Diario Vasco

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Acepta lo que cada persona te puede dar
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Belén Casado Mendiluce | 16-07-2014 | 05:37| 6

 

A veces te resistes a relacionarte con personas que han cambiado en su forma de ser. Ya no quedan contigo con la frecuencia de antaño, y si quedan vienen con la familia al completo en vez de quedar él y tú a solas como te gustaría.

Siempre planteo la misma disyuntiva: si te compensa mantener la relación que hay o prefieres tirarla por la borda, así de sencillo. “Para lo poco que me aporta…”, me dirás. Puede ser pero, en el fondo, prefieres mantener el contacto con esa persona que desparecer de su vida.

“¿Y si le digo que por qué no quedamos a solas en vez de que venga con su mujer?” Si ya sabes que tu amigo no es una persona que vaya a entender lo que le propones y se puede molestar hacia ti por lo que malinterprete como un rechazo hacia su pareja, yo no le diría nada.

Lo que no nos damos cuenta por nosotros mismos porque no estamos abiertos a ello, difícilmente va a provocar en nosotros un despertar porque nos lo digan los demás, así que mejor dejarlo estar; como digo yo, deja a cada uno en paz.

Y resulta que cuando, por fin, quedas con él, te sientes a gusto porque sigue habiendo una corriente afectiva entre vosotros. Te has dado cuenta de que, estando lo más relajado posible, no mantienes ninguna expectativa de cómo tendría que ser el encuentro y te permites disfrutar de lo que hay, aunque sea poco.

Para mí, ese es un punto importante. Estar lo más relajado posible. Para que mientras estés con él no estés pensando en cómo tendría que ser tu amigo sino en lo positivo que te aporta el estar con él.

El segundo punto clave es que esa persona no te falte al respeto ni te sientas incómodo con él. De manera, que si estás relajado y sigue estando presente una corriente afectuosa entre vosotros, mejor mantener lo que hay.

Acepta lo que cada persona te puede dar. Sin analizar por qué no te da más de lo que te da, sin echar la culpa a terceras personas de que tu amigo sea como es (“claro, con la mujer que tiene…”), sin rebelarte e ir refunfuñando al encuentro con él porque tienes que aguantar la chapa de su familia.

Vete tranquilo y con la conciencia de que sigue existiendo entre vosotros un afecto que os une. Seguro que acabas disfrutando más de lo que pensabas.

 

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Intenta ser consciente, la vida irá a tu favor
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Belén Casado Mendiluce | 11-07-2014 | 06:24| 13

 

Soy de la opinión de que todo está interrelacionado, que lo que hacemos genera una corriente de energía a nuestro alrededor y acaba afectando a lo que nos rodea. Creo poco en las casualidades y mucho en que todo está interconectado.

Eso significa que, por ejemplo, si nuestra actitud ante la vida es de no querer enfrentarnos a los problemas, estos se nos presentarán de forma más evidente. Si ponemos de nuestra parte para vivir sin excesivo gasto, las circunstancias se pondrán a nuestro favor para no gastar más de lo que podamos.

Intenta vivir lo más conscientemente posible, de manera que afrontes como mejor puedas tu día a día. No se trata de que seas exigente ni perfeccionista contigo mismo sino de que pongas de tu parte para vivir el presente lo más atentamente posible, dentro de lo que puedas en el día de hoy.

Puede que hoy no te encuentres bien físicamente y no puedas hacer tu trabajo tan bien como te gustaría; no importa, lo que lo salva es tu actitud de intentar estar ahí como mejor puedas… hasta donde puedas. Puede que otro día te sientas estresado y tu bloqueo te impida ver más allá. Si eres consciente de que, aunque te salgan mal las cosas, quieres sinceramente hacerlo lo mejor que puedes, esa actitud salva la situación.

Y entonces la vida empieza a funcionar a tu favor, no en tu contra. Si quieres vivir teniendo menos cosas, te sorprenderás de que se te presenten situaciones de vida que te demuestran que puedes vivir con más sencillez. Si quieres vivir con otro ritmo y otra tranquilidad, empezarás a tener algo de tiempo para ti.

Sí, me dirás, todas esas circunstancias me las he buscado yo. Con tu actitud estás abierto a que sucedan, sí, pero la vida, con lo que tiene de continuo cambio que no puedes controlar, también se pone de tu parte y a tu favor.

Y la vida te presenta una nueva relación de amistad gratificante, una oportunidad de acercamiento en la relación con ese hijo del que estabas distanciado, un tiempo de baja laboral en el que puedes descansar.

La vida se pone a tu favor cuando intentas ser sincero y consciente. E, incluso, lo que, aparentemente tomas por negativo, puede que luego lo sientas como una oportunidad que la vida te ha dado para aprender, nunca se sabe.

 

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Disfruta por ser como eres
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Belén Casado Mendiluce | 03-07-2014 | 07:18| 7

 

Deja de fijarte en tus carencias. Tienes la suerte, por ejemplo, de disfrutar de una buena relación de pareja, y te preguntas si, además, tendrías que saber vivir solo, porque sabes que la soledad te agobia y te inquieta, es una asignatura pendiente para ti, como para la mayoría de personas, en verdad.

Pero, de la misma manera que otros encuentran amistades para estar acompañados los fines de semana, tú has podido encontrar una compañera con la que sintonizas. Disfruta de lo que tienes sin sentirte culpable.

Como puede que te sientas culpable por trabajar sin estrés como la mayoría de gente que conoces, a la que no puedes decir que desayunas sin prisas y que aprovechas para dar un paseo al finalizar el día. Parece que te sintieras fuera de este mundo.

Ese sentimiento de culpa y esa exigencia que tienes hacia ti mismo sabes que lo has aprendido de la educación religiosa que recibiste. Una mala-educación en la que se te enseñó a llevar la atención siempre a lo que tienes que mejorar y a no estar nunca contento contigo mismo. A veces, te vuelven los ramalazos de esa vieja sensación de que, en el fondo, eres un ser egoísta que no merece ser querido por ser como eres y por vivir como vives. Esto último que te digo te suena, ¿verdad?

No te exijas ser maduro en todos los aspectos de tu vida. ¿Que te ves más para vivir en pareja que solo?¿Que otros son capaces de irse de viaje en solitario y tú no concibes la idea? ¿Y qué?

En esta vida no se trata de tener que demostrarse nada. Ni que eres autosuficiente e independiente, ni que tienes suficientes amistades con las que contar, ni que no necesitas a nadie para sacarte las castañas. Cada uno vive como puede. De lo que se trata es de valorar tu forma de vida porque te ayuda a sentirte bien contigo mismo y con los demás.

No hay un baremo o una tabla en la que medirse ni en la que compararse con los demás. Sólo estás tú para saber si tu vida te satisface o no. Y siempre, será más importante valorar lo bueno de ti y de tu forma de vida que el estar pendiente de lo que te quede por alcanzar.

 

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*A partir de ahora publicaré el post con flexibilidad: una o dos veces por semana. Prefiero escribir dejando tiempo para reposar los artículos y así vosotros podáis saborear más lo leído y yo escriba para ofreceros algo nuevo e interesante. Gracias a todos por seguir ahí.

 

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Date permiso para descansar…y olvidarte de todo
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Belén Casado Mendiluce | 27-06-2014 | 08:08| 3

 

Sabes que la noche es para dormir, para dar a tu cuerpo el descanso reparador que necesita. Pero te encuentras que, al cerrar los ojos, sigues pensando en tus preocupaciones diarias sin poderlo evitar. Y das vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño y, lo que es peor, sin dejar de dar vueltas a la cabeza.

En teoría, ya sabes que necesitas dormir pero, ¿de verdad sientes que, en ese momento, cuando te metes a la cama, tienes derecho a no pensar en nada, a no intentar buscar soluciones a lo que durante el día te agobia? Eso es harina de otro costal.

Porque, inconscientemente, nos sentimos responsables de lo que dejamos pendiente en el día, de lo que se ha quedado sin resolver y creemos, también inconscientemente, que teniéndolo en mente, pensando en ello, encontraremos algún camino, alguna solución que no habíamos visto antes. Y entonces, te dices, descansaré. En realidad, nada de eso funciona.

La mente funciona mejor cuando se deja de dar vueltas constantemente a las cosas y se piensa sólo cuando hay que resolver los aspectos prácticos y concretos de la vida diaria. Pero pensar para seguir con la negatividad en la cabeza no aporta soluciones, no abre nuevas vías sino que crea bloqueo y confusión.

Date permiso a ti mismo, sí, a meterte en la cama y, al abrigo de tu edredón o tu manta, olvidarte de todo. Dite a ti mismo que tienes derecho a aislarte de todo, apartarte de lo que se ha quedado pendiente y, simplemente, descansar. Pero, cree en ello de verdad, sinceramente.

Hay personas que piensan que dormir es una mera necesidad fisiológica pero que, en el fondo, no tienen derecho a evadirse del mundo y recluirse…en una confortable cama. Date permiso para decir adiós a todo sin que te sientas culpable.

Y además, te voy a dar una ayuda. Túmbate boca arriba en la cama y, con los ojos cerrados, lleva tu atención a tu vientre, a la altura de dos dedos por debajo del ombligo. Respira desde ahí, cogiendo el aire lentamente y dejándolo salir despacio para volver a descansar en el vientre. La respiración tranquila es muy beneficiosa para el cuerpo y te ayuda a relajarte.

Y si te despiertas con una nueva preocupación, vuelve a la respiración desde el vientre y a tomar conciencia de que estás en tu espacio, protegido y arropado, de que tienes derecho a no preocuparte por nada ni nadie. Mañana tu mente se encontrará más descansada y lúcida para afrontar el día.

 

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Conversación entre amigos
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Belén Casado Mendiluce | 24-06-2014 | 06:53| 4

 

-Patxi (P): Es interesante el tema que planteas de la austeridad. Pero, a ver Belén, todos tenemos algún “enganche” en la vida: a ir de cena y de “potes” el fin de semana, a hacernos un par de viajes buenos al año, al fútbol… Es una manera de llevar la vida diaria con otras ganas, de tener un aliciente, vamos. ¿Qué quieres decir, que para ser austeros hay que quitarse también de todo eso?

-Belén (B): Yo no digo que haya que hacer nada que no sientas. Si quieres seguir viviendo tu vida de la misma manera, es una elección tuya.

-P: Yo no gasto mucho en ropa, ni tampoco me compro el último modelo de móvil, pero otro tipo de cosas me aportan bastante más como relacionarme con la gente e ir de viajes para conocer otras culturas.

-B: ¡Qué gracia! Es fácil ser austero con lo que no te interesa ni te llama la atención como comprarte un móvil o ropa. Lo que cuesta es practicar la austeridad cuando estás habituado a ese gasto en tu vida, como las cenas o los viajes. Quitarte de eso cuesta más ¿no?

-P: ¿Y por qué tengo que ser austero? No hago daño a nadie con mi forma de vida y a mí me sirve para relajarme de las tensiones y preocupaciones diarias. Ya tengo bastante con bregar en el trabajo, pagar la hipoteca y los problemas en casa, como para quitarme los pocos placeres que me quedan.

-B: Yo no pretendo convencerte de nada, Patxi. Ser austero es un estilo de vida que no se consigue de la noche a la mañana y que se hace por convencimiento propio no por obligación. En el fondo, ¿por qué te interesa el tema de la austeridad?

-P: Porque entiendo que puedo vivir gastando menos de lo que gasto y porque, en el fondo, creo que si estuviera más satisfecho con mi vida y conmigo mismo no tendría la necesidad tener los “enganches” que tú dices que tenemos todos.

-B: ¡Ahí quería llegar! Porque los enganches que todos tenemos no son sino una manera de intentar tapar las insatisfacciones que sentimos en la vida diaria ¿Qué prefieres, seguir intentando tapar o vivir de otra manera?

-P: Uff, no lo sé, Belén. Hoy por hoy, no sé si estoy preparado para un cambio en mi vida. A veces pienso que prefiero dejar las cosas como están e intentar disfrutar lo más posible mientras pueda.

-B: Eso ya depende de cómo es cada uno, Patxi. Si me has hablado de la austeridad es porque te cuestionas algo sobre ella, tienes alguna sensibilidad hacia el tema. Lo demás depende de lo que quieras hacer con ello.

-P: Pues ahora no se me ocurre qué. Por de pronto,… tener una buena conversación entre amigos.

-B: Eso seguro. Hasta la próxima que nos veamos y… que sea pronto.

 

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La pobreza esclaviza, la austeridad libera
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Belén Casado Mendiluce | 18-06-2014 | 06:40| 6

 

El domingo por la noche vi en la televisión una entrevista sobre el papa que me dio que pensar. En ella, Francisco comenta que la pobreza es el eje del mensaje evangélico. Si se refiere a la pobreza material, no puedo estar más en desacuerdo y en ese punto me quiero extender.

Vivir en la pobreza, más en los tiempos de crisis que vivimos, supone una preocupación y una angustia para muchas personas. Vivir pendiente de pagar facturas y de no saber si se podrá salir adelante en la vida por falta de trabajo y de recursos económicos, es una situación que provoca un gran estrés. El aumento de ansiolíticos y antidepresivos que se recetan en los centros de salud, dan fe de ello.

Es necesaria una mínima dignidad económica para que la persona desarrolle sus capacidades y pueda aspirar a algo más que a sobrevivir en la vida. La pobreza nunca libera a las personas sino que las mantiene esclavas de la precariedad y la desesperanza.

Hay que luchar, y más desde el mensaje evangélico, por sacar de la pobreza a la gente, para que no existan favelas en Brasil mientras se celebran unos Mundiales de fútbol que sólo sirven para enriquecer a unos pocos.

La austeridad, sin embargo, es una actitud ante la vida que consiste en vivir con lo necesario aunque te permitas, ocasionalmente, algún extraordinario. Te ayuda a liberarte del apego a lo material para vivir en comunión con las personas que, como tú, quieren vivir sin enriquecerse constantemente ni acumular bienes; eso sí que es un ideal evangélico.

Yo no puedo estar a favor de la pobreza que angustia, limita y empobrece. Sí estoy a favor de una austeridad que libera de estar pendientes de tener y tener más cosas. Porque, no nos olvidemos, que cuando se vive en este mundo de consumismo, es difícil comprar sin caer en la tentación de seguir comprando.

La austeridad es una elección de vida, un camino que se va aprendiendo sobre la marcha, y más cuando nadamos contra corriente y los ejemplos que se nos muestran nos dicen que el que más tiene es el que más feliz es. Craso error.

Todos tenemos derecho a tener las necesidades básicas cubiertas y, para ello, es imprescindible un mínimo de seguridad económica. No hablemos, por tanto, de pobreza sino de una austeridad que sabe vivir con lo necesario, que puede disfrutar con lo superfluo también, pero que no depende de ello para vivir.

 

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Si quieres pedir perdón…lee con atención
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Belén Casado Mendiluce | 13-06-2014 | 07:32| 14

 

Pido perdón a todas aquellas personas que, consciente o inconscientemente, herí con mis palabras o mis actos.

Pido perdón a quienes sé que nunca me concederán la posibilidad de hablar con ellos para disculparme ni, mucho menos, me perdonarán. Aunque nunca me concedan la palabra, es importante que reconozca para mí que fallé.

Pido perdón sin ánimo de ir de víctima ni de “pobrecito”. Busco, desde la humildad, reconocer mis fallos sin querer dar pena.

Pido perdón sin esperar nada a cambio; que las cosas vuelvan a ser como antes o recuperar la amistad perdida. Todo requiere su tiempo.

Pido perdón sin enjuiciarme ni “machacarme” a mí mismo. Aunque me sienta triste por haber actuado mal, no significa que valga menos como persona.

Pido perdón, no para tranquilizar mi conciencia sino para, desde mi arrepentimiento, perdonarme también a mí mismo.

Pido perdón para intentar vivir la vida con más consciencia y aprender de mis errores.

Pero, aunque no reciba tu perdón, puedo dármelo a mí mismo. No puedo ser esclavo de viejas heridas que nunca curan.

Porque si no me perdono a mí mismo acabaré no perdonando a los demás.

Porque si no puedo ser comprensivo conmigo mismo acabaré viviendo con resentimiento hacia los demás.

De la misma forma que me perdono también perdono a los demás. Puede que lo que sufrí me duela durante mucho tiempo, pero prefiero no engancharme en un odio que nunca termina.

Porque es desde el perdón como se construye y me libero de viejas ataduras.

Porque sólo desde el perdón puedo abrirme… al amor que soy.

 

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“Tengo compulsión a comprar” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 10-06-2014 | 07:23| 0

 

-Paciente (P): Hola Belén. Hoy estoy más contenta que la vez pasada porque me han dado resultado los consejos que me diste. Si estoy en casa y empiezo a pensar en comprarme algo, me distraigo leyendo un libro mientras escucho música y, así, dejo de dar vueltas a lo que quiero comprar.

También me ha ayudado mucho la regla de oro de no comprar mientras paseo porque, muchas veces, era mientras daba una vuelta cuando me paraba en los escaparates y me entraba la tentación de comprar. Ahora mientras paseo sé que no compraré nada. Por un lado me pone contenta conseguir vencer la tentación y, por otro, tengo que hacer un esfuerzo para no entrar en las tiendas.

-Terapeuta (T): Es comprensible lo que dices, pero para ello sería mejor que pasearas por espacios abiertos como parques y avenidas anchas y no entre calles, que es donde se concentran las tiendas y donde puedes tener más tentación de comprar.

-P: Buena idea la que me das. Pasearé, entonces, por el paseo que da al rio en el que no hay tiendas.

-T: En estos días que no has comprado nada, ¿te has dado cuenta de algo?

-P: (Se queda unos segundos en silencio…) Sí. Me he dado cuenta de que tenía una inquietud como si me faltara algo. Igual tiene que ver con el problema de fondo que me decías que también había que tratar.

-T: Exactamente. Si te parece, vamos a comenzar a trabajarlo hoy. Háblame un poco más de esa inquietud que sientes.

-P: (Se vuelve a quedar en silencio…) Me siento como si valiera poco como persona y me he dado cuenta de que comprándome algo es como si me diera una inyección de autoestima.

-T: Lo has expresado muy bien. En general, ¿te sueles sentir que vales poco?

-P: Antes te hubiera dicho que no, que me quería como era. Pero ahora me estoy dando cuenta de que soy más insegura de lo que creo.

-T: Te voy a mandar unos deberes para la próxima sesión. Quiero que cuando te vengan pensamientos de esa inseguridad que dices sentir, los escribas, para así ver con más claridad cuáles son los sentimientos que hay detrás.

-P: Me parece bien. La semana que viene te lo traigo escrito. Hasta pronto.

-T: Vamos por buen camino. Animo y hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto

 

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“¿Quién es un enfermo?
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Belén Casado Mendiluce | 06-06-2014 | 08:24| 4

 

Quien padece una enfermedad, parece la respuesta obvia.

Pero sigámonos preguntando porque el tema tiene más miga de la que parece.

¿Y si el que padece una enfermedad, como el alcoholismo, no reconoce que la tiene?

Pues sigue siendo un enfermo pero con el agravante de que no tiene conciencia de su enfermedad, con lo que se hace más difícil poderla curar.

¿Hace falta, entonces, ser consciente de la enfermedad para curarse de ella? Sin duda alguna, lo que no se reconoce se vive como si no existiera.

¿Y cómo puedo darme cuenta de algo si estoy metido en ello y lo vivo como si fuera lo normal en mi vida?

Ese es el quid de la cuestión. Tendrá que pasar tiempo hasta que sientas la necesidad de cambiar por ti mismo, no porque te lo digan los demás.

¿Qué es una enfermedad, lo que molesta a los demás o a mí mismo?

Por supuesto, en primer lugar, a uno mismo, aunque casi siempre acaba afectando a mi relación con los demás.

¿Y si esa enfermedad está socialmente aceptada, vamos, que muchos están como uno, se es menos enfermo?

Buena pregunta.

Entonces, hace falta doble “ración” de consciencia. Una, para salirse del ambiente en el que se vive, por ejemplo, alejándose de los amigos que están enganchados a la droga, y otra para construir un nuevo mundo de relaciones en los que esté menos presente la adicción que padezco.

 

He aquí algunas de las preguntas que nos podemos hacer. Dejo abierto el espacio a las preguntas y reflexiones que se os ocurran.

 

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“Tengo compulsión a comprar”
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Belén Casado Mendiluce | 03-06-2014 | 07:31| 2

 

-Paciente (P): Hola Belén. Me he animado a venir a tu consulta porque llevo bastante tiempo con el problema de que me estoy comprando constantemente cosas. Creo que tengo una compulsión a comprar, intento frenarme pero no consigo mejorar por mí misma.

-Terapeuta (T): ¿En qué momentos te da por comprarte cosas?

-P: (Se queda unos segundos en silencio…) Cuando estoy intranquila, he tenido algún disgusto con alguien o no me salen las cosas como a mí me gustaría.

-T: ¿Cómo te sientes después de comprarte algo?

-P: En el momento muy bien, es como un subidón que me pone muy contenta. Pero cada vez me dura menos porque pasado el momento de la compra me vuelvo a sentir con el mismo desánimo que al principio.

-T: Aquí hay dos cosas que tenemos que tratar. Una, tu compulsión a comprar y otra, que es la raíz, tu malestar interior. Vamos a empezar por trabajar el síntoma, que es lo inmediato, pero luego profundizaremos de donde viene ese malestar para que, trabajando el origen del problema, no te salga un enganche a otra cosa.

-P: ¿Quieres decir que se puede curar lo de la compra, pero que podría salirme una adicción a otra cosa?

-T: Exactamente. Si no abordamos el problema raíz, que es tu malestar interior, con el tiempo te surgirían, probablemente, otros enganches.

-P: Bien, lo entiendo. Ahora lo que me preocupa es dejar de gastar un dinero que no me sobra en cosas que no son necesarias. ¿Qué puedo hacer?

-T: Para empezar, si estás en casa y sientes el impulso de comprarte algo, en ese momento vas a llevar la atención a otra cosa. O bien te pones a hacer algo físico como hacer ejercicio o incluso limpiar la casa, o bien haces algo que te relaje y que te haga estar con la atención en ello, como leer o escuchar música. Hay una regla de oro: no comprar mientras paseas por la calle, salvo que sea algo necesario, claro.

-P: ¡Buena idea! Creo que me vendrá bien porque, muchas veces, estoy en casa dándole vueltas a lo que me apetece comprarme y no dejo de pensar en ello. Probaré el ponerme a leer un libro mientras escucho música, que me relaja bastante.

-T: Nos vemos la semana que viene, y me cuentas cómo te ha ido.

-P: Muy bien. A ver si, por fin, puedo librarme de este enganche que tengo, Hasta pronto.

-T: Animo y agur.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

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Sobre el autor
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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