos que nosotros acabamos viendo con los mismos ojos, cuando antes no lo hacíamos.

Podríamos “copiar” lo que del otro nos ayuda a crecer como personas y nos hace sentirnos mejor pero…para todos es más fácil dejarse arrastrar por la inconsciencia y la inercia y acabar repitiendo actitudes de la otra persona sin cuestionárnoslas mucho. Más trabajo personal nos lleva mejorar como personas que dejarnos llevar sin cuestionarnos por lo que está ahí.

Bien es cierto que cuando se lleva mucho tiempo al lado de alguien, para economizar nuestra energía física y mental, y no estar chocando constantemente con nuestra pareja, -ya que sabemos inconscientemente que esa persona por mucho que lo intentemos no va a cambiar- acabamos por amoldarnos y conformar nuestra forma de ser a la de la otra persona.

Me gusta pensar que se convive en pareja para compartir la vida y crecer juntos. Pero cuando uno de los dos no se cuestiona mucho sus actitudes negativas, para la persona que convive con ella resulta difícil no contagiarse de ellas y acabar conformando su forma de ser al otro para “sufrir menos”.

Pero, en realidad, cuando dejamos de lado nuestra propia personalidad para amoldarnos a la del otro, no sufrimos menos…sino más. Porque se comienza a instalar en la convivencia, inconscientemente, un visitante incómodo y peligroso…el miedo.

Miedo a que el otro se moleste por mi manera de ser, por mis opiniones o por lo que yo haga, y vuelvan a salir a la luz las más que evidentes diferencias que hay entre nosotros. Por dejar de ser como uno es se paga un alto precio en la vida. No se trata de “sobrevivir” en la vida, viviendo de cualquier manera…

Sé tú mismo,…tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

 

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El camino del corazón
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Belén Casado Mendiluce | 20-05-2016 | 06:55| 2

 

Dejarse guiar por el corazón no significa dejar de ser emocionalmente inteligente porque también los sentimientos necesitan del reposo inteligente y necesario que te hace actuar a favor de ti y no en contra.

El camino del corazón es aquel que quiere lo mejor para ti, que escucha tus necesidades de comunicación, afecto y respeto y busca la manera de llevarlas a cabo sin menoscabo de los demás. No se trata de quererte para satisfacer tu egoísmo, sino para estar en paz contigo misma y con los demás.

Si quiero estar bien conmigo misma me preocupo por hacer caso a mis intuiciones, esas que me dicen que deje de llamar a esa amiga y la deje en paz porque soy yo la que casi siempre toma la iniciativa de ponerme en contacto con ella, esas intuiciones que me piden dejar una relación familiar que sólo me lleva a conflictos.

Mis sentimientos están para ayudarme a ser más yo, son como una llamada a mi puerta para que les haga caso y no me deje llevar por la inercia. El camino del corazón no es para demostrar a nadie lo buena persona que soy ni para forzarme a estar agradando a los demás, sino para centrarme en mi misma y hacer caso a lo que siento.

En primer lugar, el camino del corazón es para quererse a uno mismo, porque la mayor responsabilidad que tengo es conmigo misma: la responsabilidad de vivir libre de miedo y de actuar según lo que necesito, la responsabilidad de tomar mi vida entre mis manos con todo el amor y la humildad posible.

Amarte a ti mismo no consiste sólo en tener un diálogo interior positivo, que también, que ya sabemos que mandarnos mensajes mentales positivos es una hermosa manera de ir creyendo en aquello que nos decimos para que forme parte de nuestra manera de actuar.

Pero hace falta una actitud nueva del corazón, no sólo de la cabeza. La actitud de quien valora sus sentimientos, escucha lo que estos le quieren decir, como quien escucha el miedo que uno siente en las tripas ante el día que comienza con sus pequeños retos y contratiempos. Y entonces, siendo consciente de que vives con miedo puedes darte cuenta de tu necesidad de vivir libre de él.

El camino del corazón busca dentro de ti las respuestas a tus propias inquietudes porque dejarse sentir es la mejor manera de volverte sano y…sabio.

 

 

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Cómo ser adicto al sufrimiento
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Belén Casado Mendiluce | 06-05-2016 | 06:45| 2

 

Si quieres convertirte en una persona sufridora en la vida, no tienes más que poner en práctica lo que sigue.

-Recréate una y otra vez en tu mente con las situaciones negativas de tu vida, recuérdalas y tenlas presentes. Siente repetidas veces en tu interior el dolor por el daño que te han causado y alimenta el resentimiento en tu corazón.

-Dite a ti mismo que no puedes evitar sentirte deprimido, con ansiedad o malestar. Culpa a tu infancia, a tus padres o a tu mala suerte de tu infelicidad sin preguntarte qué es lo que tú haces ahora en el presente para sentirte como te sientes. No pidas ayuda y deja que te lleve la corriente.

-Plantéate objetivos a largo plazo, imagina cómo quieres que sea tu vida y no te conformes con menos para cambiar. En vez de ir dando pequeños pasos,  ten en mente siempre tu objetivo final y dite que hasta que no hayas conseguido todo lo que te propones, no puedes sentirte satisfecho con tu vida.

- Cuando cometas alguna equivocación, culpabilízate varias veces por ser un desastre de persona y hacer mal las cosas. Dite que te sientes incapaz de mejorar y que ser consciente de ti no te sirve de nada más que para sufrir más y ver todos los defectos que tienes.

-Si los demás no te tratan con el respeto que mereces, piensa que eres tú la que atraes el maltrato que recibes, que no eres como se supone que hay que ser, como es todo el mundo, y que tu diferencia es la que provoca el rechazo de los demás. Recuerdas que hay un patrón de comportamiento en la vida que hay que seguir.

-No te defiendas ante los ataques ni alces tu voz frente a la injusticia;  mejor que estés callada antes que expresarte. Perdona todas las veces que haga falta y no tengas en cuentas las ofensas de los demás; mejor, déjalas pasar y no les des importancia, así demostrarás a los demás lo buena persona que eres.

-Embárcate en relaciones sociales o afectivas que sean tortuosas o complicadas. Relaciones tipo: “montaña rusa”, ahora bien, ahora mal, ahora te quiero, ahora te trato mal. Toma por normal y habitual el tener conflictos en las relaciones y ten una identidad de ti misma a base de sufrir y pasar por situaciones dolorosas como si fuera tu sino en la vida. Es normal que aguantes, que sufras y que te esfuerces por comprender a los demás antes que a ti mismo.

Ser adicto al sufrimiento es ponerse, consciente o inconscientemente, en situaciones en las que sabes que saldrás mal parado. Sigue ahí.

 

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Cuentos de Primavera. La enfermedad de los animales
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Belén Casado Mendiluce | 22-04-2016 | 08:16| 2

 

En el  bosque reinaba un silencio inusual. Los animales no se sentían con ganas de relacionarse entre ellos, ni siquiera de buscar su alimento diario; simplemente, se quedaban en sus madrigueras a esperar que pasara el día.

El señor búho que desde lo alto contemplaba lo extraño de la situación decidió tomar cartas en el asunto y convocar a todos los animales a una reunión en el claro del bosque.

Cuando llegó el día señalado del encuentro, el señor búho, apoyado en lo alto de la rama del árbol, tomó la palabra y dijo:

-“Os he reunido aquí porque os pasa algo que no consigo entender. Estáis aislados cada uno en su madriguera y os estáis abandonando hasta para comer. ¿Qué os pasa?”

Ante el silencio de todos los animales, se adelantó la ardilla que dijo:

-“Estamos deprimidos, señor búho. Entre nosotros ha corrido la voz de que todos tenemos que morir, y estamos con tanto miedo que preferimos quedarnos escondidos en nuestras madrigueras”.

El señor búho se quedó en silencio dejando sentir las palabras de la joven ardilla. Nunca antes se había planteado esta situación en el bosque y no sabía muy bien cómo tenía que actuar para ayudar a sus amigos. Al cabo de un tiempo, dijo:

-“Es verdad que todos moriremos algún día, pero, ¿por qué os preocupa ahora eso cuando ni siquiera antes pensabais en ello?”

-“Alguno de nosotros pensó que podíamos hacer como los humanos, que se consideran superiores a nosotros por su capacidad de pensar, y que debíamos reflexionar sobre el sentido de la vida. De ahí llegamos a pensar en la muerte, y todos los animales nos quedamos muertos de miedo”-dijo la ardilla.

El señor búho se sonrió para sí, bajó volando hacia el centro del claro y dijo:

-“Vosotros antes no conocías el miedo más que por mera supervivencia. Ahora tenéis miedo de existir y el miedo no os hace más sabios, como los hombres, sino más enfermos. Dejad de pensar, y volveréis a recuperar la salud física y de cabeza. Vivid simplemente y dejaréis el miedo a un lado.”

Los animales respiraron aliviados. Ahora podrían volver a ser como siempre habían sido. Ahora podrían vivir no pensando sino VIVIENDO.

 

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Cómo identificar una relación tóxica
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Belén Casado Mendiluce | 15-04-2016 | 06:48| 9

 

Si quieres saber si estás embarcada en una relación dependiente y destructiva, presta atención a los siguientes indicadores. Me voy a circunscribir a la relación de pareja tóxica de la cual resulta más difícil poner distancia.

-Tu autoestima está por los suelos

No te sientes valorada por la otra persona. Esta te hace frecuentes críticas de tu forma de ser, te reprocha lo que haces y lo que dices y no parece que puedas hacer nada por contentar al otro aunque te esfuerces, erróneamente, por cambiar.

Pero, cuidado,  tu pareja puede que te diga que eres la mujer de su vida y tiene detalles positivos hacia ti que te hacen dudar de si percibes correctamente las cosas. Simplemente, te da “una de cal y otra de arena”, ya que sabe darte la dosis justa de afecto y atención para tenerte contenta. Pero te estás conformando con migajas, tenlo presente.

-La relación es una fuente constante de tensión o indiferencia

Hay frecuentes discusiones y conflictos. Tú te engañas diciéndote que os decís todo lo que pensáis con libertad, cuando la libertad comienza por tener una relación relajada en la que cada uno pueda mostrarse como es sin miedo a que la otra persona se moleste.

Una relación no siempre es un camino de rosas, pero no puede ser que te acostumbres a convivir con alguien como quien comparte piso o creas que discutir es lo normal entre dos personas que se quieren. Craso error. Lo normal es crecer juntos para que vuestra relación sea una fuente de bienestar, no de amargura.

-Te resulta difícil dejar la relación

Muchas veces te pasan pensamientos por la cabeza de separarte, pero luego te convences de que estás con el mejor de los hombres posibles. Sientes miedo ante la perspectiva de rehacer tu vida sola y te da pánico la reacción que pueda tener tu pareja al respecto.

El problema es que tienes MIEDO en la relación, aunque te cueste reconocerlo. El miedo es el que no te quita la palabra, porque puede que te quejes de cómo te trata tu pareja, pero el que hace que sigas a su lado porque estás paralizada, muerta de miedo. Hablas sí, pero no actúas.

Las relaciones tóxicas no admiten otra salida más que…salir huyendo. No pretendas mejorar la relación ni con palabras…ni con terapia.

 

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Claves para amar de forma sana
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Belén Casado Mendiluce | 09-04-2016 | 06:13| 4

 

No se puede amar de cualquier manera, que ya sabemos cómo hay muchas parejas que se malquieren, conviviendo con indiferencia cuando no con desprecio, así que hay que aprender a querer al otro de forma sana.

El amor, en primer lugar, se tiene en cuenta a uno mismo, sin anularse ni dejarse de lado. No significa que no puedas hacer cosas por agradar al otro, pero no hasta el punto de que sea más importante el otro que tú. Si tú no te tienes suficientemente en cuenta es que no te quieres lo suficiente, y eso es un problema.

Hay que querer al otro siendo uno mismo, conservando la propia personalidad y no forzándose a cambiar de forma de ser para contentar a la otra persona cuando, en realidad, te sientes a gusto en tu propia piel. El amor muestra una aceptación básica del otro, lo valora tal como es y no como le gustaría que fuera, tenlo en cuenta.

La siguiente clave es que entre adultos tiene que existir reciprocidad,  dar y recibir, mientras que creer en el amor incondicional es un gran error. Este último implica querer a alguien haga lo que haga, sin esperar recibir nada a cambio; absurdo, ¿no?, y sin embargo es el mensaje que se sigue enviando desde el amor romántico y desde la cultura religiosa actual.

El amor no todo lo puede; por amar a alguien no vas a conseguir que te trate mejor de como lo hace ni tu pareja va a cambiar de forma de ser si ella misma no toma conciencia de la necesidad de hacerlo. No pretendas que el amor todo lo comprenda, todo lo perdone y no lleve cuentas del mal. Te suena, ¿no?

Por último, el amor implica cuidado y apoyo mutuo. Necesitas sentir que tú eres importante para la otra persona, y eso se demuestra con hechos, no con palabras. Tú sabes en tu interior si te sientes tenida en cuenta cuando hablas, cuidada cuando estás enferma o apoyada cuando te sientes sola. No intentes convencerte con argumentos de que tu pareja te trata bien;  lo sientes o no lo sientes.

Hay personas que se acostumbran a convivir en un ambiente de frecuentes discusiones y tensiones. Eso no es amor, por mucho que nos digamos que cada uno tiene su manera de amar. No se quiere mejor o peor; se quiere o no se quiere, y todo lo demás son vanos razonamientos intelectuales que chocan con lo que te dicen tus tripas: que el otro no tiene la suficiente madurez para amar.

 

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¿Quién se gana el día del padre?
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Belén Casado Mendiluce | 18-03-2016 | 07:32| 1

 

Para llamarse Padre no hay que serlo por derecho biológico sino por reconocimiento de los hijos que te sienten como alguien cercano.

A veces, me pregunto en qué consiste ser padre, tenemos más interiorizado el papel de una madre cercana que el de un padre afectuoso; las más de las veces el padre es una figura ausente por trabajo o que se desvinculó afectivamente de la educación de los hijos.

Siempre he pensado que para ser padres no hay que pretender ser modelo de nada ante nuestros hijos; peores son los ejemplos que les damos cuando queremos convertirnos ante ellos en un modelo a seguir; no se puede falsear la realidad de lo que somos, así que creo que para ser padres lo único que nos queda es educar con el ejemplo.

Y en eso, creo que padre o madre es lo mismo. Porque educamos a los hijos con nuestra particular forma de ser y de vivir. ¿De qué sirve decirles cómo hay que tratar a los amigos cuando tú mismo te desentiendes de ellos? ¿De qué sirve hablarles de cómo relacionarse en pareja cuando la tuya propia hace tiempo que se marchitó?

A tu hij@, lo que le vas a transmitir, sobre todo, es cómo eres tú, tu manera cotidiana de vivir, tu día a día. No pienses en la imagen que de ti te gustaría que tuviera tu hijo, sino en si tú te conoces lo suficiente a ti mismo como para tener la menor de las contradicciones e incoherencias posibles ante él.

¿Que quieres que tu hijo confíe en ti y te cuente sus problemas? Pregúntate si, como padre, eres una persona que habla de sus propios sentimientos con los demás y si eres capaz de no juzgar a las personas que viven de manera diferente a ti. No puedes estar cercano a tu hijo si tú mismo no eres consciente de lo que sientes y vives.

Preocúpate entonces por conocerte a ti mismo como persona, y la labor educativa como padre se dará por sí sola, no te hará falta hacer grandes esfuerzos. Preocúpate por tener un mínimo de autoestima, por ser coherente entre lo que dices y cómo actúas y por querer mejorar como persona para crear a tu alrededor el necesario clima de cariño y confianza.

Las veces que como madre he sentido que he fallado ante mis hijas, no ha sido por no haber estado a la altura de las expectativas que ellas tenían de mí como madre, sino por no haber vivido en mi vida con la suficiente consciencia que necesitaba.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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