Diario Vasco
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Autor: Ainhoa Coach
!!Volver a empezar¡¡
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Ainhoa Cilveti | 08-03-2017 | 7:00| 0

Muchas he hablado de los pasos que hay que dar para conseguir un objetivo, el esfuerzo que hay que realizar y el tiempo y empeño que se necesita invertir hasta que se logra. También he hablado de algunos trucos que podemos utilizar para esos momentos en los que nuestras fuerzas flaquean y cómo continuar hacia adelante sin dejar de pensar que podemos lograrlo. Pero, ¿qué pasa una vez que se ha logrado y nos damos cuenta que no es suficiente y que tenemos que continuar trabajando y pasar a un segundo objetivo para dar por realizado lo que teníamos proyectado?
Pues parece que está claro: ¡¡Volver a empezar!!

Esta segunda vez cuesta más, ya que por una parte, se está en un momento en el que creíamos íbamos a tener nuestro objetivo cumplido e íbamos a poder disfrutar de él, probablemente con las fuerzas mermadas y pensado que tenemos que ponernos otra vez en marcha y pasar por lo que hemos pasado en los últimos tiempos. Por supuesto, hay a quienes les carga las pilas pasar de un proyecto a otro, y el propio reto les motiva, pero a la mayoría, cuando han trabajado duro por lograr algo y se dan cuenta que no es suficiente y tienen que poner más de sí, nos desmoralizamos y nos cuesta pensar en volver a empezar.
Pero ya sabemos que podemos con lo que nos pongan por delante y que se trata de volver a pensar en cómo nos vamos a sentir cuando finalmente logremos que nuestro sueño se vea totalmente cumplido después de tanto trabajo y esfuerzo. Además, también somos conscientes de que lo que más nos cuesta, luego más alegría nos proporciona, por lo tanto, respiremos hondo y pongámonos otra vez en marcha. Eso sí, podemos aprender del camino ya hecho para mejorar y ser más efectivos en esta segunda etapa.

Lo normal es que no hayamos medido las fuerzas pensando en que debíamos continuar, por lo tanto nos encontremos un poco flojos de energía. Cuando nos sentimos físicamente cansados nos suele costar más estar mentalmente con ánimo y tener una actitud positiva, por lo que puede ocurrir que antes de continuar necesitemos tomarnos un pequeño descanso para recuperarnos. Saber parar para volver a empezar es importante, sin dejar que la pereza se apodere de nosotros y pudiendo aprovechar el impulso que nos ha dado el haber cumplido con la primera parte de nuestro objetivo.

 

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Cambiar de opinión no es malo
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Ainhoa Cilveti | 01-03-2017 | 7:00| 0

En muchas ocasiones hablando con mis clientes tratamos el tema de la duda y lo que esta les hace sentir, que en su mayoría es inseguridad. Se relaciona la duda con ser inseguro, quien no tiene las ideas claras y las defiende de forma vehemente, no está seguro de sí mismo. Sin embargo, considero que no siempre es así, y que quienes son capaces de dudar demuestran tener más seguridad en muchas ocasiones que quienes no son capaces de cambiar de opinión.

Probablemente, la mayoría de nosotros nos hemos visto inmersos en una conversación en la que se discute de un tema y se plantean varias opiniones diferentes. Hay quienes van a defender sus ideas hasta el final, de forma contundente y sin dejarse convencer por lo que los otros les dicen. Y habrá quienes dependiendo de lo que vayan escuchando a lo largo de la conversación, irán cambiando de posición. ¿Quién demuestra en esta situación tener más seguridad en sí mismo, el que defiende de forma categórica su opinión o quien es capaz de valorar los diferentes argumentos y puntos de vista?

Por lo que puedo comprobar, muchas personas consideran que son más fuertes y demuestran mayor seguridad quienes son capaces de mantener sus ideas pese a las argumentaciones contrarias, logrando que se tema un posible enfrentamiento con estas personas. El resto no quiere verse envuelto en una guerra dialéctica con ellas, ya que se les considera seguros y capaces de defender sus ideas con fuerza y de ser contertulios muy enérgicos. Sin embargo, a quienes escuchan los diferentes argumentos sin estar pensando en lo próximo que van a decir, y que ven más allá del interés de tener ellos la razón y se preocupan por entender cada posición y de valorar quien tiene la razón o que puntos de cada argumento puede ser válido y cual no, se les considera personas influenciables, que no se mantienen en sus ideas y que son fáciles de convencer. Por lo tanto, ¿Quiénes demuestran mayor seguridad? ¿Quiénes no quieren escuchar y cambiar o quienes se atreven a pensar de otro modo? Considero que es más valiente atreverse a realizar un cambio de pensamiento que empeñarse en aferrarse a mantener una idea por haber comenzado a defenderla sin darle otra oportunidad al resto de puntos de vista. Saber escuchar y apreciar diferentes criterios demuestra mucha seguridad y empatía.

 

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El corte de pelo
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Ainhoa Cilveti | 22-02-2017 | 7:00| 0

Una chica entra en una peluquería y pide que le corten el pelo un viernes. El lunes a la mañana las peluqueras acuden a la peluquería y mientras preparan las cosas para empezar a trabajar escuchan un mensaje en el ordenador que les acusa de haber arruinado el fin de semana a esta persona por haber cortado de más. Defiendo que la imagen personal es importante, pero creo que hay que saber relativizar y diferenciar entre lo verdaderamente catastrófico y lo que nos puede fastidiar la vida.

“El secreto de mi felicidad es tratar las catástrofes como molestias y no las molestias como catástrofes” André Maurois.

Creo que esta frase tiene mucha razón ya que en muchas ocasiones nos cuesta diferenciar lo que es importante, de lo que no lo es. Cada cual es muy libre de amargarse la vida con el tema que más le guste, pero qué necesidad hay de hacerlo cuando no se trata de una situación grave. Saber relativizar nos ayuda a discernir entre lo que debe hacernos parar y prestar atención y sobre lo que podemos dejar pasar sin más. Cuanto más atención le prestemos a cualquier asunto más importancia le vamos a dar, por lo tanto, cuando no consideremos que un asunto no podemos solucionarlo o que no merece la pena prestarle atención, más nos vale seguir adelante y disfrutar de lo que tenemos.

Por supuesto, no todos tenemos el “umbral de lo importante” a la misma altura, pero analizar cada situación con perspectiva y con la herramienta de la relatividad nos puede ayudar a marcar ese umbral en el nivel adecuado para aceptar esa experiencia. Al fin y al cabo, no debemos olvidar que lo más importante es que nosotros nos encontremos bien, por lo tanto, debemos poner en una balanza si es más importante el hecho ocurrido en sí y como nos sentimos ante él, o simplemente dejar a un lado este y continuar con nuestra vida de la mejor manera posible.

En el caso que tratamos, el pelo crece, y sin necesidad de hacer nada, el problema se va a solucionar solo, aunque mientras tanto, es nuestra la decisión de cómo la gestionamos, si desde la “terribilitis” y sintiéndonos mal por ello, o por el contrario, decidimos relativizar y no darle más importancia que el pensar que vamos a estar unos días con el pelo un poco más corto del que nos gustaría. También debemos destacar que como todo en la vida, con la práctica se aprende y cuanto antes sepamos relativizar los “problemas” pequeños, mejor afrontaremos los verdaderamente importantes.

 

 

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“Trata a una persona como…”
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Ainhoa Cilveti | 15-02-2017 | 7:00| 0

“Trata a una persona como parece que es y seguirá siendo como es, y trata a una persona como crees que puede llegar a ser y terminará siendo así.” Goethe

 

Estoy segura que muchos de nosotros hemos pasado en algún momento por la situación de ponernos nerviosos ante una persona y haber actuado de forma más torpe de lo habitual delante de ella. Normalmente nos suele ocurrir con personas que por algún motivo nos imponen, bien porque nos gustan y nos resultan atractivas, nos desagradan o nos resultan muy autoritarias, el caso es que no somos capaces de actuar con normalidad delante de ellos. Y cuanto más nos esforcemos por comportarnos naturalmente, más nos va a costar, ya que más importancia vamos a dar a la situación y más nerviosos nos vamos a poner.

Si a esta circunstancia le damos la vuelta, es decir, si somos nosotros quienes ponemos nervioso a alguien lo mismo va a ocurrirle a esa otra persona, y menos acertará en sus acciones. Por este motivo, y cuando prejuzgamos que alguien no va a saber hacer algo bien o que no va a ser efectivo, estamos trasladando esta idea a la otra persona, a la que va a costar más cumplir con su cometido, y con las pocas expectativas que estamos poniendo sobre él. Por este motivo, es importante pensar que debemos confiar en esa persona, aunque haya veces que hasta la fecha nos haya demostrado lo contrario, pero transmitirle buenas expectativas va a facilitarle que pueda cumplir con estas. Cuando se educa a un niño transmitiéndole confianza, será más probable que este nos la devuelva, es decir, que sea capaz de actuar conforme a lo que se espera de él. Las expectativas que trasladamos a alguien son como una profecía que se cumple, y cuantas más expectativas favorables tengamos en un individuo, este más se esforzará por cumplirlas.

Si este mismo axioma lo trasladamos al mundo laboral, vamos a encontrarnos con trabajadores motivados y dispuestos a cumplir con su trabajo de la mejor de las formas, ya que el otorgar confianza a alguien hace que este se responsabilice por cuidar esa expectativa, y por lo tanto se esfuerce más en su trabajo. Por supuesto, habrá quien se haya encontrado con todo lo contrario y esté harto de confiar en alguien que continuamente le está fallando, pero hay que destacar que esto ocurre la menor de las veces. Si ofrecemos confianza, obtenemos buenos resultados.

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Buen jefe/Mal jefe
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Ainhoa Cilveti | 08-02-2017 | 7:00| 0

Ha salido un estudio que concluye que el causante del 36% del estrés de los trabajadores se debe al jefe. Poco me parece con lo que percibo en mi trabajo, pero tampoco considero que haya que culpabilizar mayormente a los superiores de nuestro estado, ya que debemos tener en cuenta que el umbral del estrés depende de nuestra habilidad para gestionar las situaciones que vayan aconteciendo en el trabajo.

Lo que sí es cierto, es que dependiendo de cómo sea la forma de liderazgo, o en muchas ocasiones, la ausencia de la misma por parte del jefe, va a establecerse la forma de trabajar en ese entorno laboral. Si el jefe tiene un buen estilo directivo, es coherente con la filosofía y los objetivos de la empresa, sabe delegar, escucha a sus trabajadores, sabe encontrar y retener el nuevo talento,  es flexible y comprensivo, transmite confianza y hace que sus empleados trabajen bien en equipo, es decir, es un buen jefe, el trabajo en esa empresa nos va a resultar mucho más fácil, incluso cuando se den situaciones problemáticas, el poder gestionar bien las dificultades y tener una actitud positiva va a resultar más sencillo, ya que el entorno es propicio para ello.

El problema viene cuando todas estas condiciones mencionadas anteriormente no se dan y la persona que dirige no tiene autoridad sobre sus empleados. Que un trabajador sufra estrés laboral no siempre se debe al jefe, también puede ser por la relación con otros compañeros, clientes, o la propia dinámica del puesto, pero, cuando se debe a su superior, la persona asume como más difícil la solución al problema, ya que no siempre se puede hablar directamente con el jefe sobre lo que pasa, cuál es la causa del conflicto o qué habría que hacer para remediarlo. Con todo esto, la “porquería” que un jefe esparce en su entorno crece exponencialmente a medida que se va se va transmitiendo en los sucesivos departamentos, lo que hace que sea muy importante tener “buenos” jefes en las organizaciones. El mal hacer de un jefe repercute mucho más en la empresa que el mal hacer de cualquier otro trabajador, por lo que si es importante tener buenos empleados, más importante es tener buenos dirigentes que sepan gestionar bien.

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