Diario Vasco
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Fecha: febrero, 2018
¿Más cerca de lo que creemos? Una conferencia sobre Historia y Geoestrategia
Carlos Rilova hace 16 horas | 0

Por Carlos Rilova Jericó

portada-de-los-condenados-de-la-tierraComo ya saben quienes siguen esta página, la Asociación ha organizado, desde este mes de enero, un ciclo de conferencias, a una por mes -hasta junio- sobre Historia y Geoestrategia.

Todo esto está siendo posible gracias a la financiación del IEEE y a la impagable ayuda de Kutxa Kultur, que acoge este ciclo en sus instalaciones de la cuarta planta de Tabakalera, en San Sebastián.

Así, a las siete de la tarde de este próximo jueves 22 de febrero, pondremos a disposición del público donostiarra una conferencia que tratará de explicarnos el revuelto panorama geoestratégico internacional. Ese en el que vivimos ahora mismo, dentro de esa Historia que es todavía presente, pero que, en cuestión de meses, de pocos años, será ya Historia del Tiempo presente. Aunque para nosotros sólo sea un recuerdo.

El encargado de impartir dicha conferencia, será Federico Aznar Fernández-Montesinos. Un especialista del IEEE que lleva largos años trabajando en el campo del análisis geoestratégico e impartiendo docencia superior sobre esas materias que, por más que nos puedan parecer opacas, lejanas, están mas presentes en nuestras vidas, en nuestra Historia (colectiva y personal), de lo que podamos -o, tal vez, nos atrevamos- a creer.

El tema en torno al cual girará su intervención, será la nueva configuración de ese mundo que nos rodea y nos asalta con imágenes -muchas veces perturbadoras- desde las páginas de los periódicos o desde las pantallas de ordenadores y televisores.

Es decir, un mundo en el cual los bloques de la Guerra Fría y el enfrentamiento de dos únicas superpotencias antagónicas, son cosa del pasado y en el que nuevos escenarios -como la llamada “Primavera árabe”- han alentado fenómenos terroristas traídos hasta el corazón de la vieja Europa. Convirtiendo poblaciones hasta entonces apacibles y seguras (Londres, Cannes, Madrid, París…) en verdaderos infiernos similares a los que se han hecho habituales en, por ejemplo, Oriente Próximo desde hace unos cincuenta años.

Esas horas de este jueves, se tratará, pues, de esas cuestiones. Y también, claro está, de cómo nuestro territorio más próximo se emplaza en ese esquema de cosas.

Principalmente porque esta visita de un especialista de alto nivel en cuestiones de ese calado, nos conduce a una pregunta importante: ¿qué puede esperar un territorio como el vasco, o, más concretamente, el guipuzcoano, de una situación así?

Históricamente las provincias vascas, como Guipúzcoa, han sido por su carácter de frontera terrestre y marítima entre tres grandes potencias europeas (España, Francia y Gran Bretaña), un enclave inmerso en las grandes corrientes de la Historia mundial. Desde la conquista y colonización de África, Asia y América por los europeos, hasta las guerras napoleónicas.

Eso ha hecho de estos territorios, enclaves históricos fundamentales para los grandes envites geoestratégicos de esas potencias. Un panorama que sólo se modera (pero no desaparece completamente) a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando España se convierte, decididamente, en una potencia clave -pero de segundo orden- en el contexto internacional, constituyéndose (dada la anomalía de su régimen político, desde esa fecha, en una Europa occidental democrática) en una problemática ecuación geopolítica y geoestratégica que resulta difícil de resolver.

Más aún desde el año 1968 en adelante, cuando, por un período de cuatro décadas, surge en el seno de la sociedad española (y, sobre todo, vasca) una organización (Euskadi ta Askatasuna, ETA) que interpreta la Historia de ese reducto territorial como la de una lucha anti-imperialista, reduciendo un supuesto “conflicto vasco” a una guerra de liberación nacional cortada (erróneamente desde todos los puntos de vista) por el patrón de las teorías anticolonialistas de Frantz Fanon.

Una experiencia histórica la de esa guerra -supuestamente anticolonial- por medio del Terror (fruto directo del final de la Segunda Guerra Mundial y de la ubicación política y estratégica de España tras ese conflicto) que, ahora, en un nuevo escenario geoestratégico mundial, adquiere otro cariz. Uno en el que las mismas teorías utilizadas por el terrorismo etarra para justificar su guerra “anticolonial” -de baja intensidad- por medio del Terror y contra España, se volverían ahora -en bloque y de manera ya enteramente indiscriminada- contra ese mismo “Pueblo Vasco” idealizado por las teorías de ETA. Algo en absoluto descartable, ya que esa construcción o agente político (ese “Pueblo Vasco”), desde el punto de vista del mal llamado DAESH (Estado Islámico) sólo es, en realidad e históricamente, una parte más del “Gran Satán” occidental contra el que esa forma de Yihadismo extremo ha decretado una guerra de exterminio alentada por diversas “fatwas”.

Es decir, por mandatos sagrados a los creyentes verdaderos (desde el punto de vista del Estado Islámico) para acabar con los infieles que ofenden, con su sola existencia, al Islam.

Un número, el de esos infieles, en el que -no cabe duda- entran los vascos de hoy día que, como bien sabemos, constituyen uno de los modelos de sociedad occidental más desarrollados que existen. Configurando así, precisamente, uno de los principales objetivos a batir por esa ideología del Salvajismo yihadista que, por suerte, de momento, sólo hemos visto -en el antes castigado territorio vasco- a una prudencial distancia. Una favorable circunstancia que, sin embargo, desde el ámbito del conocimiento (que siempre es Poder) nos invita a prudentes y bien documentadas reflexiones que nos revelen en qué punto exacto de ese decurso histórico, que llega hasta el tiempo presente, nos encontramos hoy.

Esa clase de importantes noticias son las que se podrán obtener este jueves 22 en la cuarta planta de Tabakalera, gracias a los buenos oficios, entre otros, de analistas geoestratégicos de alto nivel como Federico Aznar Fernández-Montesinos…

 

 

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Cine e Historia: Winston Churchill y “El instante más oscuro”
Carlos Rilova 12-02-2018 | 1:02 | 0

Por Carlos Rilova Jericó

churchill-vapuleado-por-la-propaganda-nazi-signal-version-francesa-abril-de-1940Tenía pendiente, desde este verano, ver “El instante más oscuro” para completar, en cierto modo, la serie de correos de la Historia que dediqué al nuevo Cine sobre la Segunda Guerra Mundial que, precisamente este verano de 2017, llenó la pantalla con varias producciones como “Dunkerque” o “La decisión del rey”.

Es por eso por lo que hoy voy a hablar aquí de “El instante más oscuro”, que, por esas cuestiones de pura lógica secuencial, toma la delantera a “Handia” (la exitosa producción guipuzcoana sobre el, más o menos, famoso gigante de Alzo) y a otras muchas películas de fondo histórico que van a llenar la pantalla en los próximos meses. Como, por ejemplo, una (según parece) sorprendente película biográfica sobre la juventud de Karl Marx.

El objetivo de este nuevo correo de la Historia va a ser, pues, tratar de saber qué se puede aprender de Historia de la Segunda Guerra Mundial a través de “El instante más oscuro”.

Esta película británica, dirigida por Joe Wright y protagonizada, magníficamente, por Gary Oldman y Kristin Scott Thomas, parece haber tratado de llevar a la pantalla grande algún que otro libro de Historia. Más concretamente el que firmaba nuestro colega historiador John Lukacs, “Cinco días en Londres, mayo de 1940”. Publicado originalmente hace ya casi 20 años, en 1999.

Efectivamente, la mayor parte de lo que se puede ver en la película, responde a lo que Lukacs recoge minuciosamente en su libro.

Hay que decir, pues, que “El instante más oscuro” refleja de manera exacta el modo en el que Churchill, una vez nombrado primer ministro, en esos electrizantes días de mayo de 1940, deberá enfrentarse con Lord Halifax. Representante de los asuntos de Exteriores en esos momentos en el Gabinete de Guerra que Churchill forma y en el que, como se dice en la película, incluye a sus adversarios más próximos. Como es el caso de Halifax o del “viejo del paraguas”. El apodo sarcástico por el que era conocido Neville Chamberlain. El primer ministro británico al que Churchill reemplaza (como se ve en la película también).

Todo esto es un episodio histórico muy poco conocido. De hecho, por ejemplo, para los lectores en euskera que acudan a la biografía de Churchill escrita por Joseba Arruti, esas negociaciones pasarán casi desapercibidas. Lo que predomina en el caso de obras como ésta o bien en otras biografías de Churchill como la escrita por François Bédarida, es más bien un relato canónico en el que, sir Winston, tras desplazar del poder a Chamberlain y a los dispuestos a pactar con nazis y fascistas una paz negociada, entreguista, se erige en un líder absoluto e indiscutido que, con relativa facilidad, consigue poner a toda la nación británica de su lado. Firmemente dispuesta a endosar el famoso discurso de “sangre, sudor y lágrimas” hasta conseguir la victoria final.

Sólo biografías más completas, como la firmada por el ex-ministro británico Roy Jenkins, o más militantes, como la elaborada por el polémico ex-alcalde de Londres Boris Johnson (“The Churchil factor. How one man made History”), habían abundado algo más en estos aspectos antes del estreno de “El instante más oscuro”.

Fueron momentos verdaderamente dramáticos y que la película sabe explotar a conciencia, mostrando, en emotivas imágenes, cómo Churchill, contra una oposición más que considerable en el Parlamento y en el propio Gabinete de Guerra que ha formado nada más llegar al poder, debe enfrentarse a aquellos que -como Halifax y Chamberlain- estaban dispuestos a, más o menos, rendirse ante las imparables legiones nazis.

En ese aspecto “El instante más oscuro” es una película meridianamente exacta. Ciertamente hay episodios, como el de la reunión que Churchill convoca en su despacho del Parlamento, que han sido levemente deformados para dar mayor fuerza a las imágenes. En esa escena, en la que Churchill logra galvanizar a varios ministros y parlamentarios antes de enfrentarse definitivamente a Halifax, las muestras de entusiasmo de los allí reunidos fueron mucho menores, según diversas fuentes (sobre todo memorias de los testigos presenciales). De acuerdo a esos documentos, reinaba en esa reunión un gran silencio mientras el premier se dirigía a ellos. No parece que hubiera raptos de entusiasmo similares a los que se ven en “El instante más oscuro”. Así, según esas memorias de los presentes en aquella reunión, hubo murmullos de aprobación a lo que decía el primer ministro y, sólo posteriormente, cuando la reunión concluye, algunos felicitaron a Churchill. Uno de ellos recuerda que, incluso, le palmeó la espalda por ese vibrante discurso que incitaba a resistir hasta el final. Pasara lo que pasase.

Otro tanto ocurre con las palabras que la mujer de Churchill, más que solventemente interpretada por Kristin Scott Thomas, dirige a Churchill al principio de la película, pidiéndole que sea más amable. Nos revela Roy Jenkins, en las páginas 661 y 662 de la edición española de su biografía sobre Churchill, que ese diálogo procede de la única carta que la mujer de Churchill cruza con él en 1940. Así pues, lo que se ve en la película, en los primeros momentos, cuando la mujer de Churchill le reprende por su mal carácter es, pues, una dramatización basada en dicha carta, que, por otra parte, está bastante presente a lo largo de toda la película, pautando, en buena medida, la buena interpretación de Kristin Scot Thomas.

Lo mismo pasa con la secretaria de Churchill, Elizabeth Layton, que provoca alguna de esas regañinas por parte de Clementine (la mujer de Churchill) al premier. La muchacha, en realidad, no entrará en el servicio de Churchill hasta el año 1941, Meses después de lo que se ve en la película…

Pero detalles como esos aparte, “El instante más oscuro” es un veraz relato histórico. Al menos hasta donde lo permiten las leyes del Cine…

Desde el punto de vista español, sin embargo, se puede echar de menos que no se carguen más las tintas contra Chamberlain. Al que Churchill sólo reprocha en alguna ocasión que, en esos días de mayo de 1940, Gran Bretaña se vea abandonada, sola ante un enemigo feroz al que las simpatías progermánicas del anterior premier habían permitido llegar a ese punto.

Ciertamente, a pesar de que Anthony Eden es otro de los personajes fundamentales de esta película, poco se trasluce en “El instante más oscuro” del modo en el que la república española, por culpa de Chamberlain, había sido abandonada a los nazis y sus aliados españoles. Dejando así a Gran Bretaña tan aislada en 1940, sin un territorio de reserva penínsular como el que tuvo en las guerras napoleónicas. Tal y como Churchill o Eden ya habían advertido a Chamberlain en 1937, cuando la guerra española aún podía ser ganada por los enemigos españoles de Hitler y no por sus fieles (al menos hasta 1945) adláteres…

Ciertamente, como señala Lukacs en “Cinco días en Londres, mayo de 1940”, el “viejo del paraguas”, Neville Chamberlain, había adoptado en esas fechas una actitud contemporizadora (al menos aparentemente) entre el entreguismo de Halifax y la decidida actitud de Churchill de no rendir jamás Gran Bretaña. Ni a causa de una derrota militar, ni a causa de una negociación como la que proponía Halifax.

Sin embargo, Chamberlain, como se suele decir, tenía un pasado. Uno que iba de 1937 a 1940, durante el que, en efecto, sin llegar a la actitud de vasallaje intelectual a los nazis detectada en Lloyd George (al que Churchill veía como su sustituto ideal caso de una derrota militar y/o diplomática ante los nazis) o en otro miembro de la saga Chamberlain: Houston Stewart, el “viejo del paraguas” había hecho, en esos años de 1937 a 1940, notables esfuerzos para servir en bandeja de plata la mayor parte de Europa a las difícilmente disimulables ambiciones de Hitler. Austria, Checoslovaquia y la república española, habían sido sus víctimas.

Es una lástima, para el público español, que una película por lo demás tan instructiva como “El instante más oscuro”, pase tan deprisa, tan imperceptiblemente, sobre esos acontecimientos que, como la derrota francesa de 1940, Dunkerque o las luchas de poder entre personajes como Halifax o Churchill, son esenciales para comprender cómo el destino de las democracias occidentales se jugó en unos pocos días de mayo de 1940. Para algunas, como la francesa y la británica, sólo durante unos pocos años. Para la española durante una serie de anómalas décadas que todavía arrastran una envenenada herencia histórica hasta la época actual.

 

 

 

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Una curiosa historia para el centenario de “Frankenstein” (1818-2018)
Carlos Rilova 05-02-2018 | 12:30 | 0

Por Carlos Rilova Jericó

El hallazgo del que sale este nuevo correo de la Historia, no pudo aparecer en un sitio más apropiado. Fue en septiembre del año 2017. Yo había ido a Bath a participar en los eventos que se habían organizado en esa ciudad en honor al bicentenario de la muerte de Jane Austen.

Cumplido el trabajo de mostrar a los visitantes de esa ciudad y de ese festival aspectos de la España de la época de la Guerra de Independencia, acabé en Londres. Y allí acabé, como no podía ser menos, en una de las librerías del distrito cultural de la City. Ese formado por la Universidad de Londres en pleno barrio de Bloomsbury, el Museo Británico, La Biblioteca Británica y algunos famosos teatros, como el Covent Garden.

Ese domingo de septiembre del año pasado, esa librería estaba de rebajas, por así decir. Como me dijo el librero cuando fui a pagarle, estaban sacando el stock sobrante acumulado a lo largo de los años. La oferta, si mal no recuerdo, era que te podías llevar, de ese stock sobrante, cuatro ejemplares por cinco libras. Había mucho donde elegir, la planta baja de la librería estaba llena de volúmenes que iban desde viejas separatas de revistas de Historia y otros temas, hasta libros de lo más variopinto. Y ahí estaba, en una de aquellas venerables estanterías de madera. El libro que contenía la curiosa historia que hoy les voy a contar.

En principio no era un libro muy llamativo por el volumen. Sólo tenía 120 páginas del tamaño de medio folio aproximadamente. Pero la cubierta era de un verde brillante y con letras de oro. Y esas letras tenían un título que llamaba mucho la atención: “The Frankenstein diaries”. Es decir, “Los diarios de Frankenstein”

Claro está, saqué el libro del montón y empecé a hojearlo. Y así fui de sorpresa en sorpresa. Como decía la portada, estos “Diarios de Frankenstein” eran, supuestamente, un documento auténtico, traducido y editado por el reverendo Hubert Venables.

El antedicho reverendo Venables editaba, en efecto, estos diarios llenándolos de comentarios y de imágenes de época. Como, por ejemplo, material quirúrgico del siglo XIX, grabados de los personajes que aparecían en estos “Diarios” y dibujos realizados por Viktor Frankenstein a partir de sus experimentos para conseguir recrear la vida a partir de la materia inerte…

Lo mejor del caso, es que el reverendo Venables mantenía que todo lo que se contaba en el libro era absolutamente cierto.

Es decir, que esos diarios que, día a día, iban reconstruyendo los experimentos del doctor Frankenstein, contados en primera persona por él mismo, eran un documento que había llegado a sus manos. Por supuesto, estaba escrito en alemán de principios del siglo XIX. Al parecer, habían sido traídos hasta Inglaterra desde Suiza, donde, se suponía, habían tenido lugar esos experimentos que habrían dado lugar a la creación de un hombre artificial compuesto de piezas de distintos cuerpos.

Es más, el reverendo Venables no duda en describir, en el prefacio del editor, el aspecto de esos documentos. Traducido del inglés viene a decir que lo que llegó a sus manos era un gastado legajo de antiguos, decadentes, papeles que le había remitido hacia diez años (es decir en 1970) un colega suizo que estaba muy al tanto de su entusiasmo por los manuscritos alemanes del siglo XVIII…

A partir de ahí, el reverendo Venables, tras una breve presentación del caso, pasaba a copiar literalmente la traducción inglesa de aquellos gastados y antiguos papeles, reconstruyendo así lo que, en realidad, era un relato en primera persona del protagonista de la novela que Mary W. Shelley se apostó que podía escribir. Recogiendo el desafío lanzado por Lord Byron, el médico personal de éste, John Polidori, y por su propio marido: Pierce Byshee Shelley.

El reverendo Venables (o quien quiera que se ocultase tras esa identidad) era muy consciente de que los lectores de su edición anotada de los diarios de Frankenstein, lógicamente, dudarían de la veracidad de una obra que proclamaba que el personaje que figuraba como protagonista de la novela de Mary Shelley, era un ente real.

Por eso advertía en su prefacio que este texto que ofrecía al publico, según él había podido comprobar, era un relato de hechos históricos absolutamente verdadero. Tal y como había constatado en sus subsiguientes averiguaciones en archivos alemanes y suizos…

En el prólogo que seguía a ese prefacio, el reverendo Venables advertía -también desde la primera línea- que se hacía cargo de que el lector estaría casi obligado a ver con escepticismo la publicación de los diarios de un personaje que, universalmente, había sido considerado, durante 150 años, como un personaje de ficción.

Es más, el reverendo Venables confesaba que, en efecto, su propia reacción cuando vio los documentos y empezó a descifrarlos, no fue muy diferente. Obviamente no podía creer que existiera un diario de un personaje que todo el Mundo había considerado, hasta ese momento, fruto de la imaginación de una joven dama de principios del siglo XIX.

Un escepticismo que, obviamente, el reverendo Venables había superado, pues el libro finalmente había sido dado a la prensa de los editores Hutchinson and Company, de Londres.

A partir de ahí, Venables nos llevaba a un paisaje supuestamente histórico en el que un joven y prometedor doctor en Medicina (Viktor Frankenstein) empezaba a pensar que era posible insuflar vida en la materia inerte a partir del magnetismo y la electricidad…

Por supuesto no voy a revelar el fin de este relato (seguro que habrá quien quiera leerlo, a pesar de que, hasta dónde yo sé, no se ha traducido al español). Sólo diré que los supuestos diarios de Frankenstein y los documentos anejos con los que el reverendo Venables completaba su historia, difieren un tanto del final que Mary Shelley dio a su propia historia publicada ahora hace 200 años.

Lo único que puedo decir al respecto, es que “The Frankenstein diaries” es una magnífica historia, muy original y que completaba muy bien toda la parafernalia que Mary Shelley puso en marcha ahora hace dos siglos, creando uno de los mitos literarios de la Edad Contemporánea que más ha dado que hablar. Desde visiones cinematográficas cómicas que adquirieron -nunca mejor dicho- vida propia, como la paródica “El jovencito Frankenstein”, hasta la versión para el Cine de la novela filmada (y protagonizada) por Kenneth Branagh o la miniserie de televisión de los años setenta “Frankenstein. Su verdadera historia”, que nació casi al mismo tiempo y, al parecer, con casi la misma intención que estos diarios de Frankenstein editados por el reverendo Venables.

Alguien que, después de todo, resulta ser un digno heredero de aquel Luciano de Samósata, que en el siglo II de nuestra era también escribió una “Historia verdadera”. Tan verdadera, desde luego, como estos “Diarios de Frankenstein” que me ha parecido oportuno recordar en el centenario de la publicación de la novela de Mary W. Shelley…

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