Diario Vasco
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Autor: Ainhoa Coach
“Trata a una persona como…”
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Ainhoa Cilveti | 15-02-2017 | 7:00| 0

“Trata a una persona como parece que es y seguirá siendo como es, y trata a una persona como crees que puede llegar a ser y terminará siendo así.” Goethe

 

Estoy segura que muchos de nosotros hemos pasado en algún momento por la situación de ponernos nerviosos ante una persona y haber actuado de forma más torpe de lo habitual delante de ella. Normalmente nos suele ocurrir con personas que por algún motivo nos imponen, bien porque nos gustan y nos resultan atractivas, nos desagradan o nos resultan muy autoritarias, el caso es que no somos capaces de actuar con normalidad delante de ellos. Y cuanto más nos esforcemos por comportarnos naturalmente, más nos va a costar, ya que más importancia vamos a dar a la situación y más nerviosos nos vamos a poner.

Si a esta circunstancia le damos la vuelta, es decir, si somos nosotros quienes ponemos nervioso a alguien lo mismo va a ocurrirle a esa otra persona, y menos acertará en sus acciones. Por este motivo, y cuando prejuzgamos que alguien no va a saber hacer algo bien o que no va a ser efectivo, estamos trasladando esta idea a la otra persona, a la que va a costar más cumplir con su cometido, y con las pocas expectativas que estamos poniendo sobre él. Por este motivo, es importante pensar que debemos confiar en esa persona, aunque haya veces que hasta la fecha nos haya demostrado lo contrario, pero transmitirle buenas expectativas va a facilitarle que pueda cumplir con estas. Cuando se educa a un niño transmitiéndole confianza, será más probable que este nos la devuelva, es decir, que sea capaz de actuar conforme a lo que se espera de él. Las expectativas que trasladamos a alguien son como una profecía que se cumple, y cuantas más expectativas favorables tengamos en un individuo, este más se esforzará por cumplirlas.

Si este mismo axioma lo trasladamos al mundo laboral, vamos a encontrarnos con trabajadores motivados y dispuestos a cumplir con su trabajo de la mejor de las formas, ya que el otorgar confianza a alguien hace que este se responsabilice por cuidar esa expectativa, y por lo tanto se esfuerce más en su trabajo. Por supuesto, habrá quien se haya encontrado con todo lo contrario y esté harto de confiar en alguien que continuamente le está fallando, pero hay que destacar que esto ocurre la menor de las veces. Si ofrecemos confianza, obtenemos buenos resultados.

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Buen jefe/Mal jefe
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Ainhoa Cilveti | 08-02-2017 | 7:00| 0

Ha salido un estudio que concluye que el causante del 36% del estrés de los trabajadores se debe al jefe. Poco me parece con lo que percibo en mi trabajo, pero tampoco considero que haya que culpabilizar mayormente a los superiores de nuestro estado, ya que debemos tener en cuenta que el umbral del estrés depende de nuestra habilidad para gestionar las situaciones que vayan aconteciendo en el trabajo.

Lo que sí es cierto, es que dependiendo de cómo sea la forma de liderazgo, o en muchas ocasiones, la ausencia de la misma por parte del jefe, va a establecerse la forma de trabajar en ese entorno laboral. Si el jefe tiene un buen estilo directivo, es coherente con la filosofía y los objetivos de la empresa, sabe delegar, escucha a sus trabajadores, sabe encontrar y retener el nuevo talento,  es flexible y comprensivo, transmite confianza y hace que sus empleados trabajen bien en equipo, es decir, es un buen jefe, el trabajo en esa empresa nos va a resultar mucho más fácil, incluso cuando se den situaciones problemáticas, el poder gestionar bien las dificultades y tener una actitud positiva va a resultar más sencillo, ya que el entorno es propicio para ello.

El problema viene cuando todas estas condiciones mencionadas anteriormente no se dan y la persona que dirige no tiene autoridad sobre sus empleados. Que un trabajador sufra estrés laboral no siempre se debe al jefe, también puede ser por la relación con otros compañeros, clientes, o la propia dinámica del puesto, pero, cuando se debe a su superior, la persona asume como más difícil la solución al problema, ya que no siempre se puede hablar directamente con el jefe sobre lo que pasa, cuál es la causa del conflicto o qué habría que hacer para remediarlo. Con todo esto, la “porquería” que un jefe esparce en su entorno crece exponencialmente a medida que se va se va transmitiendo en los sucesivos departamentos, lo que hace que sea muy importante tener “buenos” jefes en las organizaciones. El mal hacer de un jefe repercute mucho más en la empresa que el mal hacer de cualquier otro trabajador, por lo que si es importante tener buenos empleados, más importante es tener buenos dirigentes que sepan gestionar bien.

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Comprometerse con el trabajo
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Ainhoa Cilveti | 01-02-2017 | 7:00| 0

Estamos en una época en la que tener un trabajo es casi un lujo, y que por consiguiente, las personas que necesitan trabajar y a las que les importa su empleo, se esfuerzan por hacerlo bien, y suelen comprometerse con él, aunque no siempre es así. El compromiso que una persona adquiere en cualquier aspecto de su vida es básico para reconocer el carácter de la misma, por lo que la manera de gestionar este compromiso es fundamental para saber qué podemos esperar de este trabajador/a en su puesto laboral.

No todos actuamos de igual manera en diferentes ámbitos de nuestra vida, puede ocurrir que en algunos ambientes seamos más serios, y en otros nos comportamos de forma más distendida, pero el fondo de la persona no suele cambiar, y el que se comporta de manera comprometida en algún aspecto lo suele hacer en la mayoría de los aspectos de su vida, y no sólo con los demás, sino también con uno mismo. Por este motivo, es importante cuando tenemos que trabajar con alguien, saber cuál es el compromiso que tiene con su vida, ya que será el mismo que tenga con nosotros a la hora de actuar.

Se suele decir que es difícil  trabajar en equipo, y desde luego, aunque haya momentos que resulte agradable colaborar con otras personas y relacionarse con ellas, también es verdad que hay que habituarse a ceder y a compartir para sacar adelante el trabajo. Aprender desde pequeño facilita la cuestión, puede ser realizando actividades lúdicas como teatro o practicando algún deporte en equipo, desarrollar las habilidades de respeto y de confianza hacia los compañeros va a permitir que la persona no sólo sea más respetuoso con el trabajo de los demás, también con el suyo propio. Una vez más, el respeto es lo que marca la pauta para ser comprometido con lo que uno hace, ya que el saber respetar la labor ajena va a hacer que nos esforcemos más y tomemos mayor responsabilidad en nuestro propio cometido.

Por todo esto, cuando tengamos que pensar en alguien que incorporar a nuestro equipo de trabajo, nos ayudará buscar a aquellas personas que se comprometen con lo que hacen, independientemente de lo que se trate, si son capaces de respetar el trabajo de los otros y el suyo propio, serán buenos colaboradores en un equipo.

 

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Libertad de expresión
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Ainhoa Cilveti | 25-01-2017 | 7:00| 0

Cada día saltan más noticias sobre tuits ofensivos en todas direcciones y desde todas las ideologías. Siempre se amparan en la libertad de expresión, pero me cuesta creerlo, y no verlo como la utilización de esta como una excusa, por importante que me parezca. Por supuesto, todos tenemos derecho a expresar nuestras ideas, pero también tenemos derecho y la obligación de callarnos cuando no nos piden nuestra opinión, sobre todo, cuando esta puede resultar ofensiva para otros.

En este punto, habrá quien diga que hay que alzar nuestras voces hacia aquello que no nos gusta, pero creo que antes de hacerlo, deberíamos preguntarnos ¿para qué? ¿Nos lleva a alguna parte el expresar esas ideas? ¿Tan importantes creemos que son para tener que lanzarlas sin más, y sin pensar en las consecuencias que estas pueden tener en alguna persona? ¿No debemos pensar antes en si vamos a causar dolor a quien pueda leerlo para no conseguir nada más?

Esta semana, se ha producido el fallecimiento de una persona querida por mucha gente y cuyo tío, muy conocido, ha mandado un tuit de condolencia. Lo último que podía pensar es que este hecho diera lugar a un montón de tuits injuriosos sobre la fallecida, simplemente porque era diferente a ellos, y que además todo comenzará por parte de un periodista al cual se le presuponía un cierto grado de educación. Me cuesta ponerme en la situación en la que ha estado para ocurrírsele contestar al tío de la fallecida con semejante tuit, faltando a él y a toda la familia y amigos de tal manera al respeto, porque considero que quien así lo hace, es a él mismo a quien primero se está faltando el respeto.

Da lo mismo que estemos en desacuerdo con quien tenemos delante, no siempre tenemos el derecho de decir lo que pensamos sin calcular el efecto que nuestras palabras van a tener. No podemos pensar que porque nos creamos en la verdad absoluta debemos lanzar los mensajes sin calcular las consecuencias, y mucho menos, creer que la nuestra es la única verdad. Pero, es que encima, en estos casos, no sólo se trata de quién tiene la razón, ya que es lo menos importante, sino de valorar que cuando faltamos el respeto a otra persona lo hacemos a nosotros mismos. ¿Hay algo peor que hacer daño gratuitamente a alguien? Por supuesto, siempre tenemos la opción de no leer estos tuits, aunque en este caso va a ser difícil que no se enteren, pero ¿para qué lanzar nada que pueda herir a otro? Por favor, comencemos a ser más humanos y respetuosos en todos los ámbitos de nuestra vida.

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Generación blandita
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Ainhoa Cilveti | 18-01-2017 | 7:00| 0

Algunos llevamos tiempo denunciando la sobreprotección que consideramos se ejerce sobre los hijos en los últimos años, y las consecuencias que esto puede originar en un futuro. Sin embargo, parecía más una crítica de padres mayores hacia una generación más joven, aunque en la mía también lo vea, pero resulta que expertos en la materia han constatado que sobreproteger a los niños en lugar de beneficiarles, les perjudica, ya que no les permite desarrollar la capacidad de aprender a gestionar sus recursos y de saber lidiar con la frustración en los casos necesarios. Los padres no vamos a poder estar ahí siempre para solucionarles todas las cuestiones, por eso, debemos darles las herramientas para que sepan hacerlo ellos por sí solos y que en un futuro puedan ser capaces de ser autónomos y adultos en todo el sentido de la palabra.

El otro día, salió en el telediario que algunos especialistas en educación infantil alertan sobre la falta de capacidad para afrontar la frustración que van a tener los niños a los que se les está resolviendo los problemas por parte de los padres, a los cuales se les facilita todo lo que piden y que cada vez se les exige respetar menos reglas. Es normal que los padres queramos dar lo mejor a nuestros hijos y procuremos que sufran lo menos posible, pero también debemos ser conscientes que lo mejor no implica directamente ofrecer cosas materiales o evitarles penurias, sino darles la oportunidad de crecer y desarrollar su capacidad y su potencial, y para ello el mejor regalo que les podemos brindar es saber utilizar sus propias herramientas para poderlas poner en práctica cuando sea necesario, sin importar que nosotros estemos delante o no. Saber confiar en sus capacidades y en sí mismos es el mejor legado que un padre/madre puede dar a sus hijos.

Debemos tener en cuenta que aprender a gestionar la frustración desde pequeñitos ayuda a poderla resolver con mayor acierto más tarde, evitando en muchas ocasiones que una pequeñez nos lleve a ella, y sabiendo tomar una actitud positiva frente a circunstancias adversas. Si no somos capaces de decir “no” a nuestros hijos ahora, ellos no aprenderán a gestionar la emoción que esto les supone, y en un futuro cualquier contratiempo les llevará a sentirse mal y frustrados.

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