Diario Vasco
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Ser feliz disminuye la presión arterial
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Ainhoa Cilveti | 15-06-2016 | 05:00| 0

El otro día escuchaba a una reputada psicóloga que ser feliz consigue que la presión arterial disminuya, lo que nos ayuda a tener mejor salud. Parece, como si con sólo este dato uno debe esforzarse en ser feliz, porque desde luego, lo que ya no se discute es que la felicidad depende de nuestra actitud y de cómo queramos aceptar los acontecimientos y de la respuesta que hacia estos tengamos. Por supuesto, habrá situaciones que nos cueste más afrontar de forma positiva, pero al final, somos nosotros quienes decidimos con nuestra voluntad nuestro grado de felicidad.

Lo que me dejó un poco desconcertada de la entrevista, es que parece que tenga que convencernos con una razón objetiva el que tratemos de ser felices, y no lo digo como una posición negativa hacia la psicóloga, sino hacia los oyentes, a los que nos tienen que vender el por qué debemos esforzarnos por nuestro propio bien.

Considero, que lo más importante de ser feliz es precisamente esto: “Ser”, que no sería necesario que nos tuvieran que convencer para que tengamos una actitud positiva diciéndonos que además es beneficioso para nuestra salud, que el sólo hecho de vivir de forma positiva y disfrutando de lo que tenemos es más que importante para concentrarnos en ello.

Si nos preguntan si queremos ser felices, creo que todos vamos a contestar que por supuesto, pero nos cuesta ponernos en acción para conseguirlo, o al menos, complicamos mucho cómo hacerlo. Por una parte, nos cuesta darnos cuenta de lo que verdaderamente es importante para ser felices, que para cada uno significará una serie de cosas o de actitudes diferentes. De lo que sí podemos estar seguros, es que ser felices y ser coherentes va muy ligado, y esta coherencia nos puede dar una pista de lo que necesitamos para lograrlo.

Por otra parte, tendemos a boicotear nuestra propia felicidad, ya que nos suele producir vértigo el poder sentirnos bien. Tendemos a pensar que algo malo va a pasar, que no nos lo merecemos, o simplemente que la felicidad es algo inalcanzable. Pero no es así, podemos aprender a sentirnos bien sin sentirnos culpables por ello y aceptar que nos lo merecemos al igual que aprendemos a querernos. Probablemente, este es el primer paso en muchos casos para ser felices, querernos a nosotros mismos.

 

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Los anuncios sobre madres
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Ainhoa Cilveti | 08-06-2016 | 05:00| 0

Este verano vuelven las olimpiadas, y con ellas, los típicos anuncios de deportistas en los que se elogia a las madres y a la fuerza que estas les han transmitido. Entre estos, destaca uno muy emotivo, el cual incide precisamente en los valores que se transfieren en la adolescencia a los hijos.  Por supuesto, estoy convencida que muchos de los deportistas han llegado a las olimpiadas porque en su adolescencia han tenido madres y padres que le han inculcado uno valores que les han ayudado. Desde luego, y por lo menos, lo que sí han hecho, ha sido apuntarles al deporte elegido, llevarles de entrenamiento en entrenamiento, y sacrificarse porque sus hijos pudieran realizar el deporte que querían. Pero viendo el anuncio, reconozco no apreciarlo desde una perspectiva tan idílica como la que aparece, sino con mucho más esfuerzo y dedicación por nuestra parte, y sin estar tan segura en estos momentos de que logre el mismo resultado.

En mi caso no aspiro a que lleguen a las olimpiadas, o quizá sí, pero no es esta la cuestión o la meta que persigo, sino que, lo que les digo diariamente no caiga en saco roto, aunque a veces me lo parezca. No voy a ser yo quien tome una actitud pesimista hacia mis hijos, no me lo podría perdonar como coach, y sobre todo como madre, pero tengo que reconocer que hay momentos en los que dudo de mi capacidad de transmitir esos valores, o al menos de no saber si dispongo de la fuerza que se necesita para poderlo hacer.

El otro día vi un video en el que una madre de cuatro hijos contaba que todos ellos estaban en ese momentos enfadados con ella, pero que no le preocupaba mucho ya que se debía a que había actuado como una madre, y no como una amiga, por lo tanto, les había dicho lo que pensaba que tenía que decir una buena madre, y esperaba que no tardaran en comprenderlo. Me sentí identificada con ella, aunque reconozco que lo paso muy mal cuando estoy enfadada con mis hijos, pero es entonces cuando me tengo que hacer fuerte y repetirme que soy una madre y que debo actuar como tal, y no como una amiga. La adolescencia no es una etapa idílica precisamente, pero aún y todo, seguiré emocionándome cuando vea lo anuncios este verano y por supuesto, educando a mis hijos.

* Ambos vídeos pueden verse en You Tube.

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Estudiar para lograr una nota
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Ainhoa Cilveti | 01-06-2016 | 05:00| 0

 

Estamos en una época de notas y medias, en el que los estudiantes comienzan a ponerse nerviosos, al igual que los sufridores padres. Habrá quien sólo aspire a aprobar y con tener un cinco le sea suficiente, y quien esté preocupado porque necesite tener una media alta para acceder a alguna carrera concreta y se sienta presionado por ello. Por supuesto, cada uno es libre de seguir el camino elegido, y cada uno debe asumir las consecuencias de estos caminos. Es decir, cada opción va a tener sus pros y sus contras.

Por una parte, aquellos que bien, porque piensan que no pueden aspirar a más, o porque no quieren esforzarse más por miedo a frustrarse, deciden estudiar para aprobar y pasar de curso. Estos van a estudiar lo justo para conseguirlo, y van a preparar cómo hacer los exámenes también lo justo para superarlos, por lo tanto, el resultado final tampoco lo van a tener seguro, ya que no importa cuál sea la meta, sino lo que nos preparemos para ella. Estos estudiantes van a pasar por el mismo estado de nervios y de estrés que aquellos que necesiten o aspiren a una nota alta.

Por otra parte, están los alumnos que necesitan obtener una muy buena calificación para poder acceder a unos estudios determinados, y los que van a subir su umbral de esfuerzo para conseguirlo. Por supuesto, podemos pensar que estos sufren más durante el periodo de los exámenes, y desde luego no podemos negar que se esfuerzan más, pero probablemente también están más preparados para soportar niveles de sacrificio mayores, y el resultado que van a lograr les compensa del esfuerzo. Incluso si no consiguen la nota que necesitan, el haber luchado por ella va a hacer que al final del proceso se sientan mejor que aquellos que no lo han intentado por miedo a sentirse frustrados. 

Con el tiempo, vamos aprendiendo que uno se queda mejor cuando lo intenta y no lo consigue que cuando ni siquiera lo intenta, pero transmitir este mensaje, como tantos otros es algo difícil y que se va aprendiendo a medida que uno va madurando. Lo que sí que funciona y es más fácil de aceptar es que cuantas más alternativas se tenga mejor, por lo tanto, insistamos en que en temas de estudios siempre tengan más de una alternativa para poder lograr sus objetivos.

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La primera comunión
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Ainhoa Cilveti | 25-05-2016 | 07:43| 0

Hace unos años las comuniones eran acontecimientos familiares en la que los niños disfrutábamos mucho, independientemente de si era la tuya o la de algún primo o amigo muy cercano. Era la fiesta en la que los protagonistas eran los niños, no sólo por lo obvio de la celebración religiosa, sino también porque era la fiesta en la que más se les tenía en cuenta a la hora de realizar los preparativos. Con el tiempo, las comuniones pasaron a ser algo más que un acontecimiento familiar para ser algo más fastuoso y social, desvirtuando no sólo el mensaje religioso, sino también el carácter familiar de las mismas.

Ahora, tras la crisis, parece que las cosas se van poniendo en su sitio, ya que esta nos ha ayudado a reconducir estos acontecimientos y a pensar en ellos como lo que deberían ser, momentos de reunión y de celebración por lo que se está festejando. No voy a ser yo quien diga que la crisis ha sido algo bueno en nuestras vidas, pero sí es verdad, que desde un punto de vista de “crisis como oportunidad de cambio”, ha servido para que volvamos a valorar las cosas importantes, y como tal, hayamos dejado a un lado las grande celebraciones y hayamos vuelto a las reuniones familiares. Esto no significa que cada cual, dentro de sus posibilidades, agasaje a sus invitados de la mejor forma que quiera y pueda, pero otra vez dentro de un entorno familiar.

Tenemos muchos acontecimientos a lo largo de un año para estar con amigos, cada vez realizamos más cosas con ellos, y en los casos en los que las familias son pequeñas o casi no se tienen, viene muy bien poder celebrar con los amigos, pero también quiero reivindicar la importancia de conceder y salvaguardar el tiempo necesario para estar en familia. Por este motivo, tener la posibilidad de volver a tomar parte de una celebración familiar en la que puedes compartir momentos solemnes, anécdotas, risas y hasta cánticos hace que vuelvas a retomar en mucha ocasiones el contacto con personas que tienen mucho que ver contigo, y con la que casi no estás. Te permite retomar relaciones o simplemente momentos y recuerdos para ponerte al día sobre sus vidas, y a la vez, sentirte otra vez parte de un grupo que te apoya y te quiere. Tomar parte otra vez de una de estas celebraciones ha sido una gozada y muy divertido.

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Verano de primero de Bachiller
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Ainhoa Cilveti | 18-05-2016 | 05:00| 0

Los que se encuentran en este curso ya están preparando los exámenes de la última evaluación o haciéndolos. La mayoría de ellos han finalizado ya las clases y en unos días se van a encontrar de vacaciones. Habrá quienes aprovechen estos TRES MESES Y MEDIO de vacaciones para salir al extranjero y mejorar un segundo o tercer idioma, quienes den sus primeros pasos en el mundo laboral, o los que hayan decidido aprovechar para no hacer nada y disfrutar de uno de los mejores veranos de su vida.

Mi pregunta es: ¿Qué cerebro ha diseñado un plan de estudios en el que unos chavales que se juegan su futuro, ya que las notas de este curso les puntúa para la media de entrada a la universidad o el ciclo profesional, tienen tantas semanas de vacaciones seguidas? Por una parte, me parece una irresponsabilidad que en un ciclo como el bachillerato, en el que se juegan su futuro, estén tanto tiempo sin acudir a clase, ya que a la vuelta deben adquirir otra vez hábitos de estudio, sin casi tiempo, porque cada nota desde un primer momento les cuenta. Por otra parte, también hay que tener presente, que en este curso la mayoría de los alumnos tienen dieciséis o diecisiete años,  y tienen que tomar la decisión de cuál va a ser su futuro. No creo que les suponga una gran ayuda en estos momentos no acudir a clase durante tanto tiempo, ya que no siempre tienen claro cuál es el camino que quieren seguir, y una forma de resolver esta dudas es estando en contacto con sus estudios y sabiendo qué es lo que más les gusta y qué es lo que mejor se les da. Cómo elegir el futuro de cada uno es otra cuestión a tratar, pero desde luego, no les ayuda estar tantas semanas alejados de las aulas.

Por supuesto, en cada caso se habrá tomado una decisión sobre lo qué hacer durante este tiempo, y hay que confiar en que cada estudiante haya tomado la mejor decisión con la ayuda de sus padres o tutores. Como responsables de ellos nos queda apoyarles y acompañarles en este verano que tan largo se nos va a hacer a los padres y tan apetecible le resulta a ellos. Espero y confío en que de una forma u otra sepan aprovechar estas vacaciones tan largas.

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La importancia de que nuestros hijos confíen en nosotros
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Ainhoa Cilveti | 11-05-2016 | 05:00| 0

Imagino, que no hay madre o padre que no tenga claro lo importante que es que nuestros hijos confíen en nosotros. Estoy segura que esta premisa nadie la pone en duda, sin embargo, no siempre somos conscientes de lo que puede llegar a suponer en un momento dado, o cuando se les presenta un problema concreto que sean capaces de acudir a nosotros para pedir consejo o ayuda. No sólo porque les podemos socorrer, sino porque les podemos escuchar y hacer que tomen sus decisiones sabiendo que su confidente va a ser capaz de guardar el secreto de lo que les ocurre. Este aspecto, es algo que a veces se nos escapa y no lo sabemos hacer tan bien como suponemos.

El otro día me llego un caso en el que una “niña” de doce años conoció a un chico de catorce en el lugar de vacaciones y dentro de un entorno conocido. Quiero decir, no es un chico cualquiera que pasaba por ahí, sino que está relacionado con otros amigos y mantiene una amistad con estos. Pues bien, cuando cada uno ha vuelto a su lugar de residencia, ellos han continuado su relación de amistad “whatsappeandose” y mandándose mensajes. Hasta aquí todo normal, es lo que se espera de una “amistad” a estas edades. Sin embargo, el asunto ha ido complicándose, ya que el chico se ha revelado un como un acosador de las redes. Primero comenzó teniendo una actitud un tanto rara por los mensajes que le escribía, para terminar pidiéndole que le enviara una foto sin pantalones. Por supuesto, la chica se ha negado, aunque le está costando dar por concluida la relación. Su amiga así se lo ha sugerido, además de animarle a que se lo cuente a su madre, ya que se siente intranquila por lo que está ocurriendo y necesita que alguien le escuche y le arrope, a parte de la amiga. Si embargo, esta se niega a hacerlo, ya que considera que su madre no sabe guardar secretos y no quiere que sus hermanos se enteren. Tiene miedo de que lo que le está ocurriendo se convierta en un “chismorreo” familiar, como ha ocurrido otras veces. Entiendo que este es un tema delicado y que ninguno de sus hermanos ni otros familiares se iban a reir de ella, pero el que la madre no haya sabido guardar un secreto en otras circunstancias hace que ahora la hija no se fié de ella. Por supuesto, no pongo en tela de juicio a la madre. Seguro que siempre ha actuado pensando en lo mejor para sus hijos, pero a veces no lo sabemos hacer del todo bien, y sin querer, impedimos que nuestros hijos se acerquen a nosotros cuando más lo necesitan.

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Círculo de influencia
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Ainhoa Cilveti | 04-05-2016 | 05:00| 0

Día a día se nos presentan situaciones que vamos enfrentando sin que nos supongan un gran reto. Nuestras vidas están llenas de momentos encadenados en los que tenemos que asumir responsabilidades o tomar decisiones que somos capaces de ir asimilando sin tener que prestarles demasiada atención, momentos que nos son familiares y que somos capaces de afrontar sin problemas. Pero de repente, se nos plantea una situación desconocida, que nos produce emociones contrarias  o con variables que no controlamos y a las que no sabemos bien cómo enfrentarnos. En este nuevo contexto, no saber cómo actuar nos puede llevar a la frustración, ya que vamos a agrandar la “situación problema”, no dejándonos ver las diferentes alternativas que tenemos para solventar la situación.

Siempre hay algo que podemos hacer, que depende de nosotros y que nos puede ayudar a mejorar ese aspecto que nos está causando malestar. Ser conscientes de que disponemos de nuestro círculo de influencia y que podemos ampliarlo hasta tapar o hacer desaparecer el círculo problema, nos va a permitir:

1.- Relajarnos y rebajar el estado de ansiedad que la situación nos puede crear.

2.- Ser capaces de valorar y visualizar las alternativas que tenemos.

3.- Ser conscientes de nuestro poder de acción.

4.- Analizar las posibilidades de ejecución.

5.- Determinar cómo y cuándo hacerlo.

6.- Ponernos en acción.

Por lo tanto, aunque creamos que aquello que nos está sucediendo es superior a lo que podemos aguantar, o que se trata de algo desconocido y que no sabemos afrontar, no significa que no podamos hacer nada. Paso a paso, podemos encontrar esa salida que en un primer momento no somos capaces de ver, ya que debemos confiar en nuestros recursos y en nuestra capacidad de superación, que muchas veces demostramos a lo largo de nuestras vidas y que cuando nos sentimos “hundidos” no podemos valorar. Nuestro “circulo de influencia” nos permite ampliar nuestras acciones hasta poder tomar rienda de la situación.

 

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No hacer caso al entrenador
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Ainhoa Cilveti | 27-04-2016 | 05:00| 0

Siempre he defendido que el que nuestros hijos realicen algún deporte es una muy buena forma de transmitir ciertos valores y de favorecer  sus relaciones con otras personas. Por una parte, tienen que aprender a acatar las órdenes de sus entrenadores, a convivir con sus compañeros, respetar la estrategia del equipo,… aparte de favorecer su gestión emocional hacia ciertas situaciones como saber ganar y saber perder.

Cómo realizar un deporte determinado les va a enseñar su entrenador o los diferentes instructores que tengan relacionados con el deporte que practiquen, pero somos los padres quienes debemos seguir de cerca el aprendizaje de los valores, y no permitir ni favorecer que actúen en omisión a estos. Es decir, hay veces, que los entrenadores les dan órdenes que no les gusta cumplir, y al igual que ocurre con los profesores, debemos ayudarles a acatar esas órdenes, sin dejarles que hagan lo que ellos quieran, ya que aunque no nos guste o incluso nos parezca injusto, es importante que aprendan a acatar las órdenes. Tenemos que ser conscientes, que si no lo hacen, no estamos yendo en contra del entrenador en cuestión, sino de nuestros hijos, ya que estos van a quedarse con la idea de que pueden hacer lo que quieran, prevaleciendo su interés individual y no el del equipo, por lo que no estamos contribuyendo a  transmitirles los valores que se aprenden en el juego de equipo.

Dicho de esta forma, sé que la mayoría estará de acuerdo conmigo, pero cuando nos metemos en materia, a veces no vemos las cosas tan claras. Hace unos días, me comentaban de un caso en el que a un niño se le decía que tenía que jugar con un compañero, el cual era un poco “chupón” y no le pasaba. El niño se quejó, y como el entrenador no le hizo caso, ha decidido seguir yendo a entrenar, pero no va a jugar los partidos, y sus padres lo permiten y le respaldan en esta decisión. Imagino que ahora puede haber muchas opiniones diferentes, pero considero que si se le permite no cumplir con las órdenes del entrenador, difícilmente va a aprender a jugar en equipo, con todo lo bueno que conlleva, y mucho menos a seguir decisiones que no le gustan, algo que tarde o temprano deberá hacer, tanto en su vida laboral como personal, además de que no va a aprender a valorar otras opiniones y puntos de vista diferentes a los suyos. A la hora de apoyar a los hijos debemos tener en cuenta si les hacemos un favor en el momento o se lo hacemos a largo plazo.

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Colaboración de los niños en casa
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Ainhoa Cilveti | 20-04-2016 | 05:00| 0

Hay padres que enseguida enseñan a sus hijos a colaborar en las tareas de casa, otros por el contrario, consideran que si lo pueden hacer ellos no tienen porque pedirles ayuda a sus hijos y dejar que estos disfruten de no tener obligaciones caseras. A veces, el asunto suele ser que no se sabe muy bien a qué edad se puede empezar a pedir esta colaboración, ya que se teme que no sepan hacerlo o se puedan hacer daño. Mi consejo es que siempre hay algo que pueden realizar, por poco y simple que sea, y que el añadirles en nuestros quehaceres tiene más beneficios que perjuicio para los niños, por pequeños que estos sean:

1.- Ayuda a mejorar su autoestima. Un niño que va haciendo poco a poco tareas de casa se va sintiendo útil dentro del núcleo familiar, lo que refuerza su confianza en sus habilidades, logrando mejorar su autoestima y sintiéndose más seguro a la hora de afrontar nuevos retos.

2.- Hace que la familia se un equipo. Que cada miembro colabore en función de su edad y de sus posibilidades, hace que la familia se compenetre mejor y la idea de grupo se afiance. Crear una “piña de familia” se consigue comunicándose bien y haciendo cosas juntos, y hacer las cosas de casa puede ser una forma más de lograrlo.

3.- Aprenden a trabajar en grupo. Poner la mesa entre todos, recoger la casa o preparar la comida puede ser una forma de aprender a trabajar en equipo, algo muy importante para el futuro académico y profesional de nuestros hijos. Además, esta actividad nos va a permitir transmitir los valores del trabajo en equipo de forma práctica, mientras trabajamos juntos. Hay que tener en cuenta, que la mejor forma de aprender es haciendo cosas, y es más fácil que entiendan la importancia de hacer conjuntamente las tareas mientras vamos realizándolas.

4.- Evita que hagan cosas peores mientras tanto. A veces es sencillamente cuestión de ser prácticos, es decir, si tenemos que realizar una tarea doméstica y tememos lo que puedan hacer ellos mientras la realizamos, es mejor pedirles que nos ayuden a la vez que les vigilamos y les mantenemos entretenidos.

5.- Aprenden a realizar tareas. Si jugamos a hacer cosas en casa con ellos y pueden comprobar el resultado de lo que hacen, les va a motivar hacerlas, a la vez que les enseñamos a ser auto-suficientes para un futuro.

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Trabajar en empresas con valores diferentes
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Ainhoa Cilveti | 13-04-2016 | 05:00| 0

En ocasiones, las personas trabajan en sus empresas sin pararse a pensar si los valores de la misma son acordes a los suyos propios. Muchas veces, bien porque no están escritos explícitamente, o porque pueden ser confusos, no saben bien ni lo que estos valores representan, porque también es verdad, que hay veces que la empresa funciona sin plantearse definir cuáles son estos.

En otras ocasiones, estos valores suelen estar escritos en las memorias de la empresa, o a veces se pueden incluso leer a la entrada de las sede principal de la misma, aunque no siempre los trabajadores que pasan cada día por delante, estén de acuerdo con que se cumplan a rajatabla. La mayoría de las personas, pueden tener su opinión al respecto, y quizá no sentirse muy cómodos con las políticas que se establecen en sus empresas, seguramente, la mayoría realizaría cambios de mejora, pero hay a quienes estar en desacuerdo con estos valores les supone un problema ético. Es en estas situaciones cuando se produce el enfrentamiento personal.

Puede parecer, y hay quien así lo valora, que la empresa es un medio para lograr un sueldo, y que no hay que buscar mucho más, siempre que se actúe dentro de la legalidad y que no se nos pida hacer algo que vaya en contra de nosotros. Sin embargo, hay personas que necesitan ser coherentes con lo que su empresa transmite y realiza, ya que consideran su trabajo como una prolongación de sí mismos. En este punto, quiero aclarar que no trato de juzgar los diferentes comportamientos, y que no considero que uno sea mejor que el otro, simplemente señalarlos. Las personas que necesitan que en su vida exista esta congruencia, es decir, que los valores de la empresa sean iguales a los suyos, o al menos lo más parecidos, se ven en la obligación ética de ser más minuciosos a la hora de buscar un puesto de trabajo, ya que este no sólo debe cumplir con las necesidades de sueldo, condiciones laborales, etc., sino además, que la organización sea afín a su visión ética de la vida. Aunque habrá personas que por no tener claro cuál es la postura de la empresa consideren este un asunto de menor importancia, probablemente si fueran testigos de una mala praxis o de algún asunto que les pueda parecer injusto, serían los primeros en levantarse en contra.

 

 

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