Diario Vasco

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La cabeza nunca será la solución
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Belén Casado Mendiluce | 17-09-2014 | 08:03| 0

 

Leo habitualmente libros y artículos sobre psicología porque reconozco que tengo deformación profesional. Si cae alguna novela en mis manos, quiero que ésta haga un análisis psicológico de los personajes; si no, me acabo aburriendo y el libro se me escurre de las manos.

Me sigo sorprendiendo cuando observo cómo se sigue dando importancia, desde los foros intelectuales de la psicología, al pensamiento y a las imágenes positivas en la propia vida.

Y no es que no la tengan, que ya sabemos que ser negativos de pensamiento y de palabra conforma una actitud ante la vida de la que luego resulta difícil escapar. Nuestros esquemas mentales acaban configurando una manera de estar y ser en el mundo que se convierten en nuestra personalidad.

Pero es que no me puedo callar. No entiendo que lo que a mí me resulta tan obvio- y no porque recurra a estudios científicos que lo demuestren, que tampoco los hay – no se muestre con esa misma claridad ante los ojos de los demás.

Ya me perdonareis la retórica que ahora entro en materia. Se nos remarca la importancia de cultivar en nuestra mente pensamientos e ideas positivas que contrarresten la fuerza de la negatividad que nuestra cabeza se empeña en mantener. Si ponemos, según nos dicen, energía y fuerza de voluntad en el empeño de cambiar nuestra manera de pensar, nuestra vida se verá enriquecida y mejorará nuestra autoestima.

Pero veamos, si es la mente el origen de nuestro problema y malestar, porque en ella se generan los miedos, las inseguridades y las depresiones, por citar algunos efectos de la negatividad mental, ¿cómo pretendemos que sea la propia mente la que nos saque del atolladero? ¿Cómo, por el mero arte del control mental, vamos a encontrar en ella la solución a nuestras angustias?

Si quieres que tu mente funcione de otra manera, hay que ir a otro nivel, al nivel donde no utilices tanto las palabras, las imágenes y los pensamientos para funcionar en tu vida diaria. Si es mi cabeza la que está enferma con su negatividad,  tendré que buscar ayuda en otra parte de mi cuerpo que se mantenga más entera y sana: en mis tripas.

Vivir desde las tripas no significa vivir desde la visceralidad y la impulsividad, no. Significa vivir desde el sentir, no tanto desde el pensar y el llevarlo todo a la razón. Sentir, se siente en el cuerpo, porque uno llora, tiene miedo y se queda bloqueado desde el cuerpo, porque se ve, se nota y se palpa físicamente.

Y cuando uno empieza a hacer más caso a lo que siente, la negatividad empieza a ceder su protagonismo a los sentimientos y comienzas, simplemente, a vivir lo que surge cada día en ti, porque esa es la única realidad de tu presente, y no lo que tu pensamiento o fantasía pretende hacerte creer.

Puedes sentir el miedo que te invade, que por supuesto no es agradable de experimentar, pero no te generas más sufrimiento con tus pensamientos acerca de que deberías ser más fuerte de lo que muestras. Este es el comienzo del cambio y la verdadera solución a nuestra negatividad mental. SENTIR.

Pero esto no es un camino de rosas. Tendrás que vivenciar todo aquello que sientas en el cuerpo ( alegría, miedo, tristeza…) porque es la única manera de traspasar esos sentimientos e iniciar el lento y pausado camino de la liberación interior. No hay atajos ni se puede acelerar lo que el ritmo de tu cuerpo impone.

Y entonces, vas descubriendo que vivenciando tus sentimientos empiezas a ser menos esclavo de la negatividad mental, que eres consciente de cómo eres y no tanto de cómo te gustaría ser, que puedes seguir afrontando tu vida aunque sientas miedo y que necesitas menos fuerza de voluntad para convertirte en alguien… que se siente a gusto en su propia piel.

 

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¿Enfermedad mental o negocio farmacéutico?
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Belén Casado Mendiluce | 10-09-2014 | 08:05| 7

 

La denuncia de Allen Frances, psiquiatra y catedrático de la Universidad de Durhan, cuestionando el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), la “biblia de la psiquiatría mundial”, merece una reflexión meditada y atenta.

Las empresas farmacéuticas buscan hacer sus negocios a costa de la salud de los ciudadanos. Poco importa si puede ser más efectiva una psicoterapia a largo plazo en el tratamiento de la dolencia, como hacerle dependiente al enfermo de unos psicofármacos que no irán a la raíz de su enfermedad.

Desconfío de las etiquetas psiquiátricas. Después de las declaraciones antes de morir de Leon Eisenberg, el psiquiatra que “descubrió” el TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad), según las cuales “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”, poco hay que decir.

Lo que podría ser, por ejemplo, una etapa necesaria de duelo después de la pérdida de un ser querido, que requiera del apoyo de un psicólogo que le reconforte y ayude a superar, se convierte en manos de un psiquiatra, en un “trastorno depresivo” que exija ansiolíticos y antidepresivos para… anestesiar al paciente.

No todas las etapas inevitables de sufrimiento en la vida de una persona tienen que considerarse una enfermedad mental. Son momentos que hay que vivir, con ayuda profesional de quien te tiende la mano, y que no se solucionan tomando pastillas que te eviten el sentir.

Puntualmente, no estoy en contra de tomar medicación cuando haga falta, pero acabar dependiendo de ella es una manera de no tomar conciencia de lo que me ocurre, ir sólo a los molestos síntomas que se pretender eliminar sin abordar los inevitables reajustes que el paciente tiene que hacer en su vida.

La enfermedad mental se ha convertido en un cajón de sastre en el que echamos todo aquello que no entendemos ni sabemos cómo tratar. Y por esa falla entra la industria farmacéutica para aprovecharse de un mercado en expansión –del cada vez mayor número de pacientes- y que aporta enorme beneficios económicos.

Me he encontrado en mi trayectoria profesional con personas diagnosticadas con alguna etiqueta psiquiátrica. He podido constatar una gran sensibilidad en ellas que no les ha impedido mejorar su autoestima y tener una mejor calidad de vida. Tratarlas ha sido un orgullo para mí.

 

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Impresiones al amanecer
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Belén Casado Mendiluce | 03-09-2014 | 07:14| 4

 

¡Cómo cambia mi estado de ánimo! Un mañana me levanto alegre y siento que todo va a ir bien durante el día y si, acaso,  surge algún revés me siento con energía para afrontarlo. Pero a la mañana siguiente puedo levantarme taciturna y seria, como si comenzar el día fuera una tarea pesada.

Me doy cuenta de que no puedo evitar sentirme como me siento. Me gustaría que todos los días fueran una inyección de energía positiva en mi cuerpo, que mi cara estuviera distendida y sonriente…pero no puede ser.

A base de acostumbrarme a ello, ya me digo al levantarme: hoy toca día mustio u hoy me siento rara y no sé por qué. Prefiero poner palabras a lo que es evidente ante que querer convencerme de lo que no es, que estoy bien y no me pasa nada; pues no, hoy no es uno de esos días.

Me ayuda mucho el poner palabras a lo que siento, es una manera de situarme y saber de qué estoy hablando. Sé que las palabras nunca pueden abarcar toda la realidad, pero me colocan en el sitio más aproximado a donde tengo que estar, no en otro.

Y si hoy no tengo temple, lo digo abiertamente, para que la persona con la que convivo sepa que hoy no estoy para florituras y que no me puede pedir más de lo que hoy puedo dar. A lo largo del día me suele preguntar: “¿Cómo estás?” Y yo le respondo: “Como puedo”.

En ocasiones, siento rabia por estar a merced de sentimientos tan cambiantes, como si fuera un signo de debilidad o inestabilidad el no sentirse cada día alegre y contento. Pero me doy cuenta de que no es así, que la inestabilidad viene de no aceptar como estoy hoy, que puedo estar medianamente bien conmigo misma aunque no esté todo lo simpática y alegre que me gustaría, qué le voy a hacer.

¡Cuántas veces me tengo que recordar!: “Belén, déjate en paz…haces lo que puedes” Un sonsonete que me ayuda a no forzarme a agradar más de lo que me apetece y a valorar lo que esté haciendo aunque no esté al nivel de lo que espero de mí.

La verdad es que no es agradable pasar el día de “bajón”, pero si me permito estar como puedo, el ánimo se va asentando, como si encontrara un apoyo en mi interior que está más allá de los vaivenes. Me alegra sentir que existe ese lugar dentro de mí en el que …yo no soy sólo lo que siento.

 

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¿Tienes que soltar alguna ilusión?
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Belén Casado Mendiluce | 29-08-2014 | 07:17| 2

 

En la vida no salen las cosas como uno proyectaba en el futuro: puede que no  tengas el éxito profesional que imaginabas o no formes esa familia que deseabas, o no puedas vivir tu jubilación viajando como te apetecía.

Pocas cosas salen como a uno le hubiera gustado, quizás vas aprendiendo por el camino que es más importante aprender a vivir la vida como va surgiendo en vez de pretender amoldarla a tus expectativas.

Es que no todo lo puedes controlar y dirigir en tu vida. Puedes poner voluntad y esfuerzo para buscar un trabajo con el que ser autónomo, pero te puedes encontrar que los caminos que habías trazado para ti en tu vida se desvían del original sin tú poderlo evitar. Es así.

Puede que tengas que soltar, dejar ir, no sin cierta tristeza, alguno de esos sueños tuyos que ya no se van a cumplir, ilusiones que se van quedando atrás y que creías que te darían la autoestima o el bienestar que necesitabas.

Pero si de algo me he dado cuenta es que sentirse bien con uno mismo no depende tanto de los logros conseguidos en la vida, y que la medida del éxito es mucho más interna que externa, que depende más de nuestra satisfacción interior que de los aplausos de los demás.

Nos han enseñado tanto que “si quieres puedes” que cuando, a pesar del empeño y la fuerza de voluntad que ponemos, no conseguimos lo que nos proponíamos, nos invade entonces el desánimo y el abatimiento.

Pero ese el momento de la oportunidad para nosotros mismos. La oportunidad para sentirnos de otra manera. Porque habiendo soltado las ilusiones que inútilmente has perseguido durante tanto tiempo, puedes ir al verdadero sentido de tu vida, el que no depende de los éxitos exteriores.

En ocasiones, tengo la sensación de que en la primera mitad de mi vida me he podido afanar en alcanzar metas de diferentes tipos: profesionales y personales. Pero que en la segunda mitad de la vida, curiosamente, me toca deshacer parte del camino aprendido.

Cuando he querido ir a más ahora tengo que ir a menos, ir soltando ilusiones y expectativas y, poco a poco, sorprenderme de sentirme más libre frente a todo eso porque  no dependo de ello para vivir. Es un camino lento y que cuesta.

Uno puede desprenderse de mucho más de lo que imagina. Es una experiencia de desapego en la que nos damos cuenta de cuánto estábamos aferrados a lo que nos cuesta soltar, cuánto de nuestra autoestima habíamos puesto ahí. Pero conforme se va yendo… algo bueno se despierta en ti.

 

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No hay mayor fantasma que la propia cabeza
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Belén Casado Mendiluce | 20-08-2014 | 06:59| 4

 

Si tuviéramos que encontrar un sistema eficaz para meternos miedo en el cuerpo e imaginarnos todas las desgracias posibles, no tendríamos que irnos a ver la televisión o a leer historias truculentas; bastaría con dejarse llevar por todas las imágenes mentales que surgen en nuestra cabeza…y acabar creyéndolas, claro.

Tu cabeza se imagina todos los miedos posibles, pero estos están relacionados con tus experiencias vividas y tu historia personal. Si has pasado por una enfermedad grave, tus miedos tendrán que ver con la salud; si has sufrido una dolorosa ruptura de pareja, tendrás miedo a que la historia se repita.

La mente evoca imágenes muy vívidas, casi realistas, diría yo. Pero la mente fabrica esas imágenes para darnos donde duele, en nuestro punto débil, en aquello que se nos ha quedado pendiente de resolver o que nos ha dejado una sensibilidad especial a un tema concreto. ¿Vas a hacer caso a lo que tu cabeza imagina?

No siempre es fácil dejar de pensar o imaginar cosas negativas. La negatividad, en muchas ocasiones, se introduce en nosotros como una especie de “okupa” que se apropia de nuestro espacio y nuestra energía sin nuestro permiso. Pero puedes hacer algo al respecto.

Deja de luchar contra tus fantasmas. Es verdad que pueden ser angustiosas las imágenes que te surgen durante la noche o el día, los pensamientos o las palabras que tu mente evoca como si fueran reales; déjalos pasar como si fuera una película que tu mente te presenta, como vienen se van.

No te resistas a nada de ello pretendiendo hacer como si no existieran esas imágenes, queriendo sacudírtelas de encima lo antes posible. Obsérvalas y sé consciente de lo que pasa por tu mente, pero vuelve a llevar la atención a lo que estés haciendo en este momento: leer un libro, dar un paseo o limpiar la casa…

Frente a la dispersión, ATENCION, esa sería la máxima, y aunque te distraigas mil veces, mil veces vuelve a llevar tu atención a lo que tengas presente. Guía tu mente hacia donde estés atento a lo que haces y puedas estar relajado, ya sea algo físico como hacer deporte, o mental como charlar con alguien.

Los fantasmas de nuestra cabeza nos asustan con toda su negatividad. Pero esos fantasmas se van marchando poco a poco si no empleas energía en luchar contra ellos. Lleva tu atención al aquí y ahora, es lo único real.

 

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¿Para qué sirven las vacaciones?
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Belén Casado Mendiluce | 27-07-2014 | 06:27| 12

 

Menuda pregunta, pensarás, pero la verdad es que no todas las personas se toman el período vacacional de la misma manera.

La respuesta más común es que las vacaciones sirven para descansar del trabajo diario, un tiempo en el que relajarse, disfrutar y olvidarse de las preocupaciones cotidianas.

El caso es que ese tiempo de parón provoca en no pocas personas una sensación de desasosiego e incomodidad porque, por ejemplo, tanto tiempo libre es motivo de mayor roce con la pareja ya que se ven obligados a pasar más tiempo juntos. De hecho, no pocas separaciones se producen después del verano y, otras tantas, después de las Navidades.

¿Cómo te tomas tus vacaciones? ¿Con el objetivo de conocer lugares y hacer actividades de ocio distintas? En ocasiones, te encuentras que has vuelto a casa cansado de no parar de hacer turismo. ¿Por qué no pruebas a parar?

Ya sabes que doy importancia a ralentizar el ritmo de vida, a ir más despacio para poder ser más consciente de lo que te ocurre a ti y a tu alrededor. Y las vacaciones pueden ser una estupenda oportunidad para poner en práctica esa necesidad sentida tuya de ir a otro ritmo.

Pero lo interesante es aprender a parar para luego, de vuelta a la rutina diaria, aplicarlo, en alguna medida, a tu día a día. He aquí algunas indicaciones que te pueden ayudar.

-Haz una cosa cada vez, llevando tu atención a ello, sin pensar en la siguiente actividad que vas a hacer.

-Toma conciencia de que para disfrutar de tus vacaciones no tienes que seguir teniendo el tiempo ocupado. Túmbate en la hierba, échate la siesta, observa en silencio la gente pasar…

 -Habla con las personas cercanas de cómo te sientes, de tus dudas, tus deseos y de lo que para ti es importante. Da valor a tus sentimientos.

-Intenta vivir el presente, tu día a día, como mejor puedas, sin nostalgias del pasado ni planificaciones para el futuro. Tu mente te lo agradecerá.

 Para finalizar, un aviso para caminantes: cuando uno va viviendo con más lentitud, te puedes ir dando cuenta de cosas que tu ritmo frenético te impedía ver: que no te gustan determinados aspectos de tu vida o de las personas con las que te relacionas… así que estate abierto a la posibilidad de que se produzcan cambios en tu vida.

 

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*Con motivo de las vacaciones de verano, nos volveremos a encontrar el 20 de Agosto. Que descanséis y disfrutéis.

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Acepta lo que cada persona te puede dar
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Belén Casado Mendiluce | 16-07-2014 | 05:37| 12

 

A veces te resistes a relacionarte con personas que han cambiado en su forma de ser. Ya no quedan contigo con la frecuencia de antaño, y si quedan vienen con la familia al completo en vez de quedar él y tú a solas como te gustaría.

Siempre planteo la misma disyuntiva: si te compensa mantener la relación que hay o prefieres tirarla por la borda, así de sencillo. “Para lo poco que me aporta…”, me dirás. Puede ser pero, en el fondo, prefieres mantener el contacto con esa persona que desparecer de su vida.

“¿Y si le digo que por qué no quedamos a solas en vez de que venga con su mujer?” Si ya sabes que tu amigo no es una persona que vaya a entender lo que le propones y se puede molestar hacia ti por lo que malinterprete como un rechazo hacia su pareja, yo no le diría nada.

Lo que no nos damos cuenta por nosotros mismos porque no estamos abiertos a ello, difícilmente va a provocar en nosotros un despertar porque nos lo digan los demás, así que mejor dejarlo estar; como digo yo, deja a cada uno en paz.

Y resulta que cuando, por fin, quedas con él, te sientes a gusto porque sigue habiendo una corriente afectiva entre vosotros. Te has dado cuenta de que, estando lo más relajado posible, no mantienes ninguna expectativa de cómo tendría que ser el encuentro y te permites disfrutar de lo que hay, aunque sea poco.

Para mí, ese es un punto importante. Estar lo más relajado posible. Para que mientras estés con él no estés pensando en cómo tendría que ser tu amigo sino en lo positivo que te aporta el estar con él.

El segundo punto clave es que esa persona no te falte al respeto ni te sientas incómodo con él. De manera, que si estás relajado y sigue estando presente una corriente afectuosa entre vosotros, mejor mantener lo que hay.

Acepta lo que cada persona te puede dar. Sin analizar por qué no te da más de lo que te da, sin echar la culpa a terceras personas de que tu amigo sea como es (“claro, con la mujer que tiene…”), sin rebelarte e ir refunfuñando al encuentro con él porque tienes que aguantar la chapa de su familia.

Vete tranquilo y con la conciencia de que sigue existiendo entre vosotros un afecto que os une. Seguro que acabas disfrutando más de lo que pensabas.

 

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Intenta ser consciente, la vida irá a tu favor
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Belén Casado Mendiluce | 11-07-2014 | 06:24| 26

 

Soy de la opinión de que todo está interrelacionado, que lo que hacemos genera una corriente de energía a nuestro alrededor y acaba afectando a lo que nos rodea. Creo poco en las casualidades y mucho en que todo está interconectado.

Eso significa que, por ejemplo, si nuestra actitud ante la vida es de no querer enfrentarnos a los problemas, estos se nos presentarán de forma más evidente. Si ponemos de nuestra parte para vivir sin excesivo gasto, las circunstancias se pondrán a nuestro favor para no gastar más de lo que podamos.

Intenta vivir lo más conscientemente posible, de manera que afrontes como mejor puedas tu día a día. No se trata de que seas exigente ni perfeccionista contigo mismo sino de que pongas de tu parte para vivir el presente lo más atentamente posible, dentro de lo que puedas en el día de hoy.

Puede que hoy no te encuentres bien físicamente y no puedas hacer tu trabajo tan bien como te gustaría; no importa, lo que lo salva es tu actitud de intentar estar ahí como mejor puedas… hasta donde puedas. Puede que otro día te sientas estresado y tu bloqueo te impida ver más allá. Si eres consciente de que, aunque te salgan mal las cosas, quieres sinceramente hacerlo lo mejor que puedes, esa actitud salva la situación.

Y entonces la vida empieza a funcionar a tu favor, no en tu contra. Si quieres vivir teniendo menos cosas, te sorprenderás de que se te presenten situaciones de vida que te demuestran que puedes vivir con más sencillez. Si quieres vivir con otro ritmo y otra tranquilidad, empezarás a tener algo de tiempo para ti.

Sí, me dirás, todas esas circunstancias me las he buscado yo. Con tu actitud estás abierto a que sucedan, sí, pero la vida, con lo que tiene de continuo cambio que no puedes controlar, también se pone de tu parte y a tu favor.

Y la vida te presenta una nueva relación de amistad gratificante, una oportunidad de acercamiento en la relación con ese hijo del que estabas distanciado, un tiempo de baja laboral en el que puedes descansar.

La vida se pone a tu favor cuando intentas ser sincero y consciente. E, incluso, lo que, aparentemente tomas por negativo, puede que luego lo sientas como una oportunidad que la vida te ha dado para aprender, nunca se sabe.

 

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Disfruta por ser como eres
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Belén Casado Mendiluce | 03-07-2014 | 07:18| 13

 

Deja de fijarte en tus carencias. Tienes la suerte, por ejemplo, de disfrutar de una buena relación de pareja, y te preguntas si, además, tendrías que saber vivir solo, porque sabes que la soledad te agobia y te inquieta, es una asignatura pendiente para ti, como para la mayoría de personas, en verdad.

Pero, de la misma manera que otros encuentran amistades para estar acompañados los fines de semana, tú has podido encontrar una compañera con la que sintonizas. Disfruta de lo que tienes sin sentirte culpable.

Como puede que te sientas culpable por trabajar sin estrés como la mayoría de gente que conoces, a la que no puedes decir que desayunas sin prisas y que aprovechas para dar un paseo al finalizar el día. Parece que te sintieras fuera de este mundo.

Ese sentimiento de culpa y esa exigencia que tienes hacia ti mismo sabes que lo has aprendido de la educación religiosa que recibiste. Una mala-educación en la que se te enseñó a llevar la atención siempre a lo que tienes que mejorar y a no estar nunca contento contigo mismo. A veces, te vuelven los ramalazos de esa vieja sensación de que, en el fondo, eres un ser egoísta que no merece ser querido por ser como eres y por vivir como vives. Esto último que te digo te suena, ¿verdad?

No te exijas ser maduro en todos los aspectos de tu vida. ¿Que te ves más para vivir en pareja que solo?¿Que otros son capaces de irse de viaje en solitario y tú no concibes la idea? ¿Y qué?

En esta vida no se trata de tener que demostrarse nada. Ni que eres autosuficiente e independiente, ni que tienes suficientes amistades con las que contar, ni que no necesitas a nadie para sacarte las castañas. Cada uno vive como puede. De lo que se trata es de valorar tu forma de vida porque te ayuda a sentirte bien contigo mismo y con los demás.

No hay un baremo o una tabla en la que medirse ni en la que compararse con los demás. Sólo estás tú para saber si tu vida te satisface o no. Y siempre, será más importante valorar lo bueno de ti y de tu forma de vida que el estar pendiente de lo que te quede por alcanzar.

 

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*A partir de ahora publicaré el post con flexibilidad: una o dos veces por semana. Prefiero escribir dejando tiempo para reposar los artículos y así vosotros podáis saborear más lo leído y yo escriba para ofreceros algo nuevo e interesante. Gracias a todos por seguir ahí.

 

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Date permiso para descansar…y olvidarte de todo
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Belén Casado Mendiluce | 27-06-2014 | 08:08| 6

 

Sabes que la noche es para dormir, para dar a tu cuerpo el descanso reparador que necesita. Pero te encuentras que, al cerrar los ojos, sigues pensando en tus preocupaciones diarias sin poderlo evitar. Y das vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño y, lo que es peor, sin dejar de dar vueltas a la cabeza.

En teoría, ya sabes que necesitas dormir pero, ¿de verdad sientes que, en ese momento, cuando te metes a la cama, tienes derecho a no pensar en nada, a no intentar buscar soluciones a lo que durante el día te agobia? Eso es harina de otro costal.

Porque, inconscientemente, nos sentimos responsables de lo que dejamos pendiente en el día, de lo que se ha quedado sin resolver y creemos, también inconscientemente, que teniéndolo en mente, pensando en ello, encontraremos algún camino, alguna solución que no habíamos visto antes. Y entonces, te dices, descansaré. En realidad, nada de eso funciona.

La mente funciona mejor cuando se deja de dar vueltas constantemente a las cosas y se piensa sólo cuando hay que resolver los aspectos prácticos y concretos de la vida diaria. Pero pensar para seguir con la negatividad en la cabeza no aporta soluciones, no abre nuevas vías sino que crea bloqueo y confusión.

Date permiso a ti mismo, sí, a meterte en la cama y, al abrigo de tu edredón o tu manta, olvidarte de todo. Dite a ti mismo que tienes derecho a aislarte de todo, apartarte de lo que se ha quedado pendiente y, simplemente, descansar. Pero, cree en ello de verdad, sinceramente.

Hay personas que piensan que dormir es una mera necesidad fisiológica pero que, en el fondo, no tienen derecho a evadirse del mundo y recluirse…en una confortable cama. Date permiso para decir adiós a todo sin que te sientas culpable.

Y además, te voy a dar una ayuda. Túmbate boca arriba en la cama y, con los ojos cerrados, lleva tu atención a tu vientre, a la altura de dos dedos por debajo del ombligo. Respira desde ahí, cogiendo el aire lentamente y dejándolo salir despacio para volver a descansar en el vientre. La respiración tranquila es muy beneficiosa para el cuerpo y te ayuda a relajarte.

Y si te despiertas con una nueva preocupación, vuelve a la respiración desde el vientre y a tomar conciencia de que estás en tu espacio, protegido y arropado, de que tienes derecho a no preocuparte por nada ni nadie. Mañana tu mente se encontrará más descansada y lúcida para afrontar el día.

 

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Sobre el autor
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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