Diario Vasco

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Cuentos de Primavera. La enfermedad de los animales
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Belén Casado Mendiluce | 22-04-2016 | 08:16| 2

 

En el  bosque reinaba un silencio inusual. Los animales no se sentían con ganas de relacionarse entre ellos, ni siquiera de buscar su alimento diario; simplemente, se quedaban en sus madrigueras a esperar que pasara el día.

El señor búho que desde lo alto contemplaba lo extraño de la situación decidió tomar cartas en el asunto y convocar a todos los animales a una reunión en el claro del bosque.

Cuando llegó el día señalado del encuentro, el señor búho, apoyado en lo alto de la rama del árbol, tomó la palabra y dijo:

-“Os he reunido aquí porque os pasa algo que no consigo entender. Estáis aislados cada uno en su madriguera y os estáis abandonando hasta para comer. ¿Qué os pasa?”

Ante el silencio de todos los animales, se adelantó la ardilla que dijo:

-“Estamos deprimidos, señor búho. Entre nosotros ha corrido la voz de que todos tenemos que morir, y estamos con tanto miedo que preferimos quedarnos escondidos en nuestras madrigueras”.

El señor búho se quedó en silencio dejando sentir las palabras de la joven ardilla. Nunca antes se había planteado esta situación en el bosque y no sabía muy bien cómo tenía que actuar para ayudar a sus amigos. Al cabo de un tiempo, dijo:

-“Es verdad que todos moriremos algún día, pero, ¿por qué os preocupa ahora eso cuando ni siquiera antes pensabais en ello?”

-“Alguno de nosotros pensó que podíamos hacer como los humanos, que se consideran superiores a nosotros por su capacidad de pensar, y que debíamos reflexionar sobre el sentido de la vida. De ahí llegamos a pensar en la muerte, y todos los animales nos quedamos muertos de miedo”-dijo la ardilla.

El señor búho se sonrió para sí, bajó volando hacia el centro del claro y dijo:

-“Vosotros antes no conocías el miedo más que por mera supervivencia. Ahora tenéis miedo de existir y el miedo no os hace más sabios, como los hombres, sino más enfermos. Dejad de pensar, y volveréis a recuperar la salud física y de cabeza. Vivid simplemente y dejaréis el miedo a un lado.”

Los animales respiraron aliviados. Ahora podrían volver a ser como siempre habían sido. Ahora podrían vivir no pensando sino VIVIENDO.

 

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Cómo identificar una relación tóxica
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Belén Casado Mendiluce | 15-04-2016 | 06:48| 9

 

Si quieres saber si estás embarcada en una relación dependiente y destructiva, presta atención a los siguientes indicadores. Me voy a circunscribir a la relación de pareja tóxica de la cual resulta más difícil poner distancia.

-Tu autoestima está por los suelos

No te sientes valorada por la otra persona. Esta te hace frecuentes críticas de tu forma de ser, te reprocha lo que haces y lo que dices y no parece que puedas hacer nada por contentar al otro aunque te esfuerces, erróneamente, por cambiar.

Pero, cuidado,  tu pareja puede que te diga que eres la mujer de su vida y tiene detalles positivos hacia ti que te hacen dudar de si percibes correctamente las cosas. Simplemente, te da “una de cal y otra de arena”, ya que sabe darte la dosis justa de afecto y atención para tenerte contenta. Pero te estás conformando con migajas, tenlo presente.

-La relación es una fuente constante de tensión o indiferencia

Hay frecuentes discusiones y conflictos. Tú te engañas diciéndote que os decís todo lo que pensáis con libertad, cuando la libertad comienza por tener una relación relajada en la que cada uno pueda mostrarse como es sin miedo a que la otra persona se moleste.

Una relación no siempre es un camino de rosas, pero no puede ser que te acostumbres a convivir con alguien como quien comparte piso o creas que discutir es lo normal entre dos personas que se quieren. Craso error. Lo normal es crecer juntos para que vuestra relación sea una fuente de bienestar, no de amargura.

-Te resulta difícil dejar la relación

Muchas veces te pasan pensamientos por la cabeza de separarte, pero luego te convences de que estás con el mejor de los hombres posibles. Sientes miedo ante la perspectiva de rehacer tu vida sola y te da pánico la reacción que pueda tener tu pareja al respecto.

El problema es que tienes MIEDO en la relación, aunque te cueste reconocerlo. El miedo es el que no te quita la palabra, porque puede que te quejes de cómo te trata tu pareja, pero el que hace que sigas a su lado porque estás paralizada, muerta de miedo. Hablas sí, pero no actúas.

Las relaciones tóxicas no admiten otra salida más que…salir huyendo. No pretendas mejorar la relación ni con palabras…ni con terapia.

 

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Claves para amar de forma sana
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Belén Casado Mendiluce | 09-04-2016 | 06:13| 4

 

No se puede amar de cualquier manera, que ya sabemos cómo hay muchas parejas que se malquieren, conviviendo con indiferencia cuando no con desprecio, así que hay que aprender a querer al otro de forma sana.

El amor, en primer lugar, se tiene en cuenta a uno mismo, sin anularse ni dejarse de lado. No significa que no puedas hacer cosas por agradar al otro, pero no hasta el punto de que sea más importante el otro que tú. Si tú no te tienes suficientemente en cuenta es que no te quieres lo suficiente, y eso es un problema.

Hay que querer al otro siendo uno mismo, conservando la propia personalidad y no forzándose a cambiar de forma de ser para contentar a la otra persona cuando, en realidad, te sientes a gusto en tu propia piel. El amor muestra una aceptación básica del otro, lo valora tal como es y no como le gustaría que fuera, tenlo en cuenta.

La siguiente clave es que entre adultos tiene que existir reciprocidad,  dar y recibir, mientras que creer en el amor incondicional es un gran error. Este último implica querer a alguien haga lo que haga, sin esperar recibir nada a cambio; absurdo, ¿no?, y sin embargo es el mensaje que se sigue enviando desde el amor romántico y desde la cultura religiosa actual.

El amor no todo lo puede; por amar a alguien no vas a conseguir que te trate mejor de como lo hace ni tu pareja va a cambiar de forma de ser si ella misma no toma conciencia de la necesidad de hacerlo. No pretendas que el amor todo lo comprenda, todo lo perdone y no lleve cuentas del mal. Te suena, ¿no?

Por último, el amor implica cuidado y apoyo mutuo. Necesitas sentir que tú eres importante para la otra persona, y eso se demuestra con hechos, no con palabras. Tú sabes en tu interior si te sientes tenida en cuenta cuando hablas, cuidada cuando estás enferma o apoyada cuando te sientes sola. No intentes convencerte con argumentos de que tu pareja te trata bien;  lo sientes o no lo sientes.

Hay personas que se acostumbran a convivir en un ambiente de frecuentes discusiones y tensiones. Eso no es amor, por mucho que nos digamos que cada uno tiene su manera de amar. No se quiere mejor o peor; se quiere o no se quiere, y todo lo demás son vanos razonamientos intelectuales que chocan con lo que te dicen tus tripas: que el otro no tiene la suficiente madurez para amar.

 

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¿Quién se gana el día del padre?
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Belén Casado Mendiluce | 18-03-2016 | 07:32| 1

 

Para llamarse Padre no hay que serlo por derecho biológico sino por reconocimiento de los hijos que te sienten como alguien cercano.

A veces, me pregunto en qué consiste ser padre, tenemos más interiorizado el papel de una madre cercana que el de un padre afectuoso; las más de las veces el padre es una figura ausente por trabajo o que se desvinculó afectivamente de la educación de los hijos.

Siempre he pensado que para ser padres no hay que pretender ser modelo de nada ante nuestros hijos; peores son los ejemplos que les damos cuando queremos convertirnos ante ellos en un modelo a seguir; no se puede falsear la realidad de lo que somos, así que creo que para ser padres lo único que nos queda es educar con el ejemplo.

Y en eso, creo que padre o madre es lo mismo. Porque educamos a los hijos con nuestra particular forma de ser y de vivir. ¿De qué sirve decirles cómo hay que tratar a los amigos cuando tú mismo te desentiendes de ellos? ¿De qué sirve hablarles de cómo relacionarse en pareja cuando la tuya propia hace tiempo que se marchitó?

A tu hij@, lo que le vas a transmitir, sobre todo, es cómo eres tú, tu manera cotidiana de vivir, tu día a día. No pienses en la imagen que de ti te gustaría que tuviera tu hijo, sino en si tú te conoces lo suficiente a ti mismo como para tener la menor de las contradicciones e incoherencias posibles ante él.

¿Que quieres que tu hijo confíe en ti y te cuente sus problemas? Pregúntate si, como padre, eres una persona que habla de sus propios sentimientos con los demás y si eres capaz de no juzgar a las personas que viven de manera diferente a ti. No puedes estar cercano a tu hijo si tú mismo no eres consciente de lo que sientes y vives.

Preocúpate entonces por conocerte a ti mismo como persona, y la labor educativa como padre se dará por sí sola, no te hará falta hacer grandes esfuerzos. Preocúpate por tener un mínimo de autoestima, por ser coherente entre lo que dices y cómo actúas y por querer mejorar como persona para crear a tu alrededor el necesario clima de cariño y confianza.

Las veces que como madre he sentido que he fallado ante mis hijas, no ha sido por no haber estado a la altura de las expectativas que ellas tenían de mí como madre, sino por no haber vivido en mi vida con la suficiente consciencia que necesitaba.

 

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¿Parejas complementadas o compenetradas?
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Belén Casado Mendiluce | 11-03-2016 | 08:06| 2

 

No es lo mismo uno que otro, que oigo hablar de “lo bien que nos complementamos”, como si uno llenase lo que le falta al otro, cuando los dos tienen que valorar las mismas cosas importantes.

Cuando se habla de complementariedad se quiere decir que la otra persona me da lo que yo no tengo o me cuesta expresar: es más sociable que yo y me resulta a su lado más fácil hacer amistades; es más tranquilo que yo y me ayuda a no dar importancia a lo que no lo tiene…

Pero, al final, las diferencias que no se trabajan en cada uno suelen ser más motivo de desunión que de otra cosa. Si no te esfuerzas por contrarrestar tu timidez y ser más comunicativo y sociable con las relaciones de tu pareja, acabarás desmarcándote de sus amistades o tu pareja te reprochará lo rara que eres.

Por tanto, las diferencias en la pareja son para ir mejorándolas si es que se quiere construir un camino juntos. No me refiero a que hay que ser similares en todo, no. Puede que tu pareja cultive la relación con sus padres con más frecuencia que la que tienes tú con los tuyos. Pero respetáis los espacios personales de cada uno y no forzáis a que el otro haga lo que no le sale.

Me refiero a que los espacios que sí compartís como las amistades en común, por ejemplo, tienen que nutrirse de la voluntad común de cultivarlos. No puede ser que salgáis con amigos para que tú tengas un papel pasivo en el que, como tú eres más tímida, te escudes para dejarle a él que sea el que tome el papel protagonista. Esa actitud te acabará pasando factura.

O tú dejes que él sea el que asuma el rol de tranquilo frente a los problemas cuando tú te “subes por las paredes”. Esa diferencia acabará separándoos  si tú no haces un trabajo personal para ser más tranquila cada vez que surge un problema. Las diferencias entre vosotros son, en general, para trabajarlas, no para dejarlas como están. Salvo las que no os repercuten como pareja.

Por tanto, hay que favorecer la actitud de estar compenetrados en pareja. Que valoréis las mismas cosas y, cada uno a su ritmo, ponga de su parte para construir esa misma mirada en común.

Preguntaros: ¿qué es lo que valoráis en pareja?, ¿a qué dais importancia en vuestra relación? Unos dirán: la tranquilidad, el hacer planes con amigos, la comunicación…Se trata de remar juntos en la misma dirección, cada uno con su forma de ser y su ritmo, pero con el mismo interés en lo que nos une.

Mejor estar compenetrados para que nuestras diferencias no nos separen. Mejor valorar lo mismo y ser capaces de actuar para cultivarlo en la relación.

 

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Las adicciones son por soledad
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Belén Casado Mendiluce | 04-03-2016 | 07:54| 12

 

Las adicciones se producen por la falta de conexión emocional con personas significativas. Esa es la conclusión del vídeo sobre adicciones que ha confirmado lo que ya intuía.-os pongo el enlace al final del post- y que quiero compartir con vosotros.

No podemos centramos únicamente en proporcionar curas de desintoxicación a los drogadictos sino que debemos ayudar a esas personas a no sentirse aisladas, incomunicadas y solas. Esa es la verdadera raíz del problema.

Pienso que un gran porcentaje de personas tenemos algún tipo de “enganche” o adicción: a los móviles, a las compras, a la pornografía, a los viajes…la lista podría ser larga. Y muchos de estas adicciones no están socialmente mal vistas quizás porque son compartidas por muchas personas.

Pero no por ello significa que nos encontremos bien con este “enganche”. Las adicciones suponen una merma en nuestra autoestima –aunque al principio pudiera parecer lo contrario- y nos dejan con la sensación de que cada vez somos menos dueños de nosotros mismos.

Necesitamos hablar con personas cara a cara, no sólo virtualmente, necesitamos hablar de cómo nos sentimos, no sólo de lo que hacemos, necesitamos establecer lazos de conexión con personas que nos hagan sentirnos importantes para ellas y que ellas lo sean para nosotros.

Hay que volver a lo sencillo. A llamarse por teléfono, no sólo a escribirse por watsapp, para volver a escuchar la voz de la persona que tanto nos dice de cómo se siente. Necesitamos conocer a gente “cuerpo a cuerpo”, cuando los gestos y las formas de expresarse que sí se ven nos hablan más del otro que lo que queda oculto tras el ordenador.

Lo que nos ayuda a mantenernos fuera de la prisión de las adicciones es mantener relaciones afectivas significativas. No sólo para tener ese grupo de personas con las que vamos de bares el fin de semana sino, sobre todo, para compartir cómo nos sentimos, lo que nos preocupa y lo que necesitamos.

Debemos preguntarnos si seguimos manteniendo relaciones en nuestra vida con personas que no nos aportan nada porque nada comunicamos con ellas, si seguimos conviviendo con parejas que hace tiempo dejaron de importarnos o si nos hemos acostumbrado a estar mal bajo el mismo techo como si esto fuera el menor de los males posibles.

Todo ello es el caldo de cultivo para caer en una adicción. Tu adicción es la expresión de la jaula en la que todavía sigues viviendo.

https://www.youtube.com/watch?v=ao8L-0nSYzg

 

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¿Quién teme a la adolescencia?
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Belén Casado Mendiluce | 26-02-2016 | 10:19| 4

 

Es cierto que esta es una etapa de la vida difícil, pero si comprendemos lo que ocurre en ella, muchos miedos y fantasmas se mitigarán.

La adolescencia, evidentemente, es una etapa de cambios tanto físicos como psicológicos. El adolescente pasa de vivirse en un cuerpo de niñ@ a encontrarse en un cuerpo de adulto, con el inevitable sentimiento de sorpresa que se acompaña. A la vez, se produce un proceso de crisis de identidad en el que el joven lucha por descubrir cuáles son sus gustos, sus preferencias, sus opiniones y sus aversiones.

Es este proceso de búsqueda de identidad el que hay que vivir con la menor de las culpas posibles. ¿Culpa? Sí, porque el adolescente se siente en conflicto interior entre la forma de ser que había mostrado hasta ahora casi de manera inconsciente durante la infancia y la nueva personalidad que pugna por salir.

Los padres tienen que comprender que esta etapa es de rebeldías, enfrentamientos y luchas, y que es normal que sea así cuando el adolescente se está encontrando a sí mismo. Hay que ayudarle al hij@ apoyándole y reafirmándole en aquellas formas de ser que le hacen sentir bien con él mismo.

¿Que el adolescente quiere cambiar de amistades porque no encajan con sus inquietudes? ¿Que comienza a sacar más la rabia cuando antes se conformaba con todo? ¿Que se cuestiona el sentido que tienen las relaciones familiares de compromiso? Ayudémosle a encontrar respuestas que le satisfagan; que le satisfagan a él, no a nosotros.

Soy de la opinión de que el adolescente lleva dentro de sí todas las respuestas que necesita para estar bien consigo mismo, pero esas respuestas las tiene que experimentar, vivir y ponerlas en práctica antes de saber si realmente son las que quiere para él. Pero eso sólo se hace viviendo.

Ya no le vale la teoría, lo que debería hacer o lo que había hecho hasta ahora casi sin cuestionárselo. Necesita sentir la seguridad interna de que lo elige en la vida, incluso con cosas tan sencillas como qué tipo de ropa comprarse, es lo que él realmente quiere para sí.

 La adolescencia es el comienzo del camino para conocerse a sí mismo y es importante saber cómo soy para tener un mínimo de equilibrio interior.  Es el comienzo para que la crisálida se convierta en la maravillosa mariposa…que eche a volar.

 

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¿Quién dijo que tu pareja es tu mejor amigo?
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Belén Casado Mendiluce | 19-02-2016 | 10:13| 5

 

Ya he oído en diferentes foros semejante opinión, y como me “chirría” en las tripas, voy a aportar mi personal grano de arena al tema en cuestión.

En principio, y salvo acuerdos personales e intransferibles, con el amigo uno no se acuesta, cosa que sí se produce en la relación de pareja, -mientras no se diga lo contrario-. Primer punto de diferencia.

Es posible, sí, que uno disfrute de una buena relación de amistad, en el sentido de que la relación fluya sin excesivos conflictos y las dos personas se apoyen mutuamente, pero por eso no diríamos que esa amistad puede convertirse en una relación de pareja. Faltaría algo más.

En la misma línea, existen parejas que en la convivencia diaria forman un “buen equipo”, sobre todo con respecto al trato con los hijos,sus miembros se ayudan y se tienen mutuamente en cuenta,  pero los cónyuges tienen la sensación de que, simplemente, es como si convivieran bajo el mismo techo con un buen amigo, no con una pareja. Triste experiencia.

La pareja tiene que tener un componente de atracción –que no siempre pasión- que marca, inevitablemente, la diferencia. La atracción hacia tu pareja que te hace sentirte con la necesidad de buscar el contacto físico con ella, aunque sea con un simple abrazo mantenido; la atracción que te hace desear estar al lado de esa persona porque, seamos realistas, en la pareja uno no debe acostumbrarse a estar solo.

De manera que sí es posible que haya características de una buena amistad que se den en una relación de pareja, como una buena comunicación y apoyo, pero hace falta una atracción hacia la otra persona que te haga querer estar a su lado, buscar su presencia y sentir que compartir con ella el día a día es de una cualidad diferente que hacerlo sola.

La atracción también implica que tu pareja te aporta algo, te enriquece como persona, eres capaz de crecer al lado de ella. Te puede aportar su manera austera de administrar el dinero o su actitud en la convivencia de no reprochar y valorar a la persona como es. La atracción hacia tu pareja también implica cierta admiración hacia ella.

Siempre digo que vivir en pareja es para compartir la vida y crecer juntos. Y compartir la vida no es sólo repartir las tareas y responsabilidades familiares, que lo puedes hacer con un amigo, sino querer caminar juntos en la vida en una misma dirección. Porque nos sentimos comprometidos, porque nos atraemos mutuamente. Esto es diferente de una amistad, por buena que sea.

 

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¿Cuál es tu “San Benito”?
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Belén Casado Mendiluce | 05-02-2016 | 10:05| 8

 

Desde la infancia hemos interiorizado etiquetas que nuestros padres o amigos nos pusieron: “angelito”, porque el niño no daba problemas en casa; “pobrecita”, porque la niña tenía problemas de salud constantes; “tontita”, porque a la niña le costaba entender las cosas. En fin, la lista sería larga…

Son etiquetas que puede que no se dijeran verbalmente pero que configuraban una actitud en el trato con el/la niñ@. Una actitud, por parte de los padres, condescendiente, de pena hacia la niña con problemas de salud o una actitud de convencimiento de que el niño nunca me dará problemas –ni la madre querrá que se los dé- hacia el niño “Feliciano”.

Esa actitud que el niño percibe inconscientemente va formando, sin embargo, parte de su carácter y conformando su personalidad. El niño se acostumbra a plegarse a los deseos de su madre para tenerle contenta y no darle problemas y la niña acaba sintiendo que tiene que acostumbrase a sufrir porque los problemas de salud son constantes.

El problema es que por las etiquetas se acaba pagando un precio en la vida, precio demasiado alto en general. El niño, cuando se va convirtiendo en adolescente, no se sentirá con libertad para oponerse y enfrentarse a su madre porque como siempre ha sido “tan bueno”…; la niña sobreprotegida por su madre debido a su mala salud, creerá que no tiene derecho a divertirse y disfrutar de la vida…

Y así vamos llegando a la edad adulta en la que, sin querer, seguimos reproduciendo esas etiquetas y comportándonos como los demás esperan de nosotros que lo hagamos. Seguimos siendo dóciles, de buen conformar o, por ejemplo, somos personas que vivimos con resignación el sufrimiento.

¿Cómo liberarnos de las etiquetas? ¿Cómo ser como queremos ser en verdad sin caer en viejos disfraces? En primer lugar, hay que darse cuenta de cómo nosotros mismos mantenemos las etiquetas con nuestro comportamiento. Lo que se forjó en la infancia necesita ahora de nuestra falta de consciencia para que se perpetúe.

Observa si tú mismo reprimes tu rabia y no dices lo que realmente piensas por miedo a no ser “el angelito de la familia”. Si acabas dando pena a los demás y sintiéndote una víctima en la vida porque estás acostumbrada a sufrir problemas. Observa cómo actúas y te dará pistas de dónde estás.

Rompe con el “San Benito” que te colgaron en la infancia pero no esperes recibir la aprobación de los demás, por ello. Ellos se han acostumbrado a conocerte de una manera y es a ti a quien tienes que satisfacerte, no a los demás. Deja de ponerte un disfraz que te impide ser tú.

 

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¿Te has liberado de los recuerdos?
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Belén Casado Mendiluce | 29-01-2016 | 09:57| 9

 

Me han pedido que hable sobre los recuerdos negativos y de cómo estos nos afectan en el presente, así que me pongo al tema con interés.

Todos tenemos experiencias dolorosas de las cuales no nos hemos liberado, que se quedan dentro de nosotros con toda su carga de negatividad. Y cada vez que alguna situación del presente nos recuerda la anterior, se despiertan de nuevo los miedos, las iras y la frustración sentidos.

¿Cómo nos podemos liberar de los recuerdos que nos atenazan todavía? Tiene, en primer lugar, que existir un ejercicio de liberación de la rabia y el dolor acumulados en nuestro interior. Si no contamos con la ayuda de un profesional, podemos hacer un ejercicio sencillo que ayuda a ponernos en contacto nuestra tensión acumulada.

A solas, en tu casa, coge una percha y vete golpeando con ella el colchón a la par que dices en voz alta todo aquello que te surja recordando la situación dolorosa. Pueden ser insultos y descalificaciones, no te frenes en decir lo que te plazca. Conforme repites los golpes irás verbalizando con menos carga lo vivido, aunque puede que necesites repetir varias veces el ejercicio en sucesivos días.

Una vez que te sientas con menos rabia interior, necesitas hacer un ejercicio de perdón. Perdón no sólo hacia la persona que nos hizo daño sino, sobre todo, perdón a nosotros mismos por no haber actuado como nos hubiera gustado.

Ya he comentado en otras ocasiones que el perdón no es algo que se regala a alguien como haciéndole un favor, sino un ejercicio que se hace, sobre todo, para beneficiarnos a nosotros mismos de él, para estar en paz con nosotros mismos y “soltar”, liberarnos de la situación dolorosa. Este paso es imprescindible.

En contra de lo que parezca, suele resultar bastante más difícil y lleva más tiempo el perdonarnos a nosotros mismos que el perdonar a los demás. Puedes ya no tener ninguna relación con la persona que te ofendió pero contigo mismo convives todos los días y necesitas reconciliarte contigo.  

Si te perdonas a ti mismo es porque comprendes que hiciste lo que pudiste con el nivel de consciencia que tenías en ese momento. Te hubiera gustado defenderte mejor o no aguantar tanto como lo hiciste pero no podías, por tus miedos e inseguridades, actuar teniéndote en cuenta como debieras.

Tus recuerdos dolorosos no son más que energía acumulada en tu interior. Saca la rabia, verbaliza lo que sientes y perdónate a ti mismo… para acogerte por fin en un abrazo cariñoso.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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