Diario Vasco

img
¿Cuál es tu “San Benito”?
img
Belén Casado Mendiluce | 05-02-2016 | 10:05| 1

 

Desde la infancia hemos interiorizado etiquetas que nuestros padres o amigos nos pusieron: “angelito”, porque el niño no daba problemas en casa; “pobrecita”, porque la niña tenía problemas de salud constantes; “tontita”, porque a la niña le costaba entender las cosas. En fin, la lista sería larga…

Son etiquetas que puede que no se dijeran verbalmente pero que configuraban una actitud en el trato con el/la niñ@. Una actitud, por parte de los padres, condescendiente, de pena hacia la niña con problemas de salud o una actitud de convencimiento de que el niño nunca me dará problemas –ni la madre querrá que se los dé- hacia el niño “Feliciano”.

Esa actitud que el niño percibe inconscientemente va formando, sin embargo, parte de su carácter y conformando su personalidad. El niño se acostumbra a plegarse a los deseos de su madre para tenerle contenta y no darle problemas y la niña acaba sintiendo que tiene que acostumbrase a sufrir porque los problemas de salud son constantes.

El problema es que por las etiquetas se acaba pagando un precio en la vida, precio demasiado alto en general. El niño, cuando se va convirtiendo en adolescente, no se sentirá con libertad para oponerse y enfrentarse a su madre porque como siempre ha sido “tan bueno”…; la niña sobreprotegida por su madre debido a su mala salud, creerá que no tiene derecho a divertirse y disfrutar de la vida…

Y así vamos llegando a la edad adulta en la que, sin querer, seguimos reproduciendo esas etiquetas y comportándonos como los demás esperan de nosotros que lo hagamos. Seguimos siendo dóciles, de buen conformar o, por ejemplo, somos personas que vivimos con resignación el sufrimiento.

¿Cómo liberarnos de las etiquetas? ¿Cómo ser como queremos ser en verdad sin caer en viejos disfraces? En primer lugar, hay que darse cuenta de cómo nosotros mismos mantenemos las etiquetas con nuestro comportamiento. Lo que se forjó en la infancia necesita ahora de nuestra falta de consciencia para que se perpetúe.

Observa si tú mismo reprimes tu rabia y no dices lo que realmente piensas por miedo a no ser “el angelito de la familia”. Si acabas dando pena a los demás y sintiéndote una víctima en la vida porque estás acostumbrada a sufrir problemas. Observa cómo actúas y te dará pistas de dónde estás.

Rompe con el “San Benito” que te colgaron en la infancia pero no esperes recibir la aprobación de los demás, por ello. Ellos se han acostumbrado a conocerte de una manera y es a ti a quien tienes que satisfacerte, no a los demás. Deja de ponerte un disfraz que te impide ser tú.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

 

Ver Post >
¿Te has liberado de los recuerdos?
img
Belén Casado Mendiluce | 29-01-2016 | 09:57| 9

 

Me han pedido que hable sobre los recuerdos negativos y de cómo estos nos afectan en el presente, así que me pongo al tema con interés.

Todos tenemos experiencias dolorosas de las cuales no nos hemos liberado, que se quedan dentro de nosotros con toda su carga de negatividad. Y cada vez que alguna situación del presente nos recuerda la anterior, se despiertan de nuevo los miedos, las iras y la frustración sentidos.

¿Cómo nos podemos liberar de los recuerdos que nos atenazan todavía? Tiene, en primer lugar, que existir un ejercicio de liberación de la rabia y el dolor acumulados en nuestro interior. Si no contamos con la ayuda de un profesional, podemos hacer un ejercicio sencillo que ayuda a ponernos en contacto nuestra tensión acumulada.

A solas, en tu casa, coge una percha y vete golpeando con ella el colchón a la par que dices en voz alta todo aquello que te surja recordando la situación dolorosa. Pueden ser insultos y descalificaciones, no te frenes en decir lo que te plazca. Conforme repites los golpes irás verbalizando con menos carga lo vivido, aunque puede que necesites repetir varias veces el ejercicio en sucesivos días.

Una vez que te sientas con menos rabia interior, necesitas hacer un ejercicio de perdón. Perdón no sólo hacia la persona que nos hizo daño sino, sobre todo, perdón a nosotros mismos por no haber actuado como nos hubiera gustado.

Ya he comentado en otras ocasiones que el perdón no es algo que se regala a alguien como haciéndole un favor, sino un ejercicio que se hace, sobre todo, para beneficiarnos a nosotros mismos de él, para estar en paz con nosotros mismos y “soltar”, liberarnos de la situación dolorosa. Este paso es imprescindible.

En contra de lo que parezca, suele resultar bastante más difícil y lleva más tiempo el perdonarnos a nosotros mismos que el perdonar a los demás. Puedes ya no tener ninguna relación con la persona que te ofendió pero contigo mismo convives todos los días y necesitas reconciliarte contigo.  

Si te perdonas a ti mismo es porque comprendes que hiciste lo que pudiste con el nivel de consciencia que tenías en ese momento. Te hubiera gustado defenderte mejor o no aguantar tanto como lo hiciste pero no podías, por tus miedos e inseguridades, actuar teniéndote en cuenta como debieras.

Tus recuerdos dolorosos no son más que energía acumulada en tu interior. Saca la rabia, verbaliza lo que sientes y perdónate a ti mismo… para acogerte por fin en un abrazo cariñoso.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
¿Sabes no tomártelo a personal?
img
Belén Casado Mendiluce | 22-01-2016 | 10:51| 7

 

A todos nos duelen los ataques que nos hacen los demás, sobre todo si nos conocen, pero no tomártelo a personal te ayuda a no perder el equilibrio.

No tomarte una ofensa a personal no significa que hagas como si la cosa no va contigo, como si no hubieras hecho “acuse de recibo” de lo que te han dicho, no. Te das cuenta de lo ocurrido pero sabes que el ataque habla más de quien lo hizo que de ti.

Si alguien te insulta, te falta al respeto o te ningunea, esa actitud está diciendo más de la otra persona, de su forma de ser, que de ti mismo. Esa actitud refleja cómo es esa persona y no tanto cómo eres tú. Tenlo presente.

Eso es no tomártelo a personal. No creer lo que el otro dice de ti, aunque te conozca, porque eres tú quien mejor se conoce a sí mismo y sabes que no te mereces que te traten mal.

Cuando alguna vez me han insultado, he respondido para escuchar mi propia voz saliendo en mi defensa, puede que, simplemente, para decirle al otro que no le consiento que me falte al respeto y para decirle, también, que le vaya bien en la vida. No tomártelo a personal no significa quedarte callado y sin actuar.

Si no te tomas una ofensa a personal, te centras más en ti que en la otra persona. No estás analizando los motivos que tuvo el otro para decirte lo que te dijo, no estás pretendiendo encontrar un “por qué”,  ni queriendo comprender todos los pormenores de la situación para encontrar una disculpa a la ofensa.

Si te centras en ti, dejas de volcar tu rabia hacia el otro, dejas de considerarle tu “enemigo” y llevas tu mirada a tu interior para quedarte en paz. Tú conoces cómo eres, y te quieres lo suficientemente a ti mismo como para no esperar aceptación de los demás a costa de no valorarte como eres.

Así que si me faltan al respeto, voy a saber cómo es la persona que me ofendió, tengo información de qué pasa dentro de su cabeza para actuar como lo hace. Pero me interesa mucho más saber que nada de lo que esa persona me dijo tiene que ver conmigo ni con mi manera de ser.

No te creas las agresiones de los demás, no las hagas tuyas, no dejes que entren en tu interior, no te las tomes a personal. Tú sabes que procuras tratarte con cariño a ti mismo, valorándote como eres, sabiendo que para mejorar y crecer como persona …no necesitas machacarte ni faltarte al respeto.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
Saber el destino pero no forzar el camino
img
Belén Casado Mendiluce | 13-01-2016 | 11:16| 10

 

Es importante que sientas que vives tu vida, más o menos, como tú quieres vivirla. Entiéndeme, no se trata de que tengas el trabajo que deseas ni el dinero que te gustaría ni las relaciones sociales que anhelas, no. Se trata de si tienes  la sensación de estar relativamente cómoda en tu propia piel, encajada en el sitio que tienes en la vida.

Ese es el destino de tu vida, el encontrar ese lugar en el que reposes y vivas sin compararte con los demás y sin justificarte por ser como eres. ¿Cómo se hace eso?, preguntarás.

Todo es un camino, evidentemente. Pero lo que importa es si sabes hacia dónde vas, si valoras que vivir tomando consciencia de ti misma y de tus sentimientos es otra manera muy distinta de vivir. Es cuestión de actitud.

Mi tiempo me ha llevado sentir que vivo sin el deseo de querer vivir de otra manera. Que he ido encontrando mi sitio aunque, a veces, me salga de él.

Ya lo dijeron unos pensadores: “Cualquiera que sueñe con una vida que se salga de lo común acaba por descubrir que no tiene otra opción que buscar una manera poco común de vivirla”.

Y vivir de esta manera tiene poco que ver con pretender tenerlo todo controlado, con querer que las cosas sucedan de una determinada manera porque, nos decimos, que es así como tienen que suceder. Y, además, nos engañamos pensando que no es cosa mía sino que es así como piensa todo el mundo.

No se puede forzar el camino de la vida cuando uno vive con un mínimo de consciencia, aunque vivir el presente tal como es puede resultar mucho más duro que pretender que la realidad sea a nuestra imagen y semejanza.

Aunque, pensándolo bien, el destino es la vida misma, el propio camino. Y en ella, en la vida, no alcanzamos ningún punto en el que podemos decir: “Por fin, ya he llegado”, no. La vida misma es, día a día, nuestro objetivo. No hay nada más importante que vivir cada día, como se presente, con la consciencia que puedas. No tienes que llegar a ningún sitio.

Por eso, como no tienes que alcanzar ninguna meta, puedes vivir lo que se te presente sin pretender forzar nada. Sólo quieres cultivar la actitud de parar, sentir y reposar lo vivido y, aunque en ocasiones te pierdas, siempre sabrás…volver al camino.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

 

 

 

 

 

Ver Post >
Te mereces que te tengan en cuenta
img
Belén Casado Mendiluce | 16-12-2015 | 10:52| 5

 

Hay mujeres que tienen interiorizado el ponerse en segundo lugar, el no llamar la atención y ser, encima, las que se preocupan por los demás, en un esfuerzo por agradarles y hacerles la vida más fácil. Ese tiempo ha terminado.

Te mereces que te consideren lo suficientemente importante como para actuar enfrentándose a los demás ante una situación en la que te tratan injustamente. Te mereces que te saquen la cara y te apoyen aunque a la otra persona que te defienda, directamente, no le hayan hecho nada negativo. Puede que los amigos comunes se porten mal con tu pareja y tú te alejes de ellos por solidaridad con ella.

Te mereces que te consulten las decisiones antes de tomarlas para así decidirlas conjuntamente; y no sólo las decisiones importantes como un trabajo a elegir sino ese plan con amigos del fin de semana en el que tú no estás presente.

Te mereces que te cuiden en caso de enfermedad dejando de lado las tareas cotidianas no urgentes; es más importante hacerte compañía que pasar el aspirador de la casa o que realizar trabajos que te hacen pasar más tiempo fuera de casa.

Te mereces que sean “caballerosos” contigo: que dejen de lado, por un momento, la velada familiar para acompañarte a coger el autobús; que al abrir la puerta te cedan el paso; que te sirvan primero la comida y que te lleven en coche a los sitios para hacerte el día más cómodo.

Te mereces que piensen en agradarte cuando tienes un mal día o estás estresada. Puede comprarte esa comida que te gusta, hacer el plan que tú quieres aunque al otro no le haga mucha gracia o escuchar tus sentimientos en la cama sin prisa por levantarse.

Te mereces que intenten hacerte la vida más fácil ayudándote en lo que a ti te resulta más difícil y engorroso. Que te ayuden con un programa informático o que prepare la comida si al otro se le da mejor hacerlo.

Te mereces que te traten con consideración y cariño, que te demuestren cada día que eres una persona importante para el otro y que en la convivencia nunca se dé nada por supuesto más que… lo que a vosotros os hace bien a los dos.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
Cuentos de Otoño. El agobio de Alvaro
img
Belén Casado Mendiluce | 02-12-2015 | 08:25| 6

 

Álvaro había quedado con su amigo de toda la vida para tomar algo en un bar.

Cuando estuvieron sentados, Álvaro le comentó lo preocupado que estaba por

su situación: llevaba meses en el paro y, a pesar de buscar trabajo no salía

nada.

 

-“ Estoy agobiado por mi situación. Me levanto por la mañana sin ganas de

nada, sin tener otra cosa que hacer más que buscar trabajo. La verdad es que

es descorazonador. Me dan ganas de mandarlo todo a paseo.”

 

- “Álvaro, ¿sigues estando con Julia, tu novia?”

 

- Sí, sí. Estamos muy a gusto conviviendo juntos, la verdad.

 

- “Oye Álvaro, si tuvieras que elegir, ¿qué preferirías tener trabajo pero no una

novia o quedarte con Julia aunque no tengas trabajo?”

 

Álvaro se sorprende de lo que le dice su amigo…y se queda pensativo.

 

Nunca se había parado a verlo desde ese punto de vista y, sin embargo, la

respuesta le salió rápida, sin pensarlo.

 

-“Por supuesto que prefiero estar con Julia aunque no tenga trabajo. Estar con

ella me aporta mucho y es muy positivo para mí”

 

-“Pues cuando te venga el bajón por la falta de trabajo, acuérdate de que lo

bueno que tienes en tu vida por estar con Julia.  Así podrás valorar lo que

tienes más que lo que te falta”.

 

Álvaro se ha quedado más tranquilo después de hablar con su amigo. Sigue

esforzándose en buscar trabajo pero ahora se siente más contento por lo

bueno que tiene en su vida, algo bueno a lo que, de ninguna manera, querría

renunciar.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

Ver Post >
Hincar el diente al tema
img
Belén Casado Mendiluce | 25-11-2015 | 09:07| 8

 

Hay momentos en la vida que hay que “morder” una situación, dejar de ser políticamente correcto y pasar a la acción para hacer valer lo que sentimos.

A mí no me gustan los conflictos, como a la mayoría de personas, pero tampoco me gusta que me tomen por “el pito del sereno”, así que si siento que me atacan considero que tengo derecho a atacar también, desembarazada estoy de la máxima religiosa “devuelve bien por mal”.

A veces, pretendemos quejarnos del maltrato con buenas maneras, intentando que el otro comprenda lo errado de su actitud, pero no hay manera, porque encima puede que te acusen de ir de víctima; así que la directa es pasar al ataque de manera directa, firme y sin contemplaciones.

Y me siento fenomenal, ¡vaya que sí!, cuando me oigo quejarme de una situación injusta, cuando me enfado sin sentirme culpable por ello, cuando no recojo de manera empática los reproches ajenos, cuando no me guardo mi malestar en silencio y decido pasar al contraataque.

“Dos no discuten si uno no quiere”, se dice, pero yo prefiero alzar mi voz contra la injusticia, prefiero sacar mi energía al exterior en vez de convertir mi mente y mi cuerpo callado en terreno propicio para la somatización de cualquier enfermedad.

“No hay ofensa si no te das por ofendido”. ¿Quién dijo que había que mantener una actitud tan estoica ante la adversidad que parece que estás por encima de ella? Si te sientes a gusto así, bienvenido sea, pero yo prefiero hacer caso a lo que siento y ponerle palabras para ser el mejor adalid de mi propia persona.

Hay que “morder” determinadas situaciones, hincarles el diente y no parapetarse tras una actitud temerosa, inmovilista y tan respetuosa con el otro que acabas por faltarte al respeto a ti mismo. La máxima responsabilidad que tienes es la de coger en tus manos tu propia vida, no la de los demás.

Y no me importa que en el momento te quedes sin capacidad de respuesta frente a la agresión, dilo al cabo de los días cuando te salga y conectes con tu rabia interior. Prefiero lo dicho a destiempo que lo callado por siempre.

Y ya sabes, no te sientas culpable por sacar la  rabia. La educación moralista, basada en la culpa, que hemos recibido nos ha convertido en dóciles corderos para así tener controlada nuestra conciencia, no sea que vayamos a ser unos protagonistas demasiado conscientes de nuestra propia vida y la vivamos en libertad e independencia.

De lo que siempre me quedó claro es que por “ser buena” y complaciente, los demás no me van a querer más, todo lo contrario, te acaban tomando sin suficiente consideración porque, sencillamente,…tú mismo no te tienes en cuenta lo suficiente, y eso se nota.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

 

Ver Post >
Ante todo, apuesta por ti
img
Belén Casado Mendiluce | 18-11-2015 | 09:36| 11

 

¡Qué fácil es enredarse en las relaciones personales! Queremos llevarnos bien con personas cercanas y, en ocasiones, acabamos distanciándonos sin poderlo remediar.

Pretendes arreglar las cosas mediante el diálogo y te das cuenta que la comunicación sirve de bien poco porque estáis en diferente longitud de onda, sin posibilidad de encuentro. Te justificas, das explicaciones de tu conducta para quererle demostrar lo equivocado de su actitud, pero no hay manera, sigue pensando lo mismo de ti. La comunicación no siempre sirve.

Y entonces, te quedas abatido porque sientes afecto por esa persona que te ha dicho palabras duras que sientes que no casan con tu forma de ser. ¿Qué puedes hacer?

No necesitas dar explicaciones, demostrar, justificarte ante los demás. Si tú sientes, sinceramente, que la imagen que de ti tiene esa persona no tiene mucho que ver contigo, es necesario que apuestes por ti, ante todo. Tu autoestima no puede venirse abajo por la opinión de los demás, aunque la tengas en cuenta.

Si quieres conservar la relación con esa persona, por las razones que sean, bien porque la tienes que ver todos los días o porque es un familiar, no queda más remedio que cambiar el tipo de relación que tienes con ella.

Protégete de los juicios ajenos injustos contando menos cosas de tu propia vida, dando menos detalles de lo que haces o dejas de hacer. Tu excesiva exposición te hace vulnerable a la inconsciencia ajena, así que debes mantener una relación cordial pero sin el nivel de confianza de antes.

Si eres una persona que se preocupa por conocerse a sí mismo, no permitas que las opiniones negativas de los demás sobre ti acaben mermando tu autoestima. Ten presente cómo eres, tus cualidades y tus aspectos a mejorar sí, pero sin olvidarte de que siempre se crece y se mejora como persona apoyándose en lo positivo que tienes, no a base de una crítica constante.

Los edificios van cogiendo altura conforme se construyen porque tienen unos buenos cimientos en que apoyarse. Tus cimientos, la base en la que te apoyas como persona, es tu propio trabajo personal, tu conocimiento interior hecho de sentimientos y consciencia, que nadie conoce mejor que tú mismo.

Por supuesto que, como seres sociales que somos, aprendemos también del contacto con los demás pero, en primer lugar, debemos hacer valer el conocimiento que tenemos de nosotros mismos porque somos nosotros los que construimos… nuestro propio edificio.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
A vueltas con la comprensión
img
Belén Casado Mendiluce | 11-11-2015 | 09:22| 8

 

Este es un tema importante para mí y desentrañarlo me exige pararme, sentir y reposar lo sentido, una y otra vez, hasta que encaje en mi interior y haga “clik”.

Me gusta comprender y empatizar con los demás, y no sólo por mi profesión sino por mi forma de ser, así que quiero profundizar en un tema que tanto me implica como persona.

Comprender es, sencillamente, llegar a entender algo, aunque no compartamos las motivaciones que le llevaron a una persona a actuar como lo hizo. Podemos comprender que alguien se sintió muy humillado cuando fue presa de un ataque de ira, aunque no justifiquemos que acabara pegando a su pareja.

Cuando uno se siente ofendido, la actitud de comprensión hacia el otro se torna más complicada. Hace falta reposar las cosas para poderlas ver en perspectiva y entender lo que ha pasado.

Yo también he padecido en mis propias carnes la inconsciencia ajena  y siempre acababa sacando la conclusión de que la mayoría de las malas actuaciones de los demás obedecían más a su falta de consciencia que a la mala fe. Esa ha sido mi comprensión de la situación.

En su momento, es necesario perdonar para liberarse del resentimiento y de la rabia. Pero cuando el daño es grande, no se puede pretender sentarse en la misma mesa que nuestro “enemigo” a escuchar las motivaciones que tuvo esa persona para actuar como lo hizo. No es sano.

He tenido cierta tendencia a escuchar tanto los sentimientos de los demás que acababa minimizando mi propio dolor, porque como todo el mundo tiene sus propias razones para actuar como lo hace, es fácil acabar quitando importancia a los propios sentimientos…y por ahí no paso.

Yo comprendo la inconsciencia de los demás y perdono para estar en paz conmigo misma, pero no necesariamente me siento a la mesa con la persona que me ofendió a escuchar los vericuetos mentales y emocionales que le llevaron al desequilibrio. No necesito saber más de lo que sé.

Cuando nos sentimos muy heridos, no es posible ejercer la empatía, aunque sí la comprensión. No podemos empatizar, sentirnos cercanos afectivamente, calzarnos las “zapatillas de la otra persona” porque esas zapatillas nos generan repulsión, como nos generaría repulsión el que asesina o viola a alguien.

Puedo comprender su inconsciencia, sí, pero hay que tener muy presentes los propios sentimientos que dicen tanto de uno mismo y no ir a comprender al otro para dejar en la cuneta mi propia vivencia.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
Perdón no siempre es reconciliación
img
Belén Casado Mendiluce | 04-11-2015 | 08:04| 6

 

Voy comprendiendo más las cosas por el camino…. y haciendo una relectura personal de lo que antes no tenía sentido para mí.

A mí me educaron en la fe católica y tuve que oír con frecuencia  frases como: “Hay que perdonar setenta veces siete”, “El amor no lleva cuentas del mal”, “Ama a tus enemigos”, “El amor todo lo puede”…

Ya renegué de perdonar setenta veces siete a la misma persona, porque eso significa que estás sufriendo un maltrato del que no te liberas, quizás porque conservas la vana esperanza de que esa persona vaya a cambiar.

Si una persona sigue en su inconsciencia generando dolor a su alrededor, hay que apartarse de ella porque nuestro amor no le va a sanar, no le va a convertir en otra persona distinta a la que es.

Ahora entiendo que perdonar setenta veces siete hace referencia a otro mensaje que la Iglesia ha distorsionado. En realidad, hay que perdonar las veces que haga falta para liberarse de la persona que nos ofendió, para no tenerla presente en nuestra mente, para soltarla y dejarla marchar.

El perdón es para mi propio beneficio y bienestar, no es algo que se regala a nadie. Por lo tanto, se puede perdonar aunque no me pidan perdón ni aunque ni siquiera reconozcan el daño cometido.

Y si perdonas, eso no significa que te tengas que reconciliar con la otra persona. Puede que sea una falta puntual que sí admita un reencuentro, pero si la falta es reiterada y la comunicación no sirve de nada, eso indica que eres tú mismo quien tiene que alejarse de una persona que no puede cambiar y te hace daño.

¿Qué es eso de amar a los enemigos? Una absurdez tal como nos la han enseñado. En todo caso, perdona a tus enemigos para liberarte de ellos y no acumular rabia en tu interior, eso ya es un ejercicio suficiente de amor hacia ti mismo y hacia los demás. Pero no pretendas ser amigo de quien no lo serías de manera natural.

El amor no todo lo puede, por la sencilla razón de que no todas las personas están abiertas al amor ni son capaces de recibirlo. Hay que dar amor a quien está preparado para dejarse transformar por él. A los demás, hay que dejarles en paz, que sigan su camino…y nosotros el nuestro.

Por eso, el amor lleva cuentas del mal. Se puede perdonar pero no se debe olvidar porque, en ese caso no aprenderías nada de lo vivido, volverías a caer en la misma piedra y seguiría sin cambiar nada en tu vida. No puedes borrar de tu memoria lo vivido como si no hubiera existido; eso es una forma de anularte como persona.

Así que perdona todas las veces que haga falta, sí, pero actúa en consecuencia para no ponerte a tiro de la inconsciencia de los demás.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

Etiquetas

No hay tags a mostrar