Diario Vasco

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¿Quién puede hacer que amanezca?
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Belén Casado Mendiluce | 27-03-2015 | 09:03| 0

 

Este es un post para aprender a fluir, a ir con el devenir de las cosas que no podemos cambiar, a no resistir para pretender cambiar lo que no se puede cambiar y también para aprender a marcharse y romper cuando no queda otra salida.

Hay que tener una cosa clara desde el principio: nada de lo que tú hagas puede provocar el cambio deseado en la otra persona, salvo que esta persona quiera, claro está.

Si crees que por ser cariñoso, comprensivo y estar siempre atento a las necesidades del otro, este te va a tratar con la consideración que mereces o va a cambiar de ser la persona egoísta que es a alguien que ha cambiado por la fuerza de tu amor, te equivocas de medio a medio.

Nadie cambia si no está abierto a ello, si no tiene la mínima actitud de considerar que puede estar equivocado y, por tanto, tenga que reconocer sus errores. Nadie cambia por los demás, por mucho que estos amen de manera desprendida y generosa a la persona en cuestión.

Por eso, céntrate en ti en vez de pretender que tu vida gire en torno a conseguir que la otra persona cambie o sea mejor persona de lo que es. Céntrate en ver cuáles son tus necesidades y si son importantes para ti, como tener afecto, cuidado y respeto, no pretendas que te las de quien no puede.

Aprender a fluir no es confórmate con migajas, adaptarte a la situación como quien ya no espera nada de la vida, creer que tu amor os llena a los dos, como quien dando un abrazo efusivo se crea la falsa ilusión de que el otro también le ha abrazado cuando, simplemente, se ha dejado hacer.

Fluye con la vida para actuar no en función de nadie sino de ti mismo. Fluye aunque tengas miedo porque nadie rompe con cadenas si no es con miedo a sentirse desprotegido. No se puede pretender actuar desde la claridad de mente y espíritu cuando la ruptura nos hace sentirnos vulnerables y  con miedo.

Sé consciente de que, mientras das los pasos hacia tu liberación, el miedo te acompaña en el camino. No importa, el miedo no es tu enemigo aunque no sea el amigo cómodo que te gustaría. Déjale al miedo ir a tu lado, dale la mano cuando sales a la calle a hacer tus tareas del día a día, no tengas miedo de él. Es como el niño que se ha cogido una rabieta y tú tienes que llevártelo a casa porque no le puedes dejar tirado en la calle.

Fluye, tú no puedes forzar nada, ni hacer que amanezca ni cambiar a nadie…más que a ti mismo. Inténtalo.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

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*Con motivo de las vacaciones de Semana Santa, volveré a publicar a mediados de Abril. ¡Feliz descanso a todos!

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Cuentos de Invierno. El pájaro y el árbol
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Belén Casado Mendiluce | 18-03-2015 | 10:27| 6

 

El árbol se erguía alto en medio del bosque, podía captar los rayos de sol por encima de los demás árboles y sus ramas crecían fuertes y hermosas.

Un día, vino a posarse sobre él un pájaro que, al rato de descansar, le dijo:

-“Querido amigo, me he perdido y tengo miedo. Tú que creces alto y divisas el paisaje ¿me podrías decir qué dirección tengo que tomar hacia los lugares cálidos?”

-“Lo siento, amigo pájaro pero no tengo respuesta a lo que me pides. Sólo sé que otros pájaros que vienen a mí se marchan siguiendo la llamada de su interior.”

-“Pero yo no sé qué llamada es esa. Seguro que tú ves por dónde van los pájaros y me puedes indicar el camino.”

-“Me gustaría ayudarte. Quédate entre mis ramas más frondosas y descansa entre ellas al abrigo del viento y del frío. Más importante ahora que saber por dónde ir es que estés tranquilo.”

El pájaro se acurrucó entre las ramas del árbol y allí descansando, se olvidó de que se había perdido y…se quedó dormido.

Al cabo del tiempo, cuando despertó, le dijo al árbol:

-“Querido árbol, tú me has ofrecido descanso y consuelo cuando más lo necesitaba y te estoy muy agradecido por ello.”

“No me has dicho qué camino tomar porque sabías que era mi miedo el que me impedía sentirlo, el que no me dejaba escuchar la llamada de mi interior. Ahora que estoy más tranquilo puedo sentir hacia dónde quiero ir. Gracias por comprenderme.”

-“Siempre que vengas por aquí encontrarás en mí un amigo en quien descansar, pero te habría hecho un flaco favor si hubieses seguido volando haciéndome caso a mí y no a ti; al poco tiempo, te habrías vuelto a perder”

Así que el pájaro y el árbol se despidieron frotándose entre las ramas y el pájaro desplegó sus alas con confianza…hacia el horizonte.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

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¿Crees que tienes la cabeza bien amueblada?
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Belén Casado Mendiluce | 11-03-2015 | 09:58| 9

 

¿Acaso crees que puedes controlar todo en tu vida?

¿Que puedes conseguir todo lo que te propongas?

¿Que los demás sabrán valorar tu esfuerzo y tu valía profesional?

¿Acaso piensas, en el fondo, que tienes en la vida lo que te mereces?

¿Y que según tu entrega a los demás, así recibirás a cambio?

 

Pues…

 

Da a los demás cuando hacerlo no te reste sino que ser generoso sea una actitud que sume en tu vida. Pero siente que recibes, no sea que te acabes acostumbrando a dar sin recibir nada a cambio y dar siempre te acabe vaciando.

No todo depende de tu esfuerzo y fuerza de voluntad, también necesitas valorar lo que haces independientemente de conseguir un objetivo. El premio no siempre es la meta sino haber construido un camino.

Ser reconocido por los demás se acaba convirtiendo en la esclavitud de acabar haciendo para que te vean en vez de hacer por tu propia satisfacción.

No tienes en la vida todo lo que te mereces (salud, trabajo, amor…). Ni todo te lo has ganado porque hayas hecho méritos ni has atraído hacia ti lo negativo de tu vida; simplemente, has vivido como has podido.

Ni te sirve culpabilizarte por tus fallos ni dejas de pagar un precio por vivir desde la inconsciencia. Vivir como puedas es desarrollar tu consciencia siendo comprensivo contigo mismo y con los demás.

Si siempre persigues metas en tu vida, sean del tipo que sean, nunca te acabarás sintiendo satisfecho con lo conseguido. Cuando dejas de tener que llegar a ninguna parte, te das cuenta de que estar donde estás ya es haber llegado.

Cuando dejas de pretender tenerlo todo controlado, descubres que puedes vivir sin estar pendiente de lo que podría pasar y que eso te da más paz.

 

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Como la vida misma. ¿Adónde vas con prisas?
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Belén Casado Mendiluce | 04-03-2015 | 10:19| 2

 

Cuenta el famoso músico Jordi Savall,  que, un día, al comienzo de su carrera

salió de su casa en busca de la dirección de un auditorio de música al que

tenía que acudir para ensayar.

 

Como se había perdido, se le ocurrió entrar a un bar cercano y

preguntarle a un hombre que allí estaba tomando un vaso de vino.

 

-“Deprisa, ¿me puede decir dónde está el auditorio de música?”

 

-“Tómate una copita y te acompaño” –le dijo el hombre.

 

-“No tengo tiempo, no tengo tiempo “-respondió Jordi.

 

-“¡Cómo!, ¿yo tengo tiempo para ti y tú no tienes tiempo para mí? ¿Es que tú

tiempo es más importante que mi tiempo?”

 

*Me gustaría saber cuál fue la reacción de Jordi Savall al hombre que se prestó

a acompañarle, si quedó con él o no tomando algo en el bar. No nos lo aclara.

Sólo comenta que ésta es una de las lecciones más importantes de la vida:

Aprender a valorar las cosas realmente en el momento.

 

Vamos con prisas a todas partes como si nos fuera la vida en ello, como si fuera imprescindible lo que tenemos que hacer, como si tuviéramos que cumplir constantemente con un elevado nivel de exigencia en nuestra vida.

Pero, muchas veces, esa exigencia nos la imponemos a nosotros mismos. Puede que en la empresa nos exijan cada vez más pero somos nosotros los que respondemos a esa demanda y no ponemos límites a lo que es una escalada de mayor presión y estrés.

¿Adónde vas con prisas? ¿Adónde con estrés? ¿Que tus compañeros se amoldan a la situación y tú sientes que no puedes ser menos? Pero, un día y otro, trabajar así te pasa factura, vives con nervios y tensión y ésta acaba afectando a tu vida diaria.

En otras ocasiones, el excesivo perfeccionismo y control que tienes te hace ser exigente contigo mismo. Te gusta hacer las cosas bien, pero cuando la vida te pone en una situación que tú no puedes controlar –un cambio de horario, un atasco en la calle, perderte en el camino- te desorientas como si hubieras perdido el norte y no supieras qué hacer.

Intenta vivir lo que se te presente en el momento, intenta vivir el AQUÍ Y AHORA, porque vivir el momento presente es mucho más importante que llegar con prisas a donde se supone que tenías que ir. Vivir el ahora te puede ayudar a disfrutar de ese vaso de vino con un desconocido, un momento en el que parece que el reloj se para y puedes vivir sin más pretensión que estar con lo que hay.

Cuando te ves obligado a parar porque no te queda más remedio te das cuenta que no se acaba el mundo porque no hayas llegado a la hora y que incluso seguir haciendo las cosas a un ritmo más lento te da… mayor calidad de vida.

 

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Vivir desde lo positivo
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Belén Casado Mendiluce | 25-02-2015 | 09:59| 2

 

Sin duda, hay personas que tienen una especial facilidad para ver el lado bueno de las situaciones, para no enquistarse en las circunstancias adversas y para mantener un estado de ánimo tranquilo y positivo. Pero todos podemos mejorar nuestra actitud frente a la adversidad.

Ser positivo en la vida es una ACTITUD, no una mera estrategia mental para “cambiar el chip” y ver blanco donde sentimos negro. Las actitudes permanecen en nosotros integrándose en nuestra manera de ser, mientras que las estrategias son meras herramientas que se usan o no en función de las circunstancias.

Si tienes una situación laboral estresante, si sufres una mala relación de pareja o estás pasando por un momento difícil en tu vida, ¿qué puedes hacer para ser más positivo? Veamos unas breves indicaciones.

-Ser más positivo no te evita sufrir por lo que te duele.

Si estás trabajando un día y otro bajo presión y con estrés, no pretendas vivir de manera más positiva lo que es imposible de vivir con tranquilidad porque el trabajo que tienes es de por sí estresante, y estresaría a cualquiera.

Necesitas darte cuenta de cómo sufres por esta situación, sentir el agobio en el cuerpo aunque no sea agradable de experimentar, para tomar conciencia de qué es lo que está en tu mano para cambiar la situación, si es posible, o por el contrario, tienes que salir del trabajo para mejorar tu salud física y psicológica.

-Sé positivo cuando “el cuerpo te lo pida”

No se trata de mandarte mensajes positivos cuando estás rabioso por un desplante o triste por una pérdida. Deja que pase un tiempo para que te calmes y, desde la tranquilidad, mira lo positivo que tiene la situación que estás viviendo. Pero los mensajes positivos tienen que ser sentidos, creer en ellos y servirte a ti para sentirte mejor contigo misma.

Si te acaba de dejar tu pareja, después de dejar pasar un tiempo para elaborar el duelo, dite que gracias a que estás sin pareja puedes volver a cultivar tus amistades o que ya no tienes que vivir en tensión por las continuas discusiones en la convivencia. Lo positivo que te digas te lo tienes que creer y te tiene que ayudar a remontar el momento que estás viviendo.

-Y, sobre todo, no pretendas estar siempre bien

Aunque te mandes pensamientos positivos, es normal que, en ocasiones  tengas recaídas, no significa que estés haciendo mal las cosas. Puede que, aunque vuelvas a salir con amigos, alguna vez te sientas triste por la pareja perdida o te pueda el sentimiento de soledad cuando no tengas planes. No siempre se puede pretender no tener ningún “bajón” y estar alegre y feliz.

Ser positivo no significa que “corras un tupido velo” sobre las experiencias desagradables de tu vida, como si fuera algo que te quitas de encima y ya está. Todo lo que te ocurra tienes que vivirlo y sólo vivirás con una actitud positiva en la vida cuando aprendas de todo lo que vivas.

 

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Cuando cambia la vivencia mejora la convivencia
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Belén Casado Mendiluce | 18-02-2015 | 09:56| 5

 

Siempre he pensado que, supuesta una afinidad entre dos personas que conviven juntas, hace falta estar bien con uno mismo para que la convivencia funcione. La relación es cosa de dos, por supuesto, pero nadie puede hacer lo que es trabajo tuyo personal: mejorar tu propia vivencia.

Nadie, por muy bien que te lleves con él, puede hacer que tengas buena autoestima, que reacciones ante las dificultades sin ponerte airado o que tengas una actitud positiva ante la vida. Depende de ti como quieras ser y depende de ti tener la motivación para mejorar como persona.

De la misma forma que sabes que nadie puede resolverte la vida, tampoco nadie puede eliminar los miedos e inseguridades que sientas más que tú mismo. Todos conocemos casos de personas que, aun teniendo al lado familiares que les apoyaban, no cambiaban comportamientos destructivos que tenían y seguían complicándose la vida y…haciendo sufrir a los demás.

Y cuando te preocupas por estar bien contigo mismo, la convivencia en seguida mejora porque tu actitud repercute de manera inmediata en la otra persona, aunque no hayas hablado con ella. Si pones de tu parte, por ejemplo, para no traer las preocupaciones del trabajo a casa porque te sientes estresado, tu relación familiar mejorará inevitablemente.

Pero tienes que ser sincero contigo mismo y actuar movido por lo que necesites para ti mismo no para los demás, para complacerles o agradarles; eso no es una actitud egoísta sino una necesidad básica como comer y dormir. Puede que tu pareja quiera que paséis más tiempo con sus padres pero tú necesites ese tiempo para estar a solas contigo mismo.

Siempre me acuerdo de aquella persona que, sufriendo una situación de maltrato por su pareja, quería vivir las cosas con más paz e incluso se apuntó a cursos de yoga para aprender a estar más relajada en casa…donde era imposible estarlo. Por eso, a veces, lo que uno necesita, no es siempre adaptarse a la situación.

Presta atención a tus miedos, escúchalos como quien escucha a un amigo que tiene algo que contarte, ellos te pueden decir a qué necesidades que sientes no haces caso por miedo a…que algo cambie en tu vida. Y piensa una cosa, las necesidades que ahora no hagas caso, no desaparecen, salen una y otra vez…llamándote a la puerta para que les hagas caso.

 

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Cuentos de Invierno. ¿Buena o mala suerte?
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Belén Casado Mendiluce | 11-02-2015 | 09:50| 6

 

Marta se lamentaba de su mala suerte. En el trabajo llevaba esperando desde

hacía tiempo que le ascendieran y le reconocieran su valía profesional, que

para ello se había quedado bastantes días trabajando hasta tarde pero, al final,

no habían contado con ella para el nuevo puesto a cubrir.

 

“¿Todo mi esfuerzo para qué?” se decía ella.  Se sentía desmotivada y sin

ilusión para ir cada día al trabajo. “Soy un número para mi empresa”, se dijo.

Así que decidió que ya no iba a meter más horas extras y que, a partir de

ahora, intentaría hacer sus 8 horas reglamentarias y se marcharía a casa.

 

Marta se empezó a encontrar con más tiempo libre y se dio cuenta,

por primera vez, de cómo su trabajo diario había absorbido también su tiempo

libre, porque para cuando llegaba a casa estaba tan cansada que no

se encontraba con ganas de nada más que de cenar viendo la tele y meterse a

la cama.

 

Al ir pasando las semanas, Marta se sintió con ganas de apuntarse a aquel

curso de Fotografía que siempre había deseado. Dos días a la semana

disfrutaba relacionándose con gente con la misma afición que ella e

incluso se formó un grupo que salía los fines de semana a sacar fotos en

escapadas al monte.

 

Hacía tanto tiempo que no se sentía tan bien que ya había olvidado esa

sensación. Gracias a que no le habían cogido en ese puesto de trabajo que

tanto deseaba, había retomado su vida y había vuelto a descubrir el placer de

la amistad que había relegado a un segundo plano.

 

“¿Mala suerte”? Sonriendo, se dijo que ya sabía lo que responderse. No haber

ascendido en el trabajo era lo mejor que le podía haber pasado.

Autora: Belén Casado Mendiluce

 

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No hagas como si no pasara nada
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Belén Casado Mendiluce | 04-02-2015 | 09:32| 4

 

Tus sentimientos son importantes. Son como una llamada a tu puerta, insistente, reclamando tu atención para que les hagas caso. Tus sentimientos están ahí porque necesitan decirte algo importante para ti. Escúchalos.

Puede que intentes distraerte haciendo otras cosas para, inconscientemente, desviar tu atención de lo que puede ser un sentimiento incómodo de rabia, tristeza o dolor. Pero no por mirar hacia otro lado, tu sentimiento va a desaparecer. Sigue ahí, esperando la ocasión para hacer notar su presencia.

Tus sentimientos no están en ti para fastidiarte ni hacerte la vida imposible, sino para que los reposes y los dejes sentir y así te puedas liberar de ellos. Si sigues teniendo un sentimiento que te incomoda, párate y déjalo sentir para que esa energía fluya dentro de ti y te lleve a reaccionar.

Tus sentimientos necesitan que tú actúes, no sólo que te quejes y digas lo que piensas. Porque ¿de qué sirve seguir quejándose si las cosas que te duelen no cambian? ¿No sería mejor que cambiaras de actitud y así tuvieras en cuenta lo que necesitas?

Puede que una amiga no cuide la relación como antes y tú, a pesar de todo, quedes con ella con naturalidad, ya que te agrada su compañía. Te crees que has aprendido a aceptar lo que te dan sin más exigencias. Pero conforme van pasando los días te quedas mal, sigues teniendo un sentimiento de rabia hacia tu amiga por no cuidar la amistad. Tu sentimiento de rabia te pide que le hagas caso, que cambies de actitud con tu amiga ya que aceptar lo que ella te da no te es suficiente, ya que estar con ella como si no pasara nada va en contra de tus sentimientos.

¿Qué hacer? ¿Cómo puedes cambiar de actitud? Cada situación requiere una respuesta distinta pero, desde luego, no hagas como si no pasara nada. Sobre todo, por ti, porque poner buena cara, quitar hierro al asunto, te va a dejar enfadado contigo mismo porque no has tenido en cuenta tu malestar y éste va a seguir ahí presente hasta que tomes cartas en el asunto.

Eso sí, cambiar de actitud te expone a que haya una cierta ruptura. Que tu amiga ya no quiera quedar contigo porque tú le pidas más de lo que te quiera dar pero es que, además, tú ya no estás relajada con ella. Que tu pareja quiera hacer su propia vida porque tú no accedes a pasar por el aro de sus planes.

De cualquier forma, actúes como actúes, sentirás que haces caso a tus sentimientos, y estos se diluirán sin molestarte más porque estás siendo consecuente entre lo que sientes y cómo actúas. Sentirás una liberación y te sentirás en paz porque, por fin, habrás sido honesto contigo mismo.

 

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Los hijos se van pero no se pierden
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Belén Casado Mendiluce | 27-01-2015 | 09:42| 4

 

Qué verdad es que una cosa es la teoría y otra la práctica. Qué distinto es saber algo “intelectualmente”, de cabeza, a saberlo de manera sentida, porque se ha experimentado “en carne propia”.

Como madre que soy, sabía que es ley de vida que los hijos se independicen y hagan su vida, pero cuando te acostumbras a convivir con los hijos, cuesta amoldarse a esa nueva situación de “nido vacío”, parece que te pilla como a desmano y de improvisto, sin la suficiente preparación para enfrentarte al cambio, y no sabes cómo manejarte.

Pero me he dado cuenta que cada persona tiene que buscar su camino en la vida, vivir de la manera que sienta que encaja con su forma de ser y eso requiere romper, sin duda alguna, con ese espacio común en el que se convivía con los padres.

Buscar el propio camino en la vida no es tarea fácil y mucho de ese camino se va haciendo sobre la marcha pero…hay que echarse a andar. Tomar decisiones sobre si quieres o no compartir tu vida con alguien, de qué manera vas a hacer frente a tus necesidades económicas para vivir, qué tipo de vida es la que te gustaría llevar. Son preguntas que, consciente o inconscientemente, todos nos hacemos.

Por eso, aunque me cuesten las despedidas, decir adiós a mi hija en el autobús, me alegro que vaya haciendo su propia vida, y que se vaya encontrando a sí misma mientras lo hace. Porque uno no sabe quién es hasta que toma sus propias decisiones.

No te entristezcas porque tus hijos se marchen de casa, alégrate que puedan, poco a poco, ser protagonistas de su propia historia, y ayúdales a que se sientan bien en las decisiones que tomen aunque no sean las que tomarías tú, ya rectificarán si su sentimiento se lo hace ver.

Estate cerca para escucharles, para propiciar momentos de encuentro, sin imponer nada que no se dé de manera natural. Es mejor estar ahí para cuando ellos nos necesiten que el que sientan nuestra presencia de manera asfixiante. Y si no sabes en qué momento estar cerca o no de ellos, simplemente, pregúntalo.

Los hijos se marchan pero no se pierden. Acaso nos volvemos a encontrar padres e hijos de manera más cercana y auténtica cuando los hijos pueden vivir su propia vida y alcanzar sus sueños…ayúdales a perseguirlos.

 

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*Mañana, Miércoles 28, a la 19:00, impartiré en la Casa de las Mujeres de San Sebastián (calle Oquendo, 9) la Conferencia sobre el “Maltrato psicológico en la pareja”. Estáis todos invitados.

 

 

 

 

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Como la vida misma. Quéjate y no aguantes
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Belén Casado Mendiluce | 21-01-2015 | 09:56| 3

 

Ana llevaba tiempo sintiéndose tensa y sin saber cómo reaccionar. Estaba a gusto con su pareja, sabía que la convivencia entre ellos resultaba agradable y tranquila, pero él tenía un punto que a Ana le llevaba los demonios, y no lo podía evitar.

A Jorge le daba, a veces, por hacerse el gracioso, sacar una voz de “teleñeco” cuando se levantaban de la cama o estaban cariñosos entre ellos, una vocecita aflautada que a Ana no le hacía ninguna gracia.

Ana sabía que eso no era algo importante en la relación, problemas mayores existen, se decía, pero no podía evitar sentir rechazo hacia Jorge cuando le oía hablar de esa manera infantil. Por más que lo intentaba, Ana no podía cambiar el “chip” para que no le importara la dichosa voz. Incluso empezó a pensar si no sería que se estaba desenamorando de Jorge.

No quería llamarle la atención a Jorge sobre su papel de payaso, porque le parecía que se estaba convirtiendo en una intolerante que daba importancia a tonterías, pero conforme pasaba el tiempo, Ana tenía la sensación de que aguantaba un día sí y otro también.

Así que un día ocurrió lo que tenía que ocurrir. Jorge se despertó por la mañana y se dirigió a Ana con su vocecita de costumbre, y esta reaccionó automáticamente, de malas maneras: -“¡Deja ya de hablarme como un teleñeco, no lo soporto!”

A Jorge la reacción de Ana le sentó muy mal, lógicamente. Le pareció que Ana pretendía hacerle cambiar de forma de ser cuando, en realidad,  no le estaba tratando de mala manera a ella.

Tuvieron una fuerte discusión, con reproches mutuos, en la que se dijeron cosas que no sentían porque los dos estaban fuera de sí. Tanto uno como otro eran personas muy sensibles al rechazo que no llevaban bien los enfrentamientos.

Ana se había quedado con mal cuerpo. No quería que Jorge cambiara sólo porque a ella le molestara su forma de ser. Y no quería que se acabaran convirtiendo en esas parejas que se reprochaban cosas constantemente.

No sabía cómo actuar. Así que se puso a escribir en su diario para desahogarse  y dejarse llevar por las palabras que fueran surgiendo sobre el papel; sabía que, otras veces, escribir en su diario le había ayudado a darse cuenta de algo que le había hecho sentirse mejor.

Ahí estaba. Ahora lo veía. Después de escribir en el diario se había dado cuenta de que ella sentía que aguantaba… y mucho, y que eso no era bueno para ella ni para la relación. No quería quejarse, no quería molestar, no quería resultar intolerante…pero estaba tapando un malestar que sentía.

Así que le dijo a Jorge que, de la misma manera, que él tenía derecho a sacar la voz de “teleñeco” si le apetecía, ella también tenía derecho a decirle cómo se sentía, que no le apetecía que en ese momento le hablase así. Ana quería sentirse con la libertad de decirle a Jorge lo que sentía y no aguantar por miedo a molestar.

Desde entonces, las cosas entre ellos han cambiado. Ana se siente más suelta y libre para decirle a Jorge lo que necesita, que en un momento dado prefiere no escuchar esa voz y Jorge, con el tiempo, va sacando menos la voz de “teleñeco”…porque, por sí mismo, lo prefiere así.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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