Diario Vasco
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Elegir carrera
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Ainhoa Cilveti | 16-03-2016 | 06:00| 0

Es una elección muy importante en la vida de los estudiantes, aunque no signifique que sea determinante, ya que la vida da muchas vueltas y siempre uno se puede desarrollar en otros ámbitos en los que no se tenga un título universitario. O incluso, volver a estudiar otra carrera. Hay que destacar, que el 20% de los estudiantes que comienzan una carrera abandonan esta en el primer año.

Pero vamos a pensar en elegir lo que más nos interesa desde el principio. Hay quien se deja llevar por lo que más le gusta, quien piensa en las alternativas que va a tener cuando la finalice, y quien simplemente, se deja llevar por lo que le dicen, bien la familia o los amigos. Pero tenemos que tener en cuenta que una carrera significa muchas horas de estudio, y desde luego, es más llevadero estudiar algo que nos gusta o nos motiva, que algo que no nos interesa o nos parece aburrido. Está claro, que en todas las carreras, y sobre todo en el primer año de estas, suele haber asignaturas que nos puedan resultar menos interesantes, pero es algo con lo que los estudiantes deben contar.

Para saber qué carrera escoger cuando se tienen dudas, es un buen ejercicio visualizarse cómo se quiere ver uno dentro de diez años. Qué les gustaría estar haciendo y cómo lo querrían hacer, incluso dónde les gustaría desarrollar esa actividad, para que les ofrezca una pista de lo que pueden estudiar. Hay veces, que para llegar a un mismo punto, hay diferentes caminos, por lo que también es importante conocerse a uno mismo y valorar cuáles son sus habilidades y mayores potenciales, de forma que puedan poner estos en práctica. Nos resulta más fácil hacer aquello en lo que somos mejores o más nos gusta, aunque haya quien prefiera guiarse por objetivos que les supongan un reto. A la hora de estudiar una carrera, suele resultar más fácil interesarnos por aquello que nos produce interés intelectual, que haga que nuestra mente se despierte y se sienta más abierta a interiorizar esos conocimientos. Si a esto le añadimos que pensamos que nos podemos sentir cómodos realizando esos estudios por el entorno en el que nos encontramos, probablemente estemos acertando con la elección.

Pero como he dicho al principio, hay mucha gente que cambia de decisión, y esto también debemos considerarlo como un aprendizaje de vida.

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Estar cansado/a y sentirse mal
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Ainhoa Cilveti | 09-03-2016 | 06:00| 0

Cuando comenzamos a realizar cualquier nuevo proyecto o actividad, solemos comenzarlo con ilusión y motivados, llenos de fuerza y con ganas de hacer lo que esté en nuestra mano para conseguirlo. Muchas veces, este camino es más duro de lo que imaginábamos, nos encontramos con situaciones inesperadas y nos repercute en nuestro ánimo. Si a esto le añadimos que nos vamos desgastando y que nuestra fuerza se va viendo disminuida, solemos sentirnos cansados, y por lo tanto, comenzamos a ver las cosas de forma más pesimista, percibimos la realidad más negra de lo que es en realidad, y además pensamos que lo realizado hasta la fecha no ha valido la pena, que nuestro esfuerzo no ha servido para nada.

Pero no es así, lo que hemos hecho hasta ese momento  hecho está, y aunque nos cueste valorarlo en ese instante de cansancio, no quiere decir que no podamos utilizarlo cuando lo necesitemos. Aunque nos sintamos abatidos cuando estamos cansados, no significa que lo trabajado hasta ese tiempo no tenga importancia y no produzca su efecto cuando nos encontremos mejor. Por este motivo, es muy importante cuidarnos mientras trabajamos en un proyecto, es decir, cuidar y calibrar nuestras fuerzas, sin dejar que estas lleguen al límite, precisamente para no decaer en el pesimismo, ya que corremos el peligro de no valorar la situación tal y como es realmente, sin apreciar todo lo ya trabajado.

Por supuesto, en este punto, podemos dudar de cómo calibrar este momento en el que debemos parar para no sobrepasar la línea del agotamiento. Aquí cada uno se va conociendo y sabiendo cuál es el momento oportuno para parar y descansar, sin dejarse llevar por la cabezonería de querer continuar aún sin tener fuerzas para ello. De todos modos, y a medida que vamos avanzando en diferentes proyectos, las personas nos vamos conociendo, pero como no todas las circunstancias son iguales, también puede ocurrirnos que traspasemos esa línea y nos encontremos desanimados y en el punto en el que consideramos que no ha valido la pena lo realizado hasta ese momento. ¿Qué hacer? Descansar, olvidarnos de todo y concentrarnos en nosotros mismos y en cargarnos de energía. Apartar todo lo que tengamos entre manos y pensar en nosotros, siendo nuestro único y principal proyecto. Cuando hayamos empezado a sentirnos mejor, a ver las cosas desde una perspectiva más optimista y valorando lo trabajado, es cuando podemos continuar y entonces tomar las decisiones que sean oportunas para continuar con nuestro camino.

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Saber buscar aquello que quieres
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Ainhoa Cilveti | 02-03-2016 | 06:00| 0

Cada vez me sorprende más, pero a la vez, cada día me ocurre más a menudo, que le pregunte a alguien por sus sueños o por lo que quiere, y que le cuesta responderme. Da lo mismo si estamos hablando de trabajo, de lo que le motiva, de lo que quiere hacer o de lo que quiere estudiar. Sobre todo, es sorprendente que a la gente le cueste señalar lo que le divierte o qué hacer para sentirse bien y recargar fuerzas.  ¿Cómo vamos a trabajar por conseguir lo que queremos cuando nos cuesta tanto definirlo y ponerle nombre? Para saber hacia dónde dirigirnos y trazar el camino para ello, primero debemos señalar el punto de destino, aunque posteriormente lo cambiemos, algo que en algunos casos ocurre, pero debemos partir con un destino pensado, y cuanto más definido y concreto sea, mejor.

Si escribo hoy de esto se debe a que cada vez hay más gente que busca un cambio, un camino, un trabajo…y como les cuesta soñar e imaginar lo que quieren, les resulta difícil encaminarse a ello. Parece como si tuviéramos que hacer lo que se espera de nosotros, o como si estuviéramos programados para cosas que no nos entusiasman, y se nos haya olvidado soñar e imaginar nuestros deseos, dejando que estos salgan sin “filtros”.

Cuando pregunto, por ejemplo, sobre el trabajo deseado, amparándose en las circunstancias actuales, les cuesta dejarse llevar por lo que quieren o les gustaría, sintiéndose cohibidos para desear y soñar, y teniendo que aferrarse a “lo que hay”. Reconozco que a mi a veces también me pasa, que incluso, nos podemos sentir culpables por querer más de lo que nos debería corresponder. Sin embargo, y como he dicho al principio, es importante marcarnos objetivos, que aunque parezcan sueños imposibles, se conviertan en retos que nos hagan salir de nuestro estado de confort, que nos activen, y que nos hagan esforzarnos motivados a conseguirlo. Y ¿qué mayor motivación puede haber que lograr realizar nuestros sueños?

Por lo tanto, dejemos volar nuestra imaginación y que esta nos lleve a pensar en lo que podemos lograr, que el esfuerzo y la capacidad seguro que la encontramos en nuestro interior si somos capaces de imaginarlo.  Al fin y al cabo, todo proyecto o realidad se crea primero en la mente de alguna persona.

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Búscame en la red
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Ainhoa Cilveti | 24-02-2016 | 06:00| 0

Cada vez es más frecuente que los jóvenes, y algunos no tan jóvenes, suban a la red fotos suyas mostrándose en diferentes experiencias para compartirlas con amigos y desconocidos. Mucho se ha hablado sobre los peligros de esta sobreexposición en las redes, ya que puede atraer a todo tipo de maleantes, desde ladrones dispuestos a atracar casas mientras sus dueños se encuentran de vacaciones, o bien por el acoso al que algunas personas se ven sometidas. Sin embargo, esto no es todo lo malo que nos puede ocurrir, o al menos, sin ser tan grave como las cuestiones mencionadas, sí hay otras situaciones en las que se puede uno ver perjudicado.

Hace unos días, trabajando con una empresa, me comentaban el caso ocurrido a un colaborador suyo. Esta persona en cuestión, se había dirigido a una entrevista de trabajo que le resultaba muy interesante por la empresa que ofertaba el puesto de trabajo, ya que suponía una muy buena oportunidad para aprender y para progresar en su carrera. La persona pasó varias fases del proceso de selección, llegando a la última etapa del mismo, y cuando estaban a punto de cogerle, se llevó la sorpresa. Efectivamente era muy buen candidato para ocupar ese puesto, sin embargo, y como le dijeron más tarde, el problema fue que conocía a una persona que no era grata a la empresa. Sé que puede parecer una tontería, una mala coincidencia, pero esto es lo que ocurrió:

A punto de tomar la decisión de contratarle tras haber realizado satisfactoriamente el último paso del proceso de selección, uno de los socios decidió buscarle en una conocida red social, y se encontró con la sorpresa de que la persona en cuestión, aparecía en un momento de fiesta acompañado de otra persona que no era grata para la empresa. Este amigo había colaborado en un momento puntual con ellos y la relación había terminado mal. Da lo mismo lo ocurrido, el caso es, que si nuestro protagonista no hubiera subido esa foto no hubiera perdido esa oportunidad. Sé que los defensores de las redes y de compartir cada experiencia pensarán que fue un cúmulo de mala suerte, pero ocurrió, y este hecho no es tan puntual como parece, ya que en muchos casos, antes de tomar una decisión, los contratadores buscan en los perfiles de las redes, por lo tanto, mucho cuidado con lo que se sube, ya que hasta una foto aparentemente inocente, puede perjudicarnos en un futuro.

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Sala de espera
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Ainhoa Cilveti | 17-02-2016 | 06:00| 0

Hace unos días tuve la oportunidad de tener que estar en una sala de espera mucho tiempo, y aunque esto es algo bastante desesperante y tedioso, también me sirvió para hacer ciertas reflexiones. Al ser la sala destinada a renovar el carnet y el pasaporte, estábamos todo tipo de personas muy diferentes, y como tuve que esperar mucho, a pesar de la cita previa, me dio tiempo a fijarme en lo que ocurría a mi alrededor, que por cierto, es una de mis actividades favoritas.

Por de pronto, pude comprobar que la máquina para coger número de espera no estaba colocada en el sitio más previsible, ya que todo el mundo, y en este caso no exagero,  se iba hacia otra máquina a coger el papelito. ¿Quién habrá sido la mente pensante en colocar las máquinas en esta disposición equivocando a los usuarios? Hay que tener en cuenta, que va mucha gente mayor, que no está muy  familiarizada con ciertas máquinas y que si se equivoca se ve obligada a esperar más.

Por otro lado, como he dicho antes, aunque estuviéramos ahí tan sólo por dos motivos, somos muy diferentes y con historias muy diversas, y esto es lo que me gusta de estos sitios, y como en este caso, lo que me ayudó a entretenerme en los tres cuartos de hora que tuvimos que esperar. Me llamó la atención la de bebes que había, algo que siempre me llena de ternura, y como pude comprobar a mi alrededor, también a las otras personas, ya que es raro el que no sonríe ante un niño de pocos meses. Claro está, no es tan raro, ya que la obligación de llevar el carnet de identidad en vigor es para todos, también para las mujeres que acaban de ser madres, y aquí sí que no hay guarderías para dejar a los niños mientras gestionas el papeleo…

Respecto a los que más nos tocó esperar, que éramos los del pasaporte, imagino que la mayoría estábamos porque lo necesitamos para salir al extranjero por diversas razones. Una que pude escuchar era por motivos laborales. Se refería a alguien que tenía que salir de ruta ese mismo día y necesitaba un permiso para poderse hacer en el momento el pasaporte. Imagino que sería trasportista, que iba a realizar un recorrido no habitual, y que necesitaba el trabajo, quien sabe si era una oportunidad para un futuro. Le pedían que llevara un escrito en donde se explicara la ruta y la razón de la premura para esta petición. No sé cómo terminó la cosa, pero espero que lo pudiera solucionar. Al final, este tiempo de espera me sirvió para empatizar con las vidas de los desconocidos que me rodeaban.

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Resolver conflictos con la pareja
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Ainhoa Cilveti | 10-02-2016 | 06:00| 0

Es sabido que la convivencia es difícil, y que aunque el roce hace el cariño, también ofrece posibilidades de desencuentros, que si no se solventan bien, pueden traer conflictos importantes en un futuro. La pareja, conviva en un mismo espacio o no, suele tener muchas situaciones que pueden originar roces o la posibilidad de tener diferentes opiniones ante un acontecimiento o realidad, por lo que, si estas opiniones no se expresan correctamente, pueden originar causas de ruptura.

Anteriormente, he hablado de la asertividad y de lo útil que es esta en la comunicación para evitar que se creen discrepancias a la hora de decir algo a la otra persona. En este sentido, cuando queremos transmitir una queja a nuestra pareja, o simplemente comentarle una actitud o acción que haga y no nos guste, debemos evitar herir a esa persona, por lo tanto, es conveniente que no comencemos diciendo que es algo frecuente o normal en ella, ya que la pareja puede recibirlo como una ofensa. Que a veces haga algo que no nos gusta, no significa que siempre lo realice, por lo que si nos dirigimos a ella con un “tú siempre” o “tú nunca”, estamos dando por bueno que esa persona actúa así sistemáticamente, sin concederle la oportunidad de que puede cambiar o que es algo ocasional. Es importante recordar que para decir algo negativo a otra persona, debemos partir desde una base positiva, sobre todo si se trata de nuestra pareja y lo que pretendemos es reconducir una actitud para lograr un acercamiento hacia la otra persona. No se trata sólo de dar nuestra opinión, que también, sino de acercar los puntos de vista, por lo tanto debemos tener muy en cuenta no faltar el respeto al otro ni a nosotros mismos. No decir nada que pase el límite de la consideración para ambas partes, de tal modo, que el contenido del mensaje no se pierda en faltas de educación, y quede lo importante, que es llegar a un consenso para avanzar como pareja. Que alguien haya hecho algo alguna vez, no significa que siempre lo vaya a hacer o que nunca pueda cambiar. Concedamos una oportunidad a la otra persona para entendernos y poder decidir si quiere cambiar en esa actitud, y respetemos si no lo quiere hacer, siempre tendremos la oportunidad de tomar una última decisión.

 

 

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Hacerse con un capital a costa del prójimo
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Ainhoa Cilveti | 03-02-2016 | 06:00| 0

Esta semana me han comentado el caso de un trabajador que pretendía que le echaran de su empresa, continuar trabajando en esta sin contrato, y de esta forma cobrar el paro y un sueldo en negro. Por supuesto, el empresario se ha negado en rotundo, y teniendo en cuenta que últimamente había dejado de acudir a algunos de los compromisos que tenía con la empresa, esta ha decidido prescindir de él. Le ha pagado su finiquito y le ha invitado a buscar trabajo en otro sitio. El empresario ha podido evitar que en su empresa haya nadie dispuesto a cometer un delito que perjudica a cada uno de los que pagamos impuestos, pero, ¿Ha logrado que el delito no se realice? Por supuesto, no es responsabilidad de este empresario, pero sin querer, ha hecho que este trabajador consiga su objetivo.

Él, ahora está en el paro, con una indemnización que le permite “hacerse con un capital”, que es el objetivo primordial de este trabajador, y dispuesto a continuar realizando su trabajo sin facturar. Sin querer, le ha hecho un favor, y aunque deba buscar nuevos clientes, estoy segura que no le será difícil encontrar personas dispuestas a pagar sin factura, ya que al cliente final, al no poder desgravar, le es más interesante hacerlo de esta forma. Desde luego, estos también están metidos en el saco de los defraudadores, pero a este grupo se les ve de forma más indulgente, ya que empatizamos con ellos, al haber actuado en alguna ocasión la mayoría de nosotros así.

No pretendo hacer un juicio de valor sobre nuestro comportamiento hacia Hacienda, ni juzgar en este caso la actuación del empresario, sin embargo, sí me gustaría hacer una reflexión sobre las diferentes percepciones que tenemos de un mismo hecho, dependiendo de si es algo que podemos hacer nosotros o no. Es decir, todos tenemos claro que un empresario no debe prestarse a defraudar a Hacienda, que somos todos, ya que nos es más difícil ponernos en esa situación, sin embargo, vemos como mal menor pagar un trabajo sin IVA, ya que esto lo sentimos más cercano, aunque estemos permitiendo que alguien trabaje sin pagar su cuota de autónomos y sin declarar su trabajo.

Como he dicho anteriormente, no pretendo poner en tela de juicio a nadie, tan sólo llevar a la reflexión sobre lo estrictos que podemos ser en algunas situaciones, y lo laxos que somos en otras iguales, pero viéndolas desde otro punto de vista.

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Stop a la gordofobia
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Ainhoa Cilveti | 27-01-2016 | 06:00| 0

Imagino que la mayoría de vosotros habéis oído hablar en los últimos días sobre este movimiento, gracias a la repercusión que está teniendo el testimonio de una chica de 23 años. Por lo que ella cuenta, siempre ha sido gorda, y reivindica la palabra, como una característica física más, al igual que lo puede hacer una persona alta, rubia o pálida. Ella se pasó su niñez renegando de su cuerpo y de su aspecto, hasta el punto que se sentía juzgada cuando comía delante de otras personas, terminando escondiéndose para hacerlo. Por supuesto, todos conocemos a alguien que tiene sobrepeso y que se siente mal por ello, pero tengo que reconocer que de esta historia me han llamado la atención sobre todo dos cosas:

1. El hecho de que este movimiento haya transmitido el miedo que siente cierta gente por realizar un acto tan normal y necesario como es el comer delante de otros por sentirse juzgados. Quizá sea algo muy común en personas que han sentido esta fobia hacia su persona, pero, a mi, me ha dado que pensar, ya que muchas veces he trabajado el tema de la autoestima con este tema, pero no se habla tanto de cómo se sienten cuando tienen que esconderse por miedo a lo que los demás pueden pensar por los alimentos que ingieren, tanto si estos son saludables, como si no lo son. El problema no es lo que comen, sino simplemente el hecho de comer.

2. El otro aspecto que me ha llamado la atención es que exista una fobia hacia unas personas por tener una determinada talla. Desde luego, me cuesta entender cualquiera de las fobias que resultan del rechazo que otro ser humano pueda transmitir, pero este, me ha hecho reflexionar sobre la condición humana y el miedo que a veces sentimos por relacionarnos con personas diferentes a nosotros mismos. Es decir, puedo explicar, aunque no lo comparta, que alguien pueda sentirse molesto delante de otra persona que no comparta sus valores o sus creencias. Dejo claro que creo que hay que ser ante todo abiertos, y saber valorar precisamente en los demás las cualidades que los hacen diferentes de nosotros, pero me cuesta creer que alguien se sienta incómodo frente a otra persona porque esta tenga una talla mayor. Desde luego, no pongo en duda lo que las personas que lideran este movimiento dicen, aunque no entienda los sentimientos y las emociones que puedan llevar a sentir esta fobia en concreto, y considero que pensar en ello nos pueden ser útil para mejorar como personas.

 

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Hacer para no pensar
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Ainhoa Cilveti | 20-01-2016 | 06:00| 0

Hay momentos para pensar y otros en los que es mejor “hacer”.  Seguro que todos tenemos experiencias de este tipo, en los que hemos tenido que hacer para no pararnos a pensar en lo que teníamos que hacer y lo contrario, en los que tenemos que pararnos a pensar antes de ponernos a hacer.

Normalmente el buen consejo suele ser que nos paremos a pensar antes de tomar ninguna decisión y ponernos a hacer las cosas a tontas y a locas, sin embargo, como la vida no es siempre como debería ser, y mucho menos lineal, hacer nos ayuda a continuar hacia adelante y no dejarnos llevar por todos los pensamientos que nos pueden venir a la cabeza. Hay ocasiones que ponernos en activo, nos ayuda incluso a pensar mejor, o al menos, a tener pensamientos más positivos por estar precisamente activos.

“Por análisis, parálisis”. Esta frase viene bien en este caso, cuando nos abruma la situación y el querer analizarla y entenderla nos hace estar inmóviles. Seguir para adelante y mantenernos activos puede quizá ocurrir que no terminemos de entender exactamente lo que sucede, pero sí salir de esa realidad. Puede parecer una huida hacia adelante, pero hay momentos en que es mejor hacerlo así, y no quedarse anquilosado en el pasado y permanecer en él.

Cada uno de nosotros hemos pasado diferentes experiencias que nos han marcado y que nos han enseñado qué hacer mejor en cada momento, y lo que es más importante, cada uno de nosotros, hemos aprendido de cada una de estas experiencias cuales son nuestros mejores recursos para seguir adelante, bien porque lo hemos hecho bien, o por el contrario, porque no lo hemos hecho como nos hubiera gustado y hemos aprendido de ello.

Cualquiera que haya sido nuestra experiencia, habrá tenido un buen resultado, y es el de haber aprendido cómo somos, cómo respondemos en cada momento y cómo nos gustaría hacerlo en un futuro. Sobre todo, el haber aprendido a conocernos más y descubrirnos los caminos para un futuro. En mi caso concreto, una vez más, he descubierto que hacer y planificar me ayuda a afrontar los malos momentos, incluso en aquellas situaciones que no te esperas y que la vida te descuadra. Tener diferentes alternativas que manejar me hacen sentirme más segura y poderlas llevar acabo me hacen sentirme útil y válida.

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La práctica atrae a la suerte
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Ainhoa Cilveti | 13-01-2016 | 06:00| 0

Gary Placer

 

            Durante un importante torneo de golf, el gran golfista Gary Placer se encontró con que la pelota había caído en un banco de arena. Se requería un golpe especialmente difícil. Ensayó el golpe mentalmente unas cuantas veces y focalizó en un solo punto toda su capacidad de concentración. El palo rozó y suavemente la pelota. Dejando una estela de arena, la bola voló por los aires, quedó suspendida por un instante, descendió, rebotó por dos veces y se detuvo a medio metro del pin.

            Mientras caminaba hacia el green después del golpe, un espectador de entre la multitud le gritó:

            “¡Eh, Gary. Eso sí que fue un golpe de suerte!”.

            Gary Placer se detuvo y se volvió hacia el hombre. “Supongo que tiene usted razón”, dijo. “Pero, ¿sabe?, es curioso. Cuanto más practico, mejor lo hago, y cuanto mejor lo hago, más suerte tengo”.

 

Fuente primaria: Meter Connolly

 Esta es una anécdota que utilizo habitualmente con mis clientes, tanto de empresa como con los del coaching personal, ya que está muy extendida la idea de que la suerte es algo abstracto que bendice a algunos y que a otros se les niega. Es verdad, que hay gente con suerte, pero también es verdad que quien más la trabaja es quien más la obtiene. Es decir, como en el caso de la metáfora, depende mucho del esfuerzo y de la actitud de las personas para atrapar esa suerte y no dejarla escapar.

En ocasiones se trata de entrenamiento, y de esto los deportistas saben mucho. Puede ocurrir que en un partido de fútbol cueste que la pelota entre en la red, pero sobre todo costará si los jugadores no han entrenado con ganas durante esa semana, y les será más fácil lograr una buena venta al comercial que haya preparado bien la entrevista frente al que no lo ha hecho. Entrenar y preparar las situaciones hacen que podamos pensar por adelantado en las diferentes alternativas que se puedan dar, y por lo tanto, podamos estar más atentos a las buenas oportunidades que se nos ofrecen.

Por otro lado, la actitud también cuenta en la suerte, quien está más abierto a que le sucedan cosas buenas, más facilidad tendrá para que le ocurran. Sé que alguien puede pensar que todos estamos dispuestos a recibir lo bueno, pero si uno se fija bien, no siempre es así. Hay veces, que por encontramos tan cerrados o tan inmersos en nuestra negatividad, no somos capaces de ver más allá y valorar lo bueno que tenemos o que nos puede ocurrir. Tener una actitud abierta y positiva ayuda a tener más suerte en la vida. Una buena forma de empezar a practicar es agradeciendo lo que se tiene y valorándolo.

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