Diario Vasco
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Autor: Historiavarduli
Una breve presentación y un primer post
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Carlos Rilova | 11-06-2012 | 11:43| 0


 La Asociación de historiadores guipuzcoanos “Miguel de Aranburu”, dedicada tanto al estudio de nuestro pasado como a su mejor difusión, ha aceptado desde el 11 de junio de 2012 la amable invitación de la plataforma digital de “El Diario Vasco” para comentar o ilustrar en este blog diversos aspectos de esos hechos que, acumulados en el tiempo, llamamos “Historia”. Así, el objetivo de los sucesivos “posts” que se irán subiendo regularmente a este “Correo de la Historia” cada lunes por la mañana, será el de informar sobre distintos aspectos de interés de esa materia a un público amplio -especializado o simplemente interesado en estas cuestiones- tratando de combinar el rigor científico con un lenguaje ameno y asequible.

El doctor en Historia Contemporánea por la UPV-EHU Carlos Rilova Jericó, uno de los fundadores de la asociación, será el encargado de dar una rigurosa continuidad a este “Correo de la Historia” semana a semana y hacer las oportunas presentaciones cuando otros miembros de la asociación hagan su contribución a esta página.

 

Un paseo por el San Sebastián de la “Belle Époque”. Del canotier a la ametralladora. Lo que realmente vive bajo el recuerdo histórico

Por Carlos Rilova Jericó

¿Es una buena idea comenzar la andadura de una publicación semanal dedicada a la Historia con un paseo por el San Sebastián de la “Belle Époque”?. Resulta  bastante difícil dar una respuesta rotunda a esa interrogante. Hablo desde una plataforma digital de un gran grupo de comunicación y en un medio que, por su propia naturaleza, puede llegar tanto a los que las palabras “San Sebastián de la “Belle Époque” ” les dicen algo, como a los que les resultan completamente desconocidas e incluso faltas de todo interés a primera vista. Así las cosas, no parece una muy buena idea poner en marcha este “Correo de la Historia” con un “post”, en principio, de orientación tan localista, tan limitada en el espacio y en el tiempo

Sin embargo -y espero demostrarlo a lo largo de las siguientes líneas- quizás ese paseo por el San Sebastián de finales del siglo XIX y principios del XX no sea tan banal, tan limitado como fuente de conocimiento histórico, como podría parecer a primera vista.

En efecto, si miramos con atención bajo la superficie de los restos de esa “bella época” que se ha constituido casi en una de las señas de identidad de la capital guipuzcoana, no se tarda mucho en encontrar entre ellos hechos, personas, detalles, circunstancias que son algo más que una anécdota histórica a recordar mientras se pasea por La Concha y se contemplan los vestigios de esa época de esplendor que han quedado impregnados -o sería mejor decir incorporados- a lugares como ése.

Sí, hay mucha más Historia y de mucho más alcance del que podríamos creer bajo reminiscencias del pasado “Belle Époque” de San Sebastián como las que atisbamos en fotos de revistas como la primera de las que ilustra este artículo, o las que, hoy por hoy, podemos ver en la Avenida en la antigua tienda de Ramón Hernández, en figuras ya irrepetibles -por distintas razones- como el inefable joven de raza negra que preside el escaparate de la calle Churruca de una de las principales tiendas de café de la ciudad -vestido de pies a cabeza con el traje de verano de dandy de la “Belle Époque”, desde los zapatos flexibles hasta el imprescindible canotier, pasando por la chaqueta “sport”-, en edificios como el actual Ayuntamiento o en el Palacio de Miramar, al final del Paseo de la Concha.

Precisamente a partir de él, de ese palacio, podemos empezar a descubrir que el San Sebastián de, digamos, 1876 a 1917, fue algo más que esa bella “Perla del Cantábrico”. Una más de las ciudades-balneario europeas -Baden-Baden, Bath, Biarritz, Niza…- en las que señoras encorsetadas y caballeros de bigotes encerados e insoportables cuellos almidonados “veraneaban” como mejor podían y hasta, con mucha precaución, tomaban salutíferos o -si así lo preferimos, por usar una expresión más de nuestra época- saludables “baños de mar”.

Efectivamente, el San Sebastián de aquellas fechas era la corte de verano de España, tal como lo demuestra ese Palacio de Miramar. El lugar desde el que se administraba durante varios meses al año una de esas potencias europeas que, a diferentes escalas, se estaban repartiendo en esos momentos el Mundo y se miraban entre ellas recelosas, esperando y temiendo al mismo tiempo el momento en el que estallaría la “Gran Guerra” en la que las más poderosas entre ellas y los aliados que se les sumasen decidirían quién sería el amo de ese Mundo que, en esos momentos, se reparte con tiralíneas en las cancillerías europeas y de todos los recursos que hacían cada día más opulenta a esa sociedad europea almidonada, encorsetada y orgullosa de sí misma.

Así es, de la misma revista “Actualdades” de la que sale esta foto en la que vemos una concurrida terraza del casino -hoy Ayuntamiento- de San Sebastián, llena de señoras con vestidos de verano que hoy darían lugar a una cascada de sofocos y lipotimias entre sus descendientes y cabezas masculinas tocadas con el inevitable canotier, se pueden extraer otras fotos y noticias de ese verano y otoño del año 1908, de la plena “Belle Époque”, que dicen que San Sebastián era algo más que una bella ciudad-balneario, transitada por personajes que dan envarados paseos por La Concha y se permiten baños de mar que necesitaban -según la prosapia del o la bañista- de una logística verdaderamente complicada y que hoy contemplamos con una incrédula y burlona sonrisa.

Así, por ejemplo, el número de 19 de agosto de 1908 de “Actualidades”, informaba a los ociosos veraneantes -de San Sebastián y de cualquier otro lado en el que se leyera esa revista- de que la escuadra naval británica había hecho una visita de cortesía al puerto de Barcelona. El mismo en el que el rey Alfonso XIII había pasado unos días ese verano… Un detalle que, más allá de las deferentes buenas maneras tan propias de la época, significaba -de manera bastante inequívoca- que la más poderosa escuadra naval del Mundo en esos momentos exhibía parte de su poderío ante España, bien para amedrentarla o, por lo menos, para conseguir de ella una “Entente cordiale” como la que pocos años antes había logrado Gran Bretaña con Francia frente a los llamados “imperios centrales” -Alemania, Austria-Hungria…- de cara a esa “Gran Guerra“ que todos esperaban y temían y, en esos momentos, es considerada ya casi inminente, a pesar de que la realeza que controla la mayor parte de las futuras potencias contendientes está emparentada entre sí. Como lo prueba la propia reina madre española -una de las primeras inquilinas del Palacio de Miramar-, o la esposa de Alfonso XIII elegida entre las princesas de la casa reinante británica que, a su vez, estaba estrechamente emparentada con la del káiser alemán.

También en el número del 19 de agosto de “Actualidades” se podía leer, más allá de esas crónicas de sociedad sólo levemente inquietantes, que el caos político en Marruecos -uno más de los espacios sobre los que varias potencias europeas quieren extender su dominio- continuaba y que, tras un golpe palaciego, se había instalado en el precario poder que representa en esos momentos el trono del imperio marroquí Muley Hafid. Por supuesto después de aplastar toda resistencia del legítimo heredero Abd-el Aziz, su propio hermano…

Una más de las muchas turbulencias que sacuden a esa zona del Magreb en esos momentos y que, aunque el redactor de “Actualidades” ni se moleste en comentarlo, hacen ya casi inevitable la intervención de las potencias europeas -entre ellas la corte española que veranea en San Sebastián- en ese territorio, rico en materias primas -hierro, fosfatos…- además de sumamente estratégico para controlar  el paso a través del estrecho de Gibraltar y que, por todas esas razones, bien podría valer una “Gran Guerra” como la que estallará en 1914…

El atento seguimiento que se hace en la misma “Actualidades” a las idas y venidas de Tánger a Inglaterra, pasando por España y por Francia, de El Mokri, el último dignatario aún fiel -al menos en teoría- al destronado Abd-el-Aziz, es una buena prueba de lo mucho que se estaba jugando en ese envite la corte española veraneante en Miramar. La misma que, cautamente, como lo recoge -foto incluida- el número de esa revista de 14 de octubre de 1908, deja en manos del duque de Tovar loa agasajos al dignatario marroquí a la vuelta de sus gestiones en Inglaterra y Francia, materializados en una invitación a la magnífica finca del duque -que contaba con vistas privilegiadas a La Concha- hasta que coja el tren que los llevaría, a él y a su séquito, desde la Estación del Norte a Madrid y de allí a Sevilla y al estrecho desde el que saltarían de nuevo a Tánger. A aquel Marruecos asediado por su propia descomposición interna y por distintas potencias europeas que no quieren ser las últimas en apoderarse de, al menos, parte de él cuando se resquebraje definitivamente.

Algo que quedaba también patente de un modo bastante claro en la foto de otro número de “Actualidades”. Concretamente el de 12 de agosto de 1908,  en el que se recogían, como en muchas otras ocasiones, ejercicios de maniobras del ejército español.

El lugar donde se realizan y el tipo de entrenamiento resultan muy reveladores. Los soldados se han desplegado, como se ve en la foto, en el campo de Gibraltar, por tanto esas maniobras resultan un claro desafío a Gran Bretaña y una señal también bastante clara de las tropas que España podría desplegar en un Marruecos colapsado en cuestión de días. El tipo de entrenamiento que realizan esas tropas es el de combate con ametralladoras. La futura reina de los campos de batalla que, desde agosto de 1914, se convertirán en inmensos mataderos, en un paisaje de pesadilla en el que no quedará ni un sólo vestigio de aquella “Belle Époque” que moría con cada explosión de obús y con el monótono tableteo de las “Hotchkiss” o las “Maxim” que aniquilan, maquinal, industrialmente, línea tras línea de hombres salidos de la inmunda red de trincheras que cruza Europa de parte a parte hasta 1918…

San Sebastián será un escenario privilegiado de esa descomposición, del fin de esa “bella época” de la que, como acabamos de ver, ha sido también uno de los escenarios privilegiados.

En principio los archivos de la ciudad no dicen mucho sobre esos años. Hablan de trabajadores españoles que vuelven de Francia y de franceses que vuelven a Francia para sumarse a la movilización de su ejército, de aumento de precios en las mercancías básicas y del control que el consistorio trata de ejercer sobre ellas para conseguir que la vida siga igual a los días anteriores al  estallido de la guerra. Al menos en la medida de lo posible.

Sin embargo, San Sebastián, como la mayor parte de las poblaciones fronterizas de cierta entidad de las potencias neutrales, y en tanto que sede de la corte de una potencia que, después de todo, ha sabido mantenerse sabiamente neutral pese a las presiones de unos y otros beligerantes, se convertirá en el escenario de una guerra secreta de espías y agentes de ambos bandos que aún está, en buena medida, por escribir.

Un tema, como muchos otros, del que, en efecto, podremos hablar en otra ocasión. Más aún si tenemos en cuenta que en apenas dos años se cumple el primer centenario de esa guerra, incubada en la “Belle Époque” que aún atisbamos en las calles de San Sebastián, que volvió el mundo del revés y en la que, lo crean o no, muchos vascos de este lado del Bidasoa tomaron parte, como voluntarios, bajo la bandera francesa, cambiando sus canotiers por los cascos de acero “Adrian” pintados de azul Francia y sus bastones flexibles de bambú por el fusil y la mortífera bayoneta-espada .Unos incondicionales servicios de guerra que, por otra parte, aquella República no olvidó y supo agradecer.

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