Diario Vasco
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Autor: Ainhoa Coach
¿Qué hacemos con los padres?
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Ainhoa Cilveti | 22-03-2017 | 8:00| 0

Acabo de escuchar esta pregunta en un debate en el cual se estaba tratando el tema de una pelea ocurrida en las gradas de un campo de fútbol mientras se celebraba un partido infantil. Imagino que muchos de los que estáis leyendo este post las habéis visto, ya que las han emitido en todos los telediarios y programas de actualidad, e imagino que la mayoría se ha preguntado lo mismo: ¿Qué se puede hacer con este tipo de padres que tan mal ejemplo están dando a sus propios hijos?

Parece ser que por el momento les han prohibido entrar en el futuro en el campo, aunque si tienen un mínimo de vergüenza creo que tampoco se atreverían a acudir, pero todos sabemos, que sin llegar a estos extremos, se ven todos los fines de semana en muchas canchas deportivas actitudes vergonzantes que dan muy mal ejemplo a aquellos que se supone se va a ver y a animar, ocasionando en estos, sus hijos, todo lo contrario. Porque lo más grave de estos hechos es lo que provoca en los menores y lo que les puede suponer en su educación. Tenemos que tener en cuenta, por una parte, que nuestros hijos aprenden por el ejemplo que les damos, y por otra, se ven afectados por nuestro comportamiento, es decir, tanto en casa como fuera de casa, va a repercutir en ellos nuestra forma de comportarnos y de comunicarnos, tanto con ellos directamente, como con otras personas.

Es sabido que a partir de una edad los hijos sienten vergüenza de lo que hacen sus padres, pero los niños diferencian muy bien entre un comportamiento normal que les avergüence, como puede ser verles a sus padres bailar o besarse, y cuando hacen algo que no sólo les avergüenza a ellos, sino a todos aquellos que lo presencian, y en este caso, es difícil para los menores gestionar esas situaciones. Por una parte, ellos se sienten mal por lo ocurrido, por cómo se ven ellos afectados, y además, son conscientes de que son sus progenitores quienes han originado esa situación, lo que les provoca un mayor malestar, ya que se sienten responsables de sus padres. Sin querer, ellos se ven culpables de lo sucedido y sin saber qué hacer para solucionarlo. Debemos ser muy conscientes de que cada vez que realizamos un acto en su presencia que no son capaces de entender, hay que ofrecerles las pautas para que puedan hacerlo, por lo tanto, no hagamos cosas que ni nosotros mismos podamos justificar.

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Tirar la toalla
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Ainhoa Cilveti | 15-03-2017 | 7:00| 0

Estamos con el curso ya bastante avanzado y con una buena parte de los resultados entregados, y aunque aún falta tiempo para acabar y aún podemos tomar medidas para aprobar, también es verdad que el que no haya trabajado lo suficiente hasta ahora, no puede despistarse ni un segundo, y debe ponerse en acción ya mismo. Hay que dejar las excusas fuera, y sin dilatar más la decisión, sentarse a estudiar hasta el final de curso como si no se tuviera otra cosa mejor que hacer.

Desde luego, al que le cuesta ponerse a estudiar nos va a decir que se le ocurren muchas otras cosas mejores que puede hacer, pero si se quiere superar al final de curso los exámenes, es hora de centrarse en este único objetivo. El problema viene cuando la persona no está acostumbrada a estudiar y, bien no sabe cómo hacerlo correctamente, o bien no sabe esforzarse lo suficiente para asimilar la materia y poder pasar el examen. Sé que en este punto, el que está acostumbrado a hacerlo pensará que es tan fácil como ponerse a ello y no levantarse de la silla hasta que uno está completamente seguro que se lo sabe. El problema es precisamente, que como todo en esta vida se aprende, y la persona que no está acostumbrada a esforzarse, tiene que ir aprendiendo a hacerlo, con lo que supone aprender algo que no es del agrado y que requiere un alto grado de exigencia de uno mismo.

Los buenos estudiantes saben cuándo deben empezar a estudiar y que deben continuar hasta saberse la lección. Que los estímulos externos que les puedan distraer tienen que dejarlos a un lado, evitándolos en la medida de lo posible, y que aún y todo, puede que entren en el examen con más dudas de las que les gustaría para sacer buena nota. Mientras que el que no ha ido adquiriendo este aprendizaje, cualquier inversión extra de energía le supone mucho esfuerzo, ya que no está acostumbrado a exigirse y a luchar para aprobar un examen.

No quiero que el hecho de no saber estudiar se utilice como una excusa, pero cuando la alternativa es tirar la toalla y dejar los estudios, creo que hay que ayudar a estas personas y darles un voto de confianza para que aprendan a sentarse y a esforzarse por lo que quieren. Es importante que tengamos en cuenta, que cuanto antes aprende una persona a estudiar, más fácil le va a resultar adquirir buenos hábitos para su propósito, por lo que procuremos que aprendan desde pequeños.

 

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!!Volver a empezar¡¡
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Ainhoa Cilveti | 08-03-2017 | 7:00| 0

Muchas he hablado de los pasos que hay que dar para conseguir un objetivo, el esfuerzo que hay que realizar y el tiempo y empeño que se necesita invertir hasta que se logra. También he hablado de algunos trucos que podemos utilizar para esos momentos en los que nuestras fuerzas flaquean y cómo continuar hacia adelante sin dejar de pensar que podemos lograrlo. Pero, ¿qué pasa una vez que se ha logrado y nos damos cuenta que no es suficiente y que tenemos que continuar trabajando y pasar a un segundo objetivo para dar por realizado lo que teníamos proyectado?
Pues parece que está claro: ¡¡Volver a empezar!!

Esta segunda vez cuesta más, ya que por una parte, se está en un momento en el que creíamos íbamos a tener nuestro objetivo cumplido e íbamos a poder disfrutar de él, probablemente con las fuerzas mermadas y pensado que tenemos que ponernos otra vez en marcha y pasar por lo que hemos pasado en los últimos tiempos. Por supuesto, hay a quienes les carga las pilas pasar de un proyecto a otro, y el propio reto les motiva, pero a la mayoría, cuando han trabajado duro por lograr algo y se dan cuenta que no es suficiente y tienen que poner más de sí, nos desmoralizamos y nos cuesta pensar en volver a empezar.
Pero ya sabemos que podemos con lo que nos pongan por delante y que se trata de volver a pensar en cómo nos vamos a sentir cuando finalmente logremos que nuestro sueño se vea totalmente cumplido después de tanto trabajo y esfuerzo. Además, también somos conscientes de que lo que más nos cuesta, luego más alegría nos proporciona, por lo tanto, respiremos hondo y pongámonos otra vez en marcha. Eso sí, podemos aprender del camino ya hecho para mejorar y ser más efectivos en esta segunda etapa.

Lo normal es que no hayamos medido las fuerzas pensando en que debíamos continuar, por lo tanto nos encontremos un poco flojos de energía. Cuando nos sentimos físicamente cansados nos suele costar más estar mentalmente con ánimo y tener una actitud positiva, por lo que puede ocurrir que antes de continuar necesitemos tomarnos un pequeño descanso para recuperarnos. Saber parar para volver a empezar es importante, sin dejar que la pereza se apodere de nosotros y pudiendo aprovechar el impulso que nos ha dado el haber cumplido con la primera parte de nuestro objetivo.

 

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Cambiar de opinión no es malo
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Ainhoa Cilveti | 01-03-2017 | 7:00| 0

En muchas ocasiones hablando con mis clientes tratamos el tema de la duda y lo que esta les hace sentir, que en su mayoría es inseguridad. Se relaciona la duda con ser inseguro, quien no tiene las ideas claras y las defiende de forma vehemente, no está seguro de sí mismo. Sin embargo, considero que no siempre es así, y que quienes son capaces de dudar demuestran tener más seguridad en muchas ocasiones que quienes no son capaces de cambiar de opinión.

Probablemente, la mayoría de nosotros nos hemos visto inmersos en una conversación en la que se discute de un tema y se plantean varias opiniones diferentes. Hay quienes van a defender sus ideas hasta el final, de forma contundente y sin dejarse convencer por lo que los otros les dicen. Y habrá quienes dependiendo de lo que vayan escuchando a lo largo de la conversación, irán cambiando de posición. ¿Quién demuestra en esta situación tener más seguridad en sí mismo, el que defiende de forma categórica su opinión o quien es capaz de valorar los diferentes argumentos y puntos de vista?

Por lo que puedo comprobar, muchas personas consideran que son más fuertes y demuestran mayor seguridad quienes son capaces de mantener sus ideas pese a las argumentaciones contrarias, logrando que se tema un posible enfrentamiento con estas personas. El resto no quiere verse envuelto en una guerra dialéctica con ellas, ya que se les considera seguros y capaces de defender sus ideas con fuerza y de ser contertulios muy enérgicos. Sin embargo, a quienes escuchan los diferentes argumentos sin estar pensando en lo próximo que van a decir, y que ven más allá del interés de tener ellos la razón y se preocupan por entender cada posición y de valorar quien tiene la razón o que puntos de cada argumento puede ser válido y cual no, se les considera personas influenciables, que no se mantienen en sus ideas y que son fáciles de convencer. Por lo tanto, ¿Quiénes demuestran mayor seguridad? ¿Quiénes no quieren escuchar y cambiar o quienes se atreven a pensar de otro modo? Considero que es más valiente atreverse a realizar un cambio de pensamiento que empeñarse en aferrarse a mantener una idea por haber comenzado a defenderla sin darle otra oportunidad al resto de puntos de vista. Saber escuchar y apreciar diferentes criterios demuestra mucha seguridad y empatía.

 

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El corte de pelo
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Ainhoa Cilveti | 22-02-2017 | 7:00| 0

Una chica entra en una peluquería y pide que le corten el pelo un viernes. El lunes a la mañana las peluqueras acuden a la peluquería y mientras preparan las cosas para empezar a trabajar escuchan un mensaje en el ordenador que les acusa de haber arruinado el fin de semana a esta persona por haber cortado de más. Defiendo que la imagen personal es importante, pero creo que hay que saber relativizar y diferenciar entre lo verdaderamente catastrófico y lo que nos puede fastidiar la vida.

“El secreto de mi felicidad es tratar las catástrofes como molestias y no las molestias como catástrofes” André Maurois.

Creo que esta frase tiene mucha razón ya que en muchas ocasiones nos cuesta diferenciar lo que es importante, de lo que no lo es. Cada cual es muy libre de amargarse la vida con el tema que más le guste, pero qué necesidad hay de hacerlo cuando no se trata de una situación grave. Saber relativizar nos ayuda a discernir entre lo que debe hacernos parar y prestar atención y sobre lo que podemos dejar pasar sin más. Cuanto más atención le prestemos a cualquier asunto más importancia le vamos a dar, por lo tanto, cuando no consideremos que un asunto no podemos solucionarlo o que no merece la pena prestarle atención, más nos vale seguir adelante y disfrutar de lo que tenemos.

Por supuesto, no todos tenemos el “umbral de lo importante” a la misma altura, pero analizar cada situación con perspectiva y con la herramienta de la relatividad nos puede ayudar a marcar ese umbral en el nivel adecuado para aceptar esa experiencia. Al fin y al cabo, no debemos olvidar que lo más importante es que nosotros nos encontremos bien, por lo tanto, debemos poner en una balanza si es más importante el hecho ocurrido en sí y como nos sentimos ante él, o simplemente dejar a un lado este y continuar con nuestra vida de la mejor manera posible.

En el caso que tratamos, el pelo crece, y sin necesidad de hacer nada, el problema se va a solucionar solo, aunque mientras tanto, es nuestra la decisión de cómo la gestionamos, si desde la “terribilitis” y sintiéndonos mal por ello, o por el contrario, decidimos relativizar y no darle más importancia que el pensar que vamos a estar unos días con el pelo un poco más corto del que nos gustaría. También debemos destacar que como todo en la vida, con la práctica se aprende y cuanto antes sepamos relativizar los “problemas” pequeños, mejor afrontaremos los verdaderamente importantes.

 

 

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