Diario Vasco
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¿Qué hacemos con los padres?
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Ainhoa Cilveti | 22-03-2017 | 15:24| 0

Acabo de escuchar esta pregunta en un debate en el cual se estaba tratando el tema de una pelea ocurrida en las gradas de un campo de fútbol mientras se celebraba un partido infantil. Imagino que muchos de los que estáis leyendo este post las habéis visto, ya que las han emitido en todos los telediarios y programas de actualidad, e imagino que la mayoría se ha preguntado lo mismo: ¿Qué se puede hacer con este tipo de padres que tan mal ejemplo están dando a sus propios hijos?

Parece ser que por el momento les han prohibido entrar en el futuro en el campo, aunque si tienen un mínimo de vergüenza creo que tampoco se atreverían a acudir, pero todos sabemos, que sin llegar a estos extremos, se ven todos los fines de semana en muchas canchas deportivas actitudes vergonzantes que dan muy mal ejemplo a aquellos que se supone se va a ver y a animar, ocasionando en estos, sus hijos, todo lo contrario. Porque lo más grave de estos hechos es lo que provoca en los menores y lo que les puede suponer en su educación. Tenemos que tener en cuenta, por una parte, que nuestros hijos aprenden por el ejemplo que les damos, y por otra, se ven afectados por nuestro comportamiento, es decir, tanto en casa como fuera de casa, va a repercutir en ellos nuestra forma de comportarnos y de comunicarnos, tanto con ellos directamente, como con otras personas.

Es sabido que a partir de una edad los hijos sienten vergüenza de lo que hacen sus padres, pero los niños diferencian muy bien entre un comportamiento normal que les avergüence, como puede ser verles a sus padres bailar o besarse, y cuando hacen algo que no sólo les avergüenza a ellos, sino a todos aquellos que lo presencian, y en este caso, es difícil para los menores gestionar esas situaciones. Por una parte, ellos se sienten mal por lo ocurrido, por cómo se ven ellos afectados, y además, son conscientes de que son sus progenitores quienes han originado esa situación, lo que les provoca un mayor malestar, ya que se sienten responsables de sus padres. Sin querer, ellos se ven culpables de lo sucedido y sin saber qué hacer para solucionarlo. Debemos ser muy conscientes de que cada vez que realizamos un acto en su presencia que no son capaces de entender, hay que ofrecerles las pautas para que puedan hacerlo, por lo tanto, no hagamos cosas que ni nosotros mismos podamos justificar.

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Tirar la toalla
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Ainhoa Cilveti | 14-03-2017 | 11:43| 1

Estamos con el curso ya bastante avanzado y con una buena parte de los resultados entregados, y aunque aún falta tiempo para acabar y aún podemos tomar medidas para aprobar, también es verdad que el que no haya trabajado lo suficiente hasta ahora, no puede despistarse ni un segundo, y debe ponerse en acción ya mismo. Hay que dejar las excusas fuera, y sin dilatar más la decisión, sentarse a estudiar hasta el final de curso como si no se tuviera otra cosa mejor que hacer.

Desde luego, al que le cuesta ponerse a estudiar nos va a decir que se le ocurren muchas otras cosas mejores que puede hacer, pero si se quiere superar al final de curso los exámenes, es hora de centrarse en este único objetivo. El problema viene cuando la persona no está acostumbrada a estudiar y, bien no sabe cómo hacerlo correctamente, o bien no sabe esforzarse lo suficiente para asimilar la materia y poder pasar el examen. Sé que en este punto, el que está acostumbrado a hacerlo pensará que es tan fácil como ponerse a ello y no levantarse de la silla hasta que uno está completamente seguro que se lo sabe. El problema es precisamente, que como todo en esta vida se aprende, y la persona que no está acostumbrada a esforzarse, tiene que ir aprendiendo a hacerlo, con lo que supone aprender algo que no es del agrado y que requiere un alto grado de exigencia de uno mismo.

Los buenos estudiantes saben cuándo deben empezar a estudiar y que deben continuar hasta saberse la lección. Que los estímulos externos que les puedan distraer tienen que dejarlos a un lado, evitándolos en la medida de lo posible, y que aún y todo, puede que entren en el examen con más dudas de las que les gustaría para sacer buena nota. Mientras que el que no ha ido adquiriendo este aprendizaje, cualquier inversión extra de energía le supone mucho esfuerzo, ya que no está acostumbrado a exigirse y a luchar para aprobar un examen.

No quiero que el hecho de no saber estudiar se utilice como una excusa, pero cuando la alternativa es tirar la toalla y dejar los estudios, creo que hay que ayudar a estas personas y darles un voto de confianza para que aprendan a sentarse y a esforzarse por lo que quieren. Es importante que tengamos en cuenta, que cuanto antes aprende una persona a estudiar, más fácil le va a resultar adquirir buenos hábitos para su propósito, por lo que procuremos que aprendan desde pequeños.

 

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!!Volver a empezar¡¡
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Ainhoa Cilveti | 07-03-2017 | 18:50| 0

Muchas he hablado de los pasos que hay que dar para conseguir un objetivo, el esfuerzo que hay que realizar y el tiempo y empeño que se necesita invertir hasta que se logra. También he hablado de algunos trucos que podemos utilizar para esos momentos en los que nuestras fuerzas flaquean y cómo continuar hacia adelante sin dejar de pensar que podemos lograrlo. Pero, ¿qué pasa una vez que se ha logrado y nos damos cuenta que no es suficiente y que tenemos que continuar trabajando y pasar a un segundo objetivo para dar por realizado lo que teníamos proyectado?
Pues parece que está claro: ¡¡Volver a empezar!!

Esta segunda vez cuesta más, ya que por una parte, se está en un momento en el que creíamos íbamos a tener nuestro objetivo cumplido e íbamos a poder disfrutar de él, probablemente con las fuerzas mermadas y pensado que tenemos que ponernos otra vez en marcha y pasar por lo que hemos pasado en los últimos tiempos. Por supuesto, hay a quienes les carga las pilas pasar de un proyecto a otro, y el propio reto les motiva, pero a la mayoría, cuando han trabajado duro por lograr algo y se dan cuenta que no es suficiente y tienen que poner más de sí, nos desmoralizamos y nos cuesta pensar en volver a empezar.
Pero ya sabemos que podemos con lo que nos pongan por delante y que se trata de volver a pensar en cómo nos vamos a sentir cuando finalmente logremos que nuestro sueño se vea totalmente cumplido después de tanto trabajo y esfuerzo. Además, también somos conscientes de que lo que más nos cuesta, luego más alegría nos proporciona, por lo tanto, respiremos hondo y pongámonos otra vez en marcha. Eso sí, podemos aprender del camino ya hecho para mejorar y ser más efectivos en esta segunda etapa.

Lo normal es que no hayamos medido las fuerzas pensando en que debíamos continuar, por lo tanto nos encontremos un poco flojos de energía. Cuando nos sentimos físicamente cansados nos suele costar más estar mentalmente con ánimo y tener una actitud positiva, por lo que puede ocurrir que antes de continuar necesitemos tomarnos un pequeño descanso para recuperarnos. Saber parar para volver a empezar es importante, sin dejar que la pereza se apodere de nosotros y pudiendo aprovechar el impulso que nos ha dado el haber cumplido con la primera parte de nuestro objetivo.

 

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Cambiar de opinión no es malo
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Ainhoa Cilveti | 28-02-2017 | 18:43| 0

En muchas ocasiones hablando con mis clientes tratamos el tema de la duda y lo que esta les hace sentir, que en su mayoría es inseguridad. Se relaciona la duda con ser inseguro, quien no tiene las ideas claras y las defiende de forma vehemente, no está seguro de sí mismo. Sin embargo, considero que no siempre es así, y que quienes son capaces de dudar demuestran tener más seguridad en muchas ocasiones que quienes no son capaces de cambiar de opinión.

Probablemente, la mayoría de nosotros nos hemos visto inmersos en una conversación en la que se discute de un tema y se plantean varias opiniones diferentes. Hay quienes van a defender sus ideas hasta el final, de forma contundente y sin dejarse convencer por lo que los otros les dicen. Y habrá quienes dependiendo de lo que vayan escuchando a lo largo de la conversación, irán cambiando de posición. ¿Quién demuestra en esta situación tener más seguridad en sí mismo, el que defiende de forma categórica su opinión o quien es capaz de valorar los diferentes argumentos y puntos de vista?

Por lo que puedo comprobar, muchas personas consideran que son más fuertes y demuestran mayor seguridad quienes son capaces de mantener sus ideas pese a las argumentaciones contrarias, logrando que se tema un posible enfrentamiento con estas personas. El resto no quiere verse envuelto en una guerra dialéctica con ellas, ya que se les considera seguros y capaces de defender sus ideas con fuerza y de ser contertulios muy enérgicos. Sin embargo, a quienes escuchan los diferentes argumentos sin estar pensando en lo próximo que van a decir, y que ven más allá del interés de tener ellos la razón y se preocupan por entender cada posición y de valorar quien tiene la razón o que puntos de cada argumento puede ser válido y cual no, se les considera personas influenciables, que no se mantienen en sus ideas y que son fáciles de convencer. Por lo tanto, ¿Quiénes demuestran mayor seguridad? ¿Quiénes no quieren escuchar y cambiar o quienes se atreven a pensar de otro modo? Considero que es más valiente atreverse a realizar un cambio de pensamiento que empeñarse en aferrarse a mantener una idea por haber comenzado a defenderla sin darle otra oportunidad al resto de puntos de vista. Saber escuchar y apreciar diferentes criterios demuestra mucha seguridad y empatía.

 

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El corte de pelo
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Ainhoa Cilveti | 21-02-2017 | 20:07| 0

Una chica entra en una peluquería y pide que le corten el pelo un viernes. El lunes a la mañana las peluqueras acuden a la peluquería y mientras preparan las cosas para empezar a trabajar escuchan un mensaje en el ordenador que les acusa de haber arruinado el fin de semana a esta persona por haber cortado de más. Defiendo que la imagen personal es importante, pero creo que hay que saber relativizar y diferenciar entre lo verdaderamente catastrófico y lo que nos puede fastidiar la vida.

“El secreto de mi felicidad es tratar las catástrofes como molestias y no las molestias como catástrofes” André Maurois.

Creo que esta frase tiene mucha razón ya que en muchas ocasiones nos cuesta diferenciar lo que es importante, de lo que no lo es. Cada cual es muy libre de amargarse la vida con el tema que más le guste, pero qué necesidad hay de hacerlo cuando no se trata de una situación grave. Saber relativizar nos ayuda a discernir entre lo que debe hacernos parar y prestar atención y sobre lo que podemos dejar pasar sin más. Cuanto más atención le prestemos a cualquier asunto más importancia le vamos a dar, por lo tanto, cuando no consideremos que un asunto no podemos solucionarlo o que no merece la pena prestarle atención, más nos vale seguir adelante y disfrutar de lo que tenemos.

Por supuesto, no todos tenemos el “umbral de lo importante” a la misma altura, pero analizar cada situación con perspectiva y con la herramienta de la relatividad nos puede ayudar a marcar ese umbral en el nivel adecuado para aceptar esa experiencia. Al fin y al cabo, no debemos olvidar que lo más importante es que nosotros nos encontremos bien, por lo tanto, debemos poner en una balanza si es más importante el hecho ocurrido en sí y como nos sentimos ante él, o simplemente dejar a un lado este y continuar con nuestra vida de la mejor manera posible.

En el caso que tratamos, el pelo crece, y sin necesidad de hacer nada, el problema se va a solucionar solo, aunque mientras tanto, es nuestra la decisión de cómo la gestionamos, si desde la “terribilitis” y sintiéndonos mal por ello, o por el contrario, decidimos relativizar y no darle más importancia que el pensar que vamos a estar unos días con el pelo un poco más corto del que nos gustaría. También debemos destacar que como todo en la vida, con la práctica se aprende y cuanto antes sepamos relativizar los “problemas” pequeños, mejor afrontaremos los verdaderamente importantes.

 

 

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“Trata a una persona como…”
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Ainhoa Cilveti | 14-02-2017 | 15:54| 0

“Trata a una persona como parece que es y seguirá siendo como es, y trata a una persona como crees que puede llegar a ser y terminará siendo así.” Goethe

 

Estoy segura que muchos de nosotros hemos pasado en algún momento por la situación de ponernos nerviosos ante una persona y haber actuado de forma más torpe de lo habitual delante de ella. Normalmente nos suele ocurrir con personas que por algún motivo nos imponen, bien porque nos gustan y nos resultan atractivas, nos desagradan o nos resultan muy autoritarias, el caso es que no somos capaces de actuar con normalidad delante de ellos. Y cuanto más nos esforcemos por comportarnos naturalmente, más nos va a costar, ya que más importancia vamos a dar a la situación y más nerviosos nos vamos a poner.

Si a esta circunstancia le damos la vuelta, es decir, si somos nosotros quienes ponemos nervioso a alguien lo mismo va a ocurrirle a esa otra persona, y menos acertará en sus acciones. Por este motivo, y cuando prejuzgamos que alguien no va a saber hacer algo bien o que no va a ser efectivo, estamos trasladando esta idea a la otra persona, a la que va a costar más cumplir con su cometido, y con las pocas expectativas que estamos poniendo sobre él. Por este motivo, es importante pensar que debemos confiar en esa persona, aunque haya veces que hasta la fecha nos haya demostrado lo contrario, pero transmitirle buenas expectativas va a facilitarle que pueda cumplir con estas. Cuando se educa a un niño transmitiéndole confianza, será más probable que este nos la devuelva, es decir, que sea capaz de actuar conforme a lo que se espera de él. Las expectativas que trasladamos a alguien son como una profecía que se cumple, y cuantas más expectativas favorables tengamos en un individuo, este más se esforzará por cumplirlas.

Si este mismo axioma lo trasladamos al mundo laboral, vamos a encontrarnos con trabajadores motivados y dispuestos a cumplir con su trabajo de la mejor de las formas, ya que el otorgar confianza a alguien hace que este se responsabilice por cuidar esa expectativa, y por lo tanto se esfuerce más en su trabajo. Por supuesto, habrá quien se haya encontrado con todo lo contrario y esté harto de confiar en alguien que continuamente le está fallando, pero hay que destacar que esto ocurre la menor de las veces. Si ofrecemos confianza, obtenemos buenos resultados.

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Buen jefe/Mal jefe
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Ainhoa Cilveti | 07-02-2017 | 19:29| 2

Ha salido un estudio que concluye que el causante del 36% del estrés de los trabajadores se debe al jefe. Poco me parece con lo que percibo en mi trabajo, pero tampoco considero que haya que culpabilizar mayormente a los superiores de nuestro estado, ya que debemos tener en cuenta que el umbral del estrés depende de nuestra habilidad para gestionar las situaciones que vayan aconteciendo en el trabajo.

Lo que sí es cierto, es que dependiendo de cómo sea la forma de liderazgo, o en muchas ocasiones, la ausencia de la misma por parte del jefe, va a establecerse la forma de trabajar en ese entorno laboral. Si el jefe tiene un buen estilo directivo, es coherente con la filosofía y los objetivos de la empresa, sabe delegar, escucha a sus trabajadores, sabe encontrar y retener el nuevo talento,  es flexible y comprensivo, transmite confianza y hace que sus empleados trabajen bien en equipo, es decir, es un buen jefe, el trabajo en esa empresa nos va a resultar mucho más fácil, incluso cuando se den situaciones problemáticas, el poder gestionar bien las dificultades y tener una actitud positiva va a resultar más sencillo, ya que el entorno es propicio para ello.

El problema viene cuando todas estas condiciones mencionadas anteriormente no se dan y la persona que dirige no tiene autoridad sobre sus empleados. Que un trabajador sufra estrés laboral no siempre se debe al jefe, también puede ser por la relación con otros compañeros, clientes, o la propia dinámica del puesto, pero, cuando se debe a su superior, la persona asume como más difícil la solución al problema, ya que no siempre se puede hablar directamente con el jefe sobre lo que pasa, cuál es la causa del conflicto o qué habría que hacer para remediarlo. Con todo esto, la “porquería” que un jefe esparce en su entorno crece exponencialmente a medida que se va se va transmitiendo en los sucesivos departamentos, lo que hace que sea muy importante tener “buenos” jefes en las organizaciones. El mal hacer de un jefe repercute mucho más en la empresa que el mal hacer de cualquier otro trabajador, por lo que si es importante tener buenos empleados, más importante es tener buenos dirigentes que sepan gestionar bien.

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Comprometerse con el trabajo
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Ainhoa Cilveti | 31-01-2017 | 16:45| 0

Estamos en una época en la que tener un trabajo es casi un lujo, y que por consiguiente, las personas que necesitan trabajar y a las que les importa su empleo, se esfuerzan por hacerlo bien, y suelen comprometerse con él, aunque no siempre es así. El compromiso que una persona adquiere en cualquier aspecto de su vida es básico para reconocer el carácter de la misma, por lo que la manera de gestionar este compromiso es fundamental para saber qué podemos esperar de este trabajador/a en su puesto laboral.

No todos actuamos de igual manera en diferentes ámbitos de nuestra vida, puede ocurrir que en algunos ambientes seamos más serios, y en otros nos comportamos de forma más distendida, pero el fondo de la persona no suele cambiar, y el que se comporta de manera comprometida en algún aspecto lo suele hacer en la mayoría de los aspectos de su vida, y no sólo con los demás, sino también con uno mismo. Por este motivo, es importante cuando tenemos que trabajar con alguien, saber cuál es el compromiso que tiene con su vida, ya que será el mismo que tenga con nosotros a la hora de actuar.

Se suele decir que es difícil  trabajar en equipo, y desde luego, aunque haya momentos que resulte agradable colaborar con otras personas y relacionarse con ellas, también es verdad que hay que habituarse a ceder y a compartir para sacar adelante el trabajo. Aprender desde pequeño facilita la cuestión, puede ser realizando actividades lúdicas como teatro o practicando algún deporte en equipo, desarrollar las habilidades de respeto y de confianza hacia los compañeros va a permitir que la persona no sólo sea más respetuoso con el trabajo de los demás, también con el suyo propio. Una vez más, el respeto es lo que marca la pauta para ser comprometido con lo que uno hace, ya que el saber respetar la labor ajena va a hacer que nos esforcemos más y tomemos mayor responsabilidad en nuestro propio cometido.

Por todo esto, cuando tengamos que pensar en alguien que incorporar a nuestro equipo de trabajo, nos ayudará buscar a aquellas personas que se comprometen con lo que hacen, independientemente de lo que se trate, si son capaces de respetar el trabajo de los otros y el suyo propio, serán buenos colaboradores en un equipo.

 

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Libertad de expresión
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Ainhoa Cilveti | 24-01-2017 | 16:32| 0

Cada día saltan más noticias sobre tuits ofensivos en todas direcciones y desde todas las ideologías. Siempre se amparan en la libertad de expresión, pero me cuesta creerlo, y no verlo como la utilización de esta como una excusa, por importante que me parezca. Por supuesto, todos tenemos derecho a expresar nuestras ideas, pero también tenemos derecho y la obligación de callarnos cuando no nos piden nuestra opinión, sobre todo, cuando esta puede resultar ofensiva para otros.

En este punto, habrá quien diga que hay que alzar nuestras voces hacia aquello que no nos gusta, pero creo que antes de hacerlo, deberíamos preguntarnos ¿para qué? ¿Nos lleva a alguna parte el expresar esas ideas? ¿Tan importantes creemos que son para tener que lanzarlas sin más, y sin pensar en las consecuencias que estas pueden tener en alguna persona? ¿No debemos pensar antes en si vamos a causar dolor a quien pueda leerlo para no conseguir nada más?

Esta semana, se ha producido el fallecimiento de una persona querida por mucha gente y cuyo tío, muy conocido, ha mandado un tuit de condolencia. Lo último que podía pensar es que este hecho diera lugar a un montón de tuits injuriosos sobre la fallecida, simplemente porque era diferente a ellos, y que además todo comenzará por parte de un periodista al cual se le presuponía un cierto grado de educación. Me cuesta ponerme en la situación en la que ha estado para ocurrírsele contestar al tío de la fallecida con semejante tuit, faltando a él y a toda la familia y amigos de tal manera al respeto, porque considero que quien así lo hace, es a él mismo a quien primero se está faltando el respeto.

Da lo mismo que estemos en desacuerdo con quien tenemos delante, no siempre tenemos el derecho de decir lo que pensamos sin calcular el efecto que nuestras palabras van a tener. No podemos pensar que porque nos creamos en la verdad absoluta debemos lanzar los mensajes sin calcular las consecuencias, y mucho menos, creer que la nuestra es la única verdad. Pero, es que encima, en estos casos, no sólo se trata de quién tiene la razón, ya que es lo menos importante, sino de valorar que cuando faltamos el respeto a otra persona lo hacemos a nosotros mismos. ¿Hay algo peor que hacer daño gratuitamente a alguien? Por supuesto, siempre tenemos la opción de no leer estos tuits, aunque en este caso va a ser difícil que no se enteren, pero ¿para qué lanzar nada que pueda herir a otro? Por favor, comencemos a ser más humanos y respetuosos en todos los ámbitos de nuestra vida.

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Generación blandita
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Ainhoa Cilveti | 17-01-2017 | 18:20| 0

Algunos llevamos tiempo denunciando la sobreprotección que consideramos se ejerce sobre los hijos en los últimos años, y las consecuencias que esto puede originar en un futuro. Sin embargo, parecía más una crítica de padres mayores hacia una generación más joven, aunque en la mía también lo vea, pero resulta que expertos en la materia han constatado que sobreproteger a los niños en lugar de beneficiarles, les perjudica, ya que no les permite desarrollar la capacidad de aprender a gestionar sus recursos y de saber lidiar con la frustración en los casos necesarios. Los padres no vamos a poder estar ahí siempre para solucionarles todas las cuestiones, por eso, debemos darles las herramientas para que sepan hacerlo ellos por sí solos y que en un futuro puedan ser capaces de ser autónomos y adultos en todo el sentido de la palabra.

El otro día, salió en el telediario que algunos especialistas en educación infantil alertan sobre la falta de capacidad para afrontar la frustración que van a tener los niños a los que se les está resolviendo los problemas por parte de los padres, a los cuales se les facilita todo lo que piden y que cada vez se les exige respetar menos reglas. Es normal que los padres queramos dar lo mejor a nuestros hijos y procuremos que sufran lo menos posible, pero también debemos ser conscientes que lo mejor no implica directamente ofrecer cosas materiales o evitarles penurias, sino darles la oportunidad de crecer y desarrollar su capacidad y su potencial, y para ello el mejor regalo que les podemos brindar es saber utilizar sus propias herramientas para poderlas poner en práctica cuando sea necesario, sin importar que nosotros estemos delante o no. Saber confiar en sus capacidades y en sí mismos es el mejor legado que un padre/madre puede dar a sus hijos.

Debemos tener en cuenta que aprender a gestionar la frustración desde pequeñitos ayuda a poderla resolver con mayor acierto más tarde, evitando en muchas ocasiones que una pequeñez nos lleve a ella, y sabiendo tomar una actitud positiva frente a circunstancias adversas. Si no somos capaces de decir “no” a nuestros hijos ahora, ellos no aprenderán a gestionar la emoción que esto les supone, y en un futuro cualquier contratiempo les llevará a sentirse mal y frustrados.

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